El eros en «La voz a ti debida» de Pedro Salinas

       

         Salinas tiene un libro que «relata» el eros: «La voz a ti debida». Tengo que reconocer que ese libro me volvió loco, me enamoró cuando yo tenía 15 años y desde entonces siempre me ha acompañado.

        Salinas es un maestro al expresar que la experiencia de la belleza que está en el origen del enamoramiento, y que termina transformándose en imagen de la persona. Igual que el «Cantar de los cantares» es un lenguaje que comienza en lo sexual. Pero el sexo no es solo sexo, es también una creación humana, donde intervienen todas las potencias de la persona, también la fantasía y la imaginación.

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La necesidad de placer

12129902_sHasta un pensador tan vetusto y denostado y aparentemente carca y de moral rígida como Tomás de Aquino lo dice: “sin algo de placer es imposible vivir”. Quizá es la enseñanza menos conocida del influyente teólogo, lástima que no haya formado parte de un modo explícito de su enseñanza, hubiera quitado muchos problemas personales e incluso sociales.

Sin embargo, en la Iglesia a nivel práctico es recogida, y desde que yo recuerdo, los curas, que al menos de modo formal tienen prohibidos los placeres de la carne, y en teoría muchos otros, se reúnen para comer, se dan las grandes comilonas. Ya está comprobado que el área cerebral activada por el deseo sexual es impulsada también por el placer de la comida. Algo que se puede a la vista de todos y que llena esa necesidad tan honda en el ser humano: sin algo de placer es imposible vivir, sin activar esa zona del cerebro, toda la actividad de este se resiente, y detrás se resiente nuestra vida. Por ello, la verdad es que cuando no ha sido posible llenar esa necesidad de placer de forma abierta, en sociedades cerradas y controladoras y a veces también en otras más abiertas, pues se ha llenado de modo oculto, a veces con una fuerte hipocresía, pero llenar se ha llenado, no es posible no hacerlo. Responde a un modo cómo funcionamos los seres humanos.

Hay una gran distancia entre el placer disfrutado realmente y el aceptado socialmente en cada época. Hay algo profundo en esto y esa distancia no es fácil de eliminar. La cultura dominante, igual que las organizaciones, abusivas y no, controlan el placer, necesitan controlar el placer como uno de los elementos de más peso en el control social. El placer siempre ha estado históricamente en la oscuridad, en la intimidad personal y no solo porque el acto sexual sea el acto íntimo por excelencia. Por ejemplo no es fácil para las figuras públicas que se les vea disfrutando: se exponen a fuertes pérdidas de popularidad.

Sin embargo, es bueno y es sano que introduzcamos el placer entre nuestras actividades y que nos alejemos de esa demonización tan fuertemente arraigada sobre el placer. Necesitamos dar carta de naturaleza al placer en nuestra vida, saber qué actividades, qué relaciones, qué cosas, qué comidas, qué manera de hacer el sexo, qué actividades físicas, son placenteras para nosotros, nos proporcionan placer. No, no por los demás, sino a nosotros mismos. Y si nunca hemos buscado el placer, o lo hemos hecho solo por caminos aceptados socialmente, es posible que ese territorio a descubrir sea enorme. Todo un entero continente nunca explorado. Teniendo en cuenta además que las posibilidades de placer del ser humano son inmensas.

Por todo esto cuando tengo que hacer una exploración junto a una persona que quiere realizar un proceso de coaching, una entrevista de encuadre se llama en el coaching emocional, reviso su trabajo, su desarrollo personal, sus relaciones, su afectividad, su sentido de la vida, su autoestima y su asertividad, si todo eso, y también su ocio y sus placeres como un territorio más, y uno que especialmente no puede quedar yermo.

Y es curioso porque gracias a la cultura dominante, habitualmente las personas no hablan de lo que les gusta. Hablan de la pareja, pero no comentan si el sexo les gusta. Hablan del trabajo, de las preocupaciones y si no hay una pregunta expresa, no hablan del placer, aunque debería decir: hablamos, porque yo me incluyo.

Sin embargo la formación para el placer debería ser parte de la formación que recibimos. Y me atrevo a decir que sin esta no hay formación para la vida, la vida es luz y sombra y colores, elementos positivos y negativos, emociones agradables y desagradables, y también es placer y disfrute, lo mismo que tiene elementos de dolor y de sufrimiento. Y como lo aprendemos todo, debemos también aprender a elegir lo que nos nutre, lo que nos alimenta, lo que nos hace disfrutar, debemos aprender a incluir nuestra dosis de placeres en la vida. La vida deja muchos agujeros, muchas simas y es muy difícil de soportar si no somos capaces de disfrutar en ella, si nuestro cerebro no recibe su ración de placer.

Así que repito con Tomás de Aquino: sin placer es imposible vivir.

Las hormonas del amor

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Evidentemente el amor es un proceso que implica toda la persona, biología, psicología y razón. Cada vez sabemos más de los procesos biológicos que se dan conjuntamente a los otros 2 niveles, mientras que del amor parecíamos solo saber lo emocional y lo consciente. En todo proceso emocional hay debajo un proceso hormonal y cada vez sabemos más sobre eso. Con el amor, la biología nos prepara para la unión y la reproducción.

Pongo un link de un interesante artículo al respecto.

POR JOSEP BIAYNA: Cuando mis hormonas dicen “te quiero”.

«El niño es un vaso que hay que llenar»

Ya he leído u oído varias veces esta expresión relacionándola con la educación, incluso he citado en una entrada el dicho clásico de que cuando nacemos somos tamquam tabulam rasam, como una tabla (tablilla para escribir) rasa, sin experiencias, como un folio en blanco (este es el sentido de la expresión clásica) en el que todo está por escribir. Es una idea que 14189641_sse difunde desde Aristóteles a la edad media, y se ve que todavía sigue dando coletazos por ahí.

Sin embargo cada vez más me ha ido pareciendo una idea no correcta. Carl Jung ya defendió con fuerza y con bastante evidencia experimental, que había un subconsciente común para la especie humana, algo que llega con la herencia, que tenemos por el ser vivo, la biología, el animal, que somos. Hay arquetipos del inconsciente colectivo, mitos, que son comunes, que se repiten sospechosamente en muchas culturas. Eso es lo que demostró Jung.

Cada vez hay más evidencia que apoya esta idea, por ejemplo, cada vez mas hay experimentación que prueba que hay miedos que vienen de la especie, de la noche de los tiempos de la especie, como por ejemplo a las serpientes. Curiosamente ya la Biblia la recoge en sus páginas iniciales: la serpiente es quien introduce el mal (este dato le interesaría a Jung). Esto no quiere decir que todos los individuos tengan esos miedos, pero sí que se repiten sin que hayan sido enseñados o provengan de experiencias vividas. No tienen porqué aparecer en todos los individuos porque tampoco los rasgos genéticos aparecen en todos los individuos, más bien siempre aparecen en unos cuantos, y no dejan por ello de ser genéticos, es decir pertenecientes a la herencia genética.

En educación me parece una idea peligrosa. Que el niño sea un vaso vacío o una tabula rasa significaría que se puede escribir en él/ella cualquier cosa. Esto además de no ser cierto, es peligroso, porque deja el niño sometido a cualquier experimento en educación, a que cualquiera quiera meter en el vaso cualquier cosa, o escribir en el niño cualquier asunto, ya se sabe: el papel lo soporta todo.

Lo positivo de la expresión es que apunta a un rasgo muy claro en el ser humano, su plasticidad, su capacidad de adaptación a circunstancias muy diversas. El solo hecho de la gran diversidad de culturas y costumbres realmente existente en la especie humana, habla de esta plasticidad, de esta capacidad de adaptación, el hábitat humano en contraposición al hábitat de las demás especies se ha extendido a todo el planeta e incluso buscamos extenderlo por el espacio. Todo niño que nace tiene esa plasticidad y se va a adaptar a las circunstancias que encuentre, con esa tendencia actualizante de sus posibilidades tan fuerte que lleva dentro. He utilizado muchas veces, de un modo coloquial, la expresión de que un niño es una bomba biológica. Esa bomba biológica le impulsa a salir adelante, a luchar con las enfermedades por su salud, a adaptarse… es una capacidad maravillosa.

Pero tomar como un axioma la plasticidad al final termina en una falta de respeto el niño. El niño ya es algo cuando nace, o mejor, con mayor precisión, es alguien. No es cualquier cosa (un vaso vacío), sino ya es una persona, una persona con una constitución, una estructura biológica-emocional-racional y social. Respetar todo esto es un deber de la educación y seguramente la línea que debe tomar la educación hoy es precisamente esta de mucho mayor respeto a quién es el niño desde todos los puntos de vista. Esa es la gran revolución pendiente, eso que se llama educación integral.

Es decir, estamos en un momento en que hay que dejar las corrientes educativas exclusivamente inductivas, aquellas que desde fuera del niño, sin contar con él, con su iniciativa, con sus emociones, sus sentimientos, sus intereses, sus capacidades innatas, su creatividad e imaginación, utilizan instancias externas para meter en el niño todo aquello que el Estado o sencillamente diversos experimentos educativos se les ocurre.

Ha habido ya corrientes que han seguido la línea contraria, la línea deductiva en el niño, partir de él y no inducir en él/ella, y han sido realmente productivas y con impresionantes resultados. El avance de la sociedad, lo que se ha denominado progreso, ha sido precisamente un crecimiento de la libertad, pero no en general, sino en cada persona, por tanto, también en cada niño. Para ese crecimiento en libertad es necesario un respeto de todas las capacidades humanas. La educación debe crecer en esa línea y es urgente que lo haga. Esa es la educación integral, una educación respetuosa de la persona, donde el alumno es el verdadero protagonista.

No el niño no es un vaso vacío, es una persona y debe ser respetada. La verdadera revolución de consecuencias insospechadas es esta de una educación respetuosa del niño como ser biológico-emocional-racional-social, con muchas capacidades innatas, para nada un vaso vacío, sino una auténtica bomba vivencial con multitud de posibilidades.

Espero que este casi exabrupto sea de utilidad y ayude a entender un punto de vista importante en esta reflexión que debe la educación para adaptarse a este siglo XXI que ya está aquí hace tiempo.

Lo especifico del nivel biológico del hombre/mujer

hombre interiorDe los instintos o deseos, del nivel biológico del que estamos hablando desde hace algunas entradas, sacamos dos ideas importantes:

Primera idea. Todo el sistema tendencial instintivo está integrado en el mundo humano, el hombre lo recrea, es decir no comemos solo por hambre, sino por muchos otros motivos: podemos comer sin hambre y beber sin sed, podemos matar a un semejante solo por placer de matar. Los instintos como pauta de comporta­miento fija, automática, inevitable, donde la voluntad no entra, no existen como tal en el hombre han sido modificados por el mundo humano.

Esto significa una integración del nivel biológico en el psíquico y en el racional, de modo que forman una unidad en  la que es difícil distinguirlos. Sin embargo el nivel biológico está siempre presente y su presencia es más fuerte de lo que habitualmente admitimos.

Segunda idea. La inespecificidad (plasticidad), que provoca que nos veamos obligados a definirnos. No salimos tan definidos como las demás especies animales. Un perro es siempre perro, hemos dicho, y una rosa es siempre una rosa. Un hombre cuando nace puede ser muchas cosas, es muy plástico. Tenemos muchas posibilidades de definirnos, muchas las “obliga” el ambiente, físico o social, en que nos encontramos, otras dependen de nosotros. Podemos definir hasta como queremos el cuerpo. Simplemente ver la facilidad de los niños, en comparación con los ancianos, con el ordenador, el ambiente en el que han nacido, explica este punto. Esta característica Savater la llama: «Nootenia, que significa pues “plasticidad o disponibilidad juvenil” (los pedagogos hablan de educabilidad)».

Y puede durar hasta la vejez, de modo que ser humano es ser educable, tener capacidad de aprender. Y evidentemente no se limita a la edad anagráfica, es la edad personal. A nivel emocional lo marca la capacidad de asombro, de sorpresa, de estar abierto a la novedad. Esto implica estar abierto tanto a lo bueno como a lo malo. Esta es la grandeza de mantener viva la capacidad de sorprenderse, de abrirse a lo nuevo.

Pero como vemos ya estamos hablando del nivel psíquico, el nivel biológico se ha integrado en lo psíquico y ambos en lo racional, formando esa unidad que llamamos hombre/mujer, persona.

Ser persona por tanto es integración de los tres niveles, coherencia, y también capacidad de adaptación, plasticidad. Ser persona es necesidad de definirse. El hombre no nace definido y debe hacerlo con su vida.

Las diferencias entre el comportamiento humano y el animal

3398032_sAcabamos de afirmar en la entrada anterior que el hombre es un animal. Sin embargo las diferencias entre el comportamiento humano y el animal son también tantas que negarlas es también negar la evidencia: ningún animal hace rascacie­los, ni aviones, ni televisores, ni se mata entre sí de modo sistemático, ni hace guerras, etc. etc. como lo hace el hombre.

Si estos dos puntos: la similitud y la diferencia se tienen por asentados no extrañará que en un comportamiento concreto -el sexual- también se puedan encontrar similitudes y diferencias. Las similitudes son innegables, las diferen­cias también. Una idea de dónde surgen las diferencias en el terreno sexual nos la plantea Ortega: «Ya dijo Beaumarchais: ‘beber sin sed y amar en todo tiempo es lo único que diferencia al hombre del animal’. Esta bien, pero ¿que es preciso añadir al animal “amante” una (o dos) vez al año, para hacer de él una criatura que “ama” las cuatro estaciones? Aún quedándonos en el piso bajo de la sexualidad ¿cómo es posible que del animal, tan indolente en el amor, proceda el hombre, que se manifiesta en la materia tan superlativamente laborioso? Pronto caemos en la cuenta de que en el hombre prácticamente no existe, hablando en rigor, el instinto sexual, sino que se da casi siempre indisolublemente articulado, por lo menos con la fantasía (…) la lujuria no es un instinto, sino una creación específicamente humana -como la literatura-. En ambas el factor más importante es la imaginación».

Es decir el hombre ‘biológicamente’ es humano. Su nota distintiva, según todos los estudios actuales es la inespecificidad. Ya muchos antropólogos han notado que «el hombre es un mamífero prematuro. Gehlen destaca la dramática dificultad de la cría humana para poner a punto su aparato cinético. A los animales les bastan pocas horas o pocos días para hacerse con una escala de movimientos que, una vez montado, queda cerrada; al hombre en cambio esa tarea cuesta años. La razón está en la especialización del aparato motriz animal y en la no especializa­ción del propio hombre. Como contrapartida a esta no especialización, el hombre conseguirá una plasticidad de movimientos incomparablemente mayor que el animal» (A. Domingo Moratalla, El personalismo, 50).

La plasticidad se convierte en una caracter9153280_sística de lo humano y no se limita a la movilidad, de tal manera que, por ejemplo, un niño criado entre perros (no se puede decir “en un ambiente de perros”, porque propiamente los perros no crean en torno a sí un ambiente y la expresión de hecho pasa a significar otra cosa) se comporta como un perro, mientras que un perro criado en un ambiente de niños se sigue comportando como un perro, no pasa a comportarse como un niño. Esto es lo que la psicología moderna ha descubierto y que ha popularizado el film de Truffau sobre un niño salvaje encontrado el siglo pasado en un bosque de Francia. La plasticidad es tan importante que el niño necesita un ambiente humano para humanizarse y entre animales se animaliza. Fernando Savater lo expresa del siguiente modo: «La humanidad plena no es simplemente algo biológico, una determinación genéticamente programada como la que hace alcachofas a las alcachofas y pulpos a los pulpos». Esto lo hace para indicar que, en frase de Graham Greene: «ser humano es también un deber».

El hombre es un animal

Es ya un punto adquirido en la cultura y en la mentalidad común que el hombre no es 5919292_salgo diverso de los demás seres vivientes del planeta. Su organismo puede ser perfectamente clasificado entre los demás organismos biológicos: está claramente emparentado con los organismos animales, especialmente los mamíferos y entre estos los primates, hay una sustancial coincidencia en órganos (huesos, sistema circulatorio, etc.), tejidos, procesos fisiológicos, etc. Las coincidencias son tantísimas que negarlo hoy es negar una evidencia. Voy a hacer una defensa para los pensadores del pasado: para Aristóteles ya claramente el hombre es un animal y lo define como animal racional, razonar según Aristóteles es lo específico del hombre, pero siempre dentro de los animales.

Por ejemplo en la cultura existe la idea de que el hombre, en el fondo es un animal, simplemente recubierto por una capa de educación, y cuando se rasca un poco el animal aparece y este, con sus instintos salvajes, es imparable. Esta es la idea tan bellamente descrita por William Golding en «El Señor de las moscas»: un grupo de niños ingleses, de un colegio donde reciben buena educación, caen en una isla salvaje, sin ningún adulto entre ellos. Los niños comienzan a tratar de organizarse, pero enseguida aparecen bandas, y el conjunto va degenerando lentamente hasta el salvajismo más atroz: en una guerra por la comida (un cerdo) uno de los niños es asesinado por la banda contraria. Es muy significativo que muy pronto, los niños comienzan a pintarse la cara: es el tradicional modo en que los hombres se preparan para la guerra: el rostro es el símbolo más fuerte de lo humano, es necesario ocultarlo para ejecutar las acciones inhumanas, inciviles, para las acciones salvajes, para las acciones que tienden a la eliminación de la vida.

Sin embargo la idea de Golding identifica animal con la selva, con lo no civilizado, con la violencia, con la ausencia de reglas, con la ley del más fuerte, algo que se aleja de la realidad de lo que es el mundo animal y su sistema ecológico de funcionamiento. Más bien pone de relieve la mentalidad de los que pretenden separar hombres y animales como si no tuviesen puntos de contacto. Es para el hombre para quien haberse separado de la selva ha supuesto un salto, en civilización y en cultura. Y también en considerarse diferente a los animales… Y esto es lo que no es cierto.

El hombre, por muy civilizado o no, sigue siendo un animal, en concreto un mamífero, por lo que tiene en común con los mamíferos un sistema emocional. La paleontología ha comprobado esto de un modo ya difícilmente discutible.