Kant y el respeto a la persona y al alumno.

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«Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio» (p.429).

Kant es un autor clave en la aparición de los derechos humanos, seguramente el más influyente, desde luego el origen. Una de las ideas suyas que es como un pilar de esos derechos es la formulación del imperativo categórico de la moral que acabo de citar, que es una de las 4 que aparecen en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres.

En mi opinión es una idea está preñada de consecuencias y tremendamente útil para entender como hay que actuar, cuál es el límite, en cualquier situación o actividad en donde participen personas, y voy a utilizar como ejemplo la educación.

La idea de Kant en la educación en un primer acercamiento implica que el alumno no puede ser tratado solo como un medio, sino que siempre debe poder mantener sus propios fines. Es evidente que subyace la idea de que persona es el ser que se pone sus propios fines y que en la medida que no puede hacerlo, es decir en la medida que no se respeta su liberta de establecer sus fines, no se le está tratando como persona.

A mi entender esto es muy fuerte y la Educación lo respeta solo a medias cuando no deja al alumno decidir sobre su propia educación. Llevado a fondo, la idea de Kant significa que si es el sistema educativo, comenzando por el Estado y su administración y siguiendo por las instituciones educativas, escuelas, institutos, etc., quien decide enteramente la finalidad de la educación, entonces resulta que no está tratando a los alumnos como personas.

Surge enseguida la pregunta: y, si no los trata como personas, ¿cómo los trata? La respuesta es sencilla: los manipula, les hace entrar en un sistema obligatoriamente, los institucionaliza en un sistema, desposeyéndolos de su elemento clave como personas: la libertad. Y esto ocurre a todos los niveles del sistema y en todas las situaciones. Esto dice sencillamente que la persona no es un instrumento, un objeto que se pueda meter en cadena de montaje por un extremo y esperar que salga por el otro “arreglado” o “producido”.

En este momento se nos produce una inquietud fuerte: planteado así, casi cada sistema, por el solo hecho de serlo, es manipulativo. Y la respuesta es no, claramente no. Kant matiza: «nunca simplemente como medio». El “simplemente” permite, es más admite que hay situaciones donde la persona es medio u objeto. Cualquier sistema trata al hombre así: el trabajador de una empresa es un medio para el empresario, el anciano de una residencia es un objeto para la residencia, que obtiene los ingresos y su pervivencia en atenderlo, igualmente para la escuela el alumno es un medio: vive debido a sus alumnos, de tal modo que basa su supervivencia como tal escuela o colegio en tener alumno y para ello los busca, los atrae.

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Immanuel Kant

Digamos que tratar a la persona como un medio es una situación universal. Esta es la situación digamos de partida. Y es en esta situación donde Kant pone el límite claro: permite siempre que la persona pueda ponerse fines, que la persona pueda decidir por sí misma. Este es el límite para cualquier institución y es el límite especialmente claro para la escuela, ya que los “medios”, los “objetos” con los que trabaja son personas.

Por tanto la escuela se juega su ética, su misma razón de ser en el respeto de esta libertad del alumno y debe interrogarse constantemente si está respetando esa libertad, en este caso eso es más importante que cualquier aporte que pueda hacer a sus alumnos, si estos son “obligados”, si no respetan su libertad como persona.

Puedes encontrar las ideas de Kant sobre la moral en la traducción de un amigo: Kant, Immanuel (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducido por José Mardomingo (edición bilingüe). Barcelona: Ariel.

La desaparición de la edad personal

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Abuela y nietos en blue jeans y chandal

Desde hace tiempo me sorprendo al observar que, yendo por la calle, no puedes colegir la edad de las personas por el modo en que van vestidas. Se ha perdido de un modo muy fuerte, aunque no total, porque en realidad no hay cosas totales y todo encuentra su matización, la relación entre edad y modo de vestir.

Hay, todavía hay, aunque cada vez menos una forma de vestir para la infancia, aunque cada vez más los niños van vestidos igual que los mayores, con chándales y camisetas. Lo único que aún mantiene algo de diverso son los motivos, algunos claramente infantiles, aunque otros no.

Pero desde la adolescencia en adelante la forma de vestir es cada vez más uniforme, de tal modo que un anciano de 70 puede ir igual que un adolescente y desde luego se viste más “juvenil” que lo hacía cuando tenía 40 años. Desde este punto de vista hay una igualación de las edades del ser humano: adolescencia, juventud, adulto, anciano.

Está desapareciendo de una forma progresiva especialmente el modo de vestir de la edad adulta, que estaba centrada en la función de responsabilidad que se desempeñaba. A pesar de muchas empresas que siguen insistiendo en sus normas para vestir, la chaqueta y corbata van desapareciendo progresivamente. Y con ello la ligazón con la función. Solo queda, significativamente, el uniforme ligado a funciones de seguridad, como si el miedo fuera la emoción predominante. Miedo ligado a seguridad, que es seguridad física y de estatus de las sociedades.

Desde luego los ancianos hace tiempo que perdieron de forma muy mayoritaria esa forma de vestir añeja, ligada a culturas tradicionales. Desaparece la cultura junto al traje que la representa, trajes negros para las ancianas en Castilla, boinas para los hombres, que ya ni se encuentran, pero que cuando yo era niño aparecían por doquier en las cabezas.

Desde luego no es sin consecuencias o sin motivos esta variación del traje. Primero nos indica que la edad que tiene la primacía es la juventud y todas las demás tratan de asemejarse a ella. La juventud es la edad buscada, como el Edorado de la edades, curiosamente en una sociedad que crece en edad, que tiene la estadística de jóvenes mejor de la historia. Además la perdida de distancias va ligado a un incremento de la salud, que permite este sentirse identificado con la juventud que se dejó atrás hace 40 años.

Lo primero ha sido hacer desaparecer la ancianidad. Ya no hay ancianos, todo lo más enfermos. La sociedad ha quitado la idea de ser viejo, y nadie reconoce serlo. Para reafirmarlo, la palabra siempre indica el mundo creado en el que se vive, ahora no se dice vejez, se dice 3ª edad, con un eufemismo que en su misma neutralidad numérica hace ya desaparecer lo que vejez o ancianidad significaba. Con el nombre han desaparecido los tratamientos de respeto, incluyendo los de la edad adulta. Ya no se trata a nadie de “usted” u otras formas y la justificación que se usa es: “no me hagas viejo, utiliza el tu”, lo que hace ya ver que ser viejo es una afrenta.

Me intriga esta no percepción del cambio de edad. No percibimos la edad que tenemos, cada vez la percibimos menos. Nos creemos jóvenes y hacemos cosas de jóvenes cuando ya no los somos por la edad, o mejor, en otra época nunca lo hubiéramos sido. Esta percepción es muy generalizada y nos amarramos psicológicamente a comportamientos que eran propios de edades inferiores.

No pretendo hacer un juicio, ni valorar este cambio de la percepción de la edad, solo quiero constatarla porque tiene muchas consecuencias en las personas concretas y en la sociedad en general. Además este cambio me parece más propio de las sociedades de Europa y américa del norte, mientras que en muchas sociedades hay una reafirmación incluso del vestido tradicional y se mantienen con claridad las distinciones sociales debidas a la edad, lo que implica, por ejemplo, un gran respeto por los ancianos, algo que ya no es así en Occidente.

Es fácil ver muchas consecuencias positivas: se vive con un nivel de salud y actividades hasta edades francamente avanzadas, algo que antes era imposible; la jubilación comienza a ser lo que el nombre indica, una época de júbilo, de alegría, porque realmente se puede disfrutar y vivir sin las obligaciones de la edad adulta, pero si con las capacidades.

¿Pero es solo eso? ¿qué piensas? ¿tiene o no tiene consecuencias este cambio y cuáles son esas consecuencias?
¿Cómo vives el paso del tiempo? ¿eres consciente de la edad o por dentro te consideras más joven de lo que dice tu carnet de identidad?

Muchas gracias por tu aportación.

The Road (La carretera): el mundo sin futuro

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Esta película estrenada en 2009, ha sido dirigida por John Hillcoat y escrita por Joe Penhall, basándose en la novela homónima de Cormac McCarthy. Los actores principales y casi únicos son Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee, interpretando a un padre y a su hijo.

Creo que es difícil retratar una situación con menos esperanza y futuro que el de esta película. La acción transcurre en una carretera de pueblos abandonados y paisajes grises. No hay color, no hay cielo, solo nubes de tormenta, no hay plantas solo cadáveres de árboles sin hojas a los que, en una de las escena, derriba el viento por lo secos que están. Hay un frío que se va incrementando. No hay animales, no hay comida. Hay agua, un agua gris y sucia, hasta el océano que es la meta de la carretera ha perdido su color azul transformado en el gris-marrón de todo en la cinta. En un momento de la cinta me he angustiado al darme cuenta de que ya no hay producción de oxígeno y que la viabilidad de la atmosfera para la vida tiene los días contados.

Por no haber no hay ni respuestas, ni siquiera sabemos porque el mundo se ha transformado en un erial de polvo. Quedan solo unos cuantos seres humanos, aislados, sucios, algunos transformados en caníbales que para sobrevivir se comen a sus semejantes cazándolos como conejos.

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Hay una escena que se produce en el interior de una decrépita y medio derrumbada iglesia donde se han parado a dormir, La centralidad de una cruz donde entra luz en contrasta con ser un lugar como cualquier otro, que se ha escogido por el pequeño cobijo que proporciona para la noche, subraya la completa desesperanza. La religión es una ruina como cualquier otra.

Mi pregunta es ¿de dónde procede una visión tan negativa del futuro? Hay todo un género, que se denomina apocalíptico, de ciencia ficción que imagina futuros negros y oscuros para la humanidad y el desgraciado planeta que habita. Es una visión de Occidente, especialmente de los Estados Unidos, es una desconfianza total en el hombre y en su acción en la tierra. No hay futuro, es una eliminación de la esperanza.

En un escenario así las relaciones humanas se derrumban, se hace real la afirmación de Hobbes: «el hombre es un lobo para el hombre». La superviviencia, el primer nivel de las necesidades de Maslow, las necesidades básicas, especialmente comer, prevalece sobre todo lo demás, el hambre es uno de los protagonistas. El otro ya no es persona, es enemigo y es alimento.

Solo queda un punto de luz en la película: la relación padre-hijo, impregnada de ternura y que es lo que hace al padre seguir adelante. Para padre e hijo queda como único motor de la vida, para lo demás está solo la supervivencia reducida a necesidades básicas y la animalización consiguiente.

Con respecto a los demás el padre funciona dentro del miedo que genera desconfianza de todos, mientras que el hijo experimenta además el sentimiento que nos hace humanos: la compasión. A través de descubrir y subvenir a las necesidades humanas nos convertimos en humanos, descubrimos la humanidad. Herbert Marcuse, le dijo a su amigo Habermas, en la sala de cuidados intensivos, dos días antes de su muerte: “¿ves?; ahora se en que se fundan nuestros juicios valorativos más elementales: en la compasión, en nuestro sentimiento por el dolor de los otros”. Por eso el hijo siempre se interroga si las pocas personas que encuentran, un viejo, un hombre maduro que les roba, son buenos o malos, si hay fuego en su corazón, en realidad si están vivos como seres humanos.

Sin embargo el tema central es el planeta convertido en polvo. ¿Puede ir hacia algún sitio una civilización sin esperanza, sin futuro? El ser humano necesita una meta, necesita un objetivo para vivir. Eso sucede al padre y al hijo de la película, no en vano se llama «la carretera», quieren ir a un sitio mejor, por eso están vivos. La madre por el contrario se ha suicidado en el mundo sin futuro. El padre va a morir en el camino, ha tenido un motivo para caminar: su hijo.

Este es el futuro que ve Occidente: no hay futuro, la civilización no tiene soporte o mejor ha reducido a polvo su soporte, el planeta se acaba, solo queda caminar, caminar…

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Durante toda la película yo me preguntaba por el final de ese caminar sin cambio en el paisaje, sin color, con frío, con hambre,… si nos dejará un rayo de esperanza. El final es sorprendente, el padre muere y el hijo encuentra una familia, padre, madre y dos hijos, que camina también por la costa, y que le invita a ir con ellos. Con esta mínima brizna de esperanza se termina.

Te invito a verla, eso sí, en un momento en que te sientas positivo y que después me des tu opinión: ¿tú también ves ese futuro? ¿Cómo lo imaginas? ¿Hacia dónde va la humanidad? ¿Es solo occidente? ¿Vendrá La esperanza de las otras culturas? ¿La civilización occidental ha reducido a polvo su base? ¿Ha destrozado la vida sobre la tierra?

La génesis del deseo: relaciones destructivas.

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Llevo tiempo intentando comprender de un modo más plena la dimensión social del ser humano. Mi observación de la vida y de las personas, mis estudios sobre el concepto de cultura me han llevado a la convicción de que la dimensión social no está suficientemente desarrollada, ni siquiera adecuadamente aceptada, en las actuales ciencias psicológicas y tampoco en el movimiento reivindicativo de las emociones, en el que yo mismo me encuentro. La psicología es comprendida hoy día de un modo individualista: todo depende del yo. Pero el yo no se entiende sin el otro.

He encontrado elementos para integrar la relación social en la psicología, leyendo a Jean Michel Oughourlian, en su libro del mismo título (Genèse du désir (2007), Paris, Carnets Nord). Un psiquiatra que se encuentra con “pacientes que vienen a mi buscando ayuda para una enfermedad que no puede ser claramente clasificada, ni tratada con una técnica terapéutica específica adecuada, junto a un número creciente que viene a resolver un problema que está envenenando sus vida pero que definitivamente no se deriva de una enfermedad mental”. Estas situaciones están siempre relacionadas con “otro: padre, madre, hermano, hermana, pareja, jefe, empleado, socio, y sigue”. Dificultades que por tanto se sitúan en la relación entre el paciente y ese otro. No hay una enfermedad hay una dificultad en la relación. Y Oughourlian afirma que el factor crucial para esa relación es el deseo de cada uno, entendiendo deseo “en el amplio sentido de movimiento psicológico”.

Para Oughourlian “el deseo es esencialmente mimético”. “En realidad es el deseo el que nos humaniza, el que nos empuja a unirnos con otro, a asociarnos con otro, a reunirnos en grupos, y también, a parecernos al otro”. “El deseo nos conforma en la proporción en que nos anima y suscita nuestros pensamientos y sentimientos”. “El deseo nos lleva a buscar la compañía de los otros, su aprobación, su amistad, su apoyo, y su reconocimiento, pero puede también ir acompañado por rivalidad y odio, puede hacer surgir tanto amor como violencia”. “El deseo puede ser nuestro mayor aliado, pero también nuestro peor enemigo, llevándonos a querer lo que nos destruirá, a buscar conseguir lo que nos causará sufrimiento, mientras que somos incapaces de comprender o imaginar qué está sucediendo”.
Esta constatación realizada durante muchos años de ejercicio de la psiquiatría va directamente contra la ilusión individualista de que el deseo es autónomo en cada persona. Por el contrario, el autor junto a René Girard, piensa que “cada deseo lo hemos copiado del de otra persona”, que es producto de una relación interpersonal mimética.

Yo no soy capaz de otorgar un valor tan universal a la mimesis, pero me gusta como corrección del deseo estrictamente individual y autónomo. Estoy muy de acuerdo con la teoría de las necesidades de Abraham Maslow, necesidades que surgen en nosotros por el organismo biológico que somos. Tenemos unas fuertes coincidencias como individuos: nos enamoramos, tenemos hambre, sentimos rabia, miedo, deseo sexual,… evidentemente todo esto a mi entender no es posible considerarlo mimesis.
Pero para mí también es evidente que tenemos una ligazón social muy fuerte. Tan fuerte que constituye una cultura, un nicho o nido en el que nacemos y sin el que no podríamos constituirnos como personas. Baste indicar el hecho de que el idioma que cada uno de nosotros posee se constituye dentro de las relaciones interpersonales, no es creación individual, sino social.

También es una convicción propia que somos antes relación que individuo, en esto sigo a Martin Buber. El bebé humano nace dentro de una relación y hacerse individuo es un proceso. Hay cantidad de cosas de contagio emocional y social, cosas que hacemos que no tienen explicación por el solo deseo individual, sino que necesitan para ser explicados al otro. El fenómeno mismo de la cultura es social intrínsecamente, se genera y existe en la relación.
El hallazgo de las neuronas espejo dota de consistencia científica a todas estas ideas de la importancia de la relación. Las neuronas espejo proporcionan a la empatía, a ese trenzado de relaciones sociales, su base científica y su contenido emocional.

La pregunta es por tanto: ¿qué es social en el ser humano? La teoría de la mimesis de Rene Girard proporciona una base para pensarlo. Su desarrollo lleva a comprender el fenómeno de la rivalidad humana y de lo que popularmente se denominan relaciones tóxicas: esas relaciones que no soltamos y que nos hacen daño. Entramos en relaciones y actuamos de modo proactivo de modo que se torna beneficiosa para ambos. Sin embargo cuando entramos en espirales de acción-reacción, las relaciones se convierten en máquinas destructivas. Repetimos el comportamiento dañino que vemos realizar a esa otra persona, reaccionamos de modos infantiles a provocaciones actuando de modos que son dañinos para nosotros mismos.

Por tanto, con la teoría de la mimesis, podemos tener una herramienta para entender los conflictos, no olvidemos que tenemos la envidia y la culpa dentro de la dotación de sentimientos sociales que traspasan las fronteras de las culturas.
“La rivalidad está siempre conectada con el deseo: porque deseo la misma cosa que el otro y niego su afirmación de ser el origen de ese deseo. Le convierto en mi rival y según esa rivalidad toma forma, soy llevado a desear todo lo demás que él desea y a intentar quitárselo. De este modo deseo y conflicto realizan una escalada”.
“Cuando la rivalidad se incrementa hasta el punto en que el sujeto yo no está interesado en nada más que en la rivalidad misma, hemos entrado en el terreno de la psicopatología”. “Nuestro fracaso en comprender nuestro mimetismo nos condena a permanecer perpetuamente ligados a los mismos modelos destructivos y a llegar a ser extraños a nosotros mismos y para esos a quienes amamos”. “En vez de permitir la subyacente y siempre cambiante otredad que inevitablemente nos permite fluir libremente, permanecemos fijos a los mismos modelos imposibles y no nos permite avanzar más hacia los demás con los que seríamos capaces de modelarnos de un modo benigno”.

Espero que te hay gustado la aportación que desde mi punto de vista todavía debo madurar, y desde luego me gustaría conocer tu opinión y tus comentarios.

Mi vida sin mí: la tristeza como impulso de la vida.

Mi_vida_sin_mi Isabel Coixet

Es una delicada película de Isabel Coixet, que te puede ayudar a entender la importancia y el valor de la tristeza.

FILMAFFINITY hace la siguiente sinopsis: Ann tiene 23 años, dos hijas, un marido que pasa más tiempo en paro que trabajando, una madre que odia al mundo, un padre que lleva 10 años en la cárcel, un trabajo como limpiadora nocturna en una universidad a la que nunca podrá asistir durante el día… Vive en una caravana en el jardín de su madre, en las afueras de Vancouver. Esta existencia gris cambia completamente tras un reconocimiento médico. Desde ese día, paradójicamente, Ann descubre el placer de vivir, guiada por un impulso vital: elaborar una lista de cosas que quiere hacer antes de morir.

Emocionalmente está centrada en la tristeza: la despedida de la vida de una mujer que se muere por un cáncer. Ann (Sarah Polley) va recorriendo todas sus pérdidas, anticipándolas y es anticipación le permite valorarlas. Valora la relación con sus hijos y todo lo que le han dado, con su marido, a quien con todas sus limitaciones agradece sus aportaciones. Con su amante y todo lo que la aporta, con su madre.

La tristeza, como emoción básica que impregna a toda su familia: Vacío, pena, apatía, desánimo, soledad, abandono, aflicción, melancolía, duelo, y nostalgia; es la emoción que nos permite elaborar la pérdida. Un paso necesario para elaborar esa pérdida es valorar lo perdido.

La película tiene curiosa perspectiva donde la muerte es anticipada y se afronta la pérdida antes de que se produzca, algo que refuerza la terquedad de la protagonista que se empecina en no contar a nadie de su entorno la enfermedad que sufre. Este modo de ver hace que la protagonista vaya valorando y llorando cada relación, es como si pudiese estar después de su muerte (mi vida sin mí) acompañando a cada persona perdida en el momento de experimentar la pérdida.

Este prisma de valoración le permite reconciliarse con la vida y con lo que ha sucedido. Mientras le ha ido sucediendo se ha sentido maltratada por la existencia, no valorada por las personas que encontraba, una fracasada desde el punto de vista profesional. El punto de vista de la pérdida, de la tristeza por lo más fundamental, la vida, hace variar radicalmente esta valoración.

Toda la película está dentro de un aura de ternura que solo una mano femenina y especialmente la de Isabel Coixet, puede dar a las escenas. La ternura permite verlo todo desde un punto de vista positivo, y ni siquiera la relación con su amante (Mark Ruffalo) despierta dificultad alguna, es como un motor bien engrasado: descubre en él todo eso que le aporta y no se plantea problemas.

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Sarah Polley

Es curioso como tiñe la tristeza de ternura todas las cosas y cómo nos permite valorarlas. Espero que contigo sea lo mismo y descubras la importancia de la tristeza en tu vida y en cómo la valoras.

Divergente: una metáfora del ser humano

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Divergente (Divergent) es una saga de películas basada en las novelas de Veronica Roth, dirigida por Neil Burger y protagonizada por Shailene Woodley, Theo James y Kate Winslet. Ahora acaba de aparecer en los cines la tercera entrega.

Primero tengo que reconocer que hago esta entrada después de ver las 2 primeras entregas de la serie y mi conclusión es esa: Divergente es una metáfora del ser humano, un dibujo antropológico de lo que es el ser humano. No sé qué te parece pero voy a desarrollar mi idea.

Toda la sociedad encerrada dentro de un muro refleja a un ser humano con sus  diferentes dimensiones y capacidades y cómo se relacionan estas: su capacidad para el encuentro y para el desencuentro, la persona vista como un escenario con diversos actores y sus acuerdos, a la vez que teatro para las ambiciones. Es decir es un ser humano visto desde su interior. Voy a explicarme con más detalle.

Las facciones son diferentes facetas de la persona humana convertidas en personajes. Osadía se sitúa a nivel emocional y se refiere al enfado y a todo lo que tiene que ver con la agresividad. Cordialidad también se sitúa a nivel emocional y también se refiere al sentimiento social del ser humano, cuya pérdida se gestiona con la tristeza. No utilizan el enfado, sino que adoptan en los conflictos, que llevan mal, una actitud sumisa. Abnegación es la actitud de entrega a una causa, de darse personalmente al servicio de un ideal. Erudición tiene que ver con el conocimiento y la racionalidad, escuchar y considerar todos los puntos de vista. Verdad se sitúa al nivel racional y tiene que ver con el conocimiento propio: comienza con la honestidad, que es la capacidad de reconocer lo que sentimos. Hasta aquí supongo que vamos de acuerdo.

Todas estas facciones, igual que en el ser humano común, pugnan para lograr una primacía entre ellas y cada una se considera a sí misma la más importante. Bueno todas menos cordialidad, que posee una visión buenística de ser humano, cree en la armonía y renuncia a cualquier agresividad, por ello vive en el campo en armonía con la naturaleza. Esto casi constata lo que se ve en las películas.

Y como en toda sociedad y en toda persona, hay elementos tapados, ocultos, no reconocidos, relegados a la oscuridad: eso son los abandonados, nuestro subconsciente. Elementos que siempre pugnan por salir a la luz y disputar la primacía a los elementos racionales, a las emociones conocidas y aceptadas. Los abandonados representan la oscuridad del hombre. Para completar bien la metáfora los abandonados deberían representar mejor los instintos, impulsos y deseos no reconocidos, pero el guion ha optado más por la falta de reconocimiento y por personificar el lado oscuro, poniendo el acento en la desigualdad. Este punto de los abandonados es a mi parecer el más flojo de mi tesis, aunque con algo de cariño también entra.

La sociedad, que se considera a sí misma la humanidad, se encuentra encerrada dentro de unos muros y desconoce lo que hay más allá. Esto es también una metáfora del ser humano, la misma que Giacomo Leopardi recoge tan bien en su poema: El infinito: el hombre sentado detrás de la valla de su jardín preguntándose qué hay detrás. Este carecer de un objetivo común enreda al ser humano en luchas intestinas. El ser humano busca siempre un sentido, un más allá, superar los límites, ir a lo desconocido. Y se siente único dentro de sus muros, cuando no está solo en el amplio universo. Esta es una idea del ser humano que a mi parecer está en el trasfondo de la trama y que yo comparto.

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Solo es capaz de superar los límites cuando se pone en paz consigo mismo, cuando pone orden dentro. Eso es lo que hace Tris, la protagonista, y es la esencia del ser un divergente: encajar en todas las facciones, reunirlas a todas en unidad. Eso es el centro de la segunda entrega: una prueba en la que Tris debe encajar con cada una las facciones y al lograrlo, obtiene la llave de la caja que permitirá a la sociedad salir de su encierro. En esa operación participan también los abandonados, como no podía ser menos. Aquí llegamos a conclusiones y, no sé qué te parecerá a ti, pero la armonía de todas las facciones, la armonía interior es uno de los elementos de la trama que hace tan popular a la película, porque consigue que el público se identifique.

La identificación se produce especialmente con la protagonista. Tris, la divergente, es precisamente el símbolo de que todos somos diferentes, de que la riqueza que cada persona humana aporta es precisamente esa diferencia, lo que nos hace diferentes. Sin aceptar la diferencia el ser humano se queda en las luchas intestinas, tanto cada individuo en particular como las sociedades. Aceptando la diferencia como riqueza el ser humano puede superar todos los límites.

Desde luego me gustaría tu opinión y tus comentarios sobre mi tesis, sobre lo que te encaja de ella y lo que te desencaja.

El amor aventura sin designio.

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        Esta es la última entrada de ese grupo que he escrito sobre el enamoramiento. Pienso que hay muchísimas más cosas que leer en el lenguaje del eros, y no es posible agotarlas, ni aquí ni en ningún otro sitio, porque entran en juego las vidas personales, irreductibles a reglas generales. Siempre serán nuevas, siempre será necesario expresarlas de nuevo.

        Con lo que ya ha salido en estas entradas sobre lo erótico y el enamoramiento, pienso que basta para ver que el eros «dice» y «hace», realmente muchas cosas, y no en un modo equívoco, como muchas veces la cultura trata de hacernos ver, quizá para ocultar decepciones personales.

        Lo que si sucede con frecuencia, es que el lenguaje del erotismo y del enamoramiento es tan rico, que se puede confundidirse y enamorarse del eros mismo, del enamoramiento o del placer sexual. Pienso que efectivamente se da el fenómeno de estar enamorados del enamoramiento y también que hay muchos atrapados por el placer sexual, que no son capaces de llegar al eros. Este hecho es precisamente una de las claves para entender el problema de la ambigüedad de lo erótico, que pueda conducir al encuentro real con el otro o al aislamiento narcisista, que se goza simplemente en los propios sentimientos. De cualquier modo, pienso que podemos ahora afirmar que, en el caso de buscar al eros en sí y no al otro, a la otra persona, en el caso de enamorarse del enamoramiento, se pierde justamente el sentido central de lo que el eros «dice» y «hace»: descubrir a una persona en tanto que tal persona y formar una unidad con ella.

        De cualquier modo, si el conjunto de lo que estoy diciendo aquí es cierto y el eros “dice”, o sea, tiene un contenido y, por tanto, una lectura; entonces el problema central alrededor del eros es no mentir, o quizás mejor, no mentirse. Los callejones sin salida se producen porque se han desatendido las indicaciones de calle cortada que estaban a la embocadura. Seguramente esto es difícil y se prefiere rendirse al momento; al calor y al color que el eros proporciona. Como dice la canción de James Taylor de hace muchos años, tell me lies: “miénteme, pero abrázame, no me dejes sólo esta noche”. Se ama más las expectativas cumplidas que la realidad. ¡Qué difícil es el amor a la realidad!!

Sea por la fuerza del placer sexual, sea por decepciones anteriores que se manifiestan como miedo a quedarse solo, sea por la presión del amasijo de ideas contradictorias de la cultura ambiental, que en su conjunto se presenta como seducción (la seducción en su sentido primigenio es el engaño alrededor del eros), el caso es que es difícil encontrar quien afirme con rotundidad que es posible ese amor, que en toda la riqueza y profundidad de su contenido, une en plenitud a dos personas.

        Parece que el amor, entendido como superación real de la soledad, como convocación o revolución real de dos personas, es el primero y más difícil artículo de un credo: el de los ingenuos o de los románticos. Pero estos, a pesar de todas las evidencias, se resisten a darse por convencidos y desaparecer.

        Esta situación de un amor incapaz de superar la soledad de la persona, origina un miedo que induce a resignarse: “mientras dura, dura”. El problema es que con esa perspectiva la persona vive con una frustración permanente, porque sabe que se va a engañar. El eros le pide duración y desconfía, porque piensa que, en cualquier caso, las relaciones están destinadas a no durar. De este modo las experiencias negativas anteriores se trasladan a las siguientes, minando la confianza necesaria para que fructifiquen. Sin confianza el eros no puede ser leído correctamente. Recoged esta palabra confianza, que es confianza en el otro, pero más en el fondo, es confianza en la vida.

        Todavía es peor si de partida la persona ha renunciado a “leer” nada y va a “sacar partido” (a utilizar), en este caso nos introducimos en la patología de la alegría: como no hay razones (no hay confianza en la realidad de la relación) para estar contento, y eso no se puede soportar indefinidamente, se buscan causas que, al menos, den sensaciones: lo erótico, pero que ahora está reducido (y, por tanto, deformado) a lo sexual. Precisamente por esto, el sexo que es solo sexo es un sucedáneo que ya no promete la superación de la soledad.

        Hay una resignación a que el amor es aventura sin designio, pero como eso se lleva fatal, se sustituye por sensaciones que deben ser cada vez más fuertes, y que, al menos por un instante, nos lo hagan olvidar. Ya no se busca otra persona, se busca, por así decir, “estallar” a la vez, o al menos estallar yo, … No hay relación, sino autocomplacencia narcisista. En estos casos ya no hay lecturas, ni enamoramiento … Aquí viene a cuento una frase de Kierkegaard: Engañarse a uno mismo sin amor es la decepción más terrible; constituye una pérdida eterna para la que no existe reparación, ni en el tiempo, ni en la eternidad.

          Hay bastante de decisión en optar por la realidad del amor, de la unión de dos personas. ¡Tu verás!!

Cadena Perpetua: ser persona o institucionalizarse

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Es una película del año 1994, que tuvo un éxito inmenso (7 nominaciones a los Oscar, 2  a los Globos de Oro) en mi opinión realmente merecido.  Film Affinity resumen así su argumento: Acusado (falsamente) del asesinato de su mujer, Andrew Dufresne (Tim Robbins), tras ser condenado a cadena perpetua, es enviado a la cárcel de Shawshank. Con el paso de los años conseguirá ganarse la confianza del director del centro y el respeto de sus compañeros de prisión, especialmente de Red (Morgan Freeman), el jefe de la mafia de los sobornos. El “falsamente”, que Film Affinity no recoge, es a mi entender la clave para entender al protagonista, el generador de su fuerza personal, que es inmensa. No merece la pena indicar más para dejar que si no has visto la película, algo que es difícil, la veas.

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Doctor Zhivago: el enamoramiento es más fuerte que la revolución

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Doctor Zhivago es una novela que Borís Pasternak consiguió publicar en 1957 en la URSS aprovechando la pequeña apertura que provoco el fallecimiento de Stalin y la llegada de Nikita Krushchov en 1957 y que le valió el Premio Nobel de Literatura. Gracias a ese pasaporte representó un inicio de apertura en el régimen. De la novela surgió una película con el mismo título dirigida por David Lean y protagonizada por Omar Sharif.  La película obtuvo cinco premios Óscar y un éxito mundial.

El argumento sigue a una pareja de enamorados en plena revolución bolchevique en octubre del 1917. Y realmente sorprende que la novela viese la luz porque es una crítica no explícita a la revolución, y no por ser velada deja de ser menos fuerte. La fuerza de la trama es precisamente que el amor es más fuerte que la revolución. Seguro que estás de acuerdo con el hecho, pero es la primera vez que se dice alto y claro.

En medio de los acontecimientos de la revolución comunista que debía cambiar el mundo llegando hasta las últimas esquinas del planeta, dos personas no tienen ojos más que uno para el otro. Esto conecta con el corazón de las personas, al menos con el mío y da mucha seguridad. Además da la razón a Freud que afirma que el amor está fuera de las sugestiones de la masa y de los fenómenos colectivos (Psicología de las masas, Alianza Editorial 2008). La película lo pone explícitamente de relieve porque en medio de los acontecimientos de masa que incluyen a millones de personas lo único que permite escaparse de la vorágine es el amor y en concreto el enamoramiento.

La psicología de las masas se basa en un elemento clave que es la admiración al líder. En el caso de la revolución comunista, Lenin. La admiración a Lenin es un elemento imprescindible para el movimiento. La admiración es una captación de la atención. Para que el fenómeno de masas se produzca es preciso que haya un líder al que todos admiren. Los casos de Rusia y de Alemania algunos años después con Hitler son paradigmáticos.

El enamoramiento tiene la admiración como uno de los sentimientos integrantes. La admiración hace que la atención quede prendida en la persona que se admira. Tiene además un aspecto de sumisión: se está dispuesto a hacer cualquier cosa por esa persona. No todas las emociones sitúan en una relación de sumisión, la alegría por ejemplo nos hace iguales y el enfado nos sitúa en situación de dominio. De hecho hay un antiguo rechazo cultural a la admiración que seguro has oído, dice algo como: «mira el niño con la boca abierta, está embobado».

La admiración es de la familia de la sorpresa como emoción básica. Esta es la emoción que nos abre a lo nuevo. Esa apertura tiene un aspecto de sumisión. Estar abierto es dejar que el objeto que se admira pueda entrar y pueda generar el cambio que es precisamente lo que admiramos.

Además, y sigo a Ortega, como en otras entradas sobre el enamoramiento, el encantamiento es también un sentimiento del enamoramiento. Por el encantamiento la persona queda captada, prendida en el otro. No sé qué te parecerá, pero estarás de acuerdo que estar enamorado deja a merced del otro.

El resultado de ambos sentimientos es que el enamorado está captado por la persona amada o más en general para el objeto amado. El enamorado solo tiene ojos para su amada. Esto tiene el efecto que los demás objetos pierden interés.

No se puede estar admirando dos objetos a la vez. La admiración por la persona amada mitiga e incluso en su extremo puede llegar a anular otras admiraciones. En el caso de Doctor Zhivago saca mentalmente a los protagonistas de la revolución, les enfoca uno en el otro, y al hacerlo la revolución es relativizada. Su enamoramiento introduce distancia con la revolución.

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En los fenómenos de contagio colectivo se produce una disminución de la capacidad racional conforme se incrementa ese contagio. Si hay un enamoramiento la sugestión del fenómeno se atenúa y no tiene su efecto. Curiosamente los enamorados pueden ser críticos con la revolución.

En sentido contrario los fenómenos de sugestión por un líder tienen coincidencias con el enamoramiento y pugnan por poner sentido a la vida. El enamoramiento otorga sentido a la vida: estar con el amado. Los fenómenos de contagio colectivo deben también acabar en acción, en un sentido. Evidentemente en el enamorado los dos sentidos colisionan. Esto en la película se ve muy claro porque la revolución es una propuesta de futuro, una utopía hacia la que ir. Los enamorados que ahora quieren estar juntos pierden interés en ese seguir la utopía.

Frente a los grandes ideales de la revolución se presenta el pequeño y concreto ideal de la pareja de vivir juntos. Ambos ideales pugnan entre sí, la utopía contra el amor. El drama de la novela y la película está precisamente en esta pugna. Por esto precisamente la novela tiene ese sesgo crítico frente a la revolución.

Para Freud «el sexo solo no elimina la sugestión del grupo» (p.80). El sexo otorga el mismo valor a los objetos sexuales, por eso es compatible con la revolución. Enamorarse es precisamente valorar la diferencia de una persona, por ello se quiere estar con ella y con nadie más. «Estar enamorado significa valorar desmesuradamente la diferencia entre una mujer y otra» dice con su sorna habitual George Bernard Shaw (citado por Freud, p.80). Sexo y enamoramiento no son lo mismo y aquí puedes verlo claro.

Resumo la admiración del enamoramiento es incompatible con otras, y el enamoramiento pone el sentido prioritario de la vida, los demás deberán subordinarse a este. El enamoramiento es más fuerte que los fenómenos de contagio colectivo. Los fenómenos de contagio colectivo tienen algo de enamoramiento.

El mensaje de que el enamoramiento rompe todos los límites y barreras culturales, de raza, de religión, de clase social, es una constante del cine. Seguro que conoces ejemplos. Pero, ¿se da ese mismo fenómeno entre la gente real que conoces? Las parejas que conoces, ¿rompen límites sociales, culturales, de religión? o en tu opinión se arriesga poco porque a medio plazo esas diferencias afloran y afectan a la convivencia de la pareja, a la educación de los hijos?

La película tiene ahora ya 50 años y te resultará algo lenta y en ciertos momentos pesada, pero espero haberte animado a ver ese mensaje que a mi entender merece la pena. Ya me dejarás aquí tu opinión.