El hombre ser social: trabajo y riqueza, política y religión

El hombre es un ser social y erraríamos si lo considerásemos solo de un modo individual. Fenomenológicamente esto es tan claro como ver de noche desde un avión las luces que indican las poblaciones humanas, el modo en que se agrupa el hombre. Son racimos de luz que se van conectando unos con otros: el hombre se organiza y vive en sociedad. Evidentemente la base de esa sociabilidad se encuentra en el interior del hombre, en su capacidad de enamoramiento y amistad, en su sistema emocional de respuesta. De ahí surge toda una organización social a través de 3 ejes: el trabajo y la organización de la riqueza, la política y la religión.13315716_s

El trabajo ocupa un lugar especial en la antropología, en la concepción de la persona. La cultura es construida sobre el trabajo del hombre y la cultura construye el cambio en el homo sapiens, por encima de la evolución. Por esto el trabajo tanto influye a nivel social, en la estructuración social, como en la configuración personal. No toda la estructuración social depende del trabajo, pero el trabajo y su acumulación en forma de riqueza constituyen la base de la organización social.

Para entender la organización social además del trabajo hay que tener en cuenta, el fenómeno del poder y las estructuras que organiza. La política es la organizadora autorizada de la sociedad humana, se trata del fenómeno del poder, puesto que el hombre es social aparece el fenómeno de la autoridad y este va a ser determinante para el conjunto social. El poder, la política, tiende a organizar básicamente la distribución de la riqueza, ese es el modo en que mantiene el peso de la autoridad. Se puede decir que la distribución de la riqueza generada por el poder es el elemento de mayor influencia de la política en la estructura social.

Hay un tercer eje: la religión y/o los valores predominantes de la cultura. La aprobación social que concede la “religión” es un elemento significativo de lo social del hombre. Y se haga la aprobación desde una religión, culto organizado a un dios o ser supremo, o se obtenga desde un grupo de valores aceptados socialmente en la cultura, cultura laica, sin esa aprobación no hay entrada en la organización social. Desde este prisma se organiza la cultura dominante cuya influencia revierte de nuevo en la riqueza y en el poder formando una tríada interconectada. Por ello surge siempre un nuevo poder, el religioso: que controla los valores de la sociedad.

Sobre el poder, político y religioso, se monta la estructuración social, pero para hacerlo tiene que hacer sentir su peso en la posesión de las fuentes de riqueza e insertarse profundamente en los valores de la sociedad que organiza. De este modo poder, fuentes de riqueza, y valores articulan la organización social. Históricamente uno u otro de los ejes se convierte en predominante en cada sociedad concreta.

Y toda esa organización social incide poderosamente en y está constituida por personas singulares, que ven que su desarrollo personal, su supervivencia como personas y como familias, depende en gran medida del puesto que logre en esa organización. Un puesto bajo en la escala social puede impedir el desarrollo personal y social. Un puesto elevado, curiosamente, puede limitar la experiencia personal a la función social que se desempeña en el mantenimiento del poder, es decir limitarse a mantener el poder que se posee y no variar mientras no se sacudan los fundamentos de este.

Por todo lo dicho, las emociones de las personas singulares vienen mediatizadas por un lado y provocadas por otro, por la triada: trabajo y distribución de la riqueza, política y valores dominantes de la sociedad. Las emociones son a la vez previas a la sociedad y producto de esta.

Esas emociones sociales serán de enfado y crearán inestabilidad porque debajo hay una gran necesidad de libertad o de miedo y entonces crearán sumisión al sistema y hará de anclaje de la estructura creada. Esta pareja de enfado-miedo, y la libertad-seguridad que proporciona, acompañan a cada sistema. Además se encuentra la necesidad de pertenencia, de vínculo, que genera el orgullo de la pertenencia al grupo social concreto o la desafección. Este elemento emocional se encuentra en la base de la estructura social. De este modo las estructuras sociales pueden ser analizadas desde el punto de vista de sus emociones. Pero de todo esto me reservo hablar más adelante… las emociones y la estructura social.

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