La obsesión

La obsesión es una perversión del enamoramiento. El enamoramiento, he hablado largamente de ello, es una concentración de la atención, la obsesión también. La pregunta es: ¿qué es lo que diferencia ambos fenómenos psíquicos? Es decir, ambos concentran la atención, pero resulta claro que hay una diferencia importante entre ambos, ¿cuál es esa diferencia?

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Voy a hablar del enamoramiento y la obsesión en la relación sexual, que es la relación paradigmática, las demás relaciones de enamoramiento u obsesión, que también se dan, se podría decir que son imitaciones o se pueden entender en relación con esta.

Se suele pensar que la diferencia está en el integrante de deseo de la relación, sin embargo el deseo se da en ambos fenómenos, enamoramiento y obsesión, de forma especialmente fuerte e incisiva, de modo que ninguno de los 2 fenómenos puede entenderse sin el deseo.

 En el enamoramiento se da una concentración de la atención debida a 2 sentimientos, encantamiento, que produce precisamente esa concentración de la atención y admiración, que pertenece a la familia de la sorpresa, y cuya función es precisamente abrirnos a la novedad de la otra persona, a lo que puede aportarnos y para ello la valora como importante para nosotros, incluso fundamental. Con el enamoramiento la atención de la persona se focaliza en esa otra de la que está enamorado/a y que se convierte en el centro de su mundo, ocultando con su luz muchas otras cosas. Como se ve esto que estoy escribiendo se podría aplicar también a la obsesión, por eso es preciso encontrar la diferencia.

La diferencia se encuentra no tanto en la concentración de la atención que se da en ambos fenómenos de formas similares, sino en la percepción del yo que tiene quien se enamora u obsesiona. En el enamoramiento la percepción del yo se encuentra presente, incluso es prevalente. En la obsesión la percepción del propio yo se difumina hasta incluso casi parecer que desaparece. ¿Qué quiere decir esto? Que en el enamoramiento la persona es muy consciente del propio yo y eso le permite tener también presente el yo del otro. El sentimiento de admiración, que por así decir, ensalza el objeto del deseo, tiene un integrante de respeto de ese objeto, por lo que el enamorado respeta, incluso mucho más que nadie, la persona amada. Como una consecuencia el enamorado es siempre consciente, a veces dolorosamente consciente de la necesidad de reciprocidad. El enamorado espera y confía en la reciprocidad. Por tanto desde el enamoramiento se establecen relaciones de iguales, relaciones Yo-Tu. El enamoramiento no siempre es recíproco, pero el enamorado es siempre consciente de la necesidad de esa reciprocidad, por ello si la otra persona descubre el enamoramiento y no siente lo mismo, sin embargo suele sentir ternura por el enamorado, es decir ve el fenómeno positivamente, precisamente porque se siente respetada/o.

En la obsesión la percepción del yo se difumina, esto provoca que el obsesionado confunda todas las percepciones en un único mundo referencial y por ello pierda los límites de los 2 sujetos de la relación. Se da el efecto curioso que al perder la sensación del yo, el yo se agiganta hasta abarcarlo todo. Desde esa posición el obsesionado pierde la dimensión del respeto de la admiración: no tiene clara la dimensión del Tu de la persona por la que se siente obsesionado. El obsesionado no mantiene la reciprocidad, ha decidido ser solamente él quien tiene el centro de las decisiones. Por esto el obsesionado no establece relaciones Yo-Tu, sino relaciones Yo-Ello, donde el otro es tratado como un objeto, un instrumento para un yo que se ha agigantado por sentirse débil. Esta ausencia de la necesidad de reciprocidad lleva a que el obsesionado no la plantee y la persona que se ha convertido en objeto del deseo, cuando descubre la obsesión sienta rechazo, porque no se siente respetada/o.

Es curioso como juega esta situación del yo en la relación sexual. El obsesionado, al tener una percepción del yo debilitada, unas veces lo hace desaparecer y puede llegar a extremos de humillación realmente masoquistas y otras lo agiganta y lo lleva a extremos sádicos. No estoy diciendo que todo lo que significa sado-masoquismo en la relación sexual sea ya directamente obsesión y no enamoramiento. En esto mi opinión es que en los extremos los 2 fenómenos están bien definidos, pero que no hay una frontera netamente definida, sino difuminada y amplia donde ambos fenómenos, obsesión y enamoramiento, se superponen y de algún modo se confunden, es decir, no son tan fácilmente separables en teoría, solo observando los casos concretos. Esto es así porque todos los Yo, todas las personas han pasado períodos o momentos de humillación o relaciones desiguales, incluso de acoso y desde luego seguro que de no respeto y de algún modo todos estamos buscando el equilibrio para nuestro yo. Por tanto la relación que es perfectamente igual en todo momento no existe, sino que somos personas que buscan el equilibrio y unas veces el desequilibrio que tratamos de compensar nos lleva a la humillación y otras al dominio. Esto evidentemente se traduce en la sexualidad debido a la plasticidad de esta y a su sensibilidad por el núcleo más íntimo, el yo, de cada persona.

Queda por aclarar qué es lo que origina la obsesión, esa desorganización interna que pierde los límites del yo. En mi opinión, y soy muy consciente de que es una opinión, es el dolor, dolor emocional, que produce la necesidad de reciprocidad cuando hay un rechazo del enamoramiento. Es tan  doloroso para la persona aceptar la dependencia, aceptar la mera posibilidad de un rechazo que no quiere exponer su yo a ese rechazo y lo esconde, lo hace desaparecer y comienza a maniobrar para darle lo que desea sin que tenga necesidad de “exponerse” al rechazo. Es decir la obsesión sería una perversión del enamoramiento en el caso de un yo débil que en vez de tomar el camino, de aceptación del dolor y exponerse, toma el camino de esconderse. Pero al hacerlo, al recluir el yo al mundo interno y no permitirle establecer relaciones, el mundo interno se convierte en todo el mundo y por ello pierde los límites del respeto al otro, que es lo que caracteriza la obsesión: tratar al otro como un objeto, como un mero instrumento.

Llegando por tanto al fondo de la situación el obsesionado tiene un problema de autenticidad, de no reconocer lo que siente, de no querer aceptar lo que siente, de tener confusa la propia identidad, la propia idea del yo, y desde ahí convertir al yo en un monstruo que todo lo devora y todo lo usa como instrumento.

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2 comentarios en “La obsesión

  1. Hola Antonio V., me gustaría conocer tu opinión, la verdad es que pase por algo muy feo que me ha costado superar. Un hombre se obsesiono conmigo y me ha costado superar el trauma, porque no fui para nada tomada en cuenta ni respetada, me da miedo que me vuelva a suceder, mi pregunta es ¿qué puede hacer la persona que es victima de la obsesion para que el obsesiva la deje en paz? Gracias.

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