Fases de la meditación

La meditación se desarrolla en 4 fases. No me refiero a fases de un método, en esto hay muchos métodos diferentes, me refiero a fases existenciales, fases por las que pasa la persona que inicia el camino de la meditación.

En su primera fase, la meditación es el ajuste de todos los aspectos de nuestra 18027938_sintimidad con la realidad circundante. Una visión integrada de nuestra propia vida y del mismo mundo que vivimos, visión que no es posible alcanzar de otro modo. No sabemos quiénes somos si no sabemos qué es la realidad que nos rodea. Hay algo de verdad en el hecho de que la meditación descubre un mundo nuevo, pero no en el sentido que sea otro mundo diferente, se trata de este mismo mundo, de la realidad circundante. La meditación descubre una nueva mirada de la realidad. La meditación descubre perspectivas de este mundo, realidades de este mundo, que de otro modo quedarían ocultas y nuestra visión de este mundo que vivimos sería pobre, ramplona, reducida, sin alcanzar toda la profundidad que la realidad tiene, incluso sería incapaz de tocar la realidad.

En ese descubrimiento de la realidad, de nuestro mundo, la segunda fase de la meditación nos da nuestra definición como persona. Empezamos a descubrirnos en ese trasfondo, quizá mejor en el medio de ese mundo nuevo. Al descubrirnos a nosotros mismos de un modo nuevo, la meditación  apunta a nuestro proyecto vital, qué vamos a hacer, cuál es el sentido de nuestra vida, o mejor, qué es lo que da sentido a nuestra vida.

La tercera fase es la construcción de un mundo nuevo: nuestro mundo, la realidad que vivimos, que es nuevo porque necesita de una libertad nueva: la nuestra. Ahora es ya una libertad integrada. Una libertad que unifica la «libertad de» (autodominio) y la «libertad para» (proyecto).

La cuarta fase es la exploración de todas las posibilidades y la apertura de nuevas, ir más allá, no quedarse solo encerrado en lo vivido hasta un cierto momento, abrirse mucho más, siempre más allá.

Esas 4 fases se corresponden a la vez con 4 ámbitos del hombre, que son a su vez complementarios. En el primero se trata del dominio interior del hombre, de la integración del consciente e inconsciente, es decir, de la libertad y sus posibilidades. El segundo es el descubrimiento de la propia intimidad y desde ahí la vida como proyecto: la realización de una vocación humana, de una vida plena; cada vida es una tarea, un proyecto, que se realiza en relación y al servicio de los demás. En el tercero descubrimos los valores del mundo alrededor de los que vivimos y que dirigen nuestras preferencias y elecciones, su mundo moral y sus ambiciones. Este mundo de valores organiza el propio mundo personal que la persona proyecta alrededor suyo. En el cuarto descubrimos a la persona como relación, como esencialmente relacional, como alguien que encuentra su plena realización en el encuentro con los demás, como alguien cuya vida tiene sentido si descubre el amor. El medio para el encuentro es el diálogo confiado, el diálogo de la amistad. En la meditación descubrimos también nuestra capacidad de relación más genuina: el diálogo, el respeto, el amor.

Además de fases y ámbitos, constituyen también etapas que es necesario recorrer. Sin embargo, no se puede decir que sean etapas que se superan: son facetas de la propia vida que nunca se dejan atrás; por el contrario, siempre es necesario volver sobre cada una de ellas. La primera consiste en lo que se denomina autoposesión: el dominio de sí; la segunda es el conocimiento de uno mismo; la tercera el descubrimiento de una realidad más grande que yo mismo, realidad que proporciona sentido a mi vida, como nuestra vida se organiza alrededor de los valores que ha identificado como prioritarios; en la última se descubre el amor como el sentido de la vida, como lo único por lo que la vida merece la pena.

La necesidad de la meditación

Después de bastantes entradas tratando la noción de intimidad, quiero dedicar algunas a la meditación. La meditación es el principal instrumento de trabajo con la intimidad. En realidad ya he empezado con la entrada anterior sobre la belleza.

Quizás pocas veces nos planteamos la importancia de la meditación en nuestra vida 19811725_scotidiana, es decir su necesidad para la calidad humana de nuestra vida, para desarrollar una vida que sea verdaderamente humana. Y sin embargo, la meditación apunta al centro de lo más específicamente humano, lo descubre, lo hace nacer y por eso constituye una actividad esencial para cualquier hombre o mujer, de tal modo que sin ella, su vida carecerá de cualidades que necesita para ser profundamente humana. La meditación es una actividad característica del hombre, que le especifica como tal. La meditación es la herramienta para trabajar en directo la intimidad, y es por esto que se convierte en algo necesario si se quiere vivir desde dentro, ser realmente uno mismo.

La nos hace ser hombres por su conexión con el amor. El amor tiene su fuente ser honesto consigo mismo y con los propios sentimientos y necesidades. Esta es la base de donde puede fluir el amor, de la que se alimenta. Y ese trabajo de conexión de nuestra intimididad con nuestros sentimientos y necesidades la hace la meditación. Por ello la meditación nos conecta con la fuente más profunda que hay en nosotros. La meditación es totalmente necesaria para una vida verdaderamente humana, para descubrir la propia identidad como personas, para poder contemplar el mundo y descubrir su belleza.

La belleza como vía para la meditación es especialmente importante, toda meditación es de algún modo apertura a la belleza, apertura al ser, y apertura a la belleza. La belleza es el camino la vía el prisma por el que conectamos con el mundo con nuestro ser más profundo. En la meditación las cosas tiene que ser bellas y si lo son, nos entran hasta lo más hondo, hasta las coyunturas de nuestro ser.

Hay muchos sistemas de meditación. Tanto la tradición de origen cristiano como la budista, la hinduista y la islámica, la han desarrollado por diferentes vías. Todas ellas son válidas, o mejor entre ellas hay que escoger aquella que es más adecuada para nosotros

La persona vista como intimidad desde varios autores

Vamos a ver en esta entrada en qué consiste ser persona utilizando todo lo visto en las entradas anteriores sobre la intimidad. Si adquirimos una noción adecuada de persona, todo adquiere la perspectiva correcta. Estamos ante la noción central de la antropología.

Para hacerlo, me voy a limitar a traer lo que dicen lo que dicen algunos autores sobre la persona, aún a costa de aumentar la perplejidad y llegar a la conclusión de que no hay una definición, solo descripciones aproximadas:

1º La persona como tiempo, historia, proyecto es vida. Al hablar de persona nos encontramos en el terreno de la vida, de lo existencial:

«La persona no es un concepto, una esencia formal abstracta, sino una historia. Por eso el órgano de identidad, es decir aquello con lo que captamos nuestra iruiz-reteguidentidad personal, no es la inteligencia, con la que podemos captar formalidades (lo general), sino la memoria, en la que conservamos nuestra historia. Las lesiones orgánicas que hacen perder la memoria y no la inteligencia, se caracterizan porque el sujeto, aunque puede hablar y saber lo que son las cosas que ve, no sabe quién es él» (Antonio Ruiz Retegui, El precio de la lógica).

Miguel A. Martí. «Ser hombre es ser uno, siempre el mismo. Ser hombre es saberse, conocerse, poseerse, interpretarse. Ser hombre es tener un argumento, una dirección; darse una explicación. Ser hombre es, por último, autotrascenderse» (La intimidad, p.54). «Si yo no tomo un protagonismo decidido en mi vida, lo que acontezca en ella tendrá un sentido desintegrador y seré ‘un ser sin amo’, ‘un hombre sin dueño’, adueñado por los acontecimientos que sucedan en mi, que serán los que van dirigiendo mi vida, ahora unos después otros. La euforia, la depresión, la pasión exaltada, la tristeza … serán inquilinos de esta pensión sin dueño de mi propio yo, los que irán reemplazándose en la dirección de mi vida».

2º la persona es aquel tipo de ser que es dueño de su ser, de su vida, a la que puede marcar su propia impronta; el hombre, en cierta medida, se hace a sí mismo:

Joseph Pieper: «Un ser espiritual, que es un todo en sí, que existe para sí y por sí y en vista kantde su propia perfección».

Javier Hervada: «Cuando en el lenguaje filosófico se utiliza el termino persona se quiere indicar un ser que tiene características precisas: la persona es un ser que se constituye de tal modo inteligente y libre, que es dueño del propio ser. La característica más clara de la persona es el dominio del propio ser. Por tanto ser persona denota dos realidades que son como dos caras de la misma medalla, dos aspectos del dominio sobre el propio ser. La persona es ontológicamente dueña de sus actos, es decir, es capaz de dominar con la razón sus acciones. A la vez es también dueña de su ser, es decir se pertenece a si misma y está esencialmente imposibilitada para pertenecer a otro ser. Hay por lo tanto un dominio ontológico y, al mismo tiempo, un dominio moral que, necesariamente, es dominio jurídico, porque el ser y los actos de la persona, como le pertenecen, constituyen un derecho en relación con los demás. En el lenguaje jurídico, el termino persona designa otro concepto: indica al sujeto de derecho, al protagonista del orden social y jurídico» (Introduzíone critica al diritto naturale, p.112).

El que la persona sea sujeto de derecho, significa que su relación con las cosas es diferente a la que tienen los animales. Entre estos se suele decir comúnmente que vige la ley de la selva, que es la ley de la fuerza, el más fuerte se hace con el control de la cosa: comida, madriguera o hembra…, aunque en realidad es la ley del instinto, que es algo más compleja que esa caricatura. Entre las personas vige el derecho, el dominio sobre una esfera de lo mío, el orden racional de las relaciones. Los animales tienen derechos, básicamente el derecho básico a ser respetados en su existencia y modo de vida, pero no es el animal el que debe respetar esos derechos, es el hombre el que debe respetarlos, es el hombre el que vive en un orden de relaciones de justicia.

3º La persona no es puro espíritu. Dos citas de Jacques Maritain (Tres Reformadores, p.29), que hacen una distinción entre individuo y persona, nos aclaran el punto (Maritain es uno de los redactores de la declaración de derechos humanos de la ONU de 1948):

JacquesMaritain_260x330«La persona es una ‘sustancia individual de naturaleza intelectual’ y dueña de sus acciones, sui iuris, autónoma, en el sentido auténtico de la palabra. De este modo el nombre de persona está reservado a las sustancias que poseen algo de divino, el espíritu, y que, por eso, son cada una en sí misma, un mundo superior a todo el orden de los cuerpos, un mundo espiritual y moral, que para hablar propiamente, no es ‘una parte’ de este universo, y cuyo secreto es inviolable también a la mirada de los ángeles; el nombre de persona está reservado a las sustancias que, eligiendo su propio fin, son capaces de determinarse por sí mismas a los medios e introducir en el universo con su libertad, series de eventos nuevos; a las sustancias que pueden decir a su modo: fiat y se hace».

«El nombre de individuo, en cambio, es común al hombre, a la bestia, a la planta, al microbio y al átomo (…) la individualidad en cuanto tal está fundada sobre la exigencias propias de la materia, ‘principio de individuación’, ya que es principio de división, que pide ocupar una posición y tener una cantidad, por lo que está aquí difiere de lo que está allá. De este modo, en tanto que individuo, no somos otra cosa que un fragmento de materia, una parte de este universo, distinta ciertamente, pero una parte de esta inmensa red de fuerzas y de influencias, físicas y cósmicas, vegetativas y animales, étnicas, atávicas, hereditarias, económicas e históricas, a cuyas leyes estamos sometidos. En tanto que individuos estamos sometidos a los astros, en tanto que personas, los dominamos».

Me parece que en las dos citas aparecen muchas ideas interesantes. En su conjunto se puede ver una noción de persona, insertada en lo material, con una libertad condicionada, pero posible, para Maritain la libertad será siempre la conquista de la libertad sobre todos los condicionamientos internos y sociales (externos).

La persona no es conceptualizable, es siempre un ser particular y los conceptos formados en la inteligencia son universales, por esto no se le puede definir:

«Entre los antiguos se solía afirmar: individuum ineffabile, es decir lo concreto no se puede expresar hasta el fondo, no se puede explicar de modo satisfactoriamente completo. La persona libre es inaferrable también por la lógica» (Serrano, Il consenso condizionato, 1986).Miguel de Unamuno

5º Podemos señalar ahora lo específico de la persona:

Miguel de Unamuno (Adentro, Obras selectas, p. 186): «No te creas más, ni menos, ni igual que otro cualquiera, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e insustituible; en serlo a conciencia pon todo tu empeño». «No somos cantidades»: a lo existencial, a la vida, no se llega por la ciencia, por las matemáticas, que trabaja sobre la cantidad.

kierkegaard2 citas del diario de Soren Kirkegaard:

  1. «Tienen razón los pájaros cuando, atacan a picotazos hasta la sangre al pájaro que no es como los otros, porque aquí la especie es superior a los individuos singulares. Los pájaros son todos pájaros, ni más ni menos. En cambio el destino de los hombres no es ser ‘como los otros’, sino tener cada uno su propia particularidad».
  2. «Si me clasificas o me etiquetas, me matas».

No me resisto a incluir como cita final la reflexión ética de Kant, que está en la base de los derechos humanos, ya se ve que los derechos humanos son una parte clave de mi elaboración: la persona es un ser de tal categoría que debe ser considerado siempre como un fin, que nunca puede ser simplemente un medio. Para mí, esta es la regla fundamental de la ética y por tanto de las relaciones que se establecen. Con las personas solo se pueden establecer relaciones que respeten su finalidad propia, no se pueden establecer relaciones con personas sin un fondo de respeto.

Se trata de la dignidad de cada persona, en singular, cada una vale por si, no recibe su valor de nadie de fuera, es única, insustituible, irrepetible y, por eso, es un valor que debe ser respetado siempre. Es el único valor absoluto de partida, donde se puede instaurar la convivencia humana. Romper, conculcar, no tener en cuenta los derechos humanos de cualquier persona es ir contra la justicia, es ir contra la paz, no hay situación que lo permita.

El compromiso

En las entradas anteriores se me ha olvidado hacer notar que con los compromisos se 19362558_sconstruye y crece la intimidad. Cuando los compromisos de una persona se van encajando de modo coherente unos con otros, de modo que la intimidad los vaya admitiendo y por así decir, transformando en si misma, surge una intimidad fluida: la persona que vive a gusto consigo misma. El gusto con uno mismo está ligada al gusto con los propios compromisos.

Compromiso significa etimológicamente «prometer con», se promete algo con alguien. La noción de tiempo está incluida en la noción de prometer, promesa. Prometer es etimológicamente poner (meter) antes, poner algo antes de que suceda. Por eso compromiso significa estar de acuerdo (estar decidido a) en poner algo en el tiempo futuro. Comprometerse con alguien es poner a esa persona en nuestro futuro. Puede ser de un modo parcial: decir que vamos a hacer algo para ella en el futuro, o poner a la persona: estaré contigo.

En el compromiso ese poner, ese decir puede ser con otra persona o puede ser con uno mismo. En el caso de ser con otro, las dos personas deben decir algo cada una: deben poner cada una algo en el tiempo futuro. No necesariamente lo mismo, lo que quiere decir que los compromisos mutuos no son necesariamente equilibrados por si, los equilibran las personas si quieren.

Curiosamente esta palabra, compromiso, es la que va definiendo a la persona, la que va concretando su intimidad, es la que va abriendo su tiempo con promesas, y de este modo forjando su destino, su futuro. Desde el punto de vista del tiempo, el hombre es una historia, una historia de compromisos o carencia de ellos, nuestra memoria, el órgano de nuestra identidad como personas, almacena los compromisos, es decir almacena los recuerdos, la vivencias en función de nuestro compromiso en ellas: pasaron como agua sobre la roca, o nos comprometimos y entonces se han quedado grabadas en la memoria como parte de la vida. Puede ser que el recuerdo es que no nos quisimos comprometer, en tal caso, o no hubo compromiso alguno y casi no vamos a recordar a esa persona o actividad, o trató de comprometernos y nos entró el miedo a vernos comprometidos en algo que no queríamos. En este segundo caso si nos vamos a acordar, porque a través del miedo (emoción) el compromiso estaba presente, y eso es lo que marca la memoria.

Que la memoria es el órgano de identidad personal merece dos palabras. Cuando nos preguntan quiénes somos acudimos precisamente a la memoria, a lo vivido, a lo que hemos hecho, a nuestra historia: donde hemos nacido, quienes son nuestro padres, cuáles son nuestros estudios, dónde los hicimos, etc. Nadie para decir quien es acude a sus capacidades racionales: saber sumar o restar, o manejar un ordenador, no es parte de la identidad a no ser que a través de algo que hemos hecho nos defina: somos un genio del ordenador. En este caso el saber de ordenadores se convierte en parte de la identidad, pero no en sí, sino en sus realizaciones existenciales, en lo realizado personalmente, por ejemplo, en que fuimos capaces de entrar en el ordenador de hacienda, o … lo que hayamos hecho. Como es evidente así volvemos al concepto de compromiso: no es saber de ordenadores lo que nos identifica como persona, sino nuestro compromiso con los ordenadores, lo vivido con ellos,…

Entramos en el terreno de las conclusiones: el compromiso es un producto de la libertad y a la vez una limitación de esta. Se puede ser libre precisamente porque se carece de compromiso. Luego el compromiso tiene que ver con la libertad, es el modo de utilizar la libertad. Como hemos señalado varias veces libertad e intimidad van ligadas. Ahora vemos que la ligazón, el vínculo que une libertad e intimidad se concreta en compromisos.

Vuelvo al punto que quería dejar establecido, y ahora lo hago como conclusión: el compromiso o compromisos son lo que nos define como personas, el meter nuestra vida dentro de algo, poco o mucho, pero algo que aceptamos libremente, una nueva habitación en la que entramos libremente. Ya he dicho que comprometerse implica prometer, es decir implica hacerse una idea de algo que puede suceder, querer que suceda y meterse libremente a realizar esa idea. No sucederá si no nos metemos en ella, si no nos comprometemos con esa idea, para hacer realidad necesita nuestro compromiso. Algo en lo que nos han metido no es compromiso, a no ser que llevemos tiempo y no hemos hecho nada por salir, es un compromiso decidido por otro y aceptado (aquí la libertad) por nosotros, al menos pasivamente al quedarnos ahí. La medida de la aceptación (de la libertad) va a dar el nivel en que ese compromiso va a entrar y marcar nuestra vida.

Solo queda indicar que el compromiso lleva siempre una base emocional: o nos gusta algo, o nos interesa, o nos atrae, o nos adaptamos y lo acabamos aceptando, en cualquiera de estos casos hay un afecto, una dimensión emocional. Sobre esta base emocional del compromiso aún queda mucho que hablar, se llama enamoramiento, y está integrado por un montón de sentimientos, a veces realmente fuertes. Ya entraremos en este blog a este tema.

Libertad y compromiso

Volvemos a la idea, ya expuesta, de que las personas, en realidad todas las relaciones 20668885_sYo-Tu, solo pueden elegidas por amor. Ese tipo de relaciones, al no ser instrumentales, al traer consigo sus propios fines, comprometen nuestra vida, pues debemos ajustar nuestros fines a los del Tu y al menos respetarlas en sus fines propios, esto nos obliga, al menos en alguna medida, a modificar nuestro propios fines, por lo tanto a variarlos, lo que quiere decir que nuestra vida entra en esas relaciones, se ve modificada por esas relaciones.

Las relaciones Yo-Tu, por tanto, son fruto de una decisión existencial, que compromete la vida, que le pone fines, que no son un simple medio. Pongamos un ejemplo: elegir la profesión tiene consecuencias para toda la vida, ya que, entre otras muchas cosas referentes a su sentido instrumental, adquiero la mentalidad misma de la profesión; por así decir, de algún modo yo mismo me hago la profesión: me hago ingeniero, abogado o electricista, con consecuencias directas muy diversas sobre el modo de concebir el mundo: veo el mundo como un ingeniero, con la mentalidad del ingeniero… o del abogado, o del electricista. Por ello es tan importante y tiene tantas consecuencias amar de verdad el propio trabajo.

Una relación pasa a ser parte de la finalidad propia o no, cuando la persona se compromete o no, la hace algo realmente suyo o no; y el modo es que esa persona o actividad se convierta en un fin para la persona y no simplemente un medio. Cuando es un fin, un fin real, no simplemente una meta, pasa a incorporarse a la vida, mientras tanto no, es simplemente medio, instrumento, algo que se deja, un kleenek que, cuando se ha usado, se tira.

Surge una pegunta que se ha planteado muchas veces: ¿son revocables estas decisiones que comprometen la vida? La respuesta es netamente si, igual que podemos incorporar cosas nuevas a la vida, podemos desaprender (aunque esto sea más difícil existencialmente que sencillamente aprender). También resulta obvio que la revocabilidad tiene un límite debido a la limitación temporal de la vida: me puedo equivocar de carrera o profesión una vez, dos,… cinco. Para emprender una profesión con profundidad, que deje una huella en nuestra vida, resulta evidente la limitación temporal.

Lo mismo pasa con las personas, ¿cuántas pueden entrar en nuestra vida de un modo profundo? No hay un número fijo para esto, solo una limitación de tiempo. Además en ambos casos se corre el problema del miedo a la vida. Tiene miedo a la vida la persona que no se compromete, que cuando le llega el momento del compromiso sale corriendo. Es miedo a permitir otros fines no estrictamente pertenecientes a la persona en la propia vida, los finesde otra persona. En su fondo tiene miedo a que se vea su limitación, tiene una voz interna, muy profunda que le dice: «eres un inútil» (esta voz se refiere a trabajos o tareas), o «no eres digno de ser amado» (esta voz se refiere a relaciones con personas). Un trabajo de la intimidad es escuchar esa voz interna profunda, y saber de dónde nos viene y afrontar nosotros nuestro propio miedo.

Siguiendo con las relaciones con personas, vamos a la relación que más compromete, la relación de pareja. El problema es un problema práctico: ¿cómo escojo yo una persona que es un fin en sí misma, con la que quiero unir mi fin, con la quiero hacer un proyecto común? ¿cómo respetar su finalidad y a la vez conseguir la mía? Todo lo que yo «veo» de ella, todo lo que yo puedo objetivizar de ella es precisamente eso: objeto y por tanto convertible en medio y por eso mismo no me da la persona.

En toda relación de pareja hay algo que se podría llamar la «crisis de los motivos». Todas las razones que pueda poner para escoger una pareja hay un momento en que pueden hacer (y muchas veces hacen) crisis: tiene dinero (es rica), tener hijos, es guap@, el sexo,… incluso me siento muy bien con ella/él (es muy gratificante desde el punto de vista de los sentimientos), tiene un gran sentido del humor, nos divertimos. ¿Qué puede pasar? que no vengan los hijos,… que le vaya mal económicamente, que pase una mala temporada que se le agria el carácter y entonces… ¿qué hago? Si me voy, no estaba unido con ella/él, sino con «los hijos posibles», con el dinero, con su aporte sentimental, etc., pero no con ella/él, ella/él es todo eso, pero también algo más que eso. Si me quedo, entonces la razón no era tal, era un motivo, un impulso, pero no la razón que lleva a escogerla como pareja. En toda pareja que dure un tiempo se pasa una temporada donde cada uno de los motivos posibles hace crisis.

La persona se define a partir de su intimidad, que es justamente lo no objetivizable, lo que no se puede convertir en objeto. Amar es compartir la intimidad y para eso debo conocer a la persona en profundidad, debo compartir sus sentimientos, conocer sus gustos. Atentos porque no es un conocimiento experimental, matemático,… algo que trocea la persona, la divide para irla conociendo por sectores. Así no se la conoce nunca, se conoce todo menos la persona: cualidades, condiciones, etc., en resumen lo objetivable… y lo que buscamos es el sujeto, no el objeto. Muy acertadamente Salinas dice en una de sus poesías: «No necesito tiempo para saber cómo eres, conocerse es el relámpago». Es un conocimiento que podríamos calificar de globalidad, que se da en momentos, en encuentros reales con el tú que es la otra persona. Dicho en una palabra: enamorarse.

No quiero decir que no haga falta un tiempo, hace falta: el sujeto y el objeto de algún modo son inseparables. En el proceso del establecer una pareja, de formación de los sentimientos, de formación del hogar común, hay que redefinir los valores de todo, hay que reconocer de nuevo el mundo, que ahora tiene un nuevo color. Ya hemos dicho que el amor es una revolución de dos personas (Alberoni). El encuentro de los dos no necesita tiempo, la revolución necesita tiempo.

Se me ha olvidado decir que con los compromisos se construye y crece la intimidad. Cuando estos compromisos se van encajando de modo coherente unos con otros, de modo que la intimidad los vaya admitiendo y por así decir, transformando en si misma, surge una intimidad fluida: la persona que vive a gusto consigo misma. Este es el nudo entre libertad y compromiso, la libertad «necesariamente» decide, pero nuestra intimidad, nosotros como la persona que somos, solo crecemos cuando nos comprometemos.

Termino en el mismo punto que comenzaba esta entrada: Una persona debe encontrar y escoger el amor, eso es encontrar sus compromisos. La libertad que es algo amplio es constructiva cuando se alía con el amor, creando esa tríada: amor, libertad, comromiso. El amor es lo que realiza la unión, lo único por tanto que nos une verdaderamente. Bajado al terreno práctico, al que nos puede ayudar en el día a día, esto significa que, cualquier unión de personas que no tenga compromiso, respeto a la finalidad del otro, termina siendo simple utilización.

¿Hay relación entre las personas que elegimos y el modo cómo está configurada nuestra intimidad?

Vamos a dar la vuelta a la entrada anterior, donde desde nuestra intimidad y nuestra libertad elegíamos personas para entrar en ella o no. Desde luego debería haber quedado 10058891_sclaro como argumento central, que no hay libertad sin acuerdo con la intimidad. Somos libres cuando elegimos de acuerdo con nuestra intimidad, de acuerdo con lo que somos. La persona es un entramado de elecciones, de trayectoria que enraíza en sus hogares, en su tierra, en su familia, … y que crece sobre todo en los nuevos valores descubiertos desde su particular visión de la belleza. Con todo eso hace un entramado que será más o menos coherente. Cuanto más coherente más feliz la persona, más de acuerdo consigo misma.

El punto para mi ahora es: si estamos de acuerdo con esto, buceando en nuestra intimidad, sobre todo en su nivel instintivo y en su nivel emocional, ¿podemos saber algo de las elecciones que cada persona va a hacer?… ¿podemos saber algo de las personas que va a dejar entrar en su vida?… ¿tienen estas algunas características determinadas?

Dicho de una manera sencilla: los test de compatibilidad, que aparecen tantas veces sobre todo en las webs de búsqueda de pareja, ¿tienen alguna base? Es decir, ¿hay personas más compatibles con nosotros? Sobre esto la respuesta parece obvia: si, es una experiencia generalizada que hay personas que encajan bien con nosotros, personas que nos caen bien enseguida, con las que simpatizamos inmediatamente. La pregunta va un poco más allá, dado cómo es nuestra intimidad, ¿podemos saber a priori alguna característica de la persona que nos va a caer bien? Y la pregunta más atrevida: ¿podemos hacer algo así como un retrato robot de la persona con la que encajaríamos al formar una pareja?

Esto es tanto como decir: ¿podemos traducir en características positivas, diferenciadas, constatables lo que nuestra intuición detecta casi inmediatamente? Dicho en dos palabras: ¿podemos objetivizar nuestra intuición? ¿Podemos objetivizar la elección de personas?

Desde luego pienso que hay una respuesta en principio positiva a esta pregunta. Podemos saber características de las personas que nos caen bien, con un poco de paciencia y observación podemos irlas descubriendo. Sabemos qué nos gusta en las personas que nos gustan. Aquí desde luego el verbo «gustar» indica una referencia preferente al nivel biológico-instintivo. También hace referencia al nivel emocional, como sensibilidad. Desde luego no hace referencia al nivel racional, salvo en la medida en que hagamos consciente eso que nos gusta.

Esta simple anotación indica que en la elección de personas como pareja influyen y mucho los niveles instintivo y psíquico-emocional. Esto indica que sería una tontería elegir a alguien como pareja por razones deducidas racionalmente: sencillamente hay que apelar a ese verbo: «gustar», si nos gusta está bien y si no nos gusta, por mucho que nos empeñemos no va a ser una buena pareja para nosotros.

Todo lo aducido hasta ahora indica que es posible determinar las características de las personas que nos gustan, pero que va a ser muy difícil poderlas determinar todas y la intuición, el gusto personal, los niveles instintivo y emocional van a seguir teniendo un peso determinante en la elección. No resulta posible, hoy por hoy, llegar a esa precisión y la elección va a seguir siendo algo perteneciente a la persona, que debe reunir las informaciones de todos sus sistemas de relación-comunicación: instintivo, emocional y racional, para hacer buenas elecciones. Quizá, por mucho que se avance en el conocimiento de nuestra intimidad y de cómo se elige, no lleguemos nunca, esta es mi opinión, a conseguir eliminar todas esas incertidumbres de la elección, que termina por ser decidida por nuestra intuición, por nuestro sistema instintivo-emocional que se enamora y desde luego sabe que se ha enamorado.

Aquí aparece un último elemento de la elección. Si las cosas son tal como las exponemos, no vamos a conseguir una seguridad, llamémosle objetiva, sobre las elecciones más importantes, las que afectan a las personas que dejamos entrar en nuestra vida. Por tanto, esa seguridad es interna, la proporciona la psique de la persona. No se decide solo por la persona elegida, esta no puede ser transformada en objeto para ser objetivada. Siempre quedan en las elecciones de personas elementos no determinables, entre otras cosas por el hecho de que la persona no está acabada, hasta la muerte, siempre puede cambiar. Luego todas las elecciones implican riesgos que hay que asumir, hay una seguridad en la elección que debe ser proporcionada por la persona, es seguridad personal, que vence las incertidumbres que, como vemos, existen en toda elección de una persona.

Es la libertad personal la que asume ese riesgo y suple la incertidumbre. Si no lo hace la persona estará siempre en la incertidumbre, en la duda, sobre su elección. Y esa misma duda va a afectar a la elección: a la relación que se establece entre las dos personas. La relación necesita seguridad en la que apoyarse y esa seguridad, como hemos visto, solo se la puede la dar la libertad de las personas.

Resumo: toda elección de persona se realiza con participación prioritaria de los sistemas tendencial-instintivo y emocional y no se puede objetivizar de modo pleno. La seguridad necesaria para establecer una relación con otra persona viene proporcionada por la libertad y si la libertad no se implica, no asume el riesgo, la inseguridad personal resultante va a hacer imposible el nacimiento de una relación personal estable.

Resumen practico en dos puntos: (1) el enamoramiento y la libertad van a ser la clave de la elección personal, es decir, la parte más determinante de la elección personal es la subjetiva, es nuestra libertad; somos nosotros mismos como personas, quienes cortamos el nudo gordiano de las elecciones personales y al hacerlo asumimos la incertidumbre que siempre arrastran. (2) A la vez, no quiero quitar importancia a lo que se puede determinar objetivamente. Determinar las características que nos gustan de las personas es un conocimiento de nosotros mismos muy importante y debemos trabajar sobre ello para determinarlas con la mayor precisión que podamos. Dejar de lado la parte objetivable de la elección es en mi opinión un error. Trabajar para saber que nos gusta en las personas un trabajo necesario y algo que puede evitar precisamente muchos errores de elección en nuestra vida.

El hogar, objetivación de la intimidad

Siguiendo la entrada reciente sobre el hogar, podemos concluir que el hogar es la 200430349-001materialización de la intimidad, o si se prefiere, en la terminología de Hegel, la objetivación de la intimidad. En el hogar, en sus paredes, en cada uno de sus rincones, en su aspecto general, se materializa esa intimidad común que se constituye entre las personas que en él habitan y de acuerdo con el peso que cada uno tiene en esa convivencia. En esa materialización se objetiva su modo de enfocar su relación, la importancia que dan a los diversos aspectos de la vida que hacen en común, muchos aspectos afectivos y materiales.

Basta entrar en el salón de una casa, sin necesidad de que estén sus ocupantes, para saber qué tipo de hogar hay constituido: si hay libros en las estanterías del salón y que tipo libros hay, de quién y cuantas son las fotografías, qué tema y estilo tienen los cuadros, una foto del abuelo militar en destacado, que indica la importancia para los ocupantes, qué otros adornos hay, que orden hay en la casa y cómo es importante o no el orden para sus ocupantes. Si hay niños y cuanto peso tienen en la casa se nota en los juguetes que aparecen o no en el salón. Se pueden establecer tertulias en ese salón o todo gira alrededor de la televisión, etc., etc., montones y montones de detalles que reflejan cómo viven las personas. Los programas de la televisión ya han llegado a esta conclusión de que las casas objetivan vidas, y nos las muestran materializadas y nos muestran interiores de casas, mostradas por sus habitantes para ver diversos modos de vivir, de entender la existencia, de situaciones existenciales diferentes. Porque la casa, como ninguna otra cosa, revela la situación del ser, de lo que son, afectos, valores, etc., pero también el tener de sus habitantes, que capacidad material tienen y como han usado esa capacidad de tener para organizar sus vidas. Por tanto, a través de todos esos detalles vemos vidas, sus afectos, sus ilusiones, su modo de enfocar la vida, sus recuerdos, su pasado o la ausencia de ello, todo nos muestra el modo en que se concibe la vida y cómo se está afrontando, que se tiene y que se quiere.

También podemos descubrir si la casa, y la vida, es un lugar de paso, precario, a la espera London SE1. An armchair in a living roomde un nuevo cambio, o un lugar donde estamos instalados sólidamente, con fuertes raíces, si estamos apegados a los recuerdos de nuestra vida o los hemos eliminado, todo encuentra su expresión. Somos un espíritu material, que se materializa, que se expresa en esa materialización y hacemos constantemente, con cada cosa que hacemos. Esta es una característica del ser persona: la persona se objetiviza con su modo particular y peculiar de ser en cada cosa que hace.

Hasta el vagabundo sin hogar se hace con unos cartones, y arrastra esas pocas y precarias pertenencias en un carro de supermercado, necesita trasladarlas consigo, necesita un hogar que en este caso expresa toda la precariedad de su existencia. El hogar es algo natural al hombre, algo necesario en su expresión cultural, algo necesario para vida, tanto material como afectiva. Nuestros antepasados ya vivían en cuevas y las transformaban, las pintaban, las decoraban. Seguimos haciéndolo, seguimos necesitando nuestra cueva, aunque hayamos aprendido a hacerlas por todos lados.

200185009-001También esos detalles reflejan nuestra cultura, que también son afectos y modo de concebir la existencia, en este caso común. No son solo reflejo de individualidad, sino de eso común que compartimos, son cultura, son nuestras raíces como grupo humano, afectivo y que ha aprendido a relacionarse con el ambiente físico en el que vive, y lo ha reflejado en su modo de construir sus hogares. Incluso nuestro hogar refleja nuestra identificación o no con esa cultura que constituye nuestras raíces, o la mezcla de culturas refleja que la persona es inmigrante y trae su propia herencia y hasta qué medida está asimilando aquella en la que vive, o las ha integrado en un todo armonioso.

De modo similar al hogar el hombre y la mujer se objetivizan y personalizan, esta es la terminología actual para este fenómeno y es etimológicamente adecuada porque lo hacen por ser personas, todos los lugares que ocupan, en la medida que les resulta posible y eso hacen con su lugar de trabajo, con la habitación del hospital donde están durante largo tiempo, con la cárcel, etc. El hombre y la mujer llevan consigo como un fenómeno que se manifiesta siempre esta necesidad de objetivizarse, de humanizar, de personalizar, todos los lugares en los que están.