«La tristeza no es útil»

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«La tristeza no es útil» es una frase de una película que acabo de ver y que un adulto le dirigía a un niño. El niño, ante una situación muy complicada y varias pérdidas, había roto a llorar y el adulto le urgía para que se pusiese en movimiento. Yo estoy de acuerdo: la tristeza no es útil en sentido pragmático, no nos proporciona nada tangible, nada que podamos “tener”.

Sin embargo, en la evolución de hombre, y también de los mamíferos superiores, la tristeza aparece como una de las emociones básicas, que entran en la dotación que todo niño lleva al nacer.

La pregunta es: ¿por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna? ¿Qué ventaja sacamos de tener la tristeza en nuestra dotación emocional?


¿Por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna?


Y realmente hay que afirmar que la inversión es muy grande. Las épocas de tristeza pueden ser duraderas, dolorosas, e inciden en el conjunto de la actividad de la persona casi anulándola. La tristeza interrumpe la acción, le quita sentido, nos deja sin objetivos, no nos invita a comunicar con los demás, nos quita las ganas de hacer cosas, de emprender iniciativas, incluso puede llegar a quitar las ganas más fundamentales, las ganas de vivir.

En la época actual en la que solo parecen valorarse las emociones positivas, la tristeza es el enemigo número uno, es la gran emoción negativa, algo que hay que sacudirse rápidamente de encima. Pero, para terminar de complicarlo, la tristeza es lenta de evolución, necesita tiempo, es parsimoniosa. Es difícil superar una tristeza profunda. Prisa y tristeza son palabras antagónicas.

Resumo desventajas: La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


Entonces la ventaja evolutiva que proporciona la tristeza debe haber sido muy grande para mantenerla en la dotación emocional básica. ¿Cuál es esa ventaja tan fundamental? ¿Por qué la tristeza es importante para el ser humano?

Yo voy a tratar de ensayar mi respuesta, siendo bien consciente de que no digo la última palabra en el tema, solo el punto al que yo he llegado.

La tristeza es una emoción que nos hace humanos. Esa es mi síntesis.

En primer lugar, la tristeza es una elaboración de nuestros vínculos, de lo que nos conecta con las cosas y sobre todo con las personas. Como especie somos una especie social, que ha invertido mucho en los vínculos y la tristeza detecta cuando esos vínculos están afectados o se pierden.

En segundo lugar, literalmente porque se produce temporalmente detrás de la elaboración de una pérdida afectiva, la tristeza está conectada con la creatividad, con la apertura a lo nuevo, con crear mundos nuevos y diferentes, adecuados precisamente a nuestra sensibilidad. Sin tristezas no hay creatividad.

En tercer lugar, la tristeza mantiene nuestra unión con las personas y cosas que hemos vivido, refuerza nuestra memoria y la memoria es el órgano de la identidad humana. No somos quienes somos por nuestra capacidad de razonar, lo somos por nuestros vínculos conservados en nuestra memoria y conservados ahí por la tristeza.


La tristeza tiene que ver con los vínculos con las demás personas y con las cosas. Produce creatividad y permite el cambio profundo. Es nuestra memoria como personas.


Por todo ello la tristeza tiene que ver con el cambio y la renovación, con abrirnos a mundos nuevos. Pero esto no sería posible si hubiésemos pasado por el mundo anterior como el agua sobre las piedras, podemos cambiar con sentido porque las cosas dejan huella en nuestra vida y esa huella está constituida por tristeza, es la tristeza la que la elabora.

Efectivamente llorar no es útil, pero nos hace humanos.

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Aprendemos más por contagio emocional que por interés intelectual

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Es un tema de todos sabido que el interés social por un tema depende de que haya acontecimientos notorios relacionados con ese tema. Por ejemplo, los éxitos de la gimnasta Simone Biles en las Olimpiadas de Río ha hecho crecer el interés en la gimnasia artística y montones de niñas a lo largo y ancho del planeta quieren ser gimnastas. Eso ocurre con el futbol todos los días, donde niños de todo el mundo quieren ser como Messi o Cristiano Ronaldo. Hace ya muchos años, en los años sesenta el tenis se popularizó en España debido a los éxitos de Manolo Santana.

Y no solo ocurre en el deporte, ocurre en todos los ámbitos. Hay un interés en la criminología debido al éxito de series como C.S.I. y en política debido a las crisis y las injusticias que han sacudido España. Incluso en lo negativo la influencia del contagio es notoria y basta un asesinato de género y su repercusión en los medios, para que se produzcan otros como en ramillete.

El interés tiene una base emocional y está sometido a un fuerte contagio social. Todos queremos ser como las personas que admiramos. La admiración, buscar modelos, algo necesario para el desarrollo personal, es también la puerta de entrada de los temas que nos van a interesar. No podemos olvidar que la admiración es uno de los sentimientos que integran el enamoramiento y que este es nuestro principal modo de abrir nuestro mundo.


En el interés que despierta e introduce el aprendizaje, hay un componente de emulación, que suscita un interés emocional inicial y que permite entrar a la persona en nuevas zonas, explorar.


En el aprendizaje, en el interés que despierta e introduce el aprendizaje, hay un componente de emulación, que suscita un interés emocional inicial y que permite entrar a la persona en nuevas zonas, explorar e ilusionarse con lo nuevo. Hay que enseñar a reconocer las propias emociones y sentimientos, a identificar los contagios emocionales, hay que enseñar a ser libre.

Sin embargo, este aspecto no lo utiliza la educación a pesar de lo importante que es. La educación se desarrolla con sus programas, sus materias troncales, sus optativas, sus programas… y corre paralelo al desarrollo emocional de las personas, sin tocarlo, como una senda paralela a la vida de las personas, que es siempre emocional. Educación y desarrollo personal e influencias emocionales corren por caminos paralelos que no se tocan, y no sabemos dónde están los puntos de encuentro.

La educación deja el desarrollo emocional, las influencias, los contagios a un lado y sigue impertérrita su camino. Lo más que se plantea es qué hacer para que las emociones empujen el aprendizaje, pero el aprendizaje es el mismo de siempre, tiene los mismos programas y las mismas materias de siempre, los mismos modos de hacer que hace décadas. La escuela no es flexible, enseña cuentas, números y letras, enseña lengua y matemáticas, a lo más le suma geografía y biología, vaya por donde vaya el interés emocional de sus alumnos, no se desvía del camino.  Solo unos pocos docentes innovadores comienzan a buscar la interdisciplinariedad, a ver el modo de acercar a la vida e aprendizaje. Aunque esto mismo ya traiciona la rigidez del sistema: ¿acercar a la vida? Si es a vivir a lo que se debería enseñar, el sistema ya acepta que sus enseñanzas están lejos de la vida.


Acercar a la vida e aprendizaje. Aunque esto mismo traiciona la rigidez del sistema: ¿acercar a la vida? Si es a vivir a lo que se debería enseñar, el sistema ya acepta que sus enseñanzas están lejos de la vida.


Mi pregunta es si esto debe ser así o la escuela debe cambiar. Qué y sobre todo cómo hay que enseñar en la escuela. Atreverse a cambiarlo el gran reto social.

La necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales en la medicina.

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He encontrado un artículo de Ana Sabela Álvarez (Middlesex University, UK, London) que me ha parecido tan interesante que me parece conveniente hacer una entrada en este blog, ya que hace un profundo estudio sobre en qué medida la antropología emocional, a través de un modelo que la tiene en cuenta, está influyendo en la práctica médica.

El link del artículo que te aconsejo vivamente, del 2008, es la siguiente: La aplicación en medicina del modelo BPS. Su referencia es: Álvarez AS, Pagani M, Meucci P: The clinical application of the biopsychosocial model in mental health: a research critique. Am J Phys Med Rehabil 2012; 91(suppl):S173YS180.

El artículo hace un estudio de lo publicado en medicina sobre la necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales de la práctica médica, centrándose específicamente en la salud mental. Es conocida la dificultad de la medicina para admitir la influencia de emociones y sentimientos en las enfermedades. De hecho, la historia secular de la medicina científica se escribe como una oposición entre los aspectos subjetivos (emociones y sentimientos) y los aspectos objetivos, los únicos que han sido considerados durante mucho tiempo el objeto idóneo para la ciencia.

La historia de la medicina científica es fruto de una ardua pelea con curanderos, creencias, recetas tradicionales no comprobadas, etc. La distancia con los vilipendiados elementos subjetivos, se ha llegado a hacer tan grande que ni siquiera la autoridad de Charles Darwin, que escribió sobre las emociones en los animales, fue capaz de encaminar a la ciencia para que aceptase a las emociones.

Dos hechos han contribuido a la disminución de las distancias entre emociones y ciencia. Primero, la incidencia evidente de emociones y sentimientos en los enfermos y a través de ellos en las enfermedades y su tratamiento, ha ido progresivamente horadando el muro de separación. Segundo, la tomografia axial computarizada, que en los 70, fue capaz de comprobar que las emociones tenían un impacto específico en el cerebro, ha hecho posible que las emociones estén plenamente sometidas a experimentación, es decir, pasen a formar parte de la ciencia experimental. Además, se puede añadir que la cultura de la postmodernidad, tan marcadamente interdisciplinar, se lleva mal con la compartimentación estricta que la ciencia experimental exigía.

Sin embargo, siguen quedando muchos prejuicios como restos de la lucha de siglos. Muchas mentalidades y muchos ambientes resistentes a admitir los elementos psicológicos y sociales en la ciencia.

El artículo hace precisamente una revisión de la actual situación, revisando los modelos médicos vigentes y centrándose en el que acepta los elementos psicológicos y sociales en la práctica médica de la salud mental. También estudia las posibilidades de ese nuevo modelo psico-social y la posibilidad de que la medicina entre en un enfoque interdisciplinar.

El abstract del artículo es el siguiente:

«Engel aplicó el término biopsicosocial a la medicina para enfatizar la necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales de la práctica médica. Tras de una revisión de la historia del modelo biopsicosocial (BPS), revisamos las críticas al modelo para reformular sus deficiencias y después analizar su aplicación en la práctica de la salud mental.

Los objetivos de este artículo son 4:

(1) examinar la utilización del modelo BPS desde el artículo de Engel de 1977 hasta la actualidad;

(2) examinar las razones para la popularidad del modelo BPS así como los problemas a los que se enfrenta cuando es aplicado a la práctica de la salud mental;

(3) introducir dos instrumentos que implementan el modelo BPS: la Clasificación International de Funcionamiento, Discapacidad, y Salud (CIF), y el INTERMED;

y (4) mostrar porqué el modelo BPS no es todavía un modelo de práctica clínica.

Un total de 62 publicaciones fueron extraídas y revisadas en las bases de datos ScienceDirect, PubMed, y Scopus, y 32 de ellas fueron finalmente incluidas en este artículo. Esta es la primera revisión sistemática de los estudios publicados que aplicaron el modelo BPS en la práctica de la salud mental en los últimos 33 años. Estas críticas tienen el objetivo de construir una visión más constructiva del modelo BPS como modelo de práctica clínica en salud mental».

«La mujer no nace, se hace» Simone de Beauvoir

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Esta famosa tesis de Simone de Beauvoir, pareja de Jean-Paul Sartre, creo un verdadero tornado cuando apareció allá en 1949 en su best-seller, El segundo sexo. Su influencia en el feminismo y en la cultura en general ha sido, y es, enorme.

Su tesis tiene algo que no es fácil de compartir porque parece negar la mujer como dimensión biológica, es decir como hembra humana. El feminismo de la diferencia se ha encargado de hacer ver que hay algo peculiar y distinto en la mujer precisamente por ser mujer. Y en el avance cultural de libertades y respeto a las distintas idiosincrasias parece que no podemos olvidar en cada mujer el hecho de serlo. De algún modo negarlo es negar una evidencia.

Sin embargo, la tesis de Beauvoir, en el juego cultural de géneros, de hombre y mujer a lo largo de la historia cultural que ambos han recorrido juntos durante muchos milenios, acierta con un elemento clave con el que se ha entendido a la mujer. Ese recorrido cultural del ser humano, histórico y prehistórico, el hombre lo ha hecho aprovechando toda la plasticidad que la naturaleza humana permite, y es mucha porque la plasticidad de su naturaleza, su adaptación a las diversas situaciones a través de la cultura es una característica muy señalada del ser humano. Esa plasticidad le ha permitido irse adaptando a muchos hábitats diversos, hasta colonizar todo el planeta tierra.

La mujer ha recibido en las diversas culturas un papel de anclaje. Parece que la adaptación a los nuevos hábitats la realiza el hombre, mientras la mujer realiza el anclaje a la tierra, a lo que el ser humano era antes, como para no perder el propio contacto con la tierra como especie. El hombre iba a la caza y ampliaba territorios y experimentaba nuevas armas y generaba nuevas técnicas para nuevas presas, etc., mientras que la mujer se quedaba en la zona de cría, atada al desarrollo de las nuevas criaturas, realizando las tareas que permiten a la especie sobrevivir, pero no tanto desarrollarse. La mujer el papel de la tradición, el hombre el del progreso. La mujer conserva la cultura ya adquirida, el hombre desarrolla nuevas posibilidades de desarrollo y de ampliación del territorio del homo sapiens.

Simone de Beauvoir acierta con algo que no pertenece solo a su generación y a su fuertemente definido papel de la mujer en la cultura. Hay algo que recorre la historia humana y relega a la mujer a ese papel conservador, de mantenimiento, de tradición. El gran acierto de Beauvoir es poner de manifiesto que la naturaleza de la mujer es tan plástica como la del hombre, ya que en ambos se trata de la misma naturaleza humana. Provocar el cambio cultural que hace que la mujer entre en el juego de la plasticidad, y por tanto del desarrollo y de la adaptación a lo nuevo, igual que el hombre, es el objetivo del feminismo al que tan calurosamente se dedicó Simone de Beauvoir después de su obra, enfocado como una liberación de la mujer de los estereotipados roles que la cultura le asigna.

De este modo la Beauvoir no se enfrenta solo a la cultura de su momento, que define a la mujer con el papel de coqueta, cariñosa, madre y esposa, sino de algún modo a una cierta constante de la cultura humana. Se abren para la mujer espacios que estaban cerrados y hubo, como en toda revolución, ese entusiasmo de la nueva conquista, de la novedad de los terrenos recién descubiertos para la mujer. Estamos ante el primer feminismo, el feminismo de la igualdad, el que afirma que hombre y mujer podemos desempeñar los mismos papeles tanto cultural como socialmente, profesionalmente, etc.

Esto es también lo permanente de la tesis y el cambio de la nueva cultura posterior a Simone de Beauvoir: la mujer puede hacer los dos papeles, el de desarrollo y exploración y de conservación y tradición: ahora depende de la elección de cada persona, aunque aún no en todas las culturas, sino solo en aquellas, básicamente la occidental, en donde han influido las tesis de El segundo sexo.

A la vez ha abierto un gran interrogante, que Simone de Beauvoir no se plantea: ¿cuál es ahora el papel del hombre? Evidentemente, ya no posee en exclusividad el papel de explorador, porque la mujer también puede realizarlo y lo realiza francamente bien. ¿Ha avanzado y colonizado un papel conservador? ¿Dónde se sitúa una vez que ya no es imprescindible? ¿Qué piensas? ¿Crees que el hombre se encuentra de algún modo sin un rol tan bien definido como antes y se encuentra un poco perdido en la nueva cultura, al ver que su terrenos exclusivos han sido colonizados por la mujer?

¡Tranquilízate!!!

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Seguro que muchas veces nos ha sentado mal cuando nos han dicho esa palabra, especialmente si lleva algo de énfasis: ¡Tranquilo!!! Y sin embargo parece una palabra positiva, ¿Por qué sucede esto?

Primero hay que aclarar que la expresión se dirige a una cierta agitación emocional que la otra persona percibe en nosotros (o nosotros en ella cuando la utilizamos). Cuando pedimos a alguien que se tranquilice expresamente no queremos que su activación emocional influya en el momento, sea por el motivo que sea. De tal modo que las expresiones que buscan tranquilizar son como la anestesia emocional. Significa exactamente lo contrario de enfocar la emoción, o de escucharla.

De hecho en medicina un tranquilizante es «un fármaco: De efecto tranquilizador o sedante» (RAE), es decir un fármaco que tiene precisamente el efecto de bajar el grado de activación emocional, es decir, que busca el mismo efecto que la expresión.

Seguro que ya resulta evidente que el efecto anestesia sobre las emociones implica que no hay gestión emocional, se baja la intensidad pero no se gestiona la emoción. Es más se baja la intensidad precisamente para no gestionar la emoción. Ya que la gestión de la emoción necesita precisamente lo contrario: sacar la emoción, enfocarla, no dejarla desvanecerse.


Hay dos modos básicos para tranquilizar: La primera es bajar de importancia lo sucedido: ¡no es importante! ¡No pasa nada! ¡No es para tanto! ¡No exageres!

La segunda es generalizar: ¡es normal! ¡Le pasa a todo el mundo!


Hay dos modos habituales de tranquilizar: La primera es bajar de importancia lo sucedido: ¡no es importante! ¡No pasa nada! ¡No es para tanto! ¡No exageres! Expresiones todas que rebajan la altura de lo sucedido.

La segunda es generalizar: ¡es normal! ¡Le pasa a todo el mundo! ¡Ya te pasará más veces! ¡Esto sucede todos los días! Serían las expresiones que apuntan a este segundo modo de tranquilizar.

¿Hay alguna situación en que sea necesario tranquilizar para gestionar la emoción? Desde luego, precisamente cuando la activación es tan alta que no se puede gestionar la emoción. Esto sucede con frecuencia con el enfado, emoción que produce una gran activación. En este caso es mejor hacer algo, darse una vuelta, contar hasta 10, encontrar un modo de gastar algo de energía, para bajar la intensidad, tranquilizar, y poder gestionar la emoción.


Con frecuencia cuando se dice «¡tranquilizate!», la persona que lo dice no quiere hacerse cargo de la emoción del otro, porque o le da miedo, le molesta, o incluso le enfada.


Pero muchas veces en las situaciones cotidianas, cuando se dice «¡tranquilizate!», lo que pasa es que la persona que lo dice no quiere hacerse cargo de la emoción del otro, o le da miedo, le molesta, incluso le enfada, pero lo claro es eso: no quiere hacerse cargo. Y quien recibe el «¡tranquilo!!!» percibe netamente que no es aceptado con sus sentimientos, porque si no aceptan nuestra emoción no nos aceptan a nosotros. Este es el efecto rechazo que se siente vivamente y al que se reacciona cuando oímos: ¡Tranquilo!!!

Los docentes deberían ser muy conscientes de este efecto de rechazo sobre las relaciones, ya que su primera competencia es la de establecer una relación aceptadora con sus alumnos. Aceptadora es básicamente aceptadora de los sentimientos. Por tanto solo deben utilizar la tranquilización de forma consciente y cuando es necesaria, porque no pueden atender a la emoción en ese momento, no solo porque se quieren quitar al alumno y sus preocupaciones de encima. Entiendo que esto es una habilidad difícil, pero a mi entender totalmente necesaria.

Básicamente es igual en las relaciones padre/madre e hij@ y también en las relaciones de pareja. Si hay mucha necesidad de decir «¡Tranquilo!!!», algo no está funcionando bien.

Espero haber resulto la duda del comienzo.  Y ahora pregunto:

  1. ¿en qué ocasiones utilizas «¡Tranquilo!!!»?
  2. ¿es de una forma aceptadora?
  3. ¿es sencillamente porque te sientes cansado o no te quieres hacer cargo o incluso porque te da miedo ese sentimiento?

Muy importante que nos hagamos esta pregunta cada vez que queramos tranquilizar. Si nos la hacemos y nos respondemos con honestidad, seguro que la calidad de la relación con esa persona sale mejorada.