¿Qué hace especial al ser humano entre los animales?: 6. la cooperación y la formación de sociedades

Siguiendo con revista Scientific american en septiembre, uno de los elementos que nombra ya que hace especial al ser humano es la cooperación social. El homo sapiens forma sociedades complejas donde los individuos cooperan en el logro de la supervivencia, y esto lo consiguen colonizando nuevos territorios, logrando objetivos de caza y más en general de consecución de alimentos y elementos de supervivencia, que va a ser progresivamente más complejos y obteniendo una fuerte seguridad en la defensa del grupo o del clan. En grupo y debido a su organización social el hombre consigue una posición prevalente en los hábitats en los que se instala, actualmente todo el planeta tierra, algo que no hubiera podido lograr aislado.

lobos comiendo

lobos comiendo en manada

Sin embargo no podemos afirmar es que este tipo de sociedad, formada por individuos iguales que cooperan y se organizan sea específica del homo sapiens. Dejando de lado otras organizaciones sociales sofisticadas, que son básicamente de insectos, que se basan en individuos anatómicamente diferentes, es decir en la desigualdad de los individuos, hay otros individuos que se organizan en sociedades, manadas o bandadas. Entre estos se encuentran algunos mamíferos superiores, que cooperan por la seguridad y la consecución de recursos y se organizan en grupo. Algunos mamíferos herbívoros se agrupan para obtener seguridad. Ejemplo de caza es el lobo, que establece un entramado social jerárquico con similitudes con el homo sapiens. El sistema de caza del lobo, con su organización y sus diferentes roles, es un magnífico ejemplo de cooperación y de utilización de las relaciones sociales para obtener un fin. Especialmente la orca forma grupos muy estables que tienen lo que se puede llamar una cultura común, por ejemplo las del atlántico norte cazan sardinas, las del sur cazan pingüinos, y esas experiencias de caza se transmiten en el grupo. Lo que diferencia al hombre en estos aspectos, no es de grado, sino de cantidad, una sociedad humana es susceptible de alcanzar una gran complejidad y un gran número de individuos.

La urdimbre que compacta el tejido social del hombre es básicamente emocional. El homo sapiens dispone de una vasta gama de emociones sociales que constituyen esa trama. Esos sentimientos sociales son (1) sentimientos de afiliación, que en sentido vinculante generan toda una serien de sentimientos positivos sobre los vínculos sociales. La parte negativa de la valoración la realiza el miedo, y también sentimientos de desafección. (2) Sentimientos de dominio-sumisión. Esta dualidad se establece cuando se trata de conductas de distribución de recursos y concierne a una serie de sentimientos que buscan (A) el mantenimiento de la jerarquía, ya que esta supone poder, influencia y control en las relaciones. De sumisión son la vergüenza, el miedo, que conlleva señales de la sumisión y tiene el afecto de aplacar al dominante, y la admiración, que conlleva el reconocimiento de algo más grande y conlleva señales de sumisión.  De dominio aparecen desprecio o rechazo, y enfado, que conlleva todas las señales del dominio y la superioridad. El enfado emocionalmente no sitúa en igualdad con el otro, sino por encima. (B) Sentimientos de mantenimiento de la cooperación son culpa, que surge por violación de la reciprocidad, venganza o enfado moral, que brota del deseo de castigar al violador de las normas de convivencia, gratitud, que establece un premio a la reciprocidad, y envidia, que busca preservar las relaciones entre iguales.

Además hay una variación en los sentimientos sociales según el individuo. En su nacimiento el individuo humano es fuertemente dependiente del vínculo de apego que genera con sus figuras significativas, que lo van a ser no solo para las necesidades biológicas de supervivencia, sino precisamente para la conformación emocional y el desarrollo social del individuo. En sus primeros meses el bebé humano genera un vínculo de confianza preferentemente con la madre y durante los primeros años es fuertemente egocéntrico apoyado en ese vínculo como medio de obtener su supervivencia. A partir de los 3 o 4 años, quizá algo antes, comienza a generar vínculos sociales más allá de las figuras significativas de referencia y de las relaciones familiares, pero siempre dentro del entramado social de la familia y como perteneciente a esta. En este periodo, que dura hasta la adolescencia, comienza a generar vínculos de empatía y a experimentar el entorno, pero siempre siguiendo a los vínculos de familia donde nace y a la que pertenece.

Al llegar a la adolescencia, es decir a la madurez sexual, se produce una revolución emocional y por tanto social. Prácticamente desaparece la empatía dentro de las vinculaciones familiares y se generan vínculos con los coetáneos, aquellos de su misma edad. El horizonte de las relaciones queda muy reducido al grupo de adolescentes, que se abre a nuevas vivencias, experimentando los límites, a veces de un modo muy fuerte, dentro de la seguridad del grupo. El adolescente compacta el grupo de iguales al que pertenece, grupo al que va a pertenecer durante el resto de su vida. Esta compactación produce una ventaja evidente de cooperación cuya ventaja se entiende fácilmente, por ejemplo, en la época de cazadores-recolectores, porque crea el grupo de caza, que se va a acompañar durante toda la vida. El debilitamientos de los sentimientos de afiliación familiares facilita está compactación del grupo y abre a la búsqueda de pareja y de conformación de una nueva vinculación familiar. La cooperación social del adolescente es básicamente entre iguales.

La llegada de la edad adulta se manifiesta porque el individuo ha conformado ya su grupo familiar por un lado y por otro  su vinculación y actividad social y de cooperación. Normalmente le individua adulto establece sus relaciones sociales a dos niveles, unas las que conforman el grupo familiar, otras la cooperación para la consecución de recursos, donde están vigentes los sentimientos de jerarquía y cooperación que hemos indicado. La sociedad del adulto es una sociedad de jerarquías con la aparición del fenómeno de la sumisión y la obediencia.

Al llegar a la vejez, las dificultades de mantener la cooperación hacen que el individuo se retraiga al interior de los vínculos familiares. A veces el grupo ha ayudado en esta tarea de mantenimiento del anciano, otras, especialmente en situaciones extremas, este ha supuesto una fuerte carga para el grupo.

Una observación sobre el grupo y la cooperación. Como se habrá podido observar entre los sentimientos sociales hay muchos referidos a la jerarquía, de modo que esta es connatural a la cooperación humana. Es decir la cooperación del homo sapiens necesita la aparición del fenómeno de la obediencia, lo que implica unos individuos que estén de modo jerárquico por encima de los otros. La idea de una sociedad de iguales y su efectiva puesta en práctica es muy reciente en la historia y aún con ello no ha generado la desaparición de las jerarquías que siguen estructurando las sociedades que se llaman de iguales. Este aspecto se pone especialmente de relieve en relación con los elementos de seguridad. No en vano la emoción que detecta la falta de seguridad es el miedo y el miedo conlleva los signos de la sumisión. De este modo la necesidad de seguridad se consigue en la sociedad humana por el establecimiento de jerarquías y por el juego emocional entre enfado (superioridad) y miedo (sumisión). Esto se hace a veces de modo solo simbólico, pero referido a aprendizajes donde han aparecido específicamente. También la necesidad de seguridad tiende a compactar en grupos cerrados, mientras que la cooperación tiende a hacer conexiones más grandes. Ambas tendencias están siempre presentes en la sociedad humana.

Resumiendo la organización humana es diferente por su complejidad y número, pero no por sus finalidades, recursos y seguridad, ni por su urdimbre emocional, de las de otros mamíferos superiores. Lo que realmente diferencia a la sociedad humana se sitúa más bien en la acumulación de instrumentos, pero eso apunta a otra característica que si es especial en el homo sapiens y de la que ya hemos hablado: la mano y la creación de herramientas y junto a ella a la creación de cultura. Creación de instrumentos, cultura y sociedad son inseparables.

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