«Condenados a ser libres» (Jean Paul Sartre)

Esta como tantas otras lúcidas frases de Sartre expresa una verdad palmaria: estamos condenados a ser libres, estamos obligados a escoger en la vida y esa elección nuestra marca nuestra vida, en realidad, elige nuestra vida. Nuestra vida se compone de nuestras elecciones y no elegir es ya tomar una opción, un camino, que en este caso está hecho de cerrazón, es como un bloqueo, un bloqueo de nuestra vida, pero quedará. Querámoslo  o no tenemos que hacer elecciones constantemente y eso marca nuestro recorrido existencial, y termina por decidir quiénes somos.

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Sensaciones y emociones

Me gustaría hacer una entrada aclarando la distinción entre sensaciones y emociones ya que muchas veces descubro que, en lo que se escribe sobre Inteligencia Emocional, se confunden ambos términos. Entender la diferencia desde luego es una clave para la 20629270_santropología emocional. El término sentimientos se relaciona y se sitúa al nivel de las emociones. En la distinción que se establece en esta entrada se puede igualar a emociones.

Sensaciones se refiere a información proporcionada por los sentidos. Recibimos montones de sensaciones por hora, en cada momento tenemos más sensaciones de las que podemos procesar conscientemente. Por ejemplo en este momento yo, en la habitación en la que estoy, veo el rojo de una cartera, una puerta abierta, detrás una cortina con dibujos de flores en marrón, un reloj de diseño atrevido, tengo algo de calor, oigo a una compañera pasando páginas, mis piernas están cruzadas y un pie se agarra a la pata de la mesa (siento la presión de la pata de la mesa en mi tobillo), etc., etc., … vamos que precisamente al detenerme y dirigir la atención a todo lo que aparece en mi consciencia, aparecen muchas sensaciones diversas, muchas más de las que yo estaba teniendo presentes en mi conciencia.

Bueno para ser precisos, muchas de las sensaciones indicadas van acompañadas de interpretación, que procede de la experiencia. Por ejemplo, oigo una persona pasando páginas. La sensación es el sonido de las páginas, asignar ese sonido a páginas de un libro que se mueven es un trabajo de interpretación que hace el cerebro. La sensación queda integrada así por una percepción sensorial y una asignación cognitiva.

Algunos estudios dicen que llegamos a tener en un momento determinado cerca de 100 sensaciones, pero que conscientes son en cada momento, alrededor de 8-10 en las mujeres y de 4-6 en los hombres. La mayor parte de ellas nos pasan desapercibidas, quedan detrás del umbral de atención, por eso precisamente, cuando pongo atención, empiezan a aparecer en tropel.

Emoción, por su parte, sería la respuesta interna que valora la situación de un conjunto de sensaciones que agrupamos. La medida de esa valoración son las necesidades de la persona que las percibe, o con más precisión, del ser biológico-emocional-racional que somos cada uno de nosotros. Las necesidades son indicadas por el sistema emocional. Es decir la valoración de las sensaciones se hace poniéndolas en contacto con las necesidades. Ese es con precisión el trabajo del sistema emocional.

Ojo las emociones tienen una parte cognitiva: la valoración y una somática: preparan para la actividad necesaria para obtener esa necesidad que acaban de valorar que existe. Ambas partes se dan a la vez y no son separables. Es decir la emoción prepara (motiva) a una conducta. Ojo solo prepara, ya que de modo general (excepto en casos especiales) emoción y conducta no van ligadas, son separables, una emoción puede dar lugar a varias conductas, o una emoción puede no recibir la respuesta de una conducta. En cualquier caso hasta que la necesidad sea satisfecha la emoción se almacena somáticamente. Por ejemplo, almacenamos los enfados (en un órgano diana: el hígado, el colon) hasta que los resolvemos.

La función de dar la respuesta adecuada para llenar la necesidad que la emoción indica es del sistema racional: la razón busca los medios y el mejor modo para satisfacer esa necesidad que sentimos. La conexión del sistema racional y emocional no es sencilla y esta función es muchas veces deficiente. Pero esto se nos va del tema y no hace falta extenderse ahora.

Por ejemplo, entre las sensaciones que he indicado más arriba estaba que sentía calor. El sistema emocional puede indicarme que estoy ya incómodo (incómodo = valoración emocional) y que necesito quitarme el jersey, en realidad la necesidad es bajar la temperatura. Este es un ejemplo que se refiere a las necesidades básicas, el nivel inferior de la pirámide de Maslow, nivel que está constantemente en actividad. Por ejemplo, la sensación de la pierna tocando a la pata de la mesa, también me ha generado incomodidad y a partir de esa valoración he cambiado la posición.

Entonces la relación entre sensaciones y emociones es la siguiente: una sensación o grupo de ellas provoca que salte una valoración de conjunto: estoy incómodo, hay que moverse. Esto quiere decir que si quiero cambiar una emoción (una valoración) puedo cambiar las sensaciones que percibo y lógicamente la valoración es diferente. Pero esto solo antes de producirse la emoción, y no funciona con las emociones que ya tenemos, una vez producida la emoción ahí está, esperando a ser solucionada.

Sensaciones y emociones van muy ligadas, pero es importante tener en cuenta que no son los mismo. Una sensación se puede cambiar por otra, una emoción no. La emoción que presuntamente se ha sustituido, si es importante, quedará por ahí almacenada, esperando, enturbiando nuestro horizonte emocional.

«El niño es un vaso que hay que llenar»

Ya he leído u oído varias veces esta expresión relacionándola con la educación, incluso he citado en una entrada el dicho clásico de que cuando nacemos somos tamquam tabulam rasam, como una tabla (tablilla para escribir) rasa, sin experiencias, como un folio en blanco (este es el sentido de la expresión clásica) en el que todo está por escribir. Es una idea que 14189641_sse difunde desde Aristóteles a la edad media, y se ve que todavía sigue dando coletazos por ahí.

Sin embargo cada vez más me ha ido pareciendo una idea no correcta. Carl Jung ya defendió con fuerza y con bastante evidencia experimental, que había un subconsciente común para la especie humana, algo que llega con la herencia, que tenemos por el ser vivo, la biología, el animal, que somos. Hay arquetipos del inconsciente colectivo, mitos, que son comunes, que se repiten sospechosamente en muchas culturas. Eso es lo que demostró Jung.

Cada vez hay más evidencia que apoya esta idea, por ejemplo, cada vez mas hay experimentación que prueba que hay miedos que vienen de la especie, de la noche de los tiempos de la especie, como por ejemplo a las serpientes. Curiosamente ya la Biblia la recoge en sus páginas iniciales: la serpiente es quien introduce el mal (este dato le interesaría a Jung). Esto no quiere decir que todos los individuos tengan esos miedos, pero sí que se repiten sin que hayan sido enseñados o provengan de experiencias vividas. No tienen porqué aparecer en todos los individuos porque tampoco los rasgos genéticos aparecen en todos los individuos, más bien siempre aparecen en unos cuantos, y no dejan por ello de ser genéticos, es decir pertenecientes a la herencia genética.

En educación me parece una idea peligrosa. Que el niño sea un vaso vacío o una tabula rasa significaría que se puede escribir en él/ella cualquier cosa. Esto además de no ser cierto, es peligroso, porque deja el niño sometido a cualquier experimento en educación, a que cualquiera quiera meter en el vaso cualquier cosa, o escribir en el niño cualquier asunto, ya se sabe: el papel lo soporta todo.

Lo positivo de la expresión es que apunta a un rasgo muy claro en el ser humano, su plasticidad, su capacidad de adaptación a circunstancias muy diversas. El solo hecho de la gran diversidad de culturas y costumbres realmente existente en la especie humana, habla de esta plasticidad, de esta capacidad de adaptación, el hábitat humano en contraposición al hábitat de las demás especies se ha extendido a todo el planeta e incluso buscamos extenderlo por el espacio. Todo niño que nace tiene esa plasticidad y se va a adaptar a las circunstancias que encuentre, con esa tendencia actualizante de sus posibilidades tan fuerte que lleva dentro. He utilizado muchas veces, de un modo coloquial, la expresión de que un niño es una bomba biológica. Esa bomba biológica le impulsa a salir adelante, a luchar con las enfermedades por su salud, a adaptarse… es una capacidad maravillosa.

Pero tomar como un axioma la plasticidad al final termina en una falta de respeto el niño. El niño ya es algo cuando nace, o mejor, con mayor precisión, es alguien. No es cualquier cosa (un vaso vacío), sino ya es una persona, una persona con una constitución, una estructura biológica-emocional-racional y social. Respetar todo esto es un deber de la educación y seguramente la línea que debe tomar la educación hoy es precisamente esta de mucho mayor respeto a quién es el niño desde todos los puntos de vista. Esa es la gran revolución pendiente, eso que se llama educación integral.

Es decir, estamos en un momento en que hay que dejar las corrientes educativas exclusivamente inductivas, aquellas que desde fuera del niño, sin contar con él, con su iniciativa, con sus emociones, sus sentimientos, sus intereses, sus capacidades innatas, su creatividad e imaginación, utilizan instancias externas para meter en el niño todo aquello que el Estado o sencillamente diversos experimentos educativos se les ocurre.

Ha habido ya corrientes que han seguido la línea contraria, la línea deductiva en el niño, partir de él y no inducir en él/ella, y han sido realmente productivas y con impresionantes resultados. El avance de la sociedad, lo que se ha denominado progreso, ha sido precisamente un crecimiento de la libertad, pero no en general, sino en cada persona, por tanto, también en cada niño. Para ese crecimiento en libertad es necesario un respeto de todas las capacidades humanas. La educación debe crecer en esa línea y es urgente que lo haga. Esa es la educación integral, una educación respetuosa de la persona, donde el alumno es el verdadero protagonista.

No el niño no es un vaso vacío, es una persona y debe ser respetada. La verdadera revolución de consecuencias insospechadas es esta de una educación respetuosa del niño como ser biológico-emocional-racional-social, con muchas capacidades innatas, para nada un vaso vacío, sino una auténtica bomba vivencial con multitud de posibilidades.

Espero que este casi exabrupto sea de utilidad y ayude a entender un punto de vista importante en esta reflexión que debe la educación para adaptarse a este siglo XXI que ya está aquí hace tiempo.

Las tres esferas y el lenguaje, un texto de Martin Buber

Extractos de Martín Buber, Yo y Tu, Caparrós Editores, Madrid (1998). Primera edición: 1922.

Tres son martin buberlas esferas en las que se construye el mundo de la relación.

La primera la vida con la naturaleza, en la que la relación llega hasta el nivel del lenguaje.

La segunda, la vida con los seres humanos, en que la relación adquiere forma lingüística.

La tercera, la vida de las entidades espirituales, en que la relación carece de lenguaje, pero generando lenguaje.

* * *

16733638_sDe la vida con la naturaleza podemos allanar el mundo «físico», el de la consistencia; de la vida con los seres humanos el mundo «psíquico», el de los afectos; de la vida con los seres espirituales el mundo «noético», el de la validez. Pero entonces a las esferas se les quita la transparencia, y con ello el sentido, cada una de ellas deviene utilizable y opaca, y permanecen opacas por mucho que las invistamos con nombres luminosos – cosmos, eros, logos -. En efecto, sólo hay en verdad cosmos para el ser humano si el todo se convierte para él en morada con hogar sagrado en el cual él ofrezca sacrificio; y sólo hay eros para él si los seres se convierten en imágenes de lo eterno, y la comunidad con ellos en revelación; y solo hay logos para él si evoca el misterio con obras y servicio al espíritu.

El callar escudriñador de la forma, el hablar amoroso del ser humano, la mudez elocuente de la criatura, todas ellas son las puertas hacia la presencia de la palabra.

Pero, si ha de acontecer el encuentro pleno, las puertas se reúnen en un solo portón de la vida real, y tu ya no sabes por cuál has entrado.

* * *

De entre las tres esferas se destaca una: la vida con los seres humanos. Aquí se plenifica el lenguaje como secuencia, en discurso y contradiscurso. Solo aquí encuentra respuesta la palabra explicitada en el lenguaje. Solo aquí va y viene de la misma forma la palabra básica, están vivas en una lengua la palabra básica de la invocación y la de la respuesta, Yo y Tu no sólo están en relación, sino también en firme «lealtad». Aquí y solo aquí están unidos los momentos relacionales por el elemento del lenguaje, elemento en el que ellos están inmersos. Aquí lo interpelante se ha abierto a la plena realidad del Tu. Así pues, solo aquí se dan también como realidad que no se pierde el contemplar y el ser contemplado, el conocer y el ser conocido, el amar y el ser amado.

Tal es el portal principal en el que desembocan las dos puertas laterales.

L’infinito. Giacomo Leopardi (1798-1837)

leopardiQuizá la mejor idea de qué/quién es el hombre es que es el animal que siempre busca nuevos límites que superar. Eso es el recorrido del hombre: siempre encuentra nuevos límites que superar, límites que siempre se presentan, pero también siempre puede superarlos. Para ilustrarlo incluyo una poesía de Leopardi en la que de un modo existencial plantea tema con una gran profundidad. Se trata del forcejeo del hombre con la limitación y su ansia de horizontes amplios, de ver más allá. La traducción es mía.

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MARTÍN BUBER, Ante mí un árbol: la esencia del encuentro

(Martín Buber, Yo y Tu, Caparrós Editores, Madrid (1998). Primera edición: 1922)

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Puedo considerarle un lienzo: pilar rígido para el asalto de la luz, o verdor que resplandece inundado por la dulzura del plata azulado como trasfondo.

Puedo seguir su huella como movimiento: vetas en oleaje en un núcleo que se adhiere y afana, succión de las raíces, respiración de las hojas, intercambio infinito con la tierra y el aire, y ese oscuro crecer mismo.

Puedo clasificarle como un género y considerarle en tanto que ejemplar según su estructura y modo de vida.

Puedo prescindir de su identidad y configuración hasta el extremo de reconocerle solamente como expresión de la ley: De una de las leyes entre las cuales se dirime continuamente un conflicto permanente de fuerzas, o de leyes según las cuales se mezclan y disuelven las sustancias.

Puedo volatilizarlo y eternizarlo como número, como pura relación numérica.

En todos los casos el árbol continúa siendo mi objeto, ocupa su lugar en el espacio y en el tiempo, su naturaleza y cualidad.

Pero también puede ocurrir que yo, por unión de voluntad y de gracia, al considerar el árbol sea llevado a entrar en relación con él, de modo que entonces él ya no sea un Ello. El poder de su exclusividad me ha captado.

Para esto no es menester que yo renuncie a ninguno de los modos de mi contemplación. Nada hay de lo que yo tenga que prescindir para ver, ningún saber que yo tenga que olvidar. Antes al contrario imagen y movimiento, género e individuo, ley y número, todo queda allí indisolublemente unido.

Todo lo perteneciente al árbol está ahí, su forma y su mecánica, sus colores y su química, su conversación con los elementos y su conversación con las estrellas, y todo en una totalidad.

El árbol no es una impresión, ni un juego de mi representación, ni una simple disposición anímica, sino que posee existencia corporal, y tiene que ver conmigo, como yo con él, aunque de forma distinta.

No intentéis debilitar el sentido de la relación: Relación es reciprocidad.

¿Así pues tendría entonces el árbol una conciencia similar a la nuestra? Yo no tengo experiencia de tal cosa. Pero, porque os parece afortunado hacerlo en vosotros mismos, ¿Queréis volver a descomponer lo indescomponible? A mí no se me hace presente el alma del árbol, ni la dríada, sino él mismo.

Martin Buber, la relación y el encuentro

Filósofo judío de origen alemán, circunstancia que marca su biografía por vivir en la mitad martin buber2de siglo. Formado en la fenomenología y el estudio de las tradiciones judías, con un interés profundo y una visión amplia sobre el hombre, libre de constricciones y de angosturas. Su libro Yo y Tu ha producido una influencia fuerte en el desarrollo de la psicología humanista, significativamente Carl Rogers. Desde nuestro punto de vista es central para la comprensión profunda de la persona.

Con Buber entramos en el mundo de la relación, para él somos primero relación desde el punto de vista fenomenológico, es decir, primero somos conscientes de que hay otro y eso nos hace tomar conciencia de quienes somos nosotros. Es decir la relación, nuestras relaciones nos constituyen como personas individuales.

Buber profundiza en cómo es esa relación desde un punto de vista fenomenológico, es decir, cómo aparece en la conciencia de la persona y dice que hay dos prismas de la existencia: Yo-Tu, Yo-ello. Nuestras relaciones o son relaciones Yo-Tu o son relaciones Yo- Ello. Las relaciones Yo-Tu se refieren al mundo personal y ponen los fines de la persona. Las relaciones Yo-Ello se refieren a un mundo de objetos, y también mundo de los medios o instrumentos.

Voy a tratar de ejemplificar los dos tipos de prisma con un ejemplo, aprovechando un ejemplo que pone le mismo Buber, un árbol. Hay muchos árboles en nuestra vida, lo vemos en los parques, en los bosques, en un paseo por el campo en un viaje y todos nos parecen bonitos, útiles necesarios… con todos esos árboles hay relación yo-ello: son bonitos, útiles, necesarios… pero quizá hay un árbol especial en nuestra vida, un árbol en el que de pequeños nos subíamos, o un pino debajo del que hemos pasado muchas horas y que ha quedado impreso de forma especial en nuestra memoria, este árbol es único para nosotros, no nos da igual que lo cambien , sufriríamos si se muere… con ese árbol, con ese pino, tenemos una relación yo-tu.

Desde luego todos tenemos muchas relaciones yo-ello, tenemos pocas quizá relaciones yo-tu, pero estas son claves porque ponen contenido y fines a nuestra vida, nos dan motivos para vivir. Ese viaje especial que queremos hacer, ese rato especial con amigos, esa comida que nos agrada de un modo especial, esa persona que da sentido a nuestra existencia… las relaciones yo-tu nos resultan necesarias pero a veces no nos han impactado y hemos perdido el prisma correcto para verlas.

9731441_sEn las relaciones humanas sentirse tratado solo como yo-ello nos hace sufrir, pensamos que tenemos algo valioso único y reaccionamos cuando no se reconoce. Tratar el planeta solo como yo-ello termina convirtiéndolo en algo que se puede desechar: los instrumentos son intercambiables… y resulta que nuestro planeta no es así, no es desechable… hay culturas enteras que pierden la perspectiva, el prisma para ver, occidente, durante toda su época de progreso industrial, cuando priva una ideología de explotación de recursos, pierde la perspectiva, porque ha perdido el prisma yo-tu para ver el planeta y solo ve un yo-ello, un instrumento. Los prismas de Buber son un indicativo que nos dice con  claridad cómo las tenemos planteadas, el peso que tienen para nosotros y cómo vamos a enfocar: es decir los prismas de Buber dan una gran cantidad de información sobre las relaciones.

Buber no termina ahí, trabaja la noción de encuentro. Un encuentro es el momento en que se establece una relación yo-tu, ese momento en que se produce un impacto emocional en nosotros que hace que esa persona, ese paisaje, ese árbol… tenga un valor especial para nosotros. La noción de encuentra se junta así con la de impacto y la presencia. La presencia desde este punto de vista no es la presencia física, no basta que algo esté delante nuestra para que lo veamos o recordemos, es necesario que produzca un impacto. Si este impacto emocional que origina presencia es profundo, tenemos un encuentro y el comienzo de una relación yo-tu.

Pero preferimos recurrir a los mismos textos Martin Buber para seguir la explicación. La lectura de Yo y Tu, su obra fundamental al respecto nos parece imprescindible para comprender bien lo que se quiere comunicar en esta asignatura. Incluimos algunos extractos de ese libro para dar una idea de su pensamiento.

En  la entrada siguiente vamos a incluir un texto de Martín Buber, el que se refiere a un árbol al que hemos aludido.