Hogar vs cambio… y la admiración como instrumento.

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Hay un tema muy interesante relacionado con nuestro ambiente afectivo, o mejor debería decir con el nicho afectivo en el que nacemos y que nos configura emocionalmente, eso que llamamos hogar. Me refiero a la facilidad o no de cambio. Sigue leyendo

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La necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales en la medicina.

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He encontrado un artículo de Ana Sabela Álvarez (Middlesex University, UK, London) que me ha parecido tan interesante que me parece conveniente hacer una entrada en este blog, ya que hace un profundo estudio sobre en qué medida la antropología emocional, a través de un modelo que la tiene en cuenta, está influyendo en la práctica médica.

El link del artículo que te aconsejo vivamente, del 2008, es la siguiente: La aplicación en medicina del modelo BPS. Su referencia es: Álvarez AS, Pagani M, Meucci P: The clinical application of the biopsychosocial model in mental health: a research critique. Am J Phys Med Rehabil 2012; 91(suppl):S173YS180.

El artículo hace un estudio de lo publicado en medicina sobre la necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales de la práctica médica, centrándose específicamente en la salud mental. Es conocida la dificultad de la medicina para admitir la influencia de emociones y sentimientos en las enfermedades. De hecho, la historia secular de la medicina científica se escribe como una oposición entre los aspectos subjetivos (emociones y sentimientos) y los aspectos objetivos, los únicos que han sido considerados durante mucho tiempo el objeto idóneo para la ciencia.

La historia de la medicina científica es fruto de una ardua pelea con curanderos, creencias, recetas tradicionales no comprobadas, etc. La distancia con los vilipendiados elementos subjetivos, se ha llegado a hacer tan grande que ni siquiera la autoridad de Charles Darwin, que escribió sobre las emociones en los animales, fue capaz de encaminar a la ciencia para que aceptase a las emociones.

Dos hechos han contribuido a la disminución de las distancias entre emociones y ciencia. Primero, la incidencia evidente de emociones y sentimientos en los enfermos y a través de ellos en las enfermedades y su tratamiento, ha ido progresivamente horadando el muro de separación. Segundo, la tomografia axial computarizada, que en los 70, fue capaz de comprobar que las emociones tenían un impacto específico en el cerebro, ha hecho posible que las emociones estén plenamente sometidas a experimentación, es decir, pasen a formar parte de la ciencia experimental. Además, se puede añadir que la cultura de la postmodernidad, tan marcadamente interdisciplinar, se lleva mal con la compartimentación estricta que la ciencia experimental exigía.

Sin embargo, siguen quedando muchos prejuicios como restos de la lucha de siglos. Muchas mentalidades y muchos ambientes resistentes a admitir los elementos psicológicos y sociales en la ciencia.

El artículo hace precisamente una revisión de la actual situación, revisando los modelos médicos vigentes y centrándose en el que acepta los elementos psicológicos y sociales en la práctica médica de la salud mental. También estudia las posibilidades de ese nuevo modelo psico-social y la posibilidad de que la medicina entre en un enfoque interdisciplinar.

El abstract del artículo es el siguiente:

«Engel aplicó el término biopsicosocial a la medicina para enfatizar la necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales de la práctica médica. Tras de una revisión de la historia del modelo biopsicosocial (BPS), revisamos las críticas al modelo para reformular sus deficiencias y después analizar su aplicación en la práctica de la salud mental.

Los objetivos de este artículo son 4:

(1) examinar la utilización del modelo BPS desde el artículo de Engel de 1977 hasta la actualidad;

(2) examinar las razones para la popularidad del modelo BPS así como los problemas a los que se enfrenta cuando es aplicado a la práctica de la salud mental;

(3) introducir dos instrumentos que implementan el modelo BPS: la Clasificación International de Funcionamiento, Discapacidad, y Salud (CIF), y el INTERMED;

y (4) mostrar porqué el modelo BPS no es todavía un modelo de práctica clínica.

Un total de 62 publicaciones fueron extraídas y revisadas en las bases de datos ScienceDirect, PubMed, y Scopus, y 32 de ellas fueron finalmente incluidas en este artículo. Esta es la primera revisión sistemática de los estudios publicados que aplicaron el modelo BPS en la práctica de la salud mental en los últimos 33 años. Estas críticas tienen el objetivo de construir una visión más constructiva del modelo BPS como modelo de práctica clínica en salud mental».

«La mujer no nace, se hace» Simone de Beauvoir

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Esta famosa tesis de Simone de Beauvoir, pareja de Jean-Paul Sartre, creo un verdadero tornado cuando apareció allá en 1949 en su best-seller, El segundo sexo. Su influencia en el feminismo y en la cultura en general ha sido, y es, enorme.

Su tesis tiene algo que no es fácil de compartir porque parece negar la mujer como dimensión biológica, es decir como hembra humana. El feminismo de la diferencia se ha encargado de hacer ver que hay algo peculiar y distinto en la mujer precisamente por ser mujer. Y en el avance cultural de libertades y respeto a las distintas idiosincrasias parece que no podemos olvidar en cada mujer el hecho de serlo. De algún modo negarlo es negar una evidencia.

Sin embargo, la tesis de Beauvoir, en el juego cultural de géneros, de hombre y mujer a lo largo de la historia cultural que ambos han recorrido juntos durante muchos milenios, acierta con un elemento clave con el que se ha entendido a la mujer. Ese recorrido cultural del ser humano, histórico y prehistórico, el hombre lo ha hecho aprovechando toda la plasticidad que la naturaleza humana permite, y es mucha porque la plasticidad de su naturaleza, su adaptación a las diversas situaciones a través de la cultura es una característica muy señalada del ser humano. Esa plasticidad le ha permitido irse adaptando a muchos hábitats diversos, hasta colonizar todo el planeta tierra.

La mujer ha recibido en las diversas culturas un papel de anclaje. Parece que la adaptación a los nuevos hábitats la realiza el hombre, mientras la mujer realiza el anclaje a la tierra, a lo que el ser humano era antes, como para no perder el propio contacto con la tierra como especie. El hombre iba a la caza y ampliaba territorios y experimentaba nuevas armas y generaba nuevas técnicas para nuevas presas, etc., mientras que la mujer se quedaba en la zona de cría, atada al desarrollo de las nuevas criaturas, realizando las tareas que permiten a la especie sobrevivir, pero no tanto desarrollarse. La mujer el papel de la tradición, el hombre el del progreso. La mujer conserva la cultura ya adquirida, el hombre desarrolla nuevas posibilidades de desarrollo y de ampliación del territorio del homo sapiens.

Simone de Beauvoir acierta con algo que no pertenece solo a su generación y a su fuertemente definido papel de la mujer en la cultura. Hay algo que recorre la historia humana y relega a la mujer a ese papel conservador, de mantenimiento, de tradición. El gran acierto de Beauvoir es poner de manifiesto que la naturaleza de la mujer es tan plástica como la del hombre, ya que en ambos se trata de la misma naturaleza humana. Provocar el cambio cultural que hace que la mujer entre en el juego de la plasticidad, y por tanto del desarrollo y de la adaptación a lo nuevo, igual que el hombre, es el objetivo del feminismo al que tan calurosamente se dedicó Simone de Beauvoir después de su obra, enfocado como una liberación de la mujer de los estereotipados roles que la cultura le asigna.

De este modo la Beauvoir no se enfrenta solo a la cultura de su momento, que define a la mujer con el papel de coqueta, cariñosa, madre y esposa, sino de algún modo a una cierta constante de la cultura humana. Se abren para la mujer espacios que estaban cerrados y hubo, como en toda revolución, ese entusiasmo de la nueva conquista, de la novedad de los terrenos recién descubiertos para la mujer. Estamos ante el primer feminismo, el feminismo de la igualdad, el que afirma que hombre y mujer podemos desempeñar los mismos papeles tanto cultural como socialmente, profesionalmente, etc.

Esto es también lo permanente de la tesis y el cambio de la nueva cultura posterior a Simone de Beauvoir: la mujer puede hacer los dos papeles, el de desarrollo y exploración y de conservación y tradición: ahora depende de la elección de cada persona, aunque aún no en todas las culturas, sino solo en aquellas, básicamente la occidental, en donde han influido las tesis de El segundo sexo.

A la vez ha abierto un gran interrogante, que Simone de Beauvoir no se plantea: ¿cuál es ahora el papel del hombre? Evidentemente, ya no posee en exclusividad el papel de explorador, porque la mujer también puede realizarlo y lo realiza francamente bien. ¿Ha avanzado y colonizado un papel conservador? ¿Dónde se sitúa una vez que ya no es imprescindible? ¿Qué piensas? ¿Crees que el hombre se encuentra de algún modo sin un rol tan bien definido como antes y se encuentra un poco perdido en la nueva cultura, al ver que su terrenos exclusivos han sido colonizados por la mujer?

¡Tranquilízate!!!

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Seguro que muchas veces nos ha sentado mal cuando nos han dicho esa palabra, especialmente si lleva algo de énfasis: ¡Tranquilo!!! Y sin embargo parece una palabra positiva, ¿Por qué sucede esto?

Primero hay que aclarar que la expresión se dirige a una cierta agitación emocional que la otra persona percibe en nosotros (o nosotros en ella cuando la utilizamos). Cuando pedimos a alguien que se tranquilice expresamente no queremos que su activación emocional influya en el momento, sea por el motivo que sea. De tal modo que las expresiones que buscan tranquilizar son como la anestesia emocional. Significa exactamente lo contrario de enfocar la emoción, o de escucharla.

De hecho en medicina un tranquilizante es «un fármaco: De efecto tranquilizador o sedante» (RAE), es decir un fármaco que tiene precisamente el efecto de bajar el grado de activación emocional, es decir, que busca el mismo efecto que la expresión.

Seguro que ya resulta evidente que el efecto anestesia sobre las emociones implica que no hay gestión emocional, se baja la intensidad pero no se gestiona la emoción. Es más se baja la intensidad precisamente para no gestionar la emoción. Ya que la gestión de la emoción necesita precisamente lo contrario: sacar la emoción, enfocarla, no dejarla desvanecerse.


Hay dos modos básicos para tranquilizar: La primera es bajar de importancia lo sucedido: ¡no es importante! ¡No pasa nada! ¡No es para tanto! ¡No exageres!

La segunda es generalizar: ¡es normal! ¡Le pasa a todo el mundo!


Hay dos modos habituales de tranquilizar: La primera es bajar de importancia lo sucedido: ¡no es importante! ¡No pasa nada! ¡No es para tanto! ¡No exageres! Expresiones todas que rebajan la altura de lo sucedido.

La segunda es generalizar: ¡es normal! ¡Le pasa a todo el mundo! ¡Ya te pasará más veces! ¡Esto sucede todos los días! Serían las expresiones que apuntan a este segundo modo de tranquilizar.

¿Hay alguna situación en que sea necesario tranquilizar para gestionar la emoción? Desde luego, precisamente cuando la activación es tan alta que no se puede gestionar la emoción. Esto sucede con frecuencia con el enfado, emoción que produce una gran activación. En este caso es mejor hacer algo, darse una vuelta, contar hasta 10, encontrar un modo de gastar algo de energía, para bajar la intensidad, tranquilizar, y poder gestionar la emoción.


Con frecuencia cuando se dice «¡tranquilizate!», la persona que lo dice no quiere hacerse cargo de la emoción del otro, porque o le da miedo, le molesta, o incluso le enfada.


Pero muchas veces en las situaciones cotidianas, cuando se dice «¡tranquilizate!», lo que pasa es que la persona que lo dice no quiere hacerse cargo de la emoción del otro, o le da miedo, le molesta, incluso le enfada, pero lo claro es eso: no quiere hacerse cargo. Y quien recibe el «¡tranquilo!!!» percibe netamente que no es aceptado con sus sentimientos, porque si no aceptan nuestra emoción no nos aceptan a nosotros. Este es el efecto rechazo que se siente vivamente y al que se reacciona cuando oímos: ¡Tranquilo!!!

Los docentes deberían ser muy conscientes de este efecto de rechazo sobre las relaciones, ya que su primera competencia es la de establecer una relación aceptadora con sus alumnos. Aceptadora es básicamente aceptadora de los sentimientos. Por tanto solo deben utilizar la tranquilización de forma consciente y cuando es necesaria, porque no pueden atender a la emoción en ese momento, no solo porque se quieren quitar al alumno y sus preocupaciones de encima. Entiendo que esto es una habilidad difícil, pero a mi entender totalmente necesaria.

Básicamente es igual en las relaciones padre/madre e hij@ y también en las relaciones de pareja. Si hay mucha necesidad de decir «¡Tranquilo!!!», algo no está funcionando bien.

Espero haber resulto la duda del comienzo.  Y ahora pregunto:

  1. ¿en qué ocasiones utilizas «¡Tranquilo!!!»?
  2. ¿es de una forma aceptadora?
  3. ¿es sencillamente porque te sientes cansado o no te quieres hacer cargo o incluso porque te da miedo ese sentimiento?

Muy importante que nos hagamos esta pregunta cada vez que queramos tranquilizar. Si nos la hacemos y nos respondemos con honestidad, seguro que la calidad de la relación con esa persona sale mejorada.

El vínculo de un padre con su hij@

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Desde siempre he repetido que la madre “vive” al hij@ desde el primer momento del embarazo, mientras que al padre “se lo cuentan”. Primero le informan del hecho embarazo, después del embarazo mismo y sus vicisitudes, del parto y lo que ocurre en él, en el que puede no estar, y más adelante durante la lactancia, especialmente la natural, es un espectador, al que se niega su papel de actor, algo que puede vivir incluso con frustración.

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La madre vive al hij@ desde el primer momento, al padre se lo cuentan

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La pregunta es: ¿Cuándo se forma su vínculo emocional con su hij@? Esé vínculo emocional que es para el hijo su conexión con sus necesidades y por el que accede a descubrir la vida y para el padre una fuente de emociones tremendamente satisfactorias, de las que se va a alimentar. Todo lo que he dicho hasta ahora para el padre son informaciones, datos exclusivamente racionales, que perfectamente pueden ser vividos en la distancia y con la posición del espectador. La creación del vínculo, de cualquier vínculo emocional necesita un acontecimiento, un hecho en el tiempo que cree un impacto emocional en la personal. Los datos racionales por si mismos no lo producen.

Hay todavía un elemento diferenciador más entre padre y madre respecto al hij@. En la madre el impacto emocional se produce desde el primer momento de la concepción, en cuanto percibe que se ha quedado embarazada, impacta en su cuerpo desde dentro. El acontecimiento para la creación del vínculo está ahí. Solo necesita aceptación. La madre solo puede aceptar o rechazar algo que le ha sucedido y que no puede negar.

En el padre esta situación es diferente, solo ha recibido informaciones, datos, ningún impacto. Su aceptación del hijo es voluntaria, no es solo aceptar como en la madre, necesita su actividad, su actitud positiva de aceptación. La madre efectivamente puede negar al hij@, pero lo hace de algún modo contra su biología. Desde el principio del derecho romano se recoge esta diferencia: la madre siempre es segura. El padre debe aceptar su paternidad y puede no hacerlo.

La situación secundaria en el embarazo es tan evidente, que no necesita explicación. Pero es que durante los primeros meses de la la lactancia, especialmente la natural, su papel es secundario, sintiéndose muchas veces apartado por esa tercera persona que ha nacido en medio de su pareja y, desde la princesa Diana, ya sabemos que 3 son multitud. Mi mujer todavía me recrimina con respecto a mi hija Noor que mientras ella se despertaba a darle de mamar, yo seguía plácidamente dormido. La misma agudeza que pone la naturaleza en el oído femenino para oír al hij@ que se despierta con hambre, la ha puesto en el hombre para borrar una señal en medio del sueño y a la que se puede aportar muy poco.

En tal caso mi pregunta cobra fuerza: ¿cuándo se forma el vínculo? Y la respuesta es para mí cada vez más clara: en el hombre no hay un acontecimiento predeterminado biológicamente como en la mujer, hay que buscarlo, y si se quiere crearlo.

Pienso que es mejor buscarlo que crearlo, que parece algo más artificial, hay que aprovechar las oportunidades de la vida. Un momento importante es asistir al parto, yo lo hice, pero a continuación la experiencia de la lactancia me volvió a postergar a un segundo lugar.

En mi caso creo que el momento de creación de ese lazo con mi hija fue cuando mi mujer, a los 6 meses de su nacimiento se incorporó de nuevo a su trabajo y durante todo el tiempo de su jornada laboral, se iba a las 8.30 y regresaba a las 17h, me quedé al cargo de Noor. Es curioso no recuerdo tanto el hecho de darle de comer como tenerla que dormir después de comer. Porque había que dormirla y ya mi pareja no estaba para solventar el problema. Había que acompañarla a dormirse. Pergeñé el sistema de pasearla medio en penumbra rodeando la cama, eran los meses de mayo y junio cuando comienza a subir el calor en Madrid. Con el movimiento y mi sonido gutural, que no canto, se dormía. Terminé adquiriendo bastante habilidad y sobre todo sentí que mi contacto con ella se incrementaba. Verla dormirse, atender a sus inquietudes, hacía nacer en mi una ternura, como si se me derritiese el estómago. Un sentimiento increíble. Ese sentimiento no ha desaparecido hasta el día de hoy, especialmente cuando la veo dormida.

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El lazo afectivo del padre con su hij@ no nace si no se hace nacer, hay que crearlo, despertarlo. Y cuando nace es fortísimo.

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Mi conclusión: el lazo afectivo del padre con su hij@ no nace si no se hace nacer, hay que crearlo, despertarlo. Y cuando nace es fortísimo, un sentimiento que no se experimenta más que con un hij@.

Voy a hacer preguntas a los hombres o a las mujeres lo que han percibido en sus hombres:

  1. ¿Cuándo se creó tu lazo con tu hij@?
  2. ¿Con qué sentimientos lo experimentas?
  3. ¿Qué sentimientos experimentaste en el embarazo? ¿Durante el parto? ¿Y durante la lactancia?

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