El turista, una actitud ante la vida

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(Sigo con el turista después de una lectura de Gabriel Marcel sobre la actitud del espectador)

El objetivo fundamental de estas líneas es interrogarnos cómo es la vida del turista, de la persona que ha hecho de la actitud del turista el centro de su vida. Pienso que debido a la crisis y a la dificultad en la vida de tantas personas ha cambiado la idea de que la actitud del turista es el mejor modo de afrontar la vida. Para ilústralo utilizo 2 comentarios de periódico recogidos en la década de los 90, cuando la actitud del turista era desbordante en la cultura.

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La necesidad de placer

12129902_sHasta un pensador tan vetusto y denostado y aparentemente carca y de moral rígida como Tomás de Aquino lo dice: “sin algo de placer es imposible vivir”. Quizá es la enseñanza menos conocida del influyente teólogo, lástima que no haya formado parte de un modo explícito de su enseñanza, hubiera quitado muchos problemas personales e incluso sociales.

Sin embargo, en la Iglesia a nivel práctico es recogida, y desde que yo recuerdo, los curas, que al menos de modo formal tienen prohibidos los placeres de la carne, y en teoría muchos otros, se reúnen para comer, se dan las grandes comilonas. Ya está comprobado que el área cerebral activada por el deseo sexual es impulsada también por el placer de la comida. Algo que se puede a la vista de todos y que llena esa necesidad tan honda en el ser humano: sin algo de placer es imposible vivir, sin activar esa zona del cerebro, toda la actividad de este se resiente, y detrás se resiente nuestra vida. Por ello, la verdad es que cuando no ha sido posible llenar esa necesidad de placer de forma abierta, en sociedades cerradas y controladoras y a veces también en otras más abiertas, pues se ha llenado de modo oculto, a veces con una fuerte hipocresía, pero llenar se ha llenado, no es posible no hacerlo. Responde a un modo cómo funcionamos los seres humanos.

Hay una gran distancia entre el placer disfrutado realmente y el aceptado socialmente en cada época. Hay algo profundo en esto y esa distancia no es fácil de eliminar. La cultura dominante, igual que las organizaciones, abusivas y no, controlan el placer, necesitan controlar el placer como uno de los elementos de más peso en el control social. El placer siempre ha estado históricamente en la oscuridad, en la intimidad personal y no solo porque el acto sexual sea el acto íntimo por excelencia. Por ejemplo no es fácil para las figuras públicas que se les vea disfrutando: se exponen a fuertes pérdidas de popularidad.

Sin embargo, es bueno y es sano que introduzcamos el placer entre nuestras actividades y que nos alejemos de esa demonización tan fuertemente arraigada sobre el placer. Necesitamos dar carta de naturaleza al placer en nuestra vida, saber qué actividades, qué relaciones, qué cosas, qué comidas, qué manera de hacer el sexo, qué actividades físicas, son placenteras para nosotros, nos proporcionan placer. No, no por los demás, sino a nosotros mismos. Y si nunca hemos buscado el placer, o lo hemos hecho solo por caminos aceptados socialmente, es posible que ese territorio a descubrir sea enorme. Todo un entero continente nunca explorado. Teniendo en cuenta además que las posibilidades de placer del ser humano son inmensas.

Por todo esto cuando tengo que hacer una exploración junto a una persona que quiere realizar un proceso de coaching, una entrevista de encuadre se llama en el coaching emocional, reviso su trabajo, su desarrollo personal, sus relaciones, su afectividad, su sentido de la vida, su autoestima y su asertividad, si todo eso, y también su ocio y sus placeres como un territorio más, y uno que especialmente no puede quedar yermo.

Y es curioso porque gracias a la cultura dominante, habitualmente las personas no hablan de lo que les gusta. Hablan de la pareja, pero no comentan si el sexo les gusta. Hablan del trabajo, de las preocupaciones y si no hay una pregunta expresa, no hablan del placer, aunque debería decir: hablamos, porque yo me incluyo.

Sin embargo la formación para el placer debería ser parte de la formación que recibimos. Y me atrevo a decir que sin esta no hay formación para la vida, la vida es luz y sombra y colores, elementos positivos y negativos, emociones agradables y desagradables, y también es placer y disfrute, lo mismo que tiene elementos de dolor y de sufrimiento. Y como lo aprendemos todo, debemos también aprender a elegir lo que nos nutre, lo que nos alimenta, lo que nos hace disfrutar, debemos aprender a incluir nuestra dosis de placeres en la vida. La vida deja muchos agujeros, muchas simas y es muy difícil de soportar si no somos capaces de disfrutar en ella, si nuestro cerebro no recibe su ración de placer.

Así que repito con Tomás de Aquino: sin placer es imposible vivir.

MARTÍN BUBER, Ante mí un árbol: la esencia del encuentro

(Martín Buber, Yo y Tu, Caparrós Editores, Madrid (1998). Primera edición: 1922)

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Puedo considerarle un lienzo: pilar rígido para el asalto de la luz, o verdor que resplandece inundado por la dulzura del plata azulado como trasfondo.

Puedo seguir su huella como movimiento: vetas en oleaje en un núcleo que se adhiere y afana, succión de las raíces, respiración de las hojas, intercambio infinito con la tierra y el aire, y ese oscuro crecer mismo.

Puedo clasificarle como un género y considerarle en tanto que ejemplar según su estructura y modo de vida.

Puedo prescindir de su identidad y configuración hasta el extremo de reconocerle solamente como expresión de la ley: De una de las leyes entre las cuales se dirime continuamente un conflicto permanente de fuerzas, o de leyes según las cuales se mezclan y disuelven las sustancias.

Puedo volatilizarlo y eternizarlo como número, como pura relación numérica.

En todos los casos el árbol continúa siendo mi objeto, ocupa su lugar en el espacio y en el tiempo, su naturaleza y cualidad.

Pero también puede ocurrir que yo, por unión de voluntad y de gracia, al considerar el árbol sea llevado a entrar en relación con él, de modo que entonces él ya no sea un Ello. El poder de su exclusividad me ha captado.

Para esto no es menester que yo renuncie a ninguno de los modos de mi contemplación. Nada hay de lo que yo tenga que prescindir para ver, ningún saber que yo tenga que olvidar. Antes al contrario imagen y movimiento, género e individuo, ley y número, todo queda allí indisolublemente unido.

Todo lo perteneciente al árbol está ahí, su forma y su mecánica, sus colores y su química, su conversación con los elementos y su conversación con las estrellas, y todo en una totalidad.

El árbol no es una impresión, ni un juego de mi representación, ni una simple disposición anímica, sino que posee existencia corporal, y tiene que ver conmigo, como yo con él, aunque de forma distinta.

No intentéis debilitar el sentido de la relación: Relación es reciprocidad.

¿Así pues tendría entonces el árbol una conciencia similar a la nuestra? Yo no tengo experiencia de tal cosa. Pero, porque os parece afortunado hacerlo en vosotros mismos, ¿Queréis volver a descomponer lo indescomponible? A mí no se me hace presente el alma del árbol, ni la dríada, sino él mismo.

Martin Buber, la relación y el encuentro

Filósofo judío de origen alemán, circunstancia que marca su biografía por vivir en la mitad martin buber2de siglo. Formado en la fenomenología y el estudio de las tradiciones judías, con un interés profundo y una visión amplia sobre el hombre, libre de constricciones y de angosturas. Su libro Yo y Tu ha producido una influencia fuerte en el desarrollo de la psicología humanista, significativamente Carl Rogers. Desde nuestro punto de vista es central para la comprensión profunda de la persona.

Con Buber entramos en el mundo de la relación, para él somos primero relación desde el punto de vista fenomenológico, es decir, primero somos conscientes de que hay otro y eso nos hace tomar conciencia de quienes somos nosotros. Es decir la relación, nuestras relaciones nos constituyen como personas individuales.

Buber profundiza en cómo es esa relación desde un punto de vista fenomenológico, es decir, cómo aparece en la conciencia de la persona y dice que hay dos prismas de la existencia: Yo-Tu, Yo-ello. Nuestras relaciones o son relaciones Yo-Tu o son relaciones Yo- Ello. Las relaciones Yo-Tu se refieren al mundo personal y ponen los fines de la persona. Las relaciones Yo-Ello se refieren a un mundo de objetos, y también mundo de los medios o instrumentos.

Voy a tratar de ejemplificar los dos tipos de prisma con un ejemplo, aprovechando un ejemplo que pone le mismo Buber, un árbol. Hay muchos árboles en nuestra vida, lo vemos en los parques, en los bosques, en un paseo por el campo en un viaje y todos nos parecen bonitos, útiles necesarios… con todos esos árboles hay relación yo-ello: son bonitos, útiles, necesarios… pero quizá hay un árbol especial en nuestra vida, un árbol en el que de pequeños nos subíamos, o un pino debajo del que hemos pasado muchas horas y que ha quedado impreso de forma especial en nuestra memoria, este árbol es único para nosotros, no nos da igual que lo cambien , sufriríamos si se muere… con ese árbol, con ese pino, tenemos una relación yo-tu.

Desde luego todos tenemos muchas relaciones yo-ello, tenemos pocas quizá relaciones yo-tu, pero estas son claves porque ponen contenido y fines a nuestra vida, nos dan motivos para vivir. Ese viaje especial que queremos hacer, ese rato especial con amigos, esa comida que nos agrada de un modo especial, esa persona que da sentido a nuestra existencia… las relaciones yo-tu nos resultan necesarias pero a veces no nos han impactado y hemos perdido el prisma correcto para verlas.

9731441_sEn las relaciones humanas sentirse tratado solo como yo-ello nos hace sufrir, pensamos que tenemos algo valioso único y reaccionamos cuando no se reconoce. Tratar el planeta solo como yo-ello termina convirtiéndolo en algo que se puede desechar: los instrumentos son intercambiables… y resulta que nuestro planeta no es así, no es desechable… hay culturas enteras que pierden la perspectiva, el prisma para ver, occidente, durante toda su época de progreso industrial, cuando priva una ideología de explotación de recursos, pierde la perspectiva, porque ha perdido el prisma yo-tu para ver el planeta y solo ve un yo-ello, un instrumento. Los prismas de Buber son un indicativo que nos dice con  claridad cómo las tenemos planteadas, el peso que tienen para nosotros y cómo vamos a enfocar: es decir los prismas de Buber dan una gran cantidad de información sobre las relaciones.

Buber no termina ahí, trabaja la noción de encuentro. Un encuentro es el momento en que se establece una relación yo-tu, ese momento en que se produce un impacto emocional en nosotros que hace que esa persona, ese paisaje, ese árbol… tenga un valor especial para nosotros. La noción de encuentra se junta así con la de impacto y la presencia. La presencia desde este punto de vista no es la presencia física, no basta que algo esté delante nuestra para que lo veamos o recordemos, es necesario que produzca un impacto. Si este impacto emocional que origina presencia es profundo, tenemos un encuentro y el comienzo de una relación yo-tu.

Pero preferimos recurrir a los mismos textos Martin Buber para seguir la explicación. La lectura de Yo y Tu, su obra fundamental al respecto nos parece imprescindible para comprender bien lo que se quiere comunicar en esta asignatura. Incluimos algunos extractos de ese libro para dar una idea de su pensamiento.

En  la entrada siguiente vamos a incluir un texto de Martín Buber, el que se refiere a un árbol al que hemos aludido.