¿Qué presencia tienes?

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Hemos visto algunas cosas sobre la presencia, pero ha sido en sentido activo: dónde ponemos nuestra presencia, dónde enfocamos nuestra atención. En esta entrada quiero hablar de la presencia en sentido pasivo: ¿qué presencia tenemos para los demás? Cuando entramos en un sitio… ¿acaparamos la atención o somos invisibles?

Voy a comenzar con unas preguntas:

  1. ¿Qué crees que transmite tu imagen?
  2. ¿Qué transmite tu presencia a los demás?
  3. ¿Coincide lo que tú crees de ti con lo que te dicen?
  4. ¿Varía tu presencia según dónde te encuentres: en tu casa, en el trabajo, etc.?
  5. ¿Hay momentos o situaciones (de tu vida) en que te sientes invisible?

Esta presencia es muy importante, ya que por ella se forma la percepción que tenemos de llenar el espacio donde estamos, de la atención que nos prestan los demás. Esta percepción influye poderosamente en la autoestima personal, ya que nos dice si somos importantes o no para los demás.

En mi percepción hay personas que tienen poca presencia, lo más claro son los niños, si llega un desconocido es posible que les haga muy poco caso. También tienen poca presencia los ancianos. Y también hay determinadas profesiones, como los taxistas, que tienen poca presencia y sus viajeros pueden hablar como si el taxista no estuviese. Igual sucede con las personas de servicio, por ejemplo de limpieza en un hotel, están, pero como si no estuviesen.

Por el contrario hay otras personas con mucha presencia, por ejemplo la autoridad, sea de la policía, una autoridad política: el alcalde, un ministro, etc., alguien famoso. Ser famoso es precisamente eso: tener mucha presencia, es importancia y atención otorgada.

Tu presencia genera una imagen personal que es el significado que tiene tu presencia para otros. Podríamos llamar presencia al impacto EMOCIONAL que producimos en otros, por nuestra persona, nuestra imagen, forma de vestir, nuestro trabajo y situación social. Ese impacto es importante porque por un lado nos hace crecer (o decrecer) nuestra propia autoestima y por otro nos abre (o nos cierra) puertas en los demás.

En algunos cursos he utilizado un ejercicio sencillo para ver cómo es la presencia. Consiste en primero hacerte la siguiente pregunta: Si fueras un animal ¿Cuál serías? Es decir: ¿con qué animal te identificas? Luego anotas también las características que te gustan de ese animal.

Hay personas que nos traen a la mente por ejemplo un felino, otros nos parecen fuertes y pesados como un toro o un búfalo, otros cariñosos y fieles como un perro. No es difícil hacer esta asociación entre persona y animal. Una persona se puede visualizar solitario y luchando con un entorno hostil, como el oso polar.

Después haces a tu entorno uno a uno, la pregunta: ¿Qué animal parezco? ¿Si yo fuese un animal cuál te parece que sería? Es decir que animal le recordamos, por la forma de andar, de hablar, por lo que nos conoce. Les preguntamos también qué características del animal encuentran que cumplimos.

Evidentemente es importante que esto sea espontáneo, son impresiones, no razonamientos. Cuando hayamos preguntado a varias personas tenemos una valiosa información para saber cómo nos vemos nosotros y cómo nos ven los demás.

La pregunta fundamental es: ¿hay mucha distancia entre tu presencia y cómo te percibes a ti mism@? ¿Hay distancia entre tu presencia y tu ser? Esta pregunta es lo que te dejo.

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