La admiración (enamoramiento-7)

El segundo sentimiento del enamoramiento, según Ortega, es la admiración. La admiración es la apertura de la interioridad necesaria para ser sensible a la novedad de  las  cosas. Si el encantamiento es sentirse atraído, la admiración es quedarse prendido, atrapado. La admiración, por ser una emoción de la familia de la sorpresa, nos sitúa en una actitud que abre nuestra interioridad a ese algo que despierta admiración.

Como sentimiento la admiración nos abre a algo más grande que nosotros 21141253_smismos y por ello conlleva las señales de la sumisión. Estamos abiertos e inermes, sin defensa ante aquello que admiramos, aquello que intuimos más grande que nosotros, admirarse nos indica que va a merecer la pena que gastemos nuestras energías en lograr eso que despierta nuestra admiración. Quien se admira genera la actitud de servicio hacia aquello que admira, lo ve más grande y por ello digno de ser servido.

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El encantamiento, parte fundamental del enamoramiento (6)

Ya he citado a Ortega que afirma que el enamoramiento está integrado por dos sentimientos: la admiración y el  encantamiento  (Ortega, Estudios sobre el amor). En esta entrada hablo del encantamiento.

El encantamiento es un sentimiento que «produce ilusión íntegra» 23047785_s(Ortega), algo que abre la vida, que le da un significado, un sentido, que hace comunicar con las cosas realmente existentes y da color a todo. La ilusión es necesaria porque es como el motor de la vida, su energía.

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El enamoramiento (5): La predisposición fundamental

El primer elemento integrante del enamoramiento es el yo; es decir, ese dibujo particular de uno mismo que toma forma en la adolescencia. El12859871_s enamoramiento no es para todos igual, varía mucho de una persona a otra; depende de su experiencia vital, del modo en que configura su espacio interior, que en su núcleo tiene las experiencias y valores ligados a la sexualidad y al amor, a los que se añaden las ilusiones, las expectativas, etc.

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El enamoramiento (4): El papel de la soledad o la carencia

El enamoramiento está integrado por dos sentimientos: la admiración y el  encantamiento (Ortega, Estudios sobre el amor). Estos sentimientos necesitan, para poder nacer, que la persona posea intimidad, esto es, el espacio interior de la persona creado por  la soledad; o si se prefiere, por el mundo de expectativas que se forma primero en la adolescencia y, más adelante, cada vez que la soledad se hace hueco en la vida. Para que cualquier tipo de enamoramiento sea posible, la soledad tiene que abrir el espacio interior necesario. Una persona satisfecha, llena, no puede enamorarse: hay que estar abierto, tener un lugar donde recibir al otro. Además, el posible enamoramiento está fuertemente condicionado por el modo como se ha configurado ese espacio interior. A esta peculiar22973154_s situación personal la llamo predisposición fundamental (Viladrich), porque pienso que la libertad tiene ahí un papel importante, no siempre bien comprendido. En cualquier caso la predisposición fundamental es la situación psíquica que de modo paradigmático se dibuja en la adolescencia.

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4ª fase de la meditación: Auto-trascenderse

En esta cuarta y última fase la persona llega a su autorrealización y se siente integrada en 19662769_suna realidad más grande, superior a sí mismo. Realidad que se atisba en la 3ª fase a través del respeto a lo que percibo más grande que yo, básicamente la realidad, donde yo estoy. En el 3º nivel es respeto, ahora es mucho más. Pero recuerdo que sin respeto no se llega a descubrir, la realidad misma sin respeto, se nos cierra.

También si hay un sentido de la vida, es algo más grande que yo, algo que da sentido a mi vida. Desde nuestras experiencias cumbre (Maslow las denomina peak experience) accedemos directamente con nuestra sensibilidad a este 4º nivel de la meditación o contemplación. No es simplemente aceptación de la propia limitación ante lo que es más grande, sino un profundo sentimiento de admiración en la contemplación de la belleza. A este nivel se llega en su centro por la contemplación de la belleza. Cada vez, lo repito, cada vez que llegamos a la belleza tocamos de algún modo este nivel. Lo bello es digno de admiración y la admiración es uno de los sentimientos que integran el enamoramiento, y el enamoramiento es lo que confiere sentido a nuestra vida (sobre esto me reservo escribir varias entradas). La admiración (ante la belleza), que pertenece a la familia de la sorpresa, nos prepara para abrirnos, para abrir nuestro ser a un mundo que es más grande que nosotros. La belleza me trasciende. Este es el mensaje de la admiración. Los otros términos emocionales relacionados son embelesamiento y entusiasmo. La belleza provoca entusiasmo. «Entusiasmo» etimológicamente significa: sentir a Dios dentro. Es un descubrimiento y a la vez un motor de nuestro propio movimiento.

He dicho que accedemos con nuestra sensibilidad, la sensibilidad se entiende aquí como una integración de las 3 dimensiones de la persona: sensaciones-emociones-sentimientos-vivencias-razón… todo integrado en un todo coherente. Sin esto, sin este trabajo previo, que como hemos visto es el trabajo de las 3 fases de la meditación anteriores, no se llega a este nivel. Afinar la propia sensibilidad, trabajar y gestionar las emociones y sentimientos, aceptar en primer lugar y luego integrar nuestras tendencias, aceptar la realidad en la que vivimos, aprender a convivir, aprender a vivir… es un largo y profundo proceso de aprendizaje el que nos trae hasta este nivel y nos pone en condiciones de descubrir la belleza.

Nada como este nivel de la contemplación o meditación, si es vivencialmente alcanzado va a proporcionar «e-moción», un movimiento que provenga de dentro, de las propias entrañas, del fondo del propio ser, que se ha conectado con todo el universo, con lo que es más grande que él mismo y con lo que se siente unido, siente que forma parte.

En la cultura histórica concreta este nivel ha sido tarea de la religión. De esto hablaré en las entradas siguientes sobre la tradición de la meditación.