El compromiso

En las entradas anteriores se me ha olvidado hacer notar que con los compromisos se 19362558_sconstruye y crece la intimidad. Cuando los compromisos de una persona se van encajando de modo coherente unos con otros, de modo que la intimidad los vaya admitiendo y por así decir, transformando en si misma, surge una intimidad fluida: la persona que vive a gusto consigo misma. El gusto con uno mismo está ligada al gusto con los propios compromisos.

Compromiso significa etimológicamente «prometer con», se promete algo con alguien. La noción de tiempo está incluida en la noción de prometer, promesa. Prometer es etimológicamente poner (meter) antes, poner algo antes de que suceda. Por eso compromiso significa estar de acuerdo (estar decidido a) en poner algo en el tiempo futuro. Comprometerse con alguien es poner a esa persona en nuestro futuro. Puede ser de un modo parcial: decir que vamos a hacer algo para ella en el futuro, o poner a la persona: estaré contigo.

En el compromiso ese poner, ese decir puede ser con otra persona o puede ser con uno mismo. En el caso de ser con otro, las dos personas deben decir algo cada una: deben poner cada una algo en el tiempo futuro. No necesariamente lo mismo, lo que quiere decir que los compromisos mutuos no son necesariamente equilibrados por si, los equilibran las personas si quieren.

Curiosamente esta palabra, compromiso, es la que va definiendo a la persona, la que va concretando su intimidad, es la que va abriendo su tiempo con promesas, y de este modo forjando su destino, su futuro. Desde el punto de vista del tiempo, el hombre es una historia, una historia de compromisos o carencia de ellos, nuestra memoria, el órgano de nuestra identidad como personas, almacena los compromisos, es decir almacena los recuerdos, la vivencias en función de nuestro compromiso en ellas: pasaron como agua sobre la roca, o nos comprometimos y entonces se han quedado grabadas en la memoria como parte de la vida. Puede ser que el recuerdo es que no nos quisimos comprometer, en tal caso, o no hubo compromiso alguno y casi no vamos a recordar a esa persona o actividad, o trató de comprometernos y nos entró el miedo a vernos comprometidos en algo que no queríamos. En este segundo caso si nos vamos a acordar, porque a través del miedo (emoción) el compromiso estaba presente, y eso es lo que marca la memoria.

Que la memoria es el órgano de identidad personal merece dos palabras. Cuando nos preguntan quiénes somos acudimos precisamente a la memoria, a lo vivido, a lo que hemos hecho, a nuestra historia: donde hemos nacido, quienes son nuestro padres, cuáles son nuestros estudios, dónde los hicimos, etc. Nadie para decir quien es acude a sus capacidades racionales: saber sumar o restar, o manejar un ordenador, no es parte de la identidad a no ser que a través de algo que hemos hecho nos defina: somos un genio del ordenador. En este caso el saber de ordenadores se convierte en parte de la identidad, pero no en sí, sino en sus realizaciones existenciales, en lo realizado personalmente, por ejemplo, en que fuimos capaces de entrar en el ordenador de hacienda, o … lo que hayamos hecho. Como es evidente así volvemos al concepto de compromiso: no es saber de ordenadores lo que nos identifica como persona, sino nuestro compromiso con los ordenadores, lo vivido con ellos,…

Entramos en el terreno de las conclusiones: el compromiso es un producto de la libertad y a la vez una limitación de esta. Se puede ser libre precisamente porque se carece de compromiso. Luego el compromiso tiene que ver con la libertad, es el modo de utilizar la libertad. Como hemos señalado varias veces libertad e intimidad van ligadas. Ahora vemos que la ligazón, el vínculo que une libertad e intimidad se concreta en compromisos.

Vuelvo al punto que quería dejar establecido, y ahora lo hago como conclusión: el compromiso o compromisos son lo que nos define como personas, el meter nuestra vida dentro de algo, poco o mucho, pero algo que aceptamos libremente, una nueva habitación en la que entramos libremente. Ya he dicho que comprometerse implica prometer, es decir implica hacerse una idea de algo que puede suceder, querer que suceda y meterse libremente a realizar esa idea. No sucederá si no nos metemos en ella, si no nos comprometemos con esa idea, para hacer realidad necesita nuestro compromiso. Algo en lo que nos han metido no es compromiso, a no ser que llevemos tiempo y no hemos hecho nada por salir, es un compromiso decidido por otro y aceptado (aquí la libertad) por nosotros, al menos pasivamente al quedarnos ahí. La medida de la aceptación (de la libertad) va a dar el nivel en que ese compromiso va a entrar y marcar nuestra vida.

Solo queda indicar que el compromiso lleva siempre una base emocional: o nos gusta algo, o nos interesa, o nos atrae, o nos adaptamos y lo acabamos aceptando, en cualquiera de estos casos hay un afecto, una dimensión emocional. Sobre esta base emocional del compromiso aún queda mucho que hablar, se llama enamoramiento, y está integrado por un montón de sentimientos, a veces realmente fuertes. Ya entraremos en este blog a este tema.

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