Superviviente

Comienzo con una imagen de Robinson Crusoe porque es el paradigma del superviviente que nos aporta la literatura. Su presencia continua desde su aparición en 1719 indica como acierta con el inconsciente colectivo.

Ser superviviente es algo más que haber pasado por un evento traumático o extremadamente complejo. Ser un superviviente puede convertirse en una configuración de la propia personalidad, algo que tiene consecuencias en el comportamiento diario, aún más, en como configuramos nuestra vida en si sabemos disfrutar de ella o no.

Ser superviviente es configurar la vida en actitud de supervivencia. Salir adelante, poder comer, tener un lugar donde vivir, poder atender las necesidades básicas se convierte en el objetivo central de la vida. No se busca la libertad, la espiritualidad de la vida suena a músicas celestiales, a cuentos para simples, buscar crecer y subir en la sociedad suena a algo lejano, algo que ahora no se puede atender. De fondo el interés de la persona va a ser conseguir lo necesario para vivir.

Cuando decimos yo quiero vivir la vida buscamos algo muy diferente a cuando decimos que queremos conseguir lo necesario para vivir. Esto último nos reduce a lo básico, lo primero nos permite darnos placeres, ir a disfrutar, poder disponer de recursos básicos que nos permiten divertirnos. Por así decir, cuando queremos vivir, buscamos elementos accesorios o accidentales que sin embargo son los que nos permiten disfrutar, buscar la felicidad, que decimos está en pequeñas cosas. Quien busca sobrevivir no está en situación de buscar esos pequeños placeres esos momentos de disfrutar en que la persona se permite gozar de la vida. En suma, quien es un superviviente, quien está orientado a conseguir lo necesario para vivir, no disfruta de la vida.

Ser superviviente tiene que ver con los valores, asimilados personalmente o no, de la persona. Los valores son los que marcan las elecciones, la prioridad que damos a nuestras elecciones. El superviviente elige como si siempre estuviese en una situación de carestía. Tiene ese valor incrustado en su sistema emocional.

¿Cómo se llega a ser un superviviente y no solo a pasar una temporada de dificultad? Bueno como casi todo en el ser humano no depende solo de lo que nos sucede sino de cómo vivimos lo que nos sucede. Sin embargo, es necesario haber pasado un tiempo de escasez, de falta grande de recursos, haber vivido marginado, una situación de carestía, mucho más si se pertenece a un país sin desarrollo, sin recursos, sin medios. Puede ser un cambio grande en la vida que nos ha golpeado y dejado en situación de sentir que no tenemos nada, hemos perdido familia, amigos, relaciones, trabajo, medios, recursos. Esa crisis la hemos pasado de un modo agudo y hemos sentido una gran pérdida, hemos llorado fuertemente todo lo que hemos perdido. La famosa frase de Scarlet O´Hara, protagonista de Lo que el viento se llevó (Gone with the wind): “Aunque tenga que matar, engañar o robar, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre” refleja precisamente haber pasado por una o más situaciones de aguda escasez y la determinación del superviviente: “nunca más volveré a pasar hambre”.

La configuración de superviviente se hace especialmente profunda si la situación de carestía se ha pasado en la infancia. Muchas formas de actuar se fijan en la conducta y se mantienen toda la vida: no tirar comida, es más acabársela, no dejar nada en el plato, siguiendo ese popular dicho del pobre: “antes reventar que sobre”. Pero no solo con la comida, con la luz, apagando cualquier luz que quede encendida, acabando hasta la última gota de la pasta de dientes y apretando el tubo ordenadamente para no perder nada, etc. etc. Las personas que han pasado guerras tienen muchos hábitos de este tipo.

Este tipo de configuraciones tiene que ver con los valores y la distinta experiencia vital de cada generación, también de lo que los abuelos transmiten a sus nietos. Si una generación sufre una guerra o una fuerte carestía, transmitirá la configuración a sus descendientes y es posible que llegue también a los nietos que viven una situación vital de medios muy diversa.

Llegados a este punto podemos decir que la configuración de superviviente no es mala en sí misma, muchos de sus hábitos son adecuados en la situación de extremo consumismo que vivimos cuando se confronta con la situación de carestía del planeta en su conjunto. El cambio climático y todos los fenómenos asociados al despilfarro humano de recursos, el planeta en dificultades, los océanos llenos de plástico, nos van a poner a todos en situación de supervivientes, en aprovechar integralmente los recursos, reutilizar y no tirar. Como vemos tiene muchos elementos positivos.

Lo negativo, como en todas las configuraciones personales, como en todos los sistemas emocionales, se produce cuando no se es consciente de que se es un superviviente o que se tienen hábitos de superviviente, cuando se pone en marcha como si fuese el único modo de actuar posible, como si fuese una actitud que nos da autoridad ante los demás. Lo negativo se produce cuando no somos conscientes de actuamos movidos por una configuración de pérdida adquirida en un momento determinado de nuestra vida.

Cuando el superviviente no es consciente de serlo, deja de disfrutar la vida, deja de poder elegir, deja de gozar de los pequeños momentos, de gastar en sí mismo las cosas que hacen bonita la vida. El superviviente que no es consciente hace difícil la vida a aquellos con quienes convive. Se convierte en tacaño, huraño, siempre protestando por los gastos, centrado en los medios y no en las personas y en su desarrollo.

Su problema son los medios y eso es lo que cuida. Esta sería la desviación que no ve. El superviviente está centrado en los medios y puede olvidar o no conseguir llegar a los fines, precisamente porque los medios absorben toda su energía.

Desde el punto de vista emocional se trata de una experiencia de escasez que produjo un miedo, precisamente a no sobrevivir o a lo difícil que es sobrevivir. Como sucede con todos los miedos ese miedo necesita ser afrontado y el superarlo, el éxito en conseguir la supervivencia es una experiencia que queda asentada. Sin embargo, si la experiencia es muy traumática o muy prolongada como son por ejemplo los valores recibidos en la infancia de figuras significativas es posible que queden grabado sin la elaboración necesaria y en tal caso tiene los efectos negativos de los que hablamos. Es necesario hacerlo consciente y trabajarlo para superar positivamente la experiencia.

¿Qué piensas del superviviente? ¿Alguno de los rasgos tiene que ver contigo y con tu forma de enfocar las cosas? ¿Conoces a alguien que piensas actúa como superviviente?

¿Cómo crees que el superviviente debería trabajar su miedo básico?

La búsqueda del sentido de la existencia

Siguiendo con el sentido de la religión en el hombre, lo que resulta claro es la presencia de una búsqueda de sentido de la existencia, la afirmación de algunos valores máximos en los que fundar la propia vida. Se trata de un elemento clave y permanente en el ser humano.

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Lo nuevo (enamoramiento 12)

La apertura de uno mismo que provoca el enamoramiento tiene relación con la ingenuidad, con la capacidad de ver lo nuevo, de no darlo todo por sabido; es la actitud del que no está de vuelta (que es siempre alguien que ve lo negativo, o mejor al que lo negativo paraliza),  del que ve lo positivo, lo valioso, lo que enriquece. 9110551_sPara el enamorado, como para el niño, todo es nuevo, todo es maravilloso. Por eso, desde el enamoramiento, se puede crear todo un nuevo mundo donde se puede vivir. El nuevo mundo aparece a los ojos del enamorado.

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No se puede hablar de lo que no se ha experimentado.

Quiero hablar de la formación de los conceptos, o mejor de cómo se forma el significado de las palabras en los niños.

La primera infancia, desde que se comienzan a balbucear palabras, es la época del 3661396_setiquetado, es la época en la que los niños ponen nombre  a sus experiencias, a lo que han recibido a través de las sensaciones. Para esto el niño/niña tiene una capacidad de asimilación increíble, pudiendo adquirir una gran cantidad de palabras diario. Al principio el niño/niña no tiene significados semánticos, no tiene las palabras, tiene sencillamente sus vivencias y les va poniendo esos sonidos que oye a los adultos, sonidos que imita sin gran preocupación por la pronunciación correcta.

El etiquetado, poner nombre a las cosas es poner una palabra a una experiencia determinada o un conjunto de ellas. No se puede hablar de lo que no se ha experimentado. Los niños utilizan sus sentidos para recoger muchas impresiones, son esas impresiones las que etiquetan. Sin ellas la labor de etiquetado se realizaría en vacío, sin tener algo a lo que fijarse.

Además las experiencias no solo son sensaciones. Cada grupo de sensaciones de una experiencia se recibe en un determinado contexto emocional. O por decirlo con mayor precisión, cada grupo nuevo de sensaciones, por ejemplo para un niño, ir a la playa, produce una determinada respuesta emocional, que va a ser parte integrante de cómo se almacena esa experiencia, ese grupo de sensaciones. Esa parte emocional tiene 3 dimensiones: vinculativa-desiderativa, expresión comunicativa y organización tendencial de la realidad. De este modo el almacenaje de la experiencia y el lenguaje que lo va fijando no es para nada neutra, de conocimientos abstractos.

Por seguir con el ejemplo, si la primera experiencia de la playa se hace en un contexto de seguridad y placentero, donde las figuras significativas del niños se encuentran con seguridad y disfrutan, el niño/niña tiene las condiciones para poder disfrutar, recibir una experiencia vinculativa y desiderativa positiva, de deseo y no de rechazo, y la experiencia quedará grabada, señalando la playa como un lugar al que ir. En la experiencia influye tanto el ambiente creado por las figuras que introducen al niño en  la nueva experiencia, que crean algo así como un nicho en el que la experiencia se puede producir, como que la experiencia en sí sea placentera o genere rechazo, es decir, una medusa, una ola inoportuna, etc., etc., van a ser contenido esencial de la nueva experiencia, que puede girar a negativa: rechazo.

Por todo esto la imagen que tenemos de conservación de palabras, el diccionario, poco o nada tiene que ver con la realidad de como guardamos nuestras experiencias. Estas son almacenadas en un contexto emocional que las relaciona con nosotros mismos, con cómo vivimos la experiencia, si fue agradable o no y con la satisfacción de nuestras necesidades. Todo esto va a estar contenido en el concepto playa. A pesar de la generación de pensamiento abstracto esta carga emocional no se pierde.

A lo largo de los seis primeros años de vida se produce este viaje desde las sensaciones hasta el lenguaje y el razonamiento abstracto. Es decir se van dando cuenta que las palabras son generalizables, es decir aplicables a muchas elementos que se pueden agrupar bajo la etiqueta y empiezan a utilizarlas libremente. Por ejemplo ven un dibujo de un pájaro y dicen pájaro, lo identifican inmediatamente como tal. En este sentido los dibujos, los esquemas son muy eficaces, son asimilados directamente y se trabaja desde ellos. Por eso los niños son tan aficionados a los dibujos animados, les ponen directamente en contacto con etiquetas y con el increíble trabajo intelectual que están haciendo.

La relación entre vocabulario y experiencia, y acción ha sido puesta de relieve por casi todas las modernas teorías pedagógicas que enfatizan la necesidad de que el niño haga las cosas, experimente, utilice sus sentidos, vea, toque, utilice sus manos, etc. Es un contexto en el que  se tiene en cuenta principalmente la conexión entre las sensaciones de las experiencias y el vocabulario. Lo que yo quiero poner de relieve es que también es importante el contexto emocional. Es decir no tener en cuenta solo la sensación, sino también la emoción. Desde este punto de vista la emoción es la sensación sentida, con expresión de Aristóteles. La emoción es una elaboración de la sensación realizada por la sensibilidad interna, una evaluación del conjunto de sensaciones (situación) en función de las necesidades de la persona. La emoción va ligada a la sensación, se produce indisolublemente ligada a ella. La emoción vincula la sensación a nosotros mismos, al sujeto que percibe.

Luego las palabras poseen dimensión emocional, dimensión que les proporciona su vinculación con las sensaciones que se encuentran en la base de la experiencia a la que se referencian. También adquieren la carga emocional que se percibe en la comunicación, es decir, la que tiene para la persona que enseña la palabra al niño/niña. Este modo, a través de la dimensión comunicativa de la emoción tiene mucha fuerza. El niño sabe perfectamente que le riñen aunque no entienda la mitad de las palabras que le están diciendo. Esas palabras van a quedar vinculadas a ese contexto. Es decir, el niño percibe esta carga emocional mucho antes que los significados semánticos.

Luego para el aprendizaje son necesarias dos cosas fundamentales: un ambiente emocional adecuado donde el niño/niña se sienta seguro y experimentar, es decir proporcionar un caudal grande de sensaciones agrupadas en nuevas experiencias. Esto hará que su aprendizaje del lenguaje sea rico y de gran contenido.

El lenguaje pasará desde aquí a conformar la misma identidad de la persona, pero esto aquí nos lleva demasiado lejos. Solo decir que el lenguaje es integrador del nivel de las sensaciones del nivel emocional y de las emociones y del nivel de la palabra o reflexivo-racional. Estos 3 niveles integran la identidad de cada persona. Precisamente por ello, la educación comienza con la experimentación de la realidad, con las experiencias, con el hacer y la curiosidad de los niños.

El gran error es una educación desconectada de la experimentación, de tratar de inculcar solo conceptos, de jugar con conceptos, de trenzar utopías que no han sido vinculadas a lo que se ha experimentado en la realidad. No podemos hablar de lo que no hemos vivido.

La persona es una palabra que se expresa

El objetivo general de este blog es profundizar en qué es el hombre/mujer, recogiendo los 18420950_savances de la antropología, tanto culturales, como son los realizados por la filosofía desde sus inicios en su preguntas sobre el hombre/mujer, como los realizados por la ciencia desde que Darwin enunciase su teoría de la evolución. Miramos también a llenar una laguna que la cultura de la modernidad había creado al poner el acento en la racionalidad: una postergación de la dimensión emocional. Las emociones y sentimientos son una parte consustancial de que es la persona, y sin ellas no es posible entender a la persona y tampoco el modo en que se relaciona con el mundo.

En esta entrada me gustaría ofrecer una primera, aunque también profunda aproximación: la persona, el hombre/mujer, es una palabra que se expresa. Es un intento de compresión del mundo, que comienza como mundo particular, pero que lleva dentro un tendencia universal. Como ser vivo que es va a estar constantemente expresándose, en una relación con ese mundo. En realidad se expresa con todo: lenguaje verbal, corporal, tono, entonación, postura, etc. Es una relación con el mundo, que expresa de un modo particular y original. Y expresa el propio modo de ver el mundo, el modo en que este mundo le ha impactado, su experiencia en él y su simbiosis con él. Todo le ha ido afectando y a todo ha reaccionado y lo elabora, lo vive y lo expresa. Somos un resumen de todo lo que hemos vivido. Y por ello también un punto de vista original, nuevo, diferente a cualquier otro. Nuestro modo de ver el mundo, de vivirlo, de expresarlo va a ser nuestro y de ninguna otra persona. Somos originales, únicos.

Para construirnos como personas debemos elaborar nuestra palabra, una palabra que esté realmente entremezclada con toda nuestra experiencia, con lo que hemos vivido, con nuestra sensibilidad, con lo que realmente pensamos de las cosas. Cuando  más coherentes seamos en este diálogo con la palabra que expresamos cada día, cuando  hablamos, cuando nos encontramos con los demás, cuando hablamos con nosotros mismos en un diálogo interior, más plenos, más auténticos seremos como personas.

Dicho al contrario, callar es malo para la persona, para crecer y desarrollarse debe hablar, expresar su punto de vista, hablar de lo que piensa y siente. Este es además el mejor modo de autoconocimiento. Sin diálogo no hay desarrollo para la persona. Pero este hablar no es solo en condiciones de diálogo, en condiciones de aceptación, sino también, y de un modo muy necesario, hablar precisamente cuando alguien o alguna situación no nos están respetando, no nos escucha. Si callamos desaparecemos como personas en ese ambiente o ante esa persona.

Además expresar nuestra palabra no es una tarea acabada, no termina más que con nuestra vida, es más indica el nivel de vida que tenemos, en qué medida estamos vivos. Nuestra experiencia no cesa de crecer, no cesa de ajustarse a la realidad, de toparse con ella, en cada momento de la vida hay que seguir creciendo en esta coherencia entre la experiencia y la palabra que la expresa. Debemos siempre esforzarnos en conectarlas, en buscar una palabra coherente que nos exprese todo lo plenamente posible.

Funciones de la palabra

La palabra tiene mucha, muchísima fuerza y muchas funciones,17769731_s aunque se trata de esa palabra conectada con todo lo que es la persona, no la palabra desencarnada, lejana de la experiencia personal:

  1. Conoce, sabe, nombra, designa, califica, señala,
  2. Explica, enseña, diseña, abre posibilidades, cierra, organiza, amplia mundo, conquista, integra personas y realiza proyectos…
  3. Concreta, dispersa, reúne, enumera, organiza,
  4. Evoca, llama, convoca, recuerda, sana, anima, conecta, plantea, inflama, manipula, seduce, atrae, impulsa, ofende, duele, engaña, ilusiona, suaviza, enardece…
  5. Respeta, agrede, reclama, exige, solicita, pide, defiende, ataca, separa, acuerda, aísla…
  6. Habla de nuestro mundo, de nuestra sensibilidad, nos afirma, nos construye, nos alegra, nos entristece, nos enfada
  7. Nos conecta con los demás, nos hace compartir, nos integra con los demás, tiende puentes, forma grupo, …

Todo esto es lo que hacemos con la palabra y de todo ello tenemos que ser conscientes cuando la utilizamos. El cómo la utilizamos es lo más fundamental. Esta es una enseñanza importante, estamos muy “enseñados” sobre el significado de la palabra, sin embargo cómo la utilizamos es más importante, nuestras relaciones, nuestro mundo se va a configurar alrededor de ese cómo.

Por ejemplo si nuestra palabra es agresiva, nuestro mundo, nuestras relaciones son agresivas, la palabra configura el mundo en el que vivimos, no podemos olvidar esto. Cada uno poseemos una palabra personal, nuestra, hecha de nuestras experiencias, de nuestra sensibilidad y de nuestro estado de ánimo, desde ahí configuramos nuestro mundo, que va a estar teñido del mismo color que tiene nuestra palabra. Tenemos que ser conscientes de ese color y aprender a descubrir cuando varía. Esto es uno de los puntos necesarios del autoconocimiento.

Callar, cuando algo nos duele, nos quema en las entrañas, es lo peor que podemos hacer, primero por nosotros mismos: las emociones son proceso, circulan, necesitan circular. En segundo lugar por los demás: el único modo de contactar con las personas, de crear vínculos es hablar, establecer un diálogo. Comunicarse es lo natural y es necesario para el hombre. Las patologías mentales siempre dan como resultado patologías de la comunicación personal, y la forma de abordarlas es precisamente recuperando la propia palabra, la propia comunicación.

La conexión entre experiencia y palabra

Terminábamos la entrada sobre «las limitaciones de la palabra», 15433132_shablando de experiencia y autenticidad. La autenticidad, y con mayor precisión la honestidad, se juega precisamente en la conexión experiencia-palabra. La capacidad que tiene el hombre de separar instintos y sentimientos de la esfera del razonamiento se puede convertir en su mayor trampa: trabajar solo con la esfera racional. De este modo convierte lo diferente en el hombre, lo que específico del ser humano, en lo único: somos hombres porque somos racionales. Esta es la gran tentación del hombre.

No se puede trabajar solo con palabras sin haber vivido las cosas, se pierde la conexión con la referencia. Nos quedaríamos en un conjunto de signos sin referencias y por tanto sin significado alguno (sofistas o utópicos). Hay que darse cuenta que la reflexión, la esfera racional, nunca trabaja en vacío, es eso re-flexión: volver sobre, y para volver, primero hay que ir. La reflexión trabaja sobre los datos proporcionados por la esfera psicológica y por la tendencial-instintiva, sobre las experiencias, sobre las vivencias. No se puede perder el contacto con la realidad y trabajar sólo con utopías, baste recordar las dolorosísimas experiencias del fascismo y el estado soviético, de lo inhumano que puede resultar esto. No se puede desgajar una esfera del hombre y luego decir: “tengo al hombre entero”.

Este es el sentido de la expresión clásica, que se remonta hasta Aristóteles: nihil est in intelecto quod prius non erit in sensu (nada hay en el intelecto que antes no haya estado en los sentidos). La importancia de este punto es que la palabra nunca es solo intelectual, ni solo abstracta, sino que hace referencia a un mundo real donde las cosas son y están, la palabra es referencia. Hay que tener en cuenta que la palabra ha simplificado el mundo, a través de la generalización, para poder manejarlo. Además del significado, la palabra lleva consigo un contexto afectivo, un marco donde aprendimos esa palabra, constituido por las referencias que nos evoca, que nos hace sentir,… lo que hace también que las palabras no sean iguales para todas las personas, tienen coincidencias, a veces muy grandes, pero no son iguales. Además la palabra tiene un contexto en el momento en que la percibimos, ese contexto es el tono en que es pronunciada, la persona que la pronuncia, etc., además el contexto está también integrado por nosotros mismos; nuestra situación anímica y personal.

La conexión entre experiencia y palabra es en su profundidad conexión entre cuerpo y palabra. La experiencia nos llega a través de los sentidos (nivel biológico) y se almacena a nivel psíquico emocional: nos acordamos de aquello que nos produjo una intensa alegría, o tristeza, o miedo, o enfado… Ya hemos hablado de que los sentimientos tienen su ubicación en el cuerpo. No olvidar lo que sentimos, dar valor positivo a nuestras emociones a nuestra sensibilidad es el modo de conectar experiencia y palabra. Nuestra palabra debe expresar aquellas conclusiones que las que hemos llegado realmente con nuestras vivencias, con aquello que hemos vivido. Lo demás es hablar teóricamente, sin saber de qué se habla.

Llamamos a alguien honesto precisamente cuando ha realizado esa conexión entre su vivencia y su palabra, sabe realmente lo que siente, ha elaborado sus vivencias, de modo que sus conversación rebosa de la realidad de lo realmente vivido y asimilado.

Sin embargo está muy presente la desconexión en nuestra cultura. Hemos creado una cultura teórica de idea, una educación donde se privilegian los contenidos (teóricos) y tenemos distante la educación emocional, la recepción de nuestra sensibilidad, en resumen escuchar nuestro cuerpo, elaborar nuestras vivencias.

La palabra es signo y generalización

En esta entrada voy a hablar de cómo se integra la palabra en el mundo humano.

La palabra es un conjunto de signos. Es un signo, no un símbolo. El signo es una 17759606_srelación convencional (por acuerdo entre quienes lo usan) entre referente (el signo) y la referencia (realidad significada). El signo se agota en indicar la referencia. El símbolo es una mediación entre el sujeto y una realidad más amplia. El símbolo también es convencional, pero no se agota en la referencia, sino que el mismo alude una realidad más amplia, es decir la significación del símbolo está motivada (Piaget), no es puramente asignada. Ejemplo la bandera: la bandera es un símbolo, también es un signo que se refiere a un asta y un lienzo con colores. Pero es símbolo, porque ese signo se refiere también a una realidad más amplia, por ejemplo, la Unión Europea. El arroz (el término) es un signo, se limita a hacer referencia a la planta y a sus granos. Ojo no confundir símbolo con el hecho de que un signo único puede serlo para varias referencias: «camello» se refiere a un «animal con joroba del desierto» y a «persona que lleva droga». Esta doble asignación es convencional, tiene motivos, a veces de conexión entre significados, pero no deja de ser convencional, el lenguaje podría haber ido por otro sitio.

palabra signo

La clave de la relación entre referencia y signo se encuentra en la significación. El signo es la palabra, la significación la relación entre la palabra y la referencia. La significación es siempre una generalización. Un signo es tal porque se puede aplicar a muchas referencias. Cada palabra es una generalización. Una palabra sin significado es un sonido vacío que no forma parte del habla humana.

«La generalización es un acto verbal del pensamiento que refleja la realidad de un modo radicalmente diferente a la sensación y percepción» (Vygotsky, Pensamiento y lenguaje, p. 52). Para Vygotsky hay 2 saltos de nivel entre:

  1. Ausencia total de conciencia (piedra) y sensación (caracol)
  2. Sensación y pensamiento (generalización, sistema de signos).

Es decir hay la misma distancia entre piedra y caracol que entre caracol y ser humano. Este punto marca la especificidad de lo que significa la palabra si se compara con los demás sistema de relación, tanto con la esfera biológica, como con la psicológica, utilizando la terminología que empleamos en este blog.

Cómo podemos generalizar, cómo podemos construir universales, por qué somos capaces de llamar árbol a todos los árboles y tener un porcentaje de acierto verdaderamente increíble. Este es el problema que ha angustiado a la filosofía desde los griegos. Las soluciones de Platón y Aristóteles siguen siendo puntos clave del pensamiento. Aquí hemos preferido el enfoque basado preferente en Vygotsky porque nos parece más útil desde el punto de vista de entender la conexión entre experiencia y palabra y la comunicación.

Estamos hechos para la localización de signos, el cerebro los localiza a una velocidad increíble. Somos capaces de distinguir la letra «a» escrita de mil formas diferentes. Para leer incluso ni necesitamos leer todas las letras, integramos y chequeamos lo que se acerca… al significado, no a la forma; para fijarnos en la forma lo tenemos que buscar expresamente. También chequeamos rapidísimamente las formas de un mueble para determinar que es una «silla». Es decir, trabamos de forma inmediata con los significados.

14904095_sPara reafirmar esta idea de que estamos hechos para el habla hay que decir que todos los hombres hablan una lengua, quizá no escriben (otro sistema de signos para las palabras), pero siempre hablan. Truffeau hizo una película hace años sobre el caso real de un niño que crece en un bosque de Francia y cuando fue encontrado no andaba erguido y tampoco tenía lenguaje, solo gritos y gruñidos, había vivido con lobos y se había adaptado a esto. El ejemplo subraya el hecho que, lo que no pudo asimilar para hacerse hombre (y no lobo), era un lenguaje de significados.

La palabra en sí misma es una generalización que hace referencia a un conjunto de signos elaborados a partir de nuestra experiencia, es todo un sistema para integrar las experiencias, las vivencias. Es muy importante tener en cuenta que no se transmite solo algo abstracto, general, no transmitimos solo la generalización, se transmite un mundo de experiencia, se transmite una cultura. Detrás de cada lenguaje hay una cultura, en el sentido más amplio de esta palabra, es decir, un modo de afrontar y entender de modo integral el mundo.

Esto lo realizamos a través de tres parámetros que se funden en el lenguaje de signos que es la palabra: verbal, paraverbal y silencios.

Significado verbal: cada persona define de un modo diferente los significados de cada palabra, Las palabras tienen coloración afectiva, han sido teñidas por nuestra experiencia. La definición es un cajón, que a la vez que significa, también limita: es una labor de etiquetado.

Paraverbal: las palabras no llegan neutras, como en las gasolineras «ha escogido, gasoil» van siempre acompañadas de nuestra situación afectiva del momento: situación en la que estamos (día gris), énfasis (importancia para nosotros), intencionalidad, etc.

Silencio: indica mucho nuestra actitud, el espacio que nos merece el otro, nuestra escucha, nuestra apertura a él, etc.

El conjunto de los 3 parámetros es lo que denominamos lenguaje, que no es el lenguaje abstracto del diccionario, sino el lenguaje vivo de cada persona y su comunidad de vivencia.