La desaparición de la edad personal

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Abuela y nietos en blue jeans y chandal

Desde hace tiempo me sorprendo al observar que, yendo por la calle, no puedes colegir la edad de las personas por el modo en que van vestidas. Se ha perdido de un modo muy fuerte, aunque no total, porque en realidad no hay cosas totales y todo encuentra su matización, la relación entre edad y modo de vestir.

Hay, todavía hay, aunque cada vez menos una forma de vestir para la infancia, aunque cada vez más los niños van vestidos igual que los mayores, con chándales y camisetas. Lo único que aún mantiene algo de diverso son los motivos, algunos claramente infantiles, aunque otros no.

Pero desde la adolescencia en adelante la forma de vestir es cada vez más uniforme, de tal modo que un anciano de 70 puede ir igual que un adolescente y desde luego se viste más “juvenil” que lo hacía cuando tenía 40 años. Desde este punto de vista hay una igualación de las edades del ser humano: adolescencia, juventud, adulto, anciano.

Está desapareciendo de una forma progresiva especialmente el modo de vestir de la edad adulta, que estaba centrada en la función de responsabilidad que se desempeñaba. A pesar de muchas empresas que siguen insistiendo en sus normas para vestir, la chaqueta y corbata van desapareciendo progresivamente. Y con ello la ligazón con la función. Solo queda, significativamente, el uniforme ligado a funciones de seguridad, como si el miedo fuera la emoción predominante. Miedo ligado a seguridad, que es seguridad física y de estatus de las sociedades.

Desde luego los ancianos hace tiempo que perdieron de forma muy mayoritaria esa forma de vestir añeja, ligada a culturas tradicionales. Desaparece la cultura junto al traje que la representa, trajes negros para las ancianas en Castilla, boinas para los hombres, que ya ni se encuentran, pero que cuando yo era niño aparecían por doquier en las cabezas.

Desde luego no es sin consecuencias o sin motivos esta variación del traje. Primero nos indica que la edad que tiene la primacía es la juventud y todas las demás tratan de asemejarse a ella. La juventud es la edad buscada, como el Edorado de la edades, curiosamente en una sociedad que crece en edad, que tiene la estadística de jóvenes mejor de la historia. Además la perdida de distancias va ligado a un incremento de la salud, que permite este sentirse identificado con la juventud que se dejó atrás hace 40 años.

Lo primero ha sido hacer desaparecer la ancianidad. Ya no hay ancianos, todo lo más enfermos. La sociedad ha quitado la idea de ser viejo, y nadie reconoce serlo. Para reafirmarlo, la palabra siempre indica el mundo creado en el que se vive, ahora no se dice vejez, se dice 3ª edad, con un eufemismo que en su misma neutralidad numérica hace ya desaparecer lo que vejez o ancianidad significaba. Con el nombre han desaparecido los tratamientos de respeto, incluyendo los de la edad adulta. Ya no se trata a nadie de “usted” u otras formas y la justificación que se usa es: “no me hagas viejo, utiliza el tu”, lo que hace ya ver que ser viejo es una afrenta.

Me intriga esta no percepción del cambio de edad. No percibimos la edad que tenemos, cada vez la percibimos menos. Nos creemos jóvenes y hacemos cosas de jóvenes cuando ya no los somos por la edad, o mejor, en otra época nunca lo hubiéramos sido. Esta percepción es muy generalizada y nos amarramos psicológicamente a comportamientos que eran propios de edades inferiores.

No pretendo hacer un juicio, ni valorar este cambio de la percepción de la edad, solo quiero constatarla porque tiene muchas consecuencias en las personas concretas y en la sociedad en general. Además este cambio me parece más propio de las sociedades de Europa y américa del norte, mientras que en muchas sociedades hay una reafirmación incluso del vestido tradicional y se mantienen con claridad las distinciones sociales debidas a la edad, lo que implica, por ejemplo, un gran respeto por los ancianos, algo que ya no es así en Occidente.

Es fácil ver muchas consecuencias positivas: se vive con un nivel de salud y actividades hasta edades francamente avanzadas, algo que antes era imposible; la jubilación comienza a ser lo que el nombre indica, una época de júbilo, de alegría, porque realmente se puede disfrutar y vivir sin las obligaciones de la edad adulta, pero si con las capacidades.

¿Pero es solo eso? ¿qué piensas? ¿tiene o no tiene consecuencias este cambio y cuáles son esas consecuencias?
¿Cómo vives el paso del tiempo? ¿eres consciente de la edad o por dentro te consideras más joven de lo que dice tu carnet de identidad?

Muchas gracias por tu aportación.

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