El ser humano y su conducta… y el error

El hombre no es su propia conducta, lo hemos visto en una 0031-0214_loewe_ein_pferd_reissendafirmación de Marx: «el animal es su propia conducta» El pulpo es siempre un pulpo y la rosa es una rosa. Si se mira con atención este es un punto clave de lo que llamamos dignidad del hombre. Punto que aparece de forma aguda en la conciencia de todas las personas. Pueden cometer un error, pero también pueden distanciarse del error y rectificar. Provoca un agudo dolor y un fuerte sentimiento de rechazo el hecho de ser identificados con el propio error: se tiene la conciencia de que esa persona no nos valora. Para poder establecer relaciones de confianza hay aceptar que la persona no es nunca solo su propia conducta. Aceptar una persona, la aceptación incondicional que Carl Rogers pone en la base de una relación que pueda ser sanante o terapeútica, consiste precisamente en aceptar este punto.

Que yo y conducta se distinguen se refiere, por tanto, a las situaciones en que el yo no se identifica con la conducta, es decir el yo otorga la posibilidad del error y por tanto de variar de conducta. La persona no se identifica con sus errores, con aquellas conductas en las que no se reconoce, pero si con aquellas de las que se siente orgulloso y que reconoce como suyas.

Sin embargo desprenderse de los errores, sobre todo cuando son repetidos y forman ya pautas de conducta, son difíciles de quitar, si tenemos en cuenta que también nos construimos con nuestras conductas. Es decir eliminar errores, conductas en las que no nos reconocemos puede ser una tarea muy ardua, precisamente porque nos han construido.

La «libertad para» es precisamente la capacidad de elegir y decidir qué ha sido un error, qué no queremos volver a hacer y qué cosas nos parecen constructivas y útiles para nuestra vida y con las que si nos identificamos. Esto puede significar un arduo camino para salir de conductas que consideramos errores con las que no nos identificamos.

1830_delacroix_libertyDesde este punto de vista somos libres si nuestra conducta es elegida, si estamos orgullosos y nos identificamos con ella. Representa un fuerte problema para una persona no encontrar nada valioso en lo que hace, no encontrar sentido a la propia conducta. En este caso la persona se va a vivenciar como no realizada, como sin sentido en la existencia.

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