En defensa de niñas y niños

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Este verano me ha sucedido encontrarme por la calle varias veces con riñas de padres o madres a sus hijos en diferentes situaciones. He visto hasta cachetes o mejor, bofetadas. Una madre enfadada con su hija porque se va distraída por la calle y ella, la madre, tiene que estar pendiente; un buen enfado, lleno de gritos y recriminaciones. En otro caso de un padre a un hijo mayor, bueno de unos 9 años, porque no ha estado pendiente de su hermano menor. En varias ocasiones porque no iban suficientemente rápidos o no han reparado en que hay mucha gente por la calle y se pueden perder.

En todos los casos los sentimientos del padre o madre son los que mandan en la situación: el miedo a que se pierda o a que lo pille un coche u otros, que genera varios gritos y una situación de violencia que el niño no entiende, porque no es quien siente el miedo.

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La familia emocional

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¿Qué es lo nuevo en la familia de hoy en día? Hay una gran novedad en la familia, novedad que se detecta por todas partes. El centro de lo nuevo es ser respetuosa de las emociones y sentimientos de todos y cada uno de los miembros de la familia. Lo nuevo es ser una familia emocional.

Para, saber qué es lo nuevo lo primero hay que saber qué es lo viejo, o mejor, de dónde viene la familia, cuáles son las raíces.

Desde hace tiempo se ha repetido un mismo esquema de análisis de la familia. Procedemos de la familia autoritaria y cuando esta desaparece nos encontramos con la familia permisiva. Evidentemente la familia se analiza exclusivamente desde el tipo de autoridad que se da en ella y esa autoridad sólo puede ser la de los padres en conjunto. En la familia autoritaria padre y madre marcan las directrices y también las sendas que deben recorrer los hijos. Esa familia autoritaria, al menos en España, aunque también en otros países, había crecido en un tiempo en la que la presencia de la Iglesia era muy grande a todos los niveles. La autoridad de la familia se concebía como derivada de la autoridad de la Iglesia y también estaba protegida y alimentada por esa autoridad. La legitimidad de la autoridad de los padres se mantenía mientras estos se mantenían dentro de lo que la Iglesia ordena, era un orden religioso y una autoridad moral, que también estaba recogida a nivel legislativo.

Con el desaparecer de la presencia y la influencia de la Iglesia en la sociedad desaparece también esa autoridad y la familia, que no cambia de esquema, pierde la autoridad y se transforma en una familia permisiva: ya no hay justificación para la autoridad y esta desfallece. La crisis de la familia se junta por tanto a la crisis de valores de la que habla la Iglesia y que es la causa de la introducción del divorcio y la rotura de la familia denominada tradicional.

Pues bien, todo este análisis que se sigue repitiendo con diversos matices, no tiene mucho que ver con la nueva familia emocional, tal como la he denominado. Primero, la nueva familia no está apoyada básicamente en una concepción de la autoridad, ni en las relaciones desiguales que toda autoridad implica. La nueva familia está basada en relaciones de igualdad. La nueva familia está basado en el respeto a cada persona en cuanto tal persona y a su libertad y capacidad de decisión. En la nueva familia todos, madre, padre, cada uno de los hijos que haya, tienen la misma dignidad de personas, no hay uno por encima de otro. Este nuevo modo de concebir la relación es respetuosa con la libertad de los hijos y se adapta a ella conforme se van desarrollando, acompañándolos en su desarrollo.

Esta nueva familia emocional tiene su centro en un contenido y no es una estructura de poder. El contenido son las emociones y sentimientos de cada uno de los miembros de la familia.

La herramienta más importante de la nueva familia no son las órdenes que deben ser obedecidas como surgidas de la voluntad del cabeza de familia, así se denominaba al padre (no a la madre, otra de las desigualdades de la familia tradicional). La herramienta central de la nueva familia es la escucha. Padre y madre que quieren fundar una familia emocional deben aprender a escuchar a sus hijos, a cada uno de sus hijos, porque cada persona es diferente. Deben ser sensibles a las emociones y sentimientos de cada hijo y detrás de esas emociones detectar sus necesidades. Esas emociones enraizadas en el ser biológico y personal de los hijos.

La herramienta de los valores, que durante años ha sido, y en algunos ambientes sigue siendo, el remedio que se ofrece para la “crisis” de la familia, no es útil desde el prisma de la familia emocional. No es útil porque los valores no se pueden inculcar artificialmente desde fuera. Los valores son la elección más profunda de nuestro sistema emocional y en cuanto tales solo pueden ser escuchados y descubiertos en cada persona y en cada familia. Es decir, cada familia tiene valores diferentes, valores que son introducidos por la vida, no por elecciones externas, de madre y padre y después de cada uno de los hijos, conforme se va desarrollando como persona. Es decir, no hay una elección dogmática de los valores, sino una elección vital.

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Por tanto la nueva familia es natural, es decir, tiene sus raíces bien agarradas en la tierra de los seres biológicos que somos.

La nueva familia no es dogmática, es decir no impone creencias, sino que es respetuosa con las que tienen cada uno de sus miembros. Por ejemplo las creencias religiosas pueden existir, pero no son obligatorias, sino que son adoptadas por cada uno de los miembros en el uso de su libertad. Luego la nueva familia es religiosa al ser respetuosa con la espiritualidad de cada persona, precisamente al ser respetuosa con cada persona, ya que la espiritualidad es una dimensión personal.

Del “cómo” es la nueva familia hablo en mi libro: El diario de las emociones de mi hija Noor, que te invito a leer. Sobre el qué, sobre los contenidos, esos te pertenecen, son tu terreno personal, dicho de un modo que copia la publicidad, son lo que constituye la república independiente de tu casa.

¿Qué hace especial al ser humano entre los animales? 3: El sexo.

La revista Scientific American de septiembre 2014 incluye 3 elementos de respuesta al interrogante: andar erguido, la monogamia y la cooperación entre congéneres. En mi opinión mejor que la monogamia, que evidentemente no es un comportamiento generalizado en el ser humano, lo que realmente hace especial al ser humano es el sexo, su modo de vivir la sexualidad. Dentro de ese modo está su tendencia mayoritaria a la monogamía, pero el sexo es bastante más. Así que esta es mi corrección a los elementos que indica Scientific American.

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La amistad y los valores

Ya hemos visto que una clave de la amistad está en la aceptación. Desde luego el amigo debe aceptar nuestros valores, debe aceptar nuestras elecciones fundamentales. Es desde esta aceptación desde donde vamos a poder realizar el relato de nuestra vida, que se construye en el diálogo en los encuentros. Por esto la elección de los amigos es de una gran influencia en nuestra vida. Somos aceptados por el amigo, eso abre a la confianza, desde ahí también sus valores van a encontrar la puerta de nuestra existencia abierta y configurar sin trabas.

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