Descartes y la verdad y la duda

El contexto de la época; nos encontramos en el nacimiento de la ciencia moderna, Descartes mismo es un matemático importante. La ciencia empieza a crecer porque se apoya en las matemáticas como instrumento.descartes

¿Qué es lo que está sucediendo? Para aclararlo vamos al conocido ejemplo de Galileo (también Copérnico), y los problemas que planteaba al hombre de la época: por vez primera no hay que hacer caso a los sentidos, sino al razonamiento matemático: dar un salto al vacío. Resulta que lo que se mueve la tierra y no el sol, mientras que los sentidos lo que dicen es que se mueve el sol. Para aceptarlo todo el esquema mental del realismo, construido y afianzado durante siglos, debe caer: los sentidos engañan.

Descartes da el centro de su pensamiento en el Discurso del Método donde aparece el famoso «Pienso, luego existo».  En él se  puede ver el giro copernicano: del realismo al idealismo.

De modo sucinto, las conclusiones que podemos extraer de ese texto son, o más bien el giro que produce en la consideración realista-medieval hasta entonces vigente, hace pasar de:

de centrarse en lo externo, al yo, como punto central;

de la verdad de los sentidos, a la verdad de mis pensées (que son tanto pensamientos, como sensaciones), la verdad es la de la percepción interna.

de la unidad cuerpo-alma, al alma como verdadero yo, que puede existir sin cuerpo (de todos modos esta idea ya estaba en Platón).

Consecuencia: hemos cambiado de punto de vista, ahora tenemos un punto de vista subjetivo, la verdad está en el interior del sujeto que piensa. Todavía el acento no está en los sentimientos, sino en el pensamiento, pero ahora su validez le viene dada por la confirmación interna. El sujeto pensante.

Un texto clave de Descartes: «Pienso, luego existo» (1637)galileo

(Los subrayados son para mejor evidenciar sus diferencias con el pensamiento aristotélico-medieval)

Desde hace mucho tiempo había observado que, en lo que se refiere a las costumbres, es a veces necesario seguir opiniones que tenemos por muy inciertas como si fueran indudables, según se ha dicho anteriormente; pero dado que en ese momento solo pensaba dedicarme a la investigación de la verdad, pensé que era preciso que hiciese lo contrario y rechazara como absolutamente falso todo aquello en lo que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de comprobar si, hecho esto, quedaba en mi creencia algo que fuese enteramente indudable.

Así, puesto que nuestros sentidos nos engañan algunas veces, quise suponer que no había cosa alguna que fuera tal como nos la hacen imaginar. Y como existen hombres que se equivocan al razonar, incluso en las más sencillas cuestiones de geometría, y cometen paralogismos, juzgando que estaba expuesto a equivocarme como cualquier otro, rechacé como falsos todos los razonamientos que había tomado antes por demostraciones.

Y, en fin, considerando que los mismos pensamientos que tenemos estando despiertos pueden venirnos también cuando dormimos, sin que en tal estado haya alguno que sea verdadero, decidí fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños.

Pero, inmediatamente después, advertí que mientras quería pensar de ese modo que todo es falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuera alguna cosa. Y observando que esta verdad: pienso, luego existo, era tan firme y tan segura que todas las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de socavarla, juzgue que podía admitirla como el primer principio de la filosofía que buscaba.

el-error-de-descartesAl examinar después atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno en el que me encontrase, pero que no podía fingir por ello que no existía, sino que, al contrario, del hecho mismo de pensar en dudar de la verdad de otras cosas, se seguía muy evidente y ciertamente que yo era.

Por el contrario, si yo hubiese dejado de pensar, mientras que todo el resto que había imaginado si era verdad, no tendría razón alguna para creer que yo existo: por esto comprendí que yo soy una sustancia cuya esencia y naturaleza no es sino pensar, y que, para existir, no necesita de lugar alguno ni depende de cosa alguna material. De manera que este yo, es decir, el alma por la que soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo e incluso más fácil de conocer que él y, aunque el cuerpo no existiese, el alma no dejaría de ser todo lo que es.

Aristóteles y el realismo y la edad media

El pensamiento de Aristóteles es un modo de pensar que domina el mundo occidental aristoteles1durante siglos, especialmente desde su reintroducción por Tomás de Aquino (s. XII), sustituyendo al platonismo que es el predominante en el mundo greco-romano y posterior. Refleja muchos modos de pensar todavía actualmente. Se basa en un optimismo: podemos conocer la realidad exterior tal cual, las esencias de las cosas. Conocemos las cosas (res, cosa) en si mismas. Es un conocimiento objetivo, que conoce el mundo exterior.

Al estar el punto del conocimiento en el objeto resulta que el conocimiento es objetivo; lo que quiere decir también igual para todos. El hombre, aún siendo una parte del cosmos, ve las cosas tal cual son: su visión objetiva es la verdad. La verdad es la adecuación entre el intelecto y la cosa en sí. Esta adecuación es posible y es afirmada. Es decir, el intelecto capta las cosas tal como son.

aristoteles_5Hay un mundo real y yo puedo conocerlo en sí. Los sentidos me dan información correcta. Ya Aristóteles afirma: no hay nada en el intelecto que no pase primero por los sentidos. Todo pasa por los sentidos, que transmiten básicamente bien.

Todo tiene su sitio, el mundo entero está jerarquizado: Dios arriba y los infiernos debajo (infierno viene de inferi, que significa inferior): es una visión a la vez ordenada y moral del mundo. El orden es clave para Aristóteles: «semejante llama a semejante»: las cosas tienden a su lugar natural, todo tiene su sitio propio.

El hombre es uno más entre los seres de la creación (del cosmos), puesto por Dios para dominarlo: está en la frontera entre el mundo de lo visible y lo invisible: compuesto de alma y cuerpo, el alma es espiritual e inmortal. Ojo, también los animales tienen alma, para Aristóteles todos los seres vivos la tienen, pero no es inmortal (a veces se consideran incluso tres almas: vegetativa, animal, espiritual).tomas-de-aquino

El espíritu del hombre, su alma, es lo que conoce el mundo. Se trata de las dos potencias superiores: inteligencia y voluntad. Las emociones por ser producto de la sensibilidad, no son voluntarias y, por ello, están fuera de la moral y la conducta humana. Tiene importancia lo voluntario y libre: la conducta del hombre que procede de su libertad. En resumen: inteligencia y voluntad, que forman el alma, están constituidas básicamente por lo que entra en el terreno de lo consciente.

Esta mentalidad de algún modo resume la visión medieval del mundo, que es como ha llegado hasta nosotros y se puede decir que sigue vigente.