El hombre es un animal

Es ya un punto adquirido en la cultura y en la mentalidad común que el hombre no es 5919292_salgo diverso de los demás seres vivientes del planeta. Su organismo puede ser perfectamente clasificado entre los demás organismos biológicos: está claramente emparentado con los organismos animales, especialmente los mamíferos y entre estos los primates, hay una sustancial coincidencia en órganos (huesos, sistema circulatorio, etc.), tejidos, procesos fisiológicos, etc. Las coincidencias son tantísimas que negarlo hoy es negar una evidencia. Voy a hacer una defensa para los pensadores del pasado: para Aristóteles ya claramente el hombre es un animal y lo define como animal racional, razonar según Aristóteles es lo específico del hombre, pero siempre dentro de los animales.

Por ejemplo en la cultura existe la idea de que el hombre, en el fondo es un animal, simplemente recubierto por una capa de educación, y cuando se rasca un poco el animal aparece y este, con sus instintos salvajes, es imparable. Esta es la idea tan bellamente descrita por William Golding en «El Señor de las moscas»: un grupo de niños ingleses, de un colegio donde reciben buena educación, caen en una isla salvaje, sin ningún adulto entre ellos. Los niños comienzan a tratar de organizarse, pero enseguida aparecen bandas, y el conjunto va degenerando lentamente hasta el salvajismo más atroz: en una guerra por la comida (un cerdo) uno de los niños es asesinado por la banda contraria. Es muy significativo que muy pronto, los niños comienzan a pintarse la cara: es el tradicional modo en que los hombres se preparan para la guerra: el rostro es el símbolo más fuerte de lo humano, es necesario ocultarlo para ejecutar las acciones inhumanas, inciviles, para las acciones salvajes, para las acciones que tienden a la eliminación de la vida.

Sin embargo la idea de Golding identifica animal con la selva, con lo no civilizado, con la violencia, con la ausencia de reglas, con la ley del más fuerte, algo que se aleja de la realidad de lo que es el mundo animal y su sistema ecológico de funcionamiento. Más bien pone de relieve la mentalidad de los que pretenden separar hombres y animales como si no tuviesen puntos de contacto. Es para el hombre para quien haberse separado de la selva ha supuesto un salto, en civilización y en cultura. Y también en considerarse diferente a los animales… Y esto es lo que no es cierto.

El hombre, por muy civilizado o no, sigue siendo un animal, en concreto un mamífero, por lo que tiene en común con los mamíferos un sistema emocional. La paleontología ha comprobado esto de un modo ya difícilmente discutible.

Los seres vivos. Instinto y habitat

1. Reino vegetal

16326575_sEn principio los seres vivos sólo captan lo que les interesa en función de sus necesidades. Un árbol por ejemplo sólo genera sensibilidad a la luz, al agua, a la temperatura, al tipo de suelo… y según esos datos organiza su respuesta. De la eficacia de esa respuesta depende su supervivencia y sus posibilidades de propagación. Las respuestas son, digamos, “automáticas”; según los datos de la sensibilidad el organismo tiene ya, digamos, “programadas” sus respuestas, su estrategia para subvenir a sus necesidades. Aristóteles centra esta idea diciendo que las plantas tienen alma vegetativa.

2. Reino animal

Ciñéndonos a los animales, aunque la observación es general, es evidente que en lo que estamos diciendo influye poderosamente en el cuerpo del animal. Hay una correlación estrecha, mejor indisoluble, entre cuerpo del animal y estrategias de respuesta y supervivencia. El cuerpo lo lleva en si todo, lo determina todo: el modo de subvenir a la alimentación (carnívoro, herbívoro,…), a la defensa, a la procreación, al cuidado o no de las crías, etc.

Cada ser vivo tiene por tanto una estrategia diversa y por ello un modo diferente de llenar oso polarsus necesidades. Por ello cada organismo biológico puede colonizar un terreno, puede vivir en una zona determinada. Esa zona es lo que se denomina hábitat. Se puede decir así que cada ser vivo, dadas su características que combinan sensibilidad, necesidades y respuestas coloniza (o está en condiciones de colonizar) un determinado hábitat.

El hábitat marca así los límites del ser vivo y dibuja el mapa geográfico donde se le puede encontrar, fuera de esos límites es incapaz de sobrevivir. Es por esto que el animal no tiene un mundo, sino simplemente un perimundo: su hábitat, el resto de la geografía no le interesa, es inexistente para él; carece de la capacidad misma para poder captarlo. (Hay que tener en cuenta que también dentro de su hábitat no se interesa de “todo”, sino solo de aquello que le puede afectar, por ejemplo, un lobo jamás mostrará el menor interés por las piñas de los pinos del hábitat donde vive, salvo que le caigan encima).

En los animales, como hemos visto, esas respuestas se llaman instintos. El instinto es una pauta de comportamiento fija que resuelve alguna de las necesidades biológicas del animal. El conjunto de los instintos dibuja la estrategia de respuestas de la animal a los datos recibidos de fuera y por tanto delinea sus posibilidades de supervivencia. Según se asciende en la escala animal los instintos van incrementando su complejidad incorporando por ejemplo la dimensión tiempo (los instintos de un caracol no tienen esa dimensión: todas las respuestas son “ya”, ahora mismo, si llueve salir, si hay hoja debajo comer, si no, moverse, etc.). En cualquier caso el animal no aprende más que dentro de los márgenes de sus instinto: no se ha dado un progreso en la forma de cazar los lobos desde que esta especie apareció, aunque, dada su complejidad es capaz de adaptaciones y por eso varía, por ejemplo, en función de las diferentes presas disponibles, e incluso cada individuo de la especie tiene una experiencia que es diversa (capacidad que proviene de poseer memoria, etc.).

La esfera biológica: Instintos y deseos

La dimensión tendencial-instintiva es la comunicación de un ser corpóreo animal con el leone2exterior, con el mundo (veremos que no es un mundo sino un perimundo) que le rodea. Esta comunicación se hace a través de lo que llamamos sentidos y se dirige a las necesidades del animal, que es un ser corporeo-biológico. Según esas necesidades el animal tiene tendencias: debe ser capaz de cubrir esas necesidades para vivir. La meta es vivir, perpetuarse como individuo y más allá en la especie. En la noción de vida dejamos por ahora subrayada que tiene una relación con el tiempo. Las necesidades son básicamente: comer, beber, dormir, seguridad y reproducción.

Instinto es como denominamos a esa respuesta al medio que realizan los animales, sus tendencias dirigidas a sus necesidades. Los instintos trabajan con una dualidad: placer y dolor. Estamos en el mundo de la sensación. En primer lugar el placer, que en su primera acepción es una «sensación producida por los sentidos por algo que gusta o agrada». Dolor, en cambio, «sensación que causa padecimiento en alguna parte del cuerpo» (María Moliner). A buscar el placer y evitar el dolor se dirigen los deseos o instintos.

A nivel instintivo podemos decir que la interioridad de un ser vivo es el centro de la cerebro interioridadelaboración de respuestas. Cada ser vivo es uno y elabora respuestas unitariamente, esto quiere decir que hay un único centro donde esto se elabora: la interioridad. La interioridad es precisamente este ser uno, la unidad del individuo, su misma individualidad. Por eso podríamos decir que es la sede dónde se elaboran todos los datos recibidos a través de los sentidos del animal y también los datos que proporciona la percepción de las respuestas en si mismas. El animal no solo capta el exterior y datos fijos, recibe también datos de su cuerpo y si su respuesta ha logrado cubrir la necesidad o no. Según se sube en la escala biológica la interioridad elabora más datos, hasta complejidades realmente grandes.