El sentido de la vida

Sigo mis reflexiones leyendo a Jean Grondin de la entrada: http://wp.me/p3eRnl-a1 .

Tener sentido no es algo que se ciña solamente a hechos o situaciones externas, se extiende 19310209_sal interior de las personas. Cada persona necesita encontrar sentido a lo que hace. Este sentido se encuentra al insertar el nuevo hecho en la cadena de hechos anteriores de la propia vida. Dar sentido lo expresamos muchas veces con el término: coherencia. Ser coherente significa que nuestro hacer,  nuestra vida, un tramo de esta encuentra significado, encuentra un hilo conductor una comprensión. De nuevo aquí tener sentido indica tanto tener dirección como significado.

Una vida personal necesita precisamente eso: tener una dirección con significado. Esa situación va a proporciona a la persona una gran tranquilidad, una gran serenidad o paz interior. De algún modo lo que en la filosofía de todas las épocas se ha considerado el fin, la finalidad de la persona, su felicidad, porque fin y felicidad se han identificado en todas las épocas. Por tanto desde el punto de vista de la intimidad de las personas, tener sentido, tener dirección y significado se asocia a felicidad.

Esto vuelve a poner de relieve la conexión del sentido de la vida con el sistema emocional: emociones y sentimientos, porque son estos precisamente los que dictaminan sobre la felicidad, nos hacen sentirnos bien o mal con la vida. Tanto nos hacen fácil vivir una vida con sentido como nos hacen difícil vivirla cuando la vida no tiene sentido, no tiene significado. ¡Qué difícil y qué cansado es vivir una vida sin sentido!

Esto sería otro modo de decir que la vida, cualquier vida, tiene un sentido biográfico, es decir, que se puede hacer un relato coherente con ella. Cuando no lo tiene aparecen nudos del relato, que van a necesitar una resolución del nudo, una construcción del relato, una recuperación de la coherencia.

Por todo esto hay muchos elementos que nos ayudan a encontrar ese sentido de la vida, a darle coherencia, a darle relato, un relato con sentido. He utilizado la idea de “encontrar” el sentido de la vida y no el de “construir” el sentido de la vida. Construir el sentido sería tanto como aceptar que ese sentido no existe, que hay que ponerlo desde fuera. Encontrar supone que ese sentido sí que existe, que está ahí y que nosotros tenemos que descubrirlo. Ambas posiciones parecen opuestas, aunque seguramente las dos se den en nosotros: encontrar el sentido y construirlo. A mí me parecen dos tareas necesarias en esto de tener un “sentido de la vida”.

La conversación de la amistad tiene precisamente esa finalidad de ayudarnos a encontrar el sentido a los acontecimientos vividos, poderlos entender y podernos entender en ellos.

También la meditación tiene esa finalidad de la coherencia de nuestro relato, la conexión con nuestro sistema de sentido, con nuestra sensibilidad y su modo de situarse en el mundo y entender la felicidad.

Por último los procesos de coaching emocional (también una terapia), tienen como finalidad dar sentido, encontrar y construir el sentido, mezclando los dos elementos: la dirección en la que vamos (encontrar una nueva dirección, un objetivo, un fin, es la tarea del coaching) e insertar esa objetivo en nuestro significado más profundo.

Esta expresión “significado más profundo” nos lleva directamente al tema de la autenticidad y su conexión con el sentido de la vida, pero lo dejamos para otra entrada, que deshaga algo este lazo entre encontrar y construir el sentido.

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