La cultura: «libertad para»

En la oposición entre yo y conducta se toma conciencia del yo, de rockwell_mirrorquien soy yo. Así  aparece el yo. Al separarse de la conducta el yo queda, por así decir, libre, y la persona toma conciencia de quién es. Con esta libertad la persona toma conciencia de sí misma como un ser diferente, irrepetible. Frente a la conducta y a través del autodominio se compacta el yo de la persona. Un punto increíble en el hombre es que debe decidir quién es, y que decidiendo su comportamiento, al final termina decidiendo quién es él, qué sentido tiene su vida y qué debe hacer con ella.

Esta dimensión de la libertad que aparece es lo que se llama «libertad para», la libertad de decidir, la libertad que posibilita hacer un proyecto personal de vida. Nos enfrentamos entonces con la libertad en tanto que apertura de posibilidades. Estas posibilidades nacen con la conceptualización y se plasman en la cultura: (la rama, trampa, lanza, flecha, etc., que veíamos en nuestro ejemplo de la caza y los perros). La cultura se convierte así en el campo que abre posibilida­des para la libertad del hombre (individual o socialmente considerado). Es decir, la ampliación de la cultura es ampliación de posibilidades y por ello la adquisición de cultura un desafío para la libertad del hombre. La educación es intrínseca al ser humano.

Seguimos diciendo que se nace siempre en el seno de una cultura: una familia, una ciudad, un pueblo o nación. Ahí es donde se aprenden los conceptos, los comportamientos, las valoraciones. Esa cultura de origen es el punto de comparación básico, original, desde dónde se mide y se compara todo: valores, comportamientos, etc. En ella y desde ella cada persona debe construir una conducta original, propia, construida necesariamente sobre lo recibido, pero también verdaderamente personal y creativa.

Para entender mejor este segundo aspecto de la libertad, la libertad que busca definir la propia vida, hay que darse cuenta de que la vida es un proceso, es tiempo. El tiempo influye en el ser del hombre, tanto que el hombre se realiza con su actividad: no sólo hago algo, sino que la acción hecha repercute en mí. Pongamos un ejemplo sobre la influencia del tiempo. El record de permanencia de un cosmonauta en el espacio, lo tiene actualmente. El cosmonauta soviético, Valeri Polyakov, que batió el record de permanencia en el espacio en el año 1995, cuando volvió a la tierra no podía ni caminar: estaba reducido a los huesos, todo su organismo modificado por la prolongada exposición a una situación de no gravedad. Conclusión: si dejamos de andar por un tiempo, al final ni siquiera andamos. Sacamos la idea de que la definición de la vida de Aristóteles como movimiento es muy precisa y que moverse es una necesidad básica, estamos hechos para movernos y para la acción. Desde este punto de vista también podemos decir y entender mejor que la persona se realiza en la acción, construye su vida con la acción, con su actividad.

Para ver cómo la acción repercute sobre la persona que la realiza, es preciso darse cuenta de que hay decisiones que influyen especialmente en la vida. Por ejemplo, la decisión de escoger una carrera. Puedo escoger, pongamos por caso, ingeniero, médico, abogado, filósofo o simplemente nada (hacer el vago). Cada una de las decisiones, no solamente es una decisión que cierra otras posibilidades (escoger significa siempre optar) sino que tienen efectos diferentes en mí. Es obvio que no es lo mismo ser ingeniero, que médico, etc. En castellano (que distingue ser y estar) decimos además “soy” médico, ingeniero, etc.; con eso se quiere decir que esos estudios son ya algo de algún modo incorporado a la vida; al menos, un modo de enfocarla, un prisma que nos hace descubrir ciertas cosas y pasar por alto otras: no ve igual la vida un filósofo que un técnico. Y el que no hace nada, el que no estudia nada, a su modo hace algo, de hecho ha elegido: ha elegido no hacer nada… y también esta elección se incorpora a su vida: es un vago.

Rockwell 3Llegamos a la conclusión de que en cada momento de su existencia el hombre debe actuar y, para ello, debe escoger, está obligado, y el no escoger, es también una elección. Sartre tenía razón al decir que el hombre está condenado a ser libre. El hombre se encuentra, por tanto, en la necesidad de elegir y esas elecciones constituyen su existencia, por tanto elegir es también elegirse. En la elección el hombre “se la juega”.

La «libertad para» es la que se fija objetivos, la que proyecta el futuro. La libertad es, también desde este segundo punto de vista, una conquista, una conquista que se inicia y se apoya en la propia decisión. Podemos afirmar que la libertad del hombre afecta a su propia vida, es más, decide su propia vida. Tenemos que afirmar, por tanto, que cada persona debe actuar por sí misma, debe tener una actividad que responda a una vida propia, y que construir la propia vida es una tarea que no cesa.

Fijar objetivos es algo esencial al hombre, algo que va a definirlo como la persona que es, que le va a construir. Por esto el coaching es algo que conecta con una esencia del ser humano: ponerse un objetivo y desarrollarse con él. Esto es el objetivo del coaching y eso es en realidad la «libertad para». Esto también dice que la educación, el desarrollo de cualquier persona pasa por que se proponga objetivos y trabaje para lograrlos. Sin este desarrollo personal no hay en realidad educación. Sin objetivos que sean de verdad de la persona, tampoco.

Hemos llegado, desde la diferencia hombre – animal, a la consideración de la libertad y desde ésta a la aparición de la conciencia de un yo. Ese yo es la persona. Ahora añadimos que ese yo debe decidir su vida, que de algún modo «se la juega». Que se la juega significa si logrará tener una vida propia o no.

«Libertad desde» … y autodominio

La noción de autodominio es indispensable a la libertad, especialmente a la «libertad desde». El autodominio es la capacidad de establecer mecanismos que hagan que  los impulsos afloren a la conciencia, de modo que se introduzca el espacio de la reflexión. Un esfuerzo permanente por conocerse mejor, aceptarse, e integrar todos los niveles de la persona. De tal modo que llegue a ser ese yo integrado el que domina en la conducta. Todos los impulsos, tendencias, condicionamientos, etc., de la interioridad del hombre/mujer existen. La libertad es una luz en la cima de todos ellos. Para que aparezca esa luz el hombre debe hacer esa conquista que se llama autodominio: debe separar impulso y respuesta, debe meter un espacio que le permita elegir.bacchus

La noción de autodominio que se defiende aquí no es la que se basa en el dominio de los impulsos, noción ampliamente difundida en la historia, especialmente desde los ambientes culturales cristianos y que en el fondo piensa que los impulsos son malos, contrarios a la dignidad del hombre. Desde ese punto de vista, la razón, la reflexión es vista como opuesta y contraria a los impulsos. Esta noción establece una encarnizada lucha a muerte entre las diversas instancias del hombre, especialmente las denominadas razón e impulsos.

Caravaggio2La noción de autodominio que se defiende aquí es una noción que busca integrar lo que hemos denominado los tres niveles del hombre: biológico, psicológico y racional. En vez de conflicto, se busca una síntesis, síntesis que se encuentra en los sentimientos, que constituyen la elaboración interna de la vivencia del ser humano. En el lenguaje común se trataría de una síntesis que se realiza en el corazón. Educar los sentimientos se convertiría en su clave.

El rasgo de la plasticidad completa la idea del autodominio, porque la persona debe conformarse según una cierta forma que no está decidida por la biología. El autodominio debe trabajar para definirnos como persona, algo que sería imposible sin la plasticidad. Se trata aquí de los hábitos y costumbres que el ser humano va a adquirir y conformarán su conducta, de los rasgos de carácter que debe educar, etc., hasta por ejemplo al body building, este puede existir y es una señal precisamente de esta plasticidad del hombre: puedo cultivar mi cuerpo en una cierta manera que decido yo. El hombre/mujer, cada persona en particular, no es un ser decidido, sino un ser por decidirse, que necesita la decisión para llegar a ser quien es.

 

 

Subconsciente e instintos: «libertad desde»

Hasta ahora, en las entradas anteriores sobre libertad, tenemos establecidas dos cosas. La Silberbachtal # 16 - Bach, Herbstlaub und bemooste Felsen - Creek, autumn foliage, and mossy rocksprimera el hombre debe elegir su comportamiento entre varias posibilidades y esto sólo lo puede hacer porque entre estímulo y respuesta hay un espacio que permite ponderar, elegir. Si el hombre que caza de nuestro ejemplo no volviese sobre lo sucedido, no crearía nunca ningún nuevo comportamiento. Ese volver sobre lo sucedido, es la pregunta sobre el porqué de la muerte del ternero, a eso le denominamos reflexión, como se puede ver, introduce un espacio en el comportamiento instintivo fijo. Estamos ante la aparición de la conciencia.

Segunda cosa que está establecida. Las diversas posibilidades, aunque con una base en las necesidades del hombre, han sido creadas por el mismo hombre en su contacto con el entorno, es decir son culturales; las aprendo por mí mismo o de lo que me enseñan los anteriores a mí. El aprendizaje es un elemento humano: el hombre puede trasmitir su experiencia, los nuevos comportamientos que ha creado. En el campo sexual esto es increíblemente claro: existen todos los comportamientos posibles, todos los comportamientos que es dado imaginar. Mientras el comportamiento sexual para los animales se atañe a pautas muy fijas, épocas del año, etc., si hacemos un poco de sociología encontramos todas las posibilidades para el hombre, más de lo que a una sola persona es dado imaginar.

Aquí aparece la noción de libertad, que es específicamente humana, ya que solamente el hombre debe elegir su conducta. También constatamos que, para llegar a poder elegir una conducta se precisa antes una ardua labor. La libertad se convierte en una conquista en los dos sentidos que estamos señalando. Primero, el hombre está sometido a todas las leyes de la necesidad, a las leyes físicas y biológicas, en ellas va edificando sus posibilidades de actuación. La libertad es posible en tanto en cuanto el hombre es capaz personalmente de establecer ese espacio entre estímulo y respuesta, si es capaz de hacer aflorar las cosas a su conciencia y así darse la posibilidad de decidir. Si ese espacio desaparece, desaparece la misma posibilidad de la libertad. La libertad así es la capacidad de sacar a la conciencia, de decidir donde cae el foco del interés, de reflexión, de ponderación, de volver sobre lo hecho y rectificar errores. Desde este punto de vista la libertad es el espacio que queda entre el yo y la conducta. El hombre es libre porque puede separarse de su conducta. El animal no se puede separar de su conducta: «el animal es su propia conducta», según una afirmación de Marx.

Silberbachtal # 9 - Wasserfall, Klippen und Farn - Waterfall, cliffs and fernPuesto que en el hombre yo y conducta son separables, la persona no se identifica nunca totalmente con lo que hace, cualquiera es capaz de decir eso no es totalmente yo, lo puedo mejorar. Ahí, en la capacidad de mejorar se inicia la grandeza del hombre y también su miseria, pues puede quedar atrapado en leyes de la necesidad.

Estamos hablando de lo que se llama «libertad desde», que es un primer integrante de la libertad, que da la capacidad de decidir. El hombre no es simplemente una cabecita pensante, un espíritu separado del mundo, que incluso lo pone y que es plenamente objetivo con respecto a ese mundo, como pretenden los racionalismos. El hombre está sometido a todos las fuerzas existentes en el mundo, se encuentra, por así decir, sumergido en el cosmos del que forma parte. La conexión con el cosmos es el propio cuerpo, la propia sensibilidad, el contacto con la tierra. La libertad comienza cuando todo ese contacto, toda esa sensibilidad aflora a la conciencia. El subconsciente no es algo sencillamente negativo, es negativo cuando no lo hacemos consciente, cuando no contamos con él, cuando lo negamos, cuando pensamos que todo su contenido es negativo. Ha sido mérito de Freud precisamente en poner el subconsciente en el punto de atención. Debajo de la conciencia está ese subconsciente que nos trae y nos recuerda nuestras necesidades, nuestra conexión con la tierra, allí siguen estando los impulsos y emociones y sentimientos, aunque no les hayamos hecho caso.

Son obstáculos a esta libertad todos los condicionamientos internos del hombre: lo que hemos recluido al subconsciente, las deficiencias de educación, de control de carácter, las adiciones, etc. Es decir, no cualquier impulso, sino el impulso no aceptado no reconocido y también su estructuración deficiente, deficiente precisamente por negación.

La libertad es una fuerza vital que utiliza de modo positivo la sensibilidad, los impulsos y las emociones y sentimientos, y de ese modo establece la paz sobre todos los condicionamientos, tensiones, pulsiones, solicitaciones… y estas fuerzas son a veces tan fuertes que la libertad del hombre parece una débil nave en medio de la tormenta, siempre a punto de naufragar, pero su fuerza vital, sus deseos de vivir pueden terminar resultando la fuerza más poderosa.

Photo: http://www.martin-liebermann.de

La libertad. El hábitat del ser humano

10343571_sUna conclusión importante de nuestro ejemplo de la caza y los perros: el ser humano se interesa por cosas que en principio no le interesan, es decir, que no le interesan desde el punto de vista de las necesidades biológicas más primarias. Por ejemplo, desde ese punto de vista un leño no tiene significado para el hombre/mujer, como tampoco para el perro, quiero decir que un leño no entra dentro de la dieta del perro ni del hombre, por eso al perro sus instintos no se lo señalan y no se interesa por los leños en sí mismos. Sin embargo para el hombre el interés viene añadido del modo que hemos visto: por la experiencia. Iniciando así el proceso, el hombre termina interesándo­se por todas las cosas, su hábitat es el mundo: potencialmente todo. La palabra “termina” es importante, porque de salida no es así y no solemos darnos cuenta: no somos “directamente” objetivos, sino “reflexivamente” objetivos. He puesto muchas veces el ejemplo de que, al subir a un autobús, un chico hetero localiza sin ningún esfuerzo las minifaldas que haya,… para localizar a las viejecitas tiene que hacer positivamente un esfuerzo.

Por el contrario, para el animal su hábitat, la zona geográfica donde vive viene delimitada por sus intereses, que vienen específica­mente delimitados por su dotación instintiva. El hombre es capaz de convertir en hábitat humano, de humanizar cualquier ambiente, aunque inicialmente sea hostil: el hombre vive desde el ecuador a los polos, y ahora ya ha conseguido incluso poner un pie en la luna. Sintéticamente se puede decir que el hombre vive en el mundo, mientras que el animal solamente tiene perimundo. Utilizamos la palabra colonizar, el hombre coloniza, el animal no coloniza, vive donde le es posible, mientras que el hombre busca y termina hallando el modo de vivir, donde antes no le era posible.

Afirmar que el animal tiene perimundo y el hombre tiene mundo, sería un modo de razonar blanco y negro: y debe ser matizado, como todos los razonamientos absolutos. El hombre parte siempre de su perimundo, como cualquier otro animal y podríamos pensar que lo que denominamos mundo, en realidad es otro perimundo, quizá más amplio, pero perimundo al fin y al cabo. No hay que perder de vista las propias limitaciones y alzarse enseguida a visiones objetivas globales que normalmente terminan siendo falsas. Olvidar esta idea nos haría solo antropocéntricos: el hombre coloniza y hace propios los hábitat a los que va llegando pero solo en función de sus propios intereses y necesidades, y de ese modo con una fuerte capacidad destructiva de aquello que le desagrada. Creo que no hace falta demostrar este punto.

También hay que matizar el tema en referencia a los animales porque parece en lo que decimos, que las diferentes especies están estrictamente limitadas en hábitat definidos, y esto no es así. Tenemos cotidianamente ejemplos de especies, tanto animales como vegetales, que colonizan hábitat que nos son el suyo original, presionados por la necesidad de sobrevivir. Tienen capacidad de colonizar, aunque esta capacidad es muy limitada: no coloniza en el sentido de transformar, adecuar, sino en la medida de que es capaz de satisfacer en ese nuevo hábitat sus necesidades, algo que limita mucho esa capacidad en relación con el hombre. Es decir el ser humano adecua el nuevo hábitat a sus necesidades utilizando herramientas, algo que los demás seres vivos no hacen.

Desde aquí podemos hablar de la pretensión de ser objetivo que tiene el hombre. Objetivo significa interesado por la cosa tal como es en sí, no solo en su referencia al sujeto, lo que sería lo mismo que decir a las necesidades del sujeto. El hombre parte de una visión impulsada por sus necesidades, no una visión objetiva en sí. Aunque, como muy bien ha puesto de relieve A. Maslow, también las necesidades del hombre se van complicando y elaborando una pirámide, cuya cúspide tiene la capacidad de alcanzar el mundo entero. Este punto de vista permite incluir elementos muy lejanos de las necesidades biológicas más básicas, por ejemplo, viajar a la antártida, dentro del campo de necesidades del hombre. Este punto de vista matiza la idea de que existe una real visión «objetiva» del hombre, es decir una visión que se interesa solo por el objeto en sí. El hombre se interesaría siempre por las cosas en función de sus necesidades, entendiendo estas en el amplio sentido en que las entiende Maslow y solo con un gran trabajo va generando una visión más amplia. En mi opinión esta es una visión más cercana a la realidad.

La libertad, la creatividad y la palabra

Sigo sacándole partido al ejemplo de la caza y los perros.12013384_s

Se plantea entonces para el hombre cada vez que sale a cazar el problema de la elección del sistema de caza; sistema que se ha creado culturalmente, porque el hombre es capaz de «crear» instrumentos. Es decir el hombre crea realmente: algo que no estaba en los datos de partida, no previsto, ni en el ambiente, ni en las posibilidades heredadas del hombre. Y crea el comportamiento y los instrumen­tos necesarios, porque los conceptualiza primero, los imagina: rama, trampa, lanza y flecha son en principio lo mismo: «un palo de madera»; es el concepto imaginado por el hombre el que los ha convertido en diferentes ‘cosas’.

Me parece altamente significativa la escena del comienzo de la Biblia donde Adán va poniendo nombre a animales y plantas, según Dios se los va poniendo delante. El texto precisa que los nombres puestos por Adán «son sus nombres propios» (Génesis 2,19). Me resulta espectacular que la función del hombre sea poner nombre a las cosas, no es Dios quien ha puesto nombre, es el hombre quien lo hace. Poner nombre, usar la palabra es el gran instrumento, el que convierte la selva, el lugar donde están animales y plantas, en un lugar civilizado, conocido, manejable. El hombre avanza poniendo nombres, cada ciencia necesita una nomenclatura, unos nombres que delimiten bien, cuanto más conocemos, cuanta más experiencia en un terreno, una ciencia, un arte, usamos nombres más precisos. Como hemos visto ya esto es la conformación del nivel racional: todo un sistema de signos para significar la realidad en la que se vive. Este es el trabajo que lleva al niño humano más tiempo: los estudios en nuestra cultura tan sofisticada llegan más allá de los 20 años, mucho más allá de que se haya alcanzado la madurez desde el punto de vista biológico. El hombre necesita mucho tiempo de aprendizaje, increíblemente más que ningún animal. Esta es una de las diferencias más notables del animal humano.

La creación de comportamientos diversos, que como vemos es el modo en que el hombre actúa en comparación con los perros da lugar a lo que ya hemos llamado plasticidad humana. En su tiempo de aprendizaje asimila, incorpora palabras, conocimiento y hábitos de comportamiento. Es decir el hombre ‘biológicamente’ es humano como hemos visto ya. Su nota distintiva, según todos los estudios actuales es la inespecificidad. «A los animales les bastan pocas horas o pocos días para hacerse con una escala de movimientos que, una vez montado, queda cerrada; al hombre en cambio esa tarea le cuesta años. La razón está en la especialización del aparato motriz animal y en la no especializa­ción del propio hombre. Como contrapartida a esta no especialización, el hombre conseguirá una plasticidad de movimientos incomparablemente mayor que el animal» (A. Domingo Moratalla, El personalismo, p.50). Es sorprendente  constatar este hecho: el andar erguido es propiamente humano y tiene que ser aprendido: sin un entorno humano el hombre andaría a cuatro patas, de un modo animalesco, como ya se ha comprobado con los niños salvajes, educados fuera del ambiente humano. La plasticidad es una característica destacada de lo humano.

Libertad. La configuración del instinto en el ser humano

Seguimos en el contexto de nuestro ejemplo de la jauría de perros cazando que nos sitúa en 12228460_sla idea de lo que es el instinto y su diferencia en el animal (perro-lobo) y el ser humano.

Para poder hablar de libertad, la configuración del instinto es importante. En el hombre el instinto ha perdido una de las características que lo define: la fijeza. El instinto es  una pauta de comportamiento fija. El hombre sigue teniendo pautas de comportamiento, algo así como un patrón o un esquema del comportamiento instintivo; lo que pasa es que no tiene una sino varias, y puede aprender siempre nuevas. Y si tiene varias, es que ninguna es necesariamente fija, si no las demás sobrarían. Pero los patrones están y son creados por la experiencia. Por ejemplo en el comer: el hombre come de todo, es omnívoro, pero eso es hablando en general, cada hombre particular come según la cultura recibida y sus preferencias personales. A los españoles les gusta la tortilla de patata y les dan asco (a casi todos) los gusanitos que comen los esquimales; sin embargo, podemos introducir nuevos elementos en la dieta, etc. En este tema incluso cada persona es diferente: se ha creado un comportamiento, pero este responde a pautas más o menos constantes. La libertad comienza en esta capacidad de escoger una u otra pauta o en decidir empezar una nueva, o en decidir aguantar el hambre, o en comer algo que antes nos repelía. Esta flexibilización de las tendencias instintivas es totalmente necesaria para poder empezar a hablar de libertad. Y como se ve es necesario un esfuerzo, cultural y personal para conseguir de hecho esa flexibilidad, sino las conductas seguirán siendo fijas, aunque diferentes en cada hombre o cultura.

Sin embargo no hay que olvidar que el ser humano parte de un esquema de comportamiento instintivo, un esquema de deseo-rechazo marcado por las necesidades biológicas. El que el instinto pueda ser flexibilizado no implica que desaparezca, y no desparece porque las necesidades no desaparecen. Se flexibiliza el modo de subvenir a esas necesidades, pero la necesidad permanece y por tanto la tendencia también.

La libertad se juega si se mantienen las dos posturas que enuncio. Tanto hay múltiples modos de llenar las necesidades y el hombre no hace más que crear nuevas formas de atender a sus necesidades, como permanencia de un esquema de tendencias (instintivas) que nos ata a la tierra y nos permite sobrevivir como el ser biológico que somos. Conviene no olvidar ninguna de las dos cosas, porque o en un extremo tenemos una noción de ser humano sin instintos que sería un ángel inmaterial, algo que evidentemente no somos, o en el otro, seríamos un ser instintivo del que no se pueden esperar comportamientos libres, capacidad de decidir y por tanto de crear nuevas posibilidades. No olvidemos que la libertad es el abridor de las posibilidades nuevas, de la creatividad.

La libertad. El ejemplo de la caza y la jauría de perros

En esto no hay duda, y ya hemos hablado aquí,: el hombre es un animal. Su organismo 11013857_spuede ser perfectamente clasificado entre los demás animales: sus componentes, sus tejidos, sus mecanismos fisiológicos… siguen las mismas leyes de la biología que los demás, y además son similares a los de los otros animales. Por esto se puede decir sin lugar a dudas que el hombre está emparentado con los organismos animales, especialmente los mamíferos y entre estos los primates y los homínidos. Las coincidencias son tantísimas que negarlo hoy es negar una evidencia.

Sin embargo, y a la vez, las diferencias entre el comportamiento humano y el animal son también tantas que negarlas es también negar la evidencia: ningún animal hace rascacielos, ni aviones, ni televisiones, ni se mata entre sí, ni comete excesos en continuación, etc. etc. como lo hace el hombre. Las similitudes son innegables, las diferencias también.

Intentemos ir al fondo con un ejemplo del que vamos a seguir hablando en entradas posteriores.

 ¿Dónde se encuentra la diferencia de lo humano? ¿Dónde se origina ese comportamiento diferenciado que tiene tantos efectos propios? Hay una característica del comportamiento humano muy interesante que nos va a poner sobre la pista. Esa característica se podría señalar diciendo que en el hombre existe un espacio, una separación entre el estímulo y la respuesta, entre instinto y comporta­miento. Pongamos un ejemplo del comporta­miento instintivo más evolucionado. Alguna vez he podido observar la caza de una jauría de perros en la sierra de Guadarrama, donde en verano hay vacas que los campesinos dejan sueltas. Es el comportamien­to de un instinto muy desarrollado, ya que cazan en grupo y cumplen funciones diferentes: comienza la persecución y algo así como una fase de cansancio, se persigue y acorrala a vaca y ternero, que huyen tratando de conservarse juntos, a partir de un  cierto momento, cuando la vaca ya está cansada, la jauría busca separar vaca y ternero, cuando lo consiguen el grupo aguanta a la madre, mientras que uno se lleva al ternero, al final todos confluyen sobre el ternero para matarlo. Como se desprende en el grupo de caza hay una cierta comprensión del tiempo y de los demás, de la colabora­ción.

Si suponemos un grupo de hombres que cazara, las primeras veces lo harían de modo similar a los perros, pero una de las veces, por una casualidad, el ternero muere porque se ensarta con un palo. Si esto sucede a los perros, estos se tiran a comerse el ternero sin más dilaciones. En el caso del hombre es diferente, quizás uno se pregunta por qué ha muerto y ve la rama en la que se ha ensartado. En una ocasión subsiguiente quizás quiera llevar el ternero hacia un palo predispuesto: tenemos la noción de trampa. Luego se pregunta por qué no llevar el palo a cuestas… y tenemos la lanza; y entonces por qué no tirarlo a distancia: tenemos la flecha… así, sin solución de continuidad, hasta la bomba atómica, algo que S. Kubrick expresa de un modo maravilloso en 2001, una odisea del espacio, cuando después de la primera pelea entre dos homínidos, uno de estos lanza al aire la quijada que ha utilizado para matar a su adversario y en el aire esta se transforma en una nave espacial. Los significados de la escena son más, evidentemente, pero la síntesis entre el primer instrumento y el último está logradísima. Una vez iniciado el camino de hacer instrumentos, su mejora es solo cuestión de tiempo.

Nos damos cuenta enseguida de que frente a un solo comportamiento de los perros, aunque verdadera­mente flexible y sofisticado, el hombre ha generado cuatro: a la carrera de modo similar a los perros, con trampa, lanza o flecha,… y sigue creando nuevas posibilidades. Como resulta claro el instinto propiamen­te hablando desaparece, no hay pautas fijas de comportamiento: nunca hay una sola, hay muchas, creadas culturalmente. El hombre tiene sólo la tendencia, la necesidad vital sentida, el hambre y muchos modos de solucionar el problema, modos creados por el mismo hombre, creados culturalmen­te. La manera diversa de comportarse del hombre se origina en esa posibilidad de preguntarse: «¿por qué?», de volver sobre lo sucedido para ver cuál es la causa de un resultado diverso, es decir de su capacidad de reflexión.

La palabra es signo y generalización

En esta entrada voy a hablar de cómo se integra la palabra en el mundo humano.

La palabra es un conjunto de signos. Es un signo, no un símbolo. El signo es una 17759606_srelación convencional (por acuerdo entre quienes lo usan) entre referente (el signo) y la referencia (realidad significada). El signo se agota en indicar la referencia. El símbolo es una mediación entre el sujeto y una realidad más amplia. El símbolo también es convencional, pero no se agota en la referencia, sino que el mismo alude una realidad más amplia, es decir la significación del símbolo está motivada (Piaget), no es puramente asignada. Ejemplo la bandera: la bandera es un símbolo, también es un signo que se refiere a un asta y un lienzo con colores. Pero es símbolo, porque ese signo se refiere también a una realidad más amplia, por ejemplo, la Unión Europea. El arroz (el término) es un signo, se limita a hacer referencia a la planta y a sus granos. Ojo no confundir símbolo con el hecho de que un signo único puede serlo para varias referencias: «camello» se refiere a un «animal con joroba del desierto» y a «persona que lleva droga». Esta doble asignación es convencional, tiene motivos, a veces de conexión entre significados, pero no deja de ser convencional, el lenguaje podría haber ido por otro sitio.

palabra signo

La clave de la relación entre referencia y signo se encuentra en la significación. El signo es la palabra, la significación la relación entre la palabra y la referencia. La significación es siempre una generalización. Un signo es tal porque se puede aplicar a muchas referencias. Cada palabra es una generalización. Una palabra sin significado es un sonido vacío que no forma parte del habla humana.

«La generalización es un acto verbal del pensamiento que refleja la realidad de un modo radicalmente diferente a la sensación y percepción» (Vygotsky, Pensamiento y lenguaje, p. 52). Para Vygotsky hay 2 saltos de nivel entre:

  1. Ausencia total de conciencia (piedra) y sensación (caracol)
  2. Sensación y pensamiento (generalización, sistema de signos).

Es decir hay la misma distancia entre piedra y caracol que entre caracol y ser humano. Este punto marca la especificidad de lo que significa la palabra si se compara con los demás sistema de relación, tanto con la esfera biológica, como con la psicológica, utilizando la terminología que empleamos en este blog.

Cómo podemos generalizar, cómo podemos construir universales, por qué somos capaces de llamar árbol a todos los árboles y tener un porcentaje de acierto verdaderamente increíble. Este es el problema que ha angustiado a la filosofía desde los griegos. Las soluciones de Platón y Aristóteles siguen siendo puntos clave del pensamiento. Aquí hemos preferido el enfoque basado preferente en Vygotsky porque nos parece más útil desde el punto de vista de entender la conexión entre experiencia y palabra y la comunicación.

Estamos hechos para la localización de signos, el cerebro los localiza a una velocidad increíble. Somos capaces de distinguir la letra «a» escrita de mil formas diferentes. Para leer incluso ni necesitamos leer todas las letras, integramos y chequeamos lo que se acerca… al significado, no a la forma; para fijarnos en la forma lo tenemos que buscar expresamente. También chequeamos rapidísimamente las formas de un mueble para determinar que es una «silla». Es decir, trabamos de forma inmediata con los significados.

14904095_sPara reafirmar esta idea de que estamos hechos para el habla hay que decir que todos los hombres hablan una lengua, quizá no escriben (otro sistema de signos para las palabras), pero siempre hablan. Truffeau hizo una película hace años sobre el caso real de un niño que crece en un bosque de Francia y cuando fue encontrado no andaba erguido y tampoco tenía lenguaje, solo gritos y gruñidos, había vivido con lobos y se había adaptado a esto. El ejemplo subraya el hecho que, lo que no pudo asimilar para hacerse hombre (y no lobo), era un lenguaje de significados.

La palabra en sí misma es una generalización que hace referencia a un conjunto de signos elaborados a partir de nuestra experiencia, es todo un sistema para integrar las experiencias, las vivencias. Es muy importante tener en cuenta que no se transmite solo algo abstracto, general, no transmitimos solo la generalización, se transmite un mundo de experiencia, se transmite una cultura. Detrás de cada lenguaje hay una cultura, en el sentido más amplio de esta palabra, es decir, un modo de afrontar y entender de modo integral el mundo.

Esto lo realizamos a través de tres parámetros que se funden en el lenguaje de signos que es la palabra: verbal, paraverbal y silencios.

Significado verbal: cada persona define de un modo diferente los significados de cada palabra, Las palabras tienen coloración afectiva, han sido teñidas por nuestra experiencia. La definición es un cajón, que a la vez que significa, también limita: es una labor de etiquetado.

Paraverbal: las palabras no llegan neutras, como en las gasolineras «ha escogido, gasoil» van siempre acompañadas de nuestra situación afectiva del momento: situación en la que estamos (día gris), énfasis (importancia para nosotros), intencionalidad, etc.

Silencio: indica mucho nuestra actitud, el espacio que nos merece el otro, nuestra escucha, nuestra apertura a él, etc.

El conjunto de los 3 parámetros es lo que denominamos lenguaje, que no es el lenguaje abstracto del diccionario, sino el lenguaje vivo de cada persona y su comunidad de vivencia.