El sentido de la vida

Sigo mis reflexiones leyendo a Jean Grondin de la entrada: http://wp.me/p3eRnl-a1 .

Tener sentido no es algo que se ciña solamente a hechos o situaciones externas, se extiende 19310209_sal interior de las personas. Cada persona necesita encontrar sentido a lo que hace. Este sentido se encuentra al insertar el nuevo hecho en la cadena de hechos anteriores de la propia vida. Dar sentido lo expresamos muchas veces con el término: coherencia. Ser coherente significa que nuestro hacer,  nuestra vida, un tramo de esta encuentra significado, encuentra un hilo conductor una comprensión. De nuevo aquí tener sentido indica tanto tener dirección como significado.

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La importancia emocional de que las cosas tengan sentido

Reflexiones leyendo a Jean Grondin.

El conseguir que las cosas tengan sentido es de lo que más nos mueve, es decir pone en marcha nuestro sistema emocional y la activación de este es la fuente de toda motivación. La expectativa de que las cosas tengan sentido es un presupuesto siempre presente en nuestro actuar y en nuestro pensamiento. Nos cuentan algo y tiene que tener sentido para nosotros, si no lo tiene, aparecen las preguntas, los interrogantes, seguramente hasta que el relato, los hechos adquieran sentido. Construir el sentido de un acontecimiento es conseguir una explicación de los hechos acaecidos, es ordenar los datos, entenderlos. Una de las mayores desacreditaciones que podemos expresar a alguien con el que estamos hablando es decirle: «¡Eso no tiene sentido!», la expresión va a hacer o que la persona se detenga y reflexione y cambie o que insista en su explicación que para él sí que tiene sentido.

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El enamoramiento (2): Aproximándonos al fenómeno

Entre las múltiples descripciones del enamoramiento que nos proporciona la literatura, he escogido una de John Steinbeck en su novela «Al este delal este del eden Edén». Quizás, a primera vista,  no parece referirse al enamoramiento y, sin embargo, es una descripción preciosa:

“A veces una especie de gloria ilumina el espíritu del hombre, es algo que le ocurre a casi todo el mundo. Uno siente cómo crece o cómo se prepara, lo mismo que una mecha que arde hacia la dinamita. Es una sensación en el estómago, un deleite de los nervios, de los antebrazos. La piel siente el aire, y cada profunda aspiración tiene un dulce sabor. Su comienzo da el mismo placer que un gran bostezo; brilla con resplandor en el cerebro y todo el mundo aparece rutilante ante los ojos. Se puede haber vivido durante toda la vida de una manera gris, viendo la tierra y los árboles oscuros y sombríos. Los acontecimientos, incluso los más importantes, se han deslizado inexpresivos y pálidos. Y de repente, surge la gloria; y entonces se encuentra dulce el canto de los grillos, y el perfume de la tierra se alza como una canción hasta el olfato, y la luz que forma motas bajo un árbol es una bendición para los ojos. Esto provoca en los hombres una eclosión torrencial, pero no por ello se sienten disminuidos. Y me atrevería a afirmar que la importancia de un hombre en el mundo puede medirse por la calidad y el número de sus momentos de gloria. Es un hecho aislado, pero que nos une al mundo. Es la fuente de toda creación y coloca a cada hombre aparte de los demás”.

Vamos a tratar de sondear en qué consiste el enamoramiento: esos momentos de gloria que proporcionan el color a la vida; su sentido, su significado, su calado. El enamoramiento es algo muy profundo en la vida del hombre, un fenómeno mucho más amplio y más denso de lo que habitualmente pensamos, seguramente este es el motivo por el que puede sorprender el texto que acabamos de utilizar para describirlo.

A la vez, el enamoramiento es absolutamente necesario: sin enamoramiento 22973157_sno podríamos vivir, habríamos perdido la orientación y el color de la existencia, su luz y su sentido.

El enamoramiento se extiende a muchos otros campos distintos de la relación hombre-mujer, aunque es ahí donde tendemos a situarlo, porque este es el enamoramiento por excelencia, ya que esa es también la relación del hombre por excelencia. Todo está en su interior. Como las nueces, que protegen su contenido, el enamoramiento también protege su contenido. Nos atrae, nos ilusiona, tenemos una idea de lo que es, deseamos vivirlo, incluso lo vivimos, pero parece que todo se refiere a su resplandor, a la manera en que se presenta. A pesar de la atención que se le presta, no estamos muy acostumbrados a pensar sobre él. Sin embargo, en su  interior está todo, lo dice todo. Si supiésemos leerlo mejor; si nos diésemos cuenta de que el enamoramiento es sobre todo comunicación, descubriríamos de pronto la vía que nos abre al mundo: el enamoramiento es el único modo de descubrir en sí mismas las cosas y las personas.

El enamoramiento nos muestra las cosas, les da luz y color y por eso podemos verlas, incluso podemos afirmar que solo vemos aquellas cosas que están en la luz y han recibido el color como una gracia. Todo lo demás está en un gris indeterminado, indiferente, no resaltan a nuestra mirada. El enamoramiento pone la luz y el color, y sucede lo mismo que con la luz y el color, que nos subyugan  y nos quedamos mirando la luz y los colores.

Con el enamoramiento sucede también que en ocasiones nos cuesta ver las cosas o las personas que el enamoramiento nos muestra, y nos quedamos subyugados por el propio enamoramiento, nos enamora sentirnos enamorados.

Viktor Frankl: el hombre en busca de sentido

El libro de Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido, (Herder, Barcelona, 21ª Ed., auschwitz-children_mega [800x600]2001), es muy importante en la historia de la psicología, en realidad en el conocimiento de lo que es el hombre/mujer. Está basado en la narración en primera persona de  la experiencia de un judío, psiquiatra, en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial y los resultados de su observación de las reacciones de las personas en esa situación extrema.

El tema central es la necesidad y búsqueda de un sentido de la vida, elemento clave en la configuración de una persona. Se trata de una experiencia extrema de la «libertad para», o más bien como para sobrevivir es fundamental tener una finalidad en la vida. En el campo de concentración se sobrevive, no por fortaleza física, sino por tener un motivo, un sentido por el qué vivir. La clave es la cita que el autor hace de Nietzsche: «Quien tiene un porqué vivir, encontrará casi siempre el cómo», cuando se tiene una finalidad se pasa por encima de cualquier dificultad, se consigue el modo de salir adelante, de llevarlo a cabo.

Este tema central es visto a través de múltiples experiencias vitales que el campo de concentración hace vivir de un modo agudo. Vamos a indicar de un modo muy sintético 4 claves sobre, de las que más adelante incluimos una entrada con algunos textos de Viktor Frankl. Para entenderlos en profundidad sería necesario acudir al texto original del autor (pondré alguno en una próxima entrada):

a)            Experiencia de la vida desnuda: lo que hace un ser humano cuando de pronto no le queda nada: «nada teníamos que perder como no fueran nuestras vidas, tan ridículamente desnudas». La clave es el sentimiento de pertenencia y seguridad, en el campo de concentración su privación total.

b)           Experiencia del sufrimiento, como parte de la vida. La experiencia del campo de concentración, ¿es algo enteramente extraño a nosotros o hay algo en nuestra vida que tenga que ver con eso?

c)            Vivencia del tiempo: romper la idea que tenemos muy arraigada de que el tiempo es objetivo… en realidad su percepción depende de nuestras expectativas, de nuestra situación existencial. El tiempo, lo más valioso que tenemos, es configurado por la interioridad.

d)           La libertad. Signo distintivo de lo humano, muy difícil, incluso minoritaria, pero siempre termina apareciendo a pesar de todos los condicionamientos.

Como método psicológico Viktor Frankl desarrolla la logoterapia. Es significativo que su liberation55experiencia le haya llevado a potenciar de ese modo la palabra, por ejemplo una de sus técnicas es el dialogo socrático. La idea de fondo es buscar el sentido de la vida de la persona que acude a la terapia, con un planteamiento existencial: su vida es lo importante. De este modo Viktor Frankl, que procede de la escuela de Freud, se separa de este, que ponía el énfasis en la «voluntad de placer» y se acerca a los planteamientos de la psicología humanista. De acuerdo con la idea de Freud, el sujeto tiende a expandir el placer, hasta que este encuentra su límite: el principio de la realidad. De este modo en el individuo placer y realidad se encuentran en conflicto. La idea de Frankl es enteramente diversa: para él el sufrimiento es parte de la vida, esta tiene un sentido, y esa finalidad es lo que llena la vida de la persona, y le da fuerza, capacidad de enfrentarse a lo que sea necesario.