El hábito hace al monje

Se perfectamente que el dicho tradicional dice lo contrario, que el hábito no hace al monje, queriendo significar que el ideal de perfección personal que ser monje significa no se logra sencillamente poniéndose el traje. Estoy plenamente de acuerdo con esto, ya que el hábito incide en los elementos sociales-organizativos y los personales quedan fuera. Quiero aclarar esta idea hablando de los hábitos, de los uniformes, del vestir uniformado. Hablo desde la perspectiva del lenguaje corporal y lo que este transmite en la comunicación. Solo decir como premisa que el lenguaje corporal es más importante de lo que parece.

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La idea que quiero expresar es que el uniforme, el vestir como viste un cuerpo u organización, por ejemplo, policía, ejército, médico, enfermera, o cualquier otro, sí que logra algo: logra una identificación con las funciones que se desempeñan en ese cuerpo u organización. Esa es una de sus finalidades. Vamos por partes.

La finalidad más obvia es que el uniforme otorga visibilidad que es percibida por los demás, que ajustan su relación a la presencia del “uniforme”. De este modo el uniforme otorga autoridad a quien lo lleva por el solo hecho de llevarlo. La autoridad que otorga es una posición de superioridad en la relación que se establece, que se refiere específicamente a las funciones de la organización o cuerpo del uniforme. Esto la policía lo sabe perfectamente: las personas actúan de forma diferente si están o no presencia de un uniforme. Lo mismo sucede en la sanidad.

Pero el punto que quería dejar claro en esta entrada es que no solo afecta a los demás, afecta a quien lleva el uniforme, que se identifica más con la forma de actuar que representa su uniforme. Es decir la persona no actúa igual con el uniforme puesto que sin él. Esto es lo que quiero decir con el título: el hábito si hace al monje, ya que le ayuda a comportarse como tal. El policía se comporta de forma diversa con el uniforme puesto que sin él.

Esto es utilizado también por otras organizaciones. Por ejemplo los bancos y muchas empresas tienen rígidas normas sobre la forma de vestir. Esto influye evidentemente en que la persona, pongamos, por ejemplo, con traje y corbata, no se va a comportar igual con los clientes que si estuviese vestida de modo informal. Con su traje y corbata se va a identificar más con su función en el banco, con los modos de hacer de este, va a tender a ser más empleado que persona. Mantener las relaciones en una empresa dentro de límites es un objetivo importante para la dirección y uno de los modos de conseguirlo es controlar el modo de vestir. Es mi opinión personal que, por ejemplo los bancos tendrían un carácter más humano si permitiesen a sus empleados que vistiesen de un modo más personal, porque aflorarían en las relaciones más características personales y no estarían tan encorsetados por la organización.

Si el uniforme indica jerarquía al situar en relaciones desiguales, tanto marca la autoridad como la posición inferior. En la sanidad por ejemplo marca toda una estricta jerarquía y las médicos son diferentes de las enfermeras y estas de las auxiliares, etc. Este aspecto de marcar también la inferioridad es la intencionalidad con el que se utiliza en la cárcel y otras instituciones en las que la disciplina es lo prioritario. Luego el uniforme también tiene que ver con la disciplina.

Y ahora llego a los colegios y sus uniformes. La primera idea que se podría deducir después de lo ya dicho, es que el uniforme sitúa en posición de inferioridad y en un ambiente donde la disciplina es prioritaria. Sin embargo, esto hay que matizarlo pues hay colegios en los que los profesores de infantil o primaria llevan por ejemplo el mismo baby que llevan sus alumnos, o los de educación física, tanto de primaria como secundaria llevan el mismo chandal. Esto evidentemente suaviza, y a veces mucho, la distancia jerárquica que crea el uniforme.

El segundo efecto es identificación con la organización, con el colegio, pertenencia, sentirse parte de algo. Como ya he indicado el uniforme pone de relieve los elementos que marcan la pertenencia a la organización. El tercero es hacer que los alumnos se sientan como iguales. Al llevar uniforme se atenúan las diferencias y da igual la procedencia, cultura, o nivel socioeconómico. De este modo les ayuda a evitar prejuicios.

El más importante y que menos me gusta a mí, es que sitúa en los años de educación en una situación de socialización en que los elementos organizativos prevalecen sobre los personales. Al menos durante todas sus horas de colegio el alumno es eso, un alumno. Digamos es más alumno (función) y menos la persona que es él. A esto es a lo que contribuye el uniforme, a marcarles como alumnos. Como los años de escuela son los años fundamentales de la personalización, el mensaje que reciben los niños durante todos los años de escuela es que es más clave adaptarse a lo social, pero no a lo social en general, a lo social normativo y jerarquizado, a lo social organizativo. Dicho de modo sintético, uniforme significa uniformizar, dirección contraria a personalizar.

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