Funciones de la palabra

La palabra tiene mucha, muchísima fuerza y muchas funciones,17769731_s aunque se trata de esa palabra conectada con todo lo que es la persona, no la palabra desencarnada, lejana de la experiencia personal:

  1. Conoce, sabe, nombra, designa, califica, señala,
  2. Explica, enseña, diseña, abre posibilidades, cierra, organiza, amplia mundo, conquista, integra personas y realiza proyectos…
  3. Concreta, dispersa, reúne, enumera, organiza,
  4. Evoca, llama, convoca, recuerda, sana, anima, conecta, plantea, inflama, manipula, seduce, atrae, impulsa, ofende, duele, engaña, ilusiona, suaviza, enardece…
  5. Respeta, agrede, reclama, exige, solicita, pide, defiende, ataca, separa, acuerda, aísla…
  6. Habla de nuestro mundo, de nuestra sensibilidad, nos afirma, nos construye, nos alegra, nos entristece, nos enfada
  7. Nos conecta con los demás, nos hace compartir, nos integra con los demás, tiende puentes, forma grupo, …

Todo esto es lo que hacemos con la palabra y de todo ello tenemos que ser conscientes cuando la utilizamos. El cómo la utilizamos es lo más fundamental. Esta es una enseñanza importante, estamos muy “enseñados” sobre el significado de la palabra, sin embargo cómo la utilizamos es más importante, nuestras relaciones, nuestro mundo se va a configurar alrededor de ese cómo.

Por ejemplo si nuestra palabra es agresiva, nuestro mundo, nuestras relaciones son agresivas, la palabra configura el mundo en el que vivimos, no podemos olvidar esto. Cada uno poseemos una palabra personal, nuestra, hecha de nuestras experiencias, de nuestra sensibilidad y de nuestro estado de ánimo, desde ahí configuramos nuestro mundo, que va a estar teñido del mismo color que tiene nuestra palabra. Tenemos que ser conscientes de ese color y aprender a descubrir cuando varía. Esto es uno de los puntos necesarios del autoconocimiento.

Callar, cuando algo nos duele, nos quema en las entrañas, es lo peor que podemos hacer, primero por nosotros mismos: las emociones son proceso, circulan, necesitan circular. En segundo lugar por los demás: el único modo de contactar con las personas, de crear vínculos es hablar, establecer un diálogo. Comunicarse es lo natural y es necesario para el hombre. Las patologías mentales siempre dan como resultado patologías de la comunicación personal, y la forma de abordarlas es precisamente recuperando la propia palabra, la propia comunicación.

La conexión entre experiencia y palabra

Terminábamos la entrada sobre «las limitaciones de la palabra», 15433132_shablando de experiencia y autenticidad. La autenticidad, y con mayor precisión la honestidad, se juega precisamente en la conexión experiencia-palabra. La capacidad que tiene el hombre de separar instintos y sentimientos de la esfera del razonamiento se puede convertir en su mayor trampa: trabajar solo con la esfera racional. De este modo convierte lo diferente en el hombre, lo que específico del ser humano, en lo único: somos hombres porque somos racionales. Esta es la gran tentación del hombre.

No se puede trabajar solo con palabras sin haber vivido las cosas, se pierde la conexión con la referencia. Nos quedaríamos en un conjunto de signos sin referencias y por tanto sin significado alguno (sofistas o utópicos). Hay que darse cuenta que la reflexión, la esfera racional, nunca trabaja en vacío, es eso re-flexión: volver sobre, y para volver, primero hay que ir. La reflexión trabaja sobre los datos proporcionados por la esfera psicológica y por la tendencial-instintiva, sobre las experiencias, sobre las vivencias. No se puede perder el contacto con la realidad y trabajar sólo con utopías, baste recordar las dolorosísimas experiencias del fascismo y el estado soviético, de lo inhumano que puede resultar esto. No se puede desgajar una esfera del hombre y luego decir: “tengo al hombre entero”.

Este es el sentido de la expresión clásica, que se remonta hasta Aristóteles: nihil est in intelecto quod prius non erit in sensu (nada hay en el intelecto que antes no haya estado en los sentidos). La importancia de este punto es que la palabra nunca es solo intelectual, ni solo abstracta, sino que hace referencia a un mundo real donde las cosas son y están, la palabra es referencia. Hay que tener en cuenta que la palabra ha simplificado el mundo, a través de la generalización, para poder manejarlo. Además del significado, la palabra lleva consigo un contexto afectivo, un marco donde aprendimos esa palabra, constituido por las referencias que nos evoca, que nos hace sentir,… lo que hace también que las palabras no sean iguales para todas las personas, tienen coincidencias, a veces muy grandes, pero no son iguales. Además la palabra tiene un contexto en el momento en que la percibimos, ese contexto es el tono en que es pronunciada, la persona que la pronuncia, etc., además el contexto está también integrado por nosotros mismos; nuestra situación anímica y personal.

La conexión entre experiencia y palabra es en su profundidad conexión entre cuerpo y palabra. La experiencia nos llega a través de los sentidos (nivel biológico) y se almacena a nivel psíquico emocional: nos acordamos de aquello que nos produjo una intensa alegría, o tristeza, o miedo, o enfado… Ya hemos hablado de que los sentimientos tienen su ubicación en el cuerpo. No olvidar lo que sentimos, dar valor positivo a nuestras emociones a nuestra sensibilidad es el modo de conectar experiencia y palabra. Nuestra palabra debe expresar aquellas conclusiones que las que hemos llegado realmente con nuestras vivencias, con aquello que hemos vivido. Lo demás es hablar teóricamente, sin saber de qué se habla.

Llamamos a alguien honesto precisamente cuando ha realizado esa conexión entre su vivencia y su palabra, sabe realmente lo que siente, ha elaborado sus vivencias, de modo que sus conversación rebosa de la realidad de lo realmente vivido y asimilado.

Sin embargo está muy presente la desconexión en nuestra cultura. Hemos creado una cultura teórica de idea, una educación donde se privilegian los contenidos (teóricos) y tenemos distante la educación emocional, la recepción de nuestra sensibilidad, en resumen escuchar nuestro cuerpo, elaborar nuestras vivencias.

Las limitaciones de la palabra

La palabra generaliza y nos limita por ello, porque hace como cajoncitos donde agrupa las cosas parecidas, pero ese cajón limita, porque no transmite todo, transmite solo lo común, no puede ser de otro modo: pone etiquetas. Es decir, perdemos cosas, y habitualmente no somos muy conscientes de ello. Esto genera dificultades en el uso de la palabra.

Se puede decir que hay dos enfermedades en el uso de la palabra: el sofista, que utiliza la 7981085_spalabra para esconder, para no hablar, para no decir algo, lo que es lo mismo, para decir sin significado. El sofista introduce en un mundo de comunicación que no es sano, porque muchas cosas están escamoteadas, ya que el sofista no se atreve a presentarlas sobre la mesa.

El mundo del sofista es un mundo de relaciones sin confianza en el otro. El sofista piensa que el puede organizar, mandar, pero sin el otro, que si es claro con el otro aquello, su mundo, no va a funcionar, en resumen, que los demás son menores de edad. El mundo del sofista carece de confianza y por ello no es un mundo de iguales, las relaciones del sofista son verticales, el decide.

 La segunda es la utopía, que es el hablar, pero desconectado de la realidad, signos que hacen referencia a otros signos y estos a su vez a otros signos, en espirales sin fin donde el conocimiento se pierde, desconectado de la realidad de la experiencia. Este es el mareo que la palabra produce en quien se mete solo en ella, en su lógica.

Este es el problema de la exageración de la palabra. Su mismo éxito, su capacidad ilimitada de significación (pensar en palabras como Dios, belleza, justicia, filosofía, amor…) la lleva, con una cierta lógica de concatenación, a formar un mundo aparte del contacto con la experiencia, un mundo solo intelectual. Esto es lo que se produce con las utopías políticas, hijas del racionalismo, ya que para este solo lo racional es real, solo lo que pertenece a la esfera racional es real. Se ha desconectado el hemisferio derecho y el izquierdo. Un mundo solo mental, hecho de conexiones de signos, desconectado del mundo.

Sin embargo no solo transmitimos la simplificación, transmitimos nuestra experiencia, aludiendo a la experiencia del otro, nuestra experiencia vivida, emocional, nuestra seguridad o inseguridad, nuestras expectativas y nuestra ilusión. Y esto tampoco lo solemos tener en cuenta: nuestra palabra es un punto de vista basado en una experiencia del mundo. Para transmitir con verdad, para tener una palabra confiable, hay primero que confiar en los demás (no ser sofistas) y segundo que confiar en nuestra experiencia (ser honestos). Con estos dos elementos se configura la autenticidad, única posibilidad de tener una palabra que configure un mundo real, en relaciones y contenidos.

 

La palabra es comunicación

La palabra es comunicación. No se resuelve ni nace, ni se agota en el individuo, nace en la relación entre individuos, es esencialmente social. Sin sistema de signos lingüístico o de otro tipo, solo cabe un tipo de comunicación muy limitado. Es muy importante poner de relieve la importancia y centralidad de la palabra en la comunicación humana.

Para esta idea recurrimos a varias citas de Vygotsky, Pensamiento y lenguaje, p. 53.15998892_s

«Un pato asustado, que de pronto se ha dado cuenta del peligro, y despierta a toda la bandada con sus gritos, no dice a los demás lo que ha visto [o sentido], sino que les contagia su miedo [inundación empática]».

«La verdadera comunicación requiere significado, es decir generalización, tanto como signos». «Las formas superiores, específicamente humanas, de comunicación psicológica son posibles porque el hombre refleja la realidad a través de conceptos generalizados. En la esfera de las emociones, donde reinan la sensación y el afecto, no es posible el entendimiento ni la verdadera comunicación, sino únicamente el contagio afectivo».

Vygotsky habla aquí años antes del estudio y desarrollo del lenguaje corporal y su integración en la comunicación. En realidad la comunicación se hace impregnada de emoción. La comunicación de una misma frase varía según sea la emoción con que está dicha. Si la frase «Juan dijo que venía» se dice con sorpresa o con alegría o con miedo, la comunicación percibida varía enormemente. La emoción presta a la comunicación un soporte necesario de intencionalidad, de motivación, que es imprescindible en cualquier comunicación.

Sin embargo, Vygotsky insiste en la importancia de la generalización para transmitir la experiencia y sus palabras aquí son a mi entender exactas y vuelven a poner de relieve la importancia y centralidad de la palabra en el mundo de la comunicación humana: «El mundo de nuestra experiencia debe estar enormemente simplificado y generalizado antes de que sea posible hacer un inventario simbólico de todas nuestras experiencias con sus objetos y sus relaciones, y este inventario es imprescindible para poder transmitir ideas. Por tanto, los elementos del lenguaje, los signos que etiquetan la experiencia, deben estar asociados con grupos completos de experiencia, clases determinadas. Solo así es posible la comunicación, pues la experiencia aislada se sitúa en una conciencia individual y, estrictamente hablando, es incomunicable [en realidad, no habría palabras para poder expresarse]».

Sin embargo somos capaces de acceder a la experiencia de los demás y eso se hace en un juego entre la palabra y la emoción con que es expresada. Es la emoción, que también detectamos, lo que nos permite particularizar la experiencia, utilizando para ello la propia vivencia. La propia vivencia es la que permite este acercamiento a la singularidad de la experiencia del otro. La palabra necesita primero la elaboración y la integración con la experiencia, después, para el acercamiento a la realidad del otro, de la capacidad de empatía, que es también una parte específica de la comunicación humana, básica para el acercamiento a la persona individual concreta.

De todo esto seguiremos hablando en las entradas siguientes.

 

Las funciones de sentimientos y emociones

El papel de emociones y sentimientos viene dado por los siguientes 4 puntos:

a)      Son el punto de vista particular del sujeto ya que establecen su vinculación con el 11134014_smundo.

b)      Nos dan la subjetividad: cómo estamos.

c)      Nos indican los valores según los que actuamos. Proporcionan una particular organización axiológica y subjetiva de la realidad.

d)      Son la base de lo interpersonal, de la conexión con los demás. Son el centro de la expresión y comunicación.

a) Los sentimientos proporcionan a la persona su instalación en el mundo; constituyen por ello un a priori de todo conocimiento, son el punto de vista propio, particular del sujeto. Los sentimientos revelan nuestro modo de estar en el mundo previa a la escisión que establece la razón entre sujeto y objeto. Todo nuestro conocimiento está teñido por los sentimientos como los colores de un cuadro, se podría decir que constituyen el color o la música de todas nuestras experiencias. Los sentimientos nos dan lo familiar, el mundo íntimo, personal, aquello con lo que yo estoy íntimamente comprometido: mi mundo personal. Y también el entorno socio-político que la persona puede llamar suyo: el sitio (ciudad, pueblo, etc.) donde ha nacido, su nación,… en resumen, la cultura a la que pertenece y donde hunde sus raíces.

Esto se puede expresar también diciendo que la persona está vinculada a la realidad. Los objetos de la realidad, no todos, sino aquellos sobre los que ha habido una experiencia o un interés, se clasifican según su vinculación que es de aceptación o rechazo. Las personas y cosas no vinculadas caen fuera del interés, están fuera del mundo personal. El hombre vive en un mundo de vinculaciones, no en un mundo objetivo, un mundo donde determinadas personas y cosas tienen un vínculo específico con la persona.

b) Los sentimientos dan la subjetividad. Los sentimientos y tendencias son muy numerosos, y abarcan desde el plano biológico (salud, bienestar físico) y lo económico pasando por el de lo social, político y científico, hasta lo estético, ético y religioso. Este conjunto de los afectos y tendencias del individuo tienen en cada momento un indicativo final, una resultante final: alegría o tristeza, o si se quiere alegría o desesperanza, e incluso con una indicación de intensidad: no todas las alegrías son iguales.  El sentimiento de alegría o tristeza, por tanto, nos indica que la autorrealización va bien; es decir,  nos señala el nivel de consecución de todo lo que compone la vida de una persona: salud, situación económica, vida afectiva, relaciones, aspiraciones, ilusiones, satisfaccio­nes, metas ya alcanzadas etc., y también su grado de realización y de posibilidad, tanto desde una visión global de la vida, como desde una menuda: los acontecimientos del día (influye por ejemplo el día gris), etc.

c) Los sentimientos hacen connaturales a la persona los valores que guían la conducta humana. A través de sentimientos y emociones siento las preferencias que guían mi conducta como adecuadas. La realidad está ordenada axiológicamente para la persona, no es una realidad indiferente, tiene sus tendencias y finalidades inscritas en ella, en cómo afecta a la persona. La realidad forma un entramado de finalidades para la persona en función de cómo satisface las necesidades, en su sentido más amplio. Esas finalidades indican las valoraciones de la realidad que realiza el sistema emocional. Se trata de los valores reales, no los expresados verbalmente.

Los valores, por tanto, vienen señalados por los sentimientos. Es decir, los sentimientos nos dan una valoración de la realidad sobre la que se funda la acción humana libre. A la libertad del hombre, por tanto, no basta abarcar sólo la voluntad y la razón, sino que también debe influir y modificar la configuración de los sentimientos. El hombre con su libertad se hace, se realiza a sí mismo, para esto debe configurar también sus sentimientos.

d) La intersubjetividad está vehiculada por los sentimientos. En primer lugar la comunicación está enmarcada y vehiculada por los sentimientos que constituyen el centro de la expresión de la subjetividad, del cómo estamos, expresión que es inmediatamente captada por la otra persona o por el entorno, constituyendo por tanto el núc12221050_sleo de nuestras relaciones. Además los sentimientos indican como están esas mismas relaciones establecidas.

Todavía más importante, no se puede entrar en la vida de otra persona al margen de sus sentimientos, ya que son precisamente estos los que indican la subjetividad. El encuentro con el otro como persona, la dinámica de la relación yo-tú, en contraposición a la relación yo-él (Buber) se realiza a través de los sentimientos, que posibilitan el ponerse en el lugar del otro (dinámica de la empatía). Desde ahí se hace posible y real las relaciones personales, el encuentro de persona a persona: básicamente la relación de amistad y la relación de amor. El encuentro se da en la relación, en la intersubjetividad. El encuentro es el puente entre las dos subjetividades.

Por tanto se pueden sacar 2 ideas centrales sobre sentimientos y emociones:

  1. Sentimientos y emociones, como resumen de la subjetividad, se proyectan sobre todo: “soy yo o es el paisaje quien está triste” (Ricoeur). El sentimiento es por ello un a priori del conocimiento que ya en si mismo indica una dirección, una actitud. Antes de conocer intelectualmente ya estamos predispuestos, a gusto o a disgusto. Es algo así como el color de la situación interna. Si es gris o si brotan tonalidades alegres. Pero, a diferencia de los colores externos, esta induciendo una respuesta, predispone a favor o en contra, a continuar o dejarlo.
  2. Además los sentimientos están en el centro de la autenticidad de la persona. La persona es siempre una tarea para sí misma, su realización pasa precisamente por la integración de todos los dinamismos (biológico, afectivo, intelectual). En esa integración los sentimientos juegan un papel primordial, ya que anticipan y refuerzan la actividad cognoscitiva, e inclinan a valorar positiva (o negativamente) las acciones.

 

Un pequeño resumen final de las funciones de emociones y sentimientos

En general: Constituyen una guía interna sobre el modo en que se lleva la vida. Una guía de nuestra autenticidad y una guía en particular sobre nuestras metas concretas alineadas con nuestra persona.

En particular:

  1. Muestran los problemas concretos a los que la persona se enfrenta
  2. Desvelan las necesidades
  3. Preparan y movilizan para la acción
  4. Dan el marco para sentir el placer de vivir
  5. Informan del nivel de bienestar (en el momento) y felicidad (en general).
  6. Clarifican los valores y por tanto las elecciones
  7. Vigilan el estado de nuestras relaciones

En esta entrada tengo una deuda particular con Carlos Castilla del Pino y su Teoría de los sentimientos (Ed. Tusquets, Barcelona, 2001), que me ha ayudado a repensar mis anteriores adquisiciones.