Adorno y belleza

El adorno tiene que ver con la belleza, sobre esto me parece que hay pocas dudas. Adornamos para que las cosas estén más bonitas. Luego el adorno se encuentra dentro de ese trascendental del ser que es la belleza.

El nacimiento de Venus - Boticelli

El nacimiento de Venus – Boticelli

Recuerdo brevemente que los trascendentales del ser son 4: verdad, belleza, bondad y unicidad. En la cultura occidental el trascendental del ser que hemos trabajado profusamente y en el que se basa centralmente la educación y la cultura es la verdad. La belleza es el gran olvidado y la belleza es uno de los modos de llegar a la realidad.

La relación entre verdad y belleza tiene incluso su conflicto que se puede centrar en el adorno. Adornamos para embellecer, pero también entendemos que ese embellecer es tapar lo que hay, ocultar la verdad. El adorno es bello pero tapa, oculta. Podríamos decir que la belleza oculta. Y esto sería cierto para un prisma de acercamiento a la realidad que se centre en la verdad.

Por contraposición la belleza nos descubre las cosas que son importantes para nosotros. Cuando nos enamoramos descubrimos la belleza de la otra persona, nos parece preciosa/guapo (sería interesante hablar en esto de la diferencia de sexos).

La belleza entra por tanto desde la sensibilidad personal, desde el propio gusto y adquiere de ese modo ese sesgo subjetivo que tanto temen lo amantes exclusivos de la verdad.

Desde el prisma de la belleza, podemos afirmar que hay un espíritu reflejado que se capta de un golpe, porque la belleza es unitaria y admite con dificultad ser troceada para ser estudiada. La belleza capta el significado de las cosas de un solo golpe y sabe muy bien que es cada cosa que capta porque ve su espíritu, su unidad, su función unitaria. Recuperar esto en la cultura occidental es urgente y necesario.

Por tanto, belleza y unidad, dos de los trascendentales están muy cercanos, se captan uno con el otro. La verdad está algo reñida con la unidad, y necesita trocear, separar para poder comprender las cosas para poder estudiarlas. Pierde en ello esa visión unitaria que la belleza capta de un golpe. La belleza se centra en el conjunto, la verdad en la parte.

La belleza está cerca de la subjetividad, del gusto, de la propia y especial sensibilidad y modo de ver el mundo. Todo esto indica que el adorno se mueve en la dimensión de la afectividad más que en el ámbito estrictamente racional, porque la afectividad nos ata a la tierra y el adorno necesita el contacto con lo material. Lo racional pueden ser solo ideas abstractas. Lo abstracto se aleja del adorno. El adorno pertenece al mundo emocional, a esa conjunción de materia y espíritu que son nuestras emociones, a eso que nos hace ser quienes somos.

Por pertenecer al mundo emocional el adorno, ya he hablado de ello, nos revela como persona. Aquí se distancia de nuevo de la verdad, que generaliza. Podemos hablar de la verdad sin hablar de nosotros, hablar objetivamente. No podemos adornar, ni tampoco hablar de la belleza sin hablar de nosotros.

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