El vínculo de un padre con su hijo

13460126_sHoy quiero hablar del vínculo padre hij@ desde un punto de vista personal, hablando de mi propio vínculo con mi hija, Noor, que ahora tiene 7 años. Después sacaré algunas consecuencias en la cultura de hoy.

El año pasado, por las circunstancias de mi trabajo, tenía mucho tiempo para ella e iba a llevarla y a buscarla al colegio, la llevaba al médico y la cuidaba cuando estaba enferma, estaba con ella en casa cuando era necesario, en resumen, estaba mucho tiempo con ella. Este año mis circunstancias han variado y bastantes de esas cosas ya no puedo hacerlas y su madre va a buscarla al salir de la escuela, etc.

Por supuesto Noor ha notado el cambio y me ha hecho preguntas como: cuando me ponga malita, ¿no te vas a quedar conmigo papá?

Por mi parte ha habido un hecho, que se ha repetido varias veces, que me ha hecho consciente de que mi vínculo con ella es enorme. Algunos días la dejo para el desayuno en la escuela a las 8 de la mañana. A Noor le ha costado quedarse y se pone triste y me dice que no me vaya. Uno de los días, una vez dentro, se asomó a una reja desde la que se ve la calle por la que me alejo y me gritó “papá” y comenzó a hacer gestos de adiós. A mí se me hizo un nudo en la garganta y unas enormes ganas de llorar. Verla allí despidiéndose me hace sentir que me dejo algo muy profundo, muy de dentro de mi vida. Un sentimiento hondo que me sorprende mucho y que me da la impresión que se extiende por todas mis tripas.

Ese es mi vínculo padre-hija, y sé que por ella voy a hacer cualquier cosa, que voy a hacer lo posible para que sea feliz, para que consiga sus metas, … También sé que quiero estar con ella: es un sentimiento de tristeza, de pérdida por verla que se queda y que yo me tengo que ir.


El vínculo con una hija o hijo nos afecta muy profundamente y se clava en todo nuestras tripas y en nuestro ser, de tal modo que ya no entendemos la vida sin ella/él


carolina2Esto me ha hecho consciente de que a ella le está afectando el cambio… y a mí también y mucho más profundamente de lo que soy capaz de expresar en este momento.

Ahora mis consideraciones: Uno de los elementos culturales de mayor calado y con mayores consecuencias es la progresiva importancia social que está adquiriendo el vínculo entre padre e hijas e hijos. Sin embargo, en mi opinión es algo que está en nuestro ADN en sentido literal: el sistema emocional está diseñado para generar un fuerte vínculo entre padre e hij@. Las limitaciones a este vínculo son y han sido culturales. Sus consecuencias de este cambio en la cultura son incalculables.


Hasta hace muy poco, el vínculo padre e hij@ estaba muy desvaído porque la cultura determinaba que figura del padre estaba básicamente fuera del hogar.


En la cultura previa a la postmodernidad, el vínculo padre e hij@ estaba muy desvaído porque la cultura determinaba que figura del padre estaba básicamente fuera del hogar, en el trabajo, y la relación con los hijos y su educación era tarea de las madres. Además, en todos los primeros trabajos sobre el vínculo y la relación paterno-filial y materno-filial, el acento estaba puesto en la madre y en lo necesario de la relación afectiva que crea con el recién nacido. En ese mismo contexto se han enmarcado los estudios sobre el apego, que sin embargo han posibilitado una visión más completa, al hablar de figura significativa, que puede ser en principio además de la madre, por supuesto el padre, e incluso otra persona.

Esta es mi conclusión: lo que es nuevo es la valoración cultural de este vínculo, el vínculo de los padres con sus hijas e hijos está ahí. Es muy importante cuidarlo, valorarlo y cuidarlo. Muchos cambios positivos de la sociedad vienen detrás. Por ejemplo, he visto, fundada por un padre, una escuela para el cuidado de las hijas. Cada vez hay más padres, separados de sus parejas o por otros motivos que se hacen cargo de una hija: por supuesto que es función del padre peinar, ayudar a comprar ropa, etc. todas esas funciones que se denominaban femeninas de las que los hombres estaban excluidos. Ahora no, ahora los padres con hijas se interesan por ellas, porque interesan a sus hijas.


Si estás de acuerdo con esta opinión que expreso me encantaría que comentaras con tu experiencia para enriquecer la mía y la de todos los que lean esta entrada.

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«La tristeza no es útil»

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«La tristeza no es útil» es una frase de una película que acabo de ver y que un adulto le dirigía a un niño. El niño, ante una situación muy complicada y varias pérdidas, había roto a llorar y el adulto le urgía para que se pusiese en movimiento. Yo estoy de acuerdo: la tristeza no es útil en sentido pragmático, no nos proporciona nada tangible, nada que podamos “tener”.

Sin embargo, en la evolución de hombre, y también de los mamíferos superiores, la tristeza aparece como una de las emociones básicas, que entran en la dotación que todo niño lleva al nacer.

La pregunta es: ¿por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna? ¿Qué ventaja sacamos de tener la tristeza en nuestra dotación emocional?


¿Por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna?


Y realmente hay que afirmar que la inversión es muy grande. Las épocas de tristeza pueden ser duraderas, dolorosas, e inciden en el conjunto de la actividad de la persona casi anulándola. La tristeza interrumpe la acción, le quita sentido, nos deja sin objetivos, no nos invita a comunicar con los demás, nos quita las ganas de hacer cosas, de emprender iniciativas, incluso puede llegar a quitar las ganas más fundamentales, las ganas de vivir.

En la época actual en la que solo parecen valorarse las emociones positivas, la tristeza es el enemigo número uno, es la gran emoción negativa, algo que hay que sacudirse rápidamente de encima. Pero, para terminar de complicarlo, la tristeza es lenta de evolución, necesita tiempo, es parsimoniosa. Es difícil superar una tristeza profunda. Prisa y tristeza son palabras antagónicas.

Resumo desventajas: La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


Entonces la ventaja evolutiva que proporciona la tristeza debe haber sido muy grande para mantenerla en la dotación emocional básica. ¿Cuál es esa ventaja tan fundamental? ¿Por qué la tristeza es importante para el ser humano?

Yo voy a tratar de ensayar mi respuesta, siendo bien consciente de que no digo la última palabra en el tema, solo el punto al que yo he llegado.

La tristeza es una emoción que nos hace humanos. Esa es mi síntesis.

En primer lugar, la tristeza es una elaboración de nuestros vínculos, de lo que nos conecta con las cosas y sobre todo con las personas. Como especie somos una especie social, que ha invertido mucho en los vínculos y la tristeza detecta cuando esos vínculos están afectados o se pierden.

En segundo lugar, literalmente porque se produce temporalmente detrás de la elaboración de una pérdida afectiva, la tristeza está conectada con la creatividad, con la apertura a lo nuevo, con crear mundos nuevos y diferentes, adecuados precisamente a nuestra sensibilidad. Sin tristezas no hay creatividad.

En tercer lugar, la tristeza mantiene nuestra unión con las personas y cosas que hemos vivido, refuerza nuestra memoria y la memoria es el órgano de la identidad humana. No somos quienes somos por nuestra capacidad de razonar, lo somos por nuestros vínculos conservados en nuestra memoria y conservados ahí por la tristeza.


La tristeza tiene que ver con los vínculos con las demás personas y con las cosas. Produce creatividad y permite el cambio profundo. Es nuestra memoria como personas.


Por todo ello la tristeza tiene que ver con el cambio y la renovación, con abrirnos a mundos nuevos. Pero esto no sería posible si hubiésemos pasado por el mundo anterior como el agua sobre las piedras, podemos cambiar con sentido porque las cosas dejan huella en nuestra vida y esa huella está constituida por tristeza, es la tristeza la que la elabora.

Efectivamente llorar no es útil, pero nos hace humanos.

Aprendemos más por contagio emocional que por interés intelectual

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Es un tema de todos sabido que el interés social por un tema depende de que haya acontecimientos notorios relacionados con ese tema. Por ejemplo, los éxitos de la gimnasta Simone Biles en las Olimpiadas de Río ha hecho crecer el interés en la gimnasia artística y montones de niñas a lo largo y ancho del planeta quieren ser gimnastas. Eso ocurre con el futbol todos los días, donde niños de todo el mundo quieren ser como Messi o Cristiano Ronaldo. Hace ya muchos años, en los años sesenta el tenis se popularizó en España debido a los éxitos de Manolo Santana.

Y no solo ocurre en el deporte, ocurre en todos los ámbitos. Hay un interés en la criminología debido al éxito de series como C.S.I. y en política debido a las crisis y las injusticias que han sacudido España. Incluso en lo negativo la influencia del contagio es notoria y basta un asesinato de género y su repercusión en los medios, para que se produzcan otros como en ramillete.

El interés tiene una base emocional y está sometido a un fuerte contagio social. Todos queremos ser como las personas que admiramos. La admiración, buscar modelos, algo necesario para el desarrollo personal, es también la puerta de entrada de los temas que nos van a interesar. No podemos olvidar que la admiración es uno de los sentimientos que integran el enamoramiento y que este es nuestro principal modo de abrir nuestro mundo.


En el interés que despierta e introduce el aprendizaje, hay un componente de emulación, que suscita un interés emocional inicial y que permite entrar a la persona en nuevas zonas, explorar.


En el aprendizaje, en el interés que despierta e introduce el aprendizaje, hay un componente de emulación, que suscita un interés emocional inicial y que permite entrar a la persona en nuevas zonas, explorar e ilusionarse con lo nuevo. Hay que enseñar a reconocer las propias emociones y sentimientos, a identificar los contagios emocionales, hay que enseñar a ser libre.

Sin embargo, este aspecto no lo utiliza la educación a pesar de lo importante que es. La educación se desarrolla con sus programas, sus materias troncales, sus optativas, sus programas… y corre paralelo al desarrollo emocional de las personas, sin tocarlo, como una senda paralela a la vida de las personas, que es siempre emocional. Educación y desarrollo personal e influencias emocionales corren por caminos paralelos que no se tocan, y no sabemos dónde están los puntos de encuentro.

La educación deja el desarrollo emocional, las influencias, los contagios a un lado y sigue impertérrita su camino. Lo más que se plantea es qué hacer para que las emociones empujen el aprendizaje, pero el aprendizaje es el mismo de siempre, tiene los mismos programas y las mismas materias de siempre, los mismos modos de hacer que hace décadas. La escuela no es flexible, enseña cuentas, números y letras, enseña lengua y matemáticas, a lo más le suma geografía y biología, vaya por donde vaya el interés emocional de sus alumnos, no se desvía del camino.  Solo unos pocos docentes innovadores comienzan a buscar la interdisciplinariedad, a ver el modo de acercar a la vida e aprendizaje. Aunque esto mismo ya traiciona la rigidez del sistema: ¿acercar a la vida? Si es a vivir a lo que se debería enseñar, el sistema ya acepta que sus enseñanzas están lejos de la vida.


Acercar a la vida e aprendizaje. Aunque esto mismo traiciona la rigidez del sistema: ¿acercar a la vida? Si es a vivir a lo que se debería enseñar, el sistema ya acepta que sus enseñanzas están lejos de la vida.


Mi pregunta es si esto debe ser así o la escuela debe cambiar. Qué y sobre todo cómo hay que enseñar en la escuela. Atreverse a cambiarlo el gran reto social.

Reivindicación del orgullo

Orgullo

El orgullo es un sentimiento que me intriga, y también me parece importante. Me ha costado mucho llegar a conclusiones y aquí te voy a ofrecer alguna para ver si me acompañas en este camino de su valoración.

En primer lugar, creo que se puede afirmar sin duda que es un sentimiento que pertenece a la familia de la alegría. El orgullo es un sentimiento de alegría, creo que en esto estaremos de acuerdo. Sin embargo, y esto es un punto al que he llegado, mientras que la alegría se refiere al logro de algo, a la superación de un obstáculo o alcanzar una meta, el orgullo no se refiere a un objeto sino al sujeto que consigue ese “algo”. El orgullo es el sentimiento que nos hace valorarnos a nosotros mismos cuando conseguimos cosas, cuando logramos algo.

La expresión “nosotros mismos” sirve por supuesto y en primer lugar para nuestro yo. Estamos orgullosos cuando hacemos algo bien, o cuando alcanzamos una meta difícil. Hacer bien y dificultad son dos conceptos ligados con el orgullo. A mayor dificultad, más orgullo.

El efecto principal del orgullo es que, al valorar el yo,  alimenta desde el punto de vista emocional nuestra autoestima, la valoración que hacemos de nosotros mismos, y debido a ello cumple una función clave en el organismo psíquico.

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El efecto principal del orgullo es que, al valorar el yo,  alimenta desde el punto de vista emocional nuestra autoestima.

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En último término el orgullo nos hace valorarnos como la persona que somos. Aquí estría la importancia del orgullo. La fiesta del “orgullo gay” es un ejemplo de esto, ya que es una reivindicación de la aceptación de los gay y lesbianas en la sociedad tal como son. Hasta que no han podido proclamar bien alto, con orgullo, su condición sexual, en realidad no estaban aceptados. Y la aceptación pasa precisamente porque la persona a quien afecta en primer lugar, en este caso todo un colectivo, se sienta orgulloso de su condición, en que valoren su propia condición, su modo de ser. Ese orgullo tiene detrás y no solo detrás, sino lamentablemente de forma demasiado actual, toda una historia de menosprecio, de falta de valoración, de humillación, de ninguneo de la condición homosexual. El orgullo reivindica su valor igual como personas.

Creo que de este modo el orgullo cumple la función central de valorarnos a nosotros mismos ante nosotros mismos. Comenzando por ahí es cómo se consigue que los demás nos valoren. Si en vez de sentirnos orgullos de nuestros yo y de los que conseguimos, nos ninguneamos, desvalorizamos lo que hacemos, parece que iniciamos el camino por el que van a entrar los demás, que tampoco nos valorarán. Sin nuestro propio orgullo, solo va a quedar la valoración de personas que amen y por ello sepan descubrir nuestro valor a pesar de que nosotros mismos no lo vemos.

Pero “nosotros mismos” no se refiere aisladamente al yo, sino a todo lo nuestro. Comenzando por la propia familia, la propia pareja, los propios hijos. Los logros de los hijos e hijas nos ponen orgullosos como su fuesen nuestros y de algún modo emocional, que el orgullo señala, lo son. Cuando son pequeños esos primeros logros nos hacen llorar de alegría.

También se siente orgullo por el propio trabajo, en general la propia actividad. Algo importante porque implica que lo respetamos, que lo valoramos, que vamos a exigir por lo que vale.

El “nosotros mismos” se extiende también a la propia tierra, su cultura, su historia, sus realizaciones en todos los campos, especialmente en aquellos que nos son más cercanos. Igualmente implica valorar por ejemplo el propio equipo de futbol, sus éxitos, sus copas, su modo de superar las dificultades. El orgullo alcanza a todo lo que consideramos nuestro. Seguro que aquí puedes añadir algo de lo que te sientes orgulloso y que no he mencionado y que también encuentras su conexión contigo.

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El orgullo es un sentimiento secundario, no primario. Nace por la existencia de otro sentimiento. El orgullo no conecta directamente con la realidad, sino a través de otro sentimiento.

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Pero, hay un pero y un pero notable. El orgullo es un sentimiento secundario, no primario. Es decir es un sentimiento que nace por la existencia de otro sentimiento. El orgullo no conecta directamente con la realidad, sino a través de otro sentimiento, este sí, primario. El sentimiento primario es la alegría espontanea por un logro. De esa alegría primaria se pasa a una alegría secundaria (orgullo) por ese sujeto que consigue logros. ¿Qué quiere decir esto? Que sin logros el orgullo trabaja en vacío y en realidad nos engaña, pone una pantalla ante la realidad y no nos deja verla. Orgullo tiene toda una tradición de significados vanos, vanidosos, que hablan de orgullo construido sin logro y por tanto sin contacto con la realidad. La acepción que utiliza el diccionario de la Real Academia Española, en mi opinión muy ramplona e injusta con este sentimiento, dice: Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas. El exceso de estimación propia lo dice todo. Sería difícil ser más negativo sobre el orgullo, solo deja la posibilidad de una causa noble para errar de ese modo. Entrar en las raíces de porque queda este aspecto negativo nos llevaría muy lejos y prefiero dejarlo para otro momento.

Yo reivindico que hay un orgullo sano, incluso sanador, porque procura una gran salud al ser psíquico y a la persona en su conjunto.

Para concluir, podría decir que, para construirse de una forma sana, el orgullo debe responder a logros reales. Del orgullo por esos logros reales se pasa al orgullo por el sujeto que realiza esos logros. Los fracasos no generan orgullo, generan decepción y desvalorización.

Espero que a estas alturas estés de acuerdo conmigo en la reivindicación del orgullo, pero me gustaría que comentes tu opinión, incluso si es diametralmente opuesta.

Mi vida sin mí: la tristeza como impulso de la vida.

Mi_vida_sin_mi Isabel Coixet

Es una delicada película de Isabel Coixet, que te puede ayudar a entender la importancia y el valor de la tristeza.

FILMAFFINITY hace la siguiente sinopsis: Ann tiene 23 años, dos hijas, un marido que pasa más tiempo en paro que trabajando, una madre que odia al mundo, un padre que lleva 10 años en la cárcel, un trabajo como limpiadora nocturna en una universidad a la que nunca podrá asistir durante el día… Vive en una caravana en el jardín de su madre, en las afueras de Vancouver. Esta existencia gris cambia completamente tras un reconocimiento médico. Desde ese día, paradójicamente, Ann descubre el placer de vivir, guiada por un impulso vital: elaborar una lista de cosas que quiere hacer antes de morir.

Emocionalmente está centrada en la tristeza: la despedida de la vida de una mujer que se muere por un cáncer. Ann (Sarah Polley) va recorriendo todas sus pérdidas, anticipándolas y es anticipación le permite valorarlas. Valora la relación con sus hijos y todo lo que le han dado, con su marido, a quien con todas sus limitaciones agradece sus aportaciones. Con su amante y todo lo que la aporta, con su madre.

La tristeza, como emoción básica que impregna a toda su familia: Vacío, pena, apatía, desánimo, soledad, abandono, aflicción, melancolía, duelo, y nostalgia; es la emoción que nos permite elaborar la pérdida. Un paso necesario para elaborar esa pérdida es valorar lo perdido.

La película tiene curiosa perspectiva donde la muerte es anticipada y se afronta la pérdida antes de que se produzca, algo que refuerza la terquedad de la protagonista que se empecina en no contar a nadie de su entorno la enfermedad que sufre. Este modo de ver hace que la protagonista vaya valorando y llorando cada relación, es como si pudiese estar después de su muerte (mi vida sin mí) acompañando a cada persona perdida en el momento de experimentar la pérdida.

Este prisma de valoración le permite reconciliarse con la vida y con lo que ha sucedido. Mientras le ha ido sucediendo se ha sentido maltratada por la existencia, no valorada por las personas que encontraba, una fracasada desde el punto de vista profesional. El punto de vista de la pérdida, de la tristeza por lo más fundamental, la vida, hace variar radicalmente esta valoración.

Toda la película está dentro de un aura de ternura que solo una mano femenina y especialmente la de Isabel Coixet, puede dar a las escenas. La ternura permite verlo todo desde un punto de vista positivo, y ni siquiera la relación con su amante (Mark Ruffalo) despierta dificultad alguna, es como un motor bien engrasado: descubre en él todo eso que le aporta y no se plantea problemas.

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Sarah Polley

Es curioso como tiñe la tristeza de ternura todas las cosas y cómo nos permite valorarlas. Espero que contigo sea lo mismo y descubras la importancia de la tristeza en tu vida y en cómo la valoras.

El amor aventura sin designio.

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        Esta es la última entrada de ese grupo que he escrito sobre el enamoramiento. Pienso que hay muchísimas más cosas que leer en el lenguaje del eros, y no es posible agotarlas, ni aquí ni en ningún otro sitio, porque entran en juego las vidas personales, irreductibles a reglas generales. Siempre serán nuevas, siempre será necesario expresarlas de nuevo.

        Con lo que ya ha salido en estas entradas sobre lo erótico y el enamoramiento, pienso que basta para ver que el eros «dice» y «hace», realmente muchas cosas, y no en un modo equívoco, como muchas veces la cultura trata de hacernos ver, quizá para ocultar decepciones personales.

        Lo que si sucede con frecuencia, es que el lenguaje del erotismo y del enamoramiento es tan rico, que se puede confundidirse y enamorarse del eros mismo, del enamoramiento o del placer sexual. Pienso que efectivamente se da el fenómeno de estar enamorados del enamoramiento y también que hay muchos atrapados por el placer sexual, que no son capaces de llegar al eros. Este hecho es precisamente una de las claves para entender el problema de la ambigüedad de lo erótico, que pueda conducir al encuentro real con el otro o al aislamiento narcisista, que se goza simplemente en los propios sentimientos. De cualquier modo, pienso que podemos ahora afirmar que, en el caso de buscar al eros en sí y no al otro, a la otra persona, en el caso de enamorarse del enamoramiento, se pierde justamente el sentido central de lo que el eros «dice» y «hace»: descubrir a una persona en tanto que tal persona y formar una unidad con ella.

        De cualquier modo, si el conjunto de lo que estoy diciendo aquí es cierto y el eros “dice”, o sea, tiene un contenido y, por tanto, una lectura; entonces el problema central alrededor del eros es no mentir, o quizás mejor, no mentirse. Los callejones sin salida se producen porque se han desatendido las indicaciones de calle cortada que estaban a la embocadura. Seguramente esto es difícil y se prefiere rendirse al momento; al calor y al color que el eros proporciona. Como dice la canción de James Taylor de hace muchos años, tell me lies: “miénteme, pero abrázame, no me dejes sólo esta noche”. Se ama más las expectativas cumplidas que la realidad. ¡Qué difícil es el amor a la realidad!!

Sea por la fuerza del placer sexual, sea por decepciones anteriores que se manifiestan como miedo a quedarse solo, sea por la presión del amasijo de ideas contradictorias de la cultura ambiental, que en su conjunto se presenta como seducción (la seducción en su sentido primigenio es el engaño alrededor del eros), el caso es que es difícil encontrar quien afirme con rotundidad que es posible ese amor, que en toda la riqueza y profundidad de su contenido, une en plenitud a dos personas.

        Parece que el amor, entendido como superación real de la soledad, como convocación o revolución real de dos personas, es el primero y más difícil artículo de un credo: el de los ingenuos o de los románticos. Pero estos, a pesar de todas las evidencias, se resisten a darse por convencidos y desaparecer.

        Esta situación de un amor incapaz de superar la soledad de la persona, origina un miedo que induce a resignarse: “mientras dura, dura”. El problema es que con esa perspectiva la persona vive con una frustración permanente, porque sabe que se va a engañar. El eros le pide duración y desconfía, porque piensa que, en cualquier caso, las relaciones están destinadas a no durar. De este modo las experiencias negativas anteriores se trasladan a las siguientes, minando la confianza necesaria para que fructifiquen. Sin confianza el eros no puede ser leído correctamente. Recoged esta palabra confianza, que es confianza en el otro, pero más en el fondo, es confianza en la vida.

        Todavía es peor si de partida la persona ha renunciado a “leer” nada y va a “sacar partido” (a utilizar), en este caso nos introducimos en la patología de la alegría: como no hay razones (no hay confianza en la realidad de la relación) para estar contento, y eso no se puede soportar indefinidamente, se buscan causas que, al menos, den sensaciones: lo erótico, pero que ahora está reducido (y, por tanto, deformado) a lo sexual. Precisamente por esto, el sexo que es solo sexo es un sucedáneo que ya no promete la superación de la soledad.

        Hay una resignación a que el amor es aventura sin designio, pero como eso se lleva fatal, se sustituye por sensaciones que deben ser cada vez más fuertes, y que, al menos por un instante, nos lo hagan olvidar. Ya no se busca otra persona, se busca, por así decir, “estallar” a la vez, o al menos estallar yo, … No hay relación, sino autocomplacencia narcisista. En estos casos ya no hay lecturas, ni enamoramiento … Aquí viene a cuento una frase de Kierkegaard: Engañarse a uno mismo sin amor es la decepción más terrible; constituye una pérdida eterna para la que no existe reparación, ni en el tiempo, ni en la eternidad.

          Hay bastante de decisión en optar por la realidad del amor, de la unión de dos personas. ¡Tu verás!!