Si el sol no sale, ¡lo saco yo!!!!

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Porque quiero, puedo y me lo merezco. Bueno, así continuaba la frase que he leído en un blog. Me dedico a la Educación Emocional y me encuentro por todas partes esas afirmaciones. A mí me sorprenden porque evidentemente son falsas. Son falsas desde un punto de vista objetivo: yo no tengo nada que hacer con el sol, se mueve independientemente de mi voluntad ni sale por la mañana ni se pone por la tarde debido a ninguna acción mía ni que pueda ser achacable a mí de ningún otro modo. Además y sobre todo, parece olvidar que la lluvia y la noche son también muy importantes.

Entonces, que quiere decir la frase. Para mi va en la línea de están en mi mano todos los elementos relacionados con mi felicidad. Soy feliz si quiero ser feliz. Mi felicidad depende enteramente de mí, soy dueño de cualquier condición que incida en mi felicidad. El sol y la luz serían los símbolos de la felicidad. La frase pretende ser verdad a nivel subjetivo.

Sin embargo en nuestra dotación emocional tenemos emociones agradables y desagradables, emociones placenteras y molestas. Las emociones son nuestra valoración de la situación, de la realidad que se desarrolla alrededor y evidentemente dentro de nosotros mismos. Las desagradables lo que nos indican es que en esa situación estamos mal y que tenemos que salir de ella. Las placenteras que estamos bien y que nos tenemos que dar más de eso.

Es sorprendente que entre las emociones básicas, cada una de ellas origina una entera familia de sentimientos, hay más emociones desagradables que placenteras. Como placentera está la alegría. Por el contrario, como desagradables la tristeza, el miedo, el enfado y el asco. Hay una emoción que se balancea entre lo agradable y lo desagradable es la sorpresa. Es como si en los largos años de la evolución de la especie hubiésemos necesitado más diversidad de señales que indican peligros, obstáculos, rechazo, que momentos agradables. Los momentos agradables parece que no necesitan demasiada especialización de señales.

Es decir para nuestra supervivencia como especie, y también para la de los mamíferos en general, ya que estos tienen una dotación emocional similar a la nuestra, ha sido muy importante marcar con emociones desagradables un buen grupo de situaciones. Y ahora resulta que esas mismas emociones nos complican la vida, nos hacen infelices. Porque eso es precisamente a lo que apunta querer sacar al sol: salir de esos momentos desagradables.

Hay dos elementos para entender esto. El primero es que nuestro éxito como especie ha resultado tan grande que, por ejemplo, los peligros que nos indica el miedo, siguen siendo los mismos que hace milenios y ahora esos peligros ya no lo son realmente, pero el miedo molesto sigue ahí y ese miedo está entorpeciendo nuestra felicidad. Lo mismo sucedería con el enfado, una emoción que introduce una fuerte agresividad y por tanto valiosa en el enfrentamiento con la naturaleza salvaje ante el que se encontraba el homo sapiens durante los muchísimos siglos de cazador-recolector, pero totalmente inútil en la sociedad desarrollada, donde no hace más que generar conflictos que tenemos que resolver. El punto de vista que las emociones son inadecuadas en la sociedad evolucionada de los medios de comunicación. Hay que controlar y sustituir las desagradables, las obsoletas. Por supuesto hay muchos que defienden la postura del control.

El segundo elemento pasa por entender al ser humano. La persona no aparece en este mundo definida, aparece por definir, se encuentra, como tan bien dice Sartre, condenada a ser libre: no sabe quién es y debe definirse. Y este definirse se produce a través de la reflexión, del volver sobre las cosas. Que quiere decir esto, que las emociones que aparecen como algo espontáneo, por ejemplo, aparece un peligro y sentimos miedo, después se complican. Pensamos en ese miedo que hemos sentido, le damos vueltas, se nos queda atascado en la interioridad, lo generalizamos… y un peligro sencillo se ha convertido en una dificultad casi insuperable.

De estos dos elementos he decir que no comparto el primero: nuestras emociones son las que son y estamos bien con ellas. Es decir tenemos en la dotación tanto la alegría como el enfado y ambas son nuestras. Desde este prisma, la idea de que podemos hacer salir el sol es falsa, vivimos el día y la noche y está bien así. Es importante tanto vivir el día como vivir la noche, vivir el sol como vivir la lluvia. Vivir la alegría de la amistad y la tristeza de la pérdida. Y lo mismo con el miedo y con el enfado y con la sorpresa y con el asco y con todos sus derivados y mezclas.

Desde mi manera de verlo, aceptar la vida es más importante que sacar el sol. Las emociones así aceptadas nos dan una información fundamental para nuestro bienestar: una tristeza nos dice que tenemos que despedirnos de una relación, o un miedo nos dice que hay un peligro que afrontar. Las emociones nos traen información de nuestras necesidades. Información que elabora nuestro sistema emocional y es algo valioso para nosotros que, lógicamente, debemos aceptar.

Con respecto al segundo elemento, resulta que precisamente la libertad, y por tanto la decisión, es nuestra marca como personas: tenemos que decidir quiénes somos y eso pasa, por ejemplo, cuando hemos sentido un miedo, por decidir la importancia que le vamos a dar a ese miedo. Podemos decir que ese miedo no es tan importante como nos pareció, incluso que se refiere a algo pasado y ya desvanecido. Desde este prisma hay elementos que si dependen de nosotros. Desde este punto de vista si podemos sacar el sol. En el mundo de nuestra interioridad sí que podemos sacar el sol.

Cada persona debe decidir cuál es el mundo en el que quiere vivir, o si prefiere dejarse llevar y que otros decidan, lo que no es sino otra forma de decidir. Decidir la persona que somos es trabajar precisamente nuestras vivencias, nuestras experiencias, nuestros miedos y nuestra ira.

Si tengo razón, nuestra vida es un equilibrio entre aceptación y decisión de cambiar. La decisión clave de una persona, lo que la forja como persona es precisamente decidir si está ante algo que debe ser aceptado o algo que debe ser decidido. Ahí se la juega. Cuándo estamos en un sitio u otro depende precisamente de cada uno, es lo más personal que podemos decidir. Sin embargo, no podemos irnos a ninguno de los extremos, ni siempre está el sol ni siempre la noche, ni siempre está nublado ni siempre despejado, todos tenemos cosas que aceptar y cosas que decidir.

Lo que me llama la atención en tanta insistencia actual en que podemos sacar el sol, es que implica una negación explícita de la aceptación. Que el sol depende de nosotros parece ser la marca de nuestra época. Además implica que el sol es lo bueno, lo único bueno. Estamos en la época del control, control total de nuestras vidas.

Eso es un gran error, ahora mismo mientras escribo está nublado y llueve. No está el sol. Debo aceptar eso, aunque también debo saber que detrás de las nubes está el sol, sigue estando ahí y volverá a aparecer, lo mismo que detrás de la noche viene el día. Venimos de una cultura y un mundo muy religioso donde todo era aceptación de lo que pasaba. Una aceptación tan amplia que las personas quedaban sometidas y sin libertad. Hemos decidido cambiar eso y nos hemos ido de un extremo al otro. Actualmente estamos en una sociedad donde el centro es la decisión personal individual, de la que todo depende. Entre otras cosas hemos decidido que podemos cambiar nuestras emociones y ya no sentir emociones desagradables, también hemos decidido que podemos ver el sol las veinticuatro horas todos los días.

No nos pongamos exigencias excesivas, porque esa carga va a terminar aplastándonos y la frustración personal será insufrible. No lo podemos controlar todo. No podemos siempre hacer desaparecer el enfado sacando el sol, también debemos vivirlo, como los miedos. El mundo solo con el sol es un desierto.

La realidad es tozuda y acaba imponiéndose. Esta es para mí la clave: la realidad. Amar la realidad es el modo de saber encontrar ese equilibrio entre lo que debo aceptar, la mañana brumosa de hoy, y dónde debo rebelarme y hacer salir el sol.

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