La amistad y la libertad

Una vez dibujada la amistad en los anteriores post, como sucesión discontinua de encuentros vamos a entrar en una característica clave de la amistad: la libertad. La amistad es libre. Se mantiene si se quiere y mientras se quiere. Nos duele la pérdida del amigo, el dejar de considerar amigo a alguien que lo ha sido de verdad, pero pertenecer a esa categoría de amigo depende en cada momento y siempre de nuestra libertad. No solo es libre la relación, es libre cada encuentro, llamamos al amigo cuando queremos, no estamos obligados a hacerlo. Precisamente alguien es amigo porque no nos cuesta llamarle y lo hacemos voluntariamente y de buen grado. Basta que esto desaparezca para que no tengamos obligación alguna de llamar al amigo.

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Por esta característica de ser libre en las relaciones en las que entra la amistad entra también la libertad. Singularmente se encuentra la relación de pareja. Esta es libre porque tiene una dimensión de amistad. La pareja tiene 3 dimensiones y por ello cada miembro de la pareja se convierte en amante, compañero y amigo. Amante es la dimensión de la pasión y el instinto y la atracción y sin ella una relación deja de ser de pareja, es por así decir su componente específico. Compañero es la dimensión del compartir. Los amantes tienden a estar juntos y esto lleva a la necesidad de compartir todas esas cargas que significa vivir, organizarse la vida. Amigos es esa capacidad de realizar encuentros de aceptarse los sentimientos, de aceptar al otro, también en los aspectos que no están directamente relacionados con ser pareja. Si una pareja se hace estable y gratificante es también que esta dimensión de amistad, de compartir y aceptar los sentimientos y aceptar al otro se ha hecho cada vez más sólida. También implica que la dimensión de libertad entra la pareja y esta se convierte en un potenciador de la libertad de cada uno de los miembros de la pareja. Hay parejas sin amistad, pero en tal caso todas las dimensiones de igualdad se distorsionan, se hacen difíciles y la pareja pierde esa capacidad de potenciar a la persona.

Esta característica de la amistad se une a otra: la amistad se encuentra fuera del mundo económico, no se paga, no se puede pagar. Cuando el dinero entra en el mundo de la mistad esta se corrompe y pierde su esencia. Su esencia es el encuentro y la aceptación y confianza, y estos elementos se llevan mal con el dinero. El dinero busca un acuerdo que siempre está fuera de las personas mismas, introduce en el mundo de los medios de los instrumentos. La amistad por su parte introduce en el mundo de las personas de las relaciones. Introducir valores económicos la saca de su mundo, tergiversa su linfa vital.

Por esto la amistad se lleva mal con las jerarquías y cuando aparece en las organizaciones siempre lleva el estigma del amiguismo, del trato preferente, de la perdida de justicia que las relaciones adquieren al introducirse en organizaciones. Si el jefe tiene amigos, el resto de los subordinados va a generar sospechas de tratos de favor. Por eso el jefe debe evitar en sus relaciones institucionales las relaciones estrictamente de amistad. Esto no quiere decir que adquiera un trato distante, sino que debe de estar pendiente del bien común y no del bien particular, que es a lo que la amistad lleva al centrarse en la persona.

De hecho todas las corrupciones de los sistemas económicos y políticos se llevan por este camino del trato preferente, de relaciones personales que se instalan por encima de las instituciones. Recuerdo hace ya muchos años, un amigo siciliano me dijo, hablando de Italia: en el norte prevalece la relación institucional, mientras que en Sicilia lo más importante es la relación de amistad. Todo el fenómeno de la mafia, exportado de Sicilia a todo el mundo, es concebido en su raíz como relaciones basadas en la mistad. Esto habla de la fuerza de la amistad y de su importancia en las relaciones humanas, de manera que es un fenómeno que siempre se produce en las comunidades humanas. Y ocurre con la amistad como con muchas otras cosas que se puede utilizar bien, y en tal caso es de lo mejor que te puede ocurrir en la vida, y se puede usar mal, y entonces, debido a su misma fuerza, es de lo peor que puede pasar a una sociedad.

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