El mito del adulto independiente

Hay una cultura en cuyo centro se encuentra un cierto modo de entender la psicología, que considera que nuestro crecimiento, nuestro desarrollo como persona, tiene como culmen la formación de un adulto enteramente independiente. Desde este punto de vista la independencia se equipara a madurez y se constituye como el ápice del ser humano y, por tanto, cualquier desarrollo personal debe tender hacia la independencia. Independencia es entendida en el sentido de que la persona madura no depende de nadie y es capaz de afrontar la vida sin necesidad de depender de nadie.

En mi opinión estamos ante un mito, y un mito falso. Los mitos tienen valor como 12394045_sarquetipos de las configuraciones del yo y, desde este punto de vista, el mito es operativo, pero conduce a un punto, una cumbre donde estamos solos, lugar que poco tiene que ver con el ser relacional que realmente somos. Esta es mi objeción central a este mito, somos seres relacionales, tanto que al nacer, primero, somos conscientes de la relación y solo después de que posemos una identidad, así es el desarrollo del yo: el camino para llegar a una idea del yo pasa por darse cuenta de que hay otros.

Mi idea de lo que es el ser humano es diferente. Somos seres relacionales y, por ello, nuestra madurez consiste en establecer relaciones sanas. Sanas significa que se establecen entre iguales, es decir respetan la identidad de cada uno de los integrantes de la relación. He hablado ya de esto en otros sitios y baste con dejarlo apuntado aquí.

La característica de ser sociales, como muchas otras, nos viene de la evolución, de nuestra historia como especie: Somos un mamífero con fuertes vínculos sociales. Nuestro sistema emocional está diseñado para detectar las relaciones y genera muchas tendencias para conservarlas y promocionarlas.

Esto se debe a varios hechos. Primero, la cría humana necesita doce años para llegar a la madurez sexual biológica y un lento desarrollo que se apoya y, por tanto, necesita fuertes vínculos sociales. Vínculos que se establecen con todos, adultos y niños, pero que necesitan la presencia de adultos, quienes, por tanto, también poseen fuertemente enraizada esa capacidad de establecer vínculos, tanto con crías, como con otros adultos.

Segundo. Los vínculos de los adultos se establecen tanto para establecer parejas muy estables que sean capaces de cooperar para sacar a sus crías durante tantos años, como para establecer grupos de caza que sean capaces de cooperar en la difícil tarea de cazar presas de tamaño incluso mayor que la del ser humano. Esto implica que hay que establecer muchos vínculos sociales, de cooperación y solidaridad. Todo esto aparece en el sistema emocional, en la diversidad de emociones que aparecen y que apuntan al establecimiento de vínculos sociales, incluyendo jerarquías.

Tercero. El aspecto relacional está inscrito en el mismo sistema emocional, y proporciona un complejo sistema se señales automáticas que los demás detectan, señales que se centran especialmente en el rostro. Es decir comunicamos automáticamente lo que sentimos, nuestras valoraciones de las situaciones.

Cuarto. Todo esto significa que nuestro cuerpo esta hechos para relacionarnos, que sus músculos, sus aspecto externo, todo el sistema neuronal y hormonal está diseñado para conseguir comunicarnos. Comunicamos tanto por el habla, como a través del sistema emocional. Ambos sistemas son inherentes a nuestro diseño somático y no podríamos ser comprendidos como seres biológicos sin ellos. Es decir en nuestro diseño tenemos conectado lo más sensible personal, todo nuestro centro de valoraciones (nuestros sentimientos y emociones), de modo que los demás puedan percibirlo de una forma no violenta, de una forma directa y asequible.

Por todo esto necesitamos las relaciones igual que cualquier otra necesidad biológica de las que tenemos. Necesitamos el afecto para sentir seguridad, necesitamos la afirmación que nos proporciona la cercanía afectiva, necesitamos la reafirmación que nos proporcionan los demás para nuestro propio desarrollo, poseemos la capacidad de la empatía como una posibilidad que nos ha hecho sobrevivir al hacernos conscientes de que sienten los demás, etc., etc. También necesitamos la lengua para crecer y desarrollarnos como personas, para establecer comunicaciones que nos permitan acceder al mundo, etc.

Por todo ello, esta es mi tesis, los términos opuestos no son dependiente vs independiente, sino dependiente vs integrado y bien relacionado.

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