Reivindicación de la belleza

En la filosofía clásica griega y medieval, el ser tiene 4 trascendentales: unidad, verdad, bien, y belleza. Esto es el centro de lo que se ha denominado metafísica. La metafísica es el centro de la filosofía, uno de los mayores intentos de la historia de comprender la realidad, el mundo del hombre.

Los trascendentales indican los aspectos esenciales que se dan en todo ser por el mero 20747446_shecho de ser (aquí ser funciona como contrario a nada). Cualquier cosa o persona, sujeto u objeto, ser inerte o ser vivo,… tiene esos 4 aspectos. Es uno, puede ser denominado de una forma unitaria, tiene una verdad propia, está ligado al bien y posee una belleza intrínseca. A lo largo de la historia cada aspecto ha sido desarrollado por disciplinas diversas. La unidad la estudia la metafísica, la verdad la filosofía o las diversas ciencias, el bien la moral o la ética, la belleza la estética.

La trayectoria cultural de occidente le ha llevado a poner la verdad en el primer lugar y nuestra cultura está construida como búsqueda de la verdad, y sobre cómo se construye un edificio de conocimientos verdaderos. No hay más que ver el tremendo desarrollo de la ciencia, de las diversas ciencias, todo un floridísimo árbol que cada día posee más ramificaciones. La verdad ha potenciado la perspectiva racional, privilegiando los aspectos conscientes del conocimiento humano. La ciencia ha transformado (debería decir ha reducido) al ser en objeto y ha trabajado con la objetivación, con el objeto y sus características.

La moral, la ética y las ciencias de la conducta, también han tenido bastante desarrollo, no tanto como la ciencia, y desde luego sin el consenso que la ciencia ha obtenido. El bien y su desarrollo no han conseguido una justificación unitaria, un método unitario que consiguiese el consenso. Para la moral las creencias han sido determinantes, esta base la ha alejado de la perspectiva racional y objetiva alejándola de ese consenso de la ciencia. El sujeto está ya necesariamente incluido en las ciencias de la moral y la ética, por lo que ya no se trabaja con mera objetivación.

La belleza ha tenido un desarrollo raquítico y es sin embargo la vía emocionalmente más accesible. Es la vía de mayor amplitud de percepción, es una vía de gran incidencia emocional y vital… y no ha sido realmente explotada en occidente. Las artes, como parcelas del dominio estético, se han desarrollado cada una por su parte, y han tenido un desarrollo cultural esplendido, pero no como una visión unitaria desde la belleza. Así se ha desarrollado la música, con una historia espléndida, igualmente la pintura con una evolución de la experiencia visual realmente impresionante, etc.

Para la cultura occidental, la belleza ha resultado ambigua para la percepción consciente y ha resultado una mala guía para las elecciones existenciales. En un intento de compresión, hemos distinguido entre belleza interior y belleza exterior. Para achacar a la belleza exterior elecciones equivocadas, equivocadas en el sentido de que la persona no escoge adecuadamente en función de su bien y también que puede ser fácilmente engañada. La belleza interior, por su parte, al aludir a características no captables en directo, parece en la primera aproximación más bien un intento de rescatar e incluir elementos que se han quedado fuera de la consideración. En resumen la belleza no se ha prestado con facilidad a elecciones racionales y se ha conjugado con mucha dificultad razón y belleza.

En la percepción de la belleza persiste la conjunción de lo emocional y lo racional y ambos se confunden, o se iluminan, uno a otro. La aparición determinante de elementos emocionales, como tales subjetivos por ser dependientes de las vivencias personales, ha hecho que las elecciones basadas en la belleza no obtengan consenso y que se haya abandonado esta vía. Además en la cultura occidental han predominado  de tal modo los elementos racionales, que la belleza ha sido el trascendental relegado en la cultura, el permanente ausente, ya que introduce elementos de la percepción no fácilmente controlables, y eso a pesar de que su peso en la percepción humana es realmente relevante.

Hago esta observación aquí, porque el desarrollo emocional nos va a llevar a través del territorio de la belleza y de su descubrimiento. Tanto es importante el terreno de la meditación que estamos tratando ahora, como en el de los fenómenos emocionales más profundos, especialmente en el enamoramiento. La belleza no puede ser dejada de lado en un desarrollo que pretenda ser emocional.

La inclusión de la belleza como elemento tan importante como la verdad es el desafía actual y futuro de la cultura.

Kant y su discípulo Hegel. La objetivación del espíritu

Partimos de las conclusiones de Descartes: ahora tenemos un sujeto Kantpensante. Kant y, sobre todo, Hegel van a llevar esta conclusión hasta el extremo. Ya no existe el mundo objetivo, externo, solo hay certeza en el conocimiento de mis propios pensamientos. Kant distingue noumeno: la realidad en sí, que no es cognoscible y el fenómeno: el impacto de la realidad en mi consciencia, en mi percepción interna, que si puedo conocer. Para Kant el hombre es un sujeto pensante que pone el mundo. Hegel lleva la idea hasta su desarrollo extremo.

ceramica aztecaHasta el espacio y el tiempo no son elementos objetivos, sino categorías a priori del pensamiento, son puestos por el sujeto: ojo, ¿cuál es nuestra noción de tiempo?, el del reloj o el interno, no pasa el tiempo lentamente en una espera y a toda velocidad en una película, etc.

ceramica egipciaEl paso siguiente es la proyección del espíritu en las cosas: todo lo que es cultural, todo el mundo del hombre está marcado por un espíritu que se objetiviza, impregna, marca las cosas. El espíritu impregna los objetos que toca, y los deja marcados con su sello. El espíritu se objetiva en sus realizaciones: así distinguimos una cultura: azteca o egipcia, un artista: van Gogh o Kandinsky. Tanto tienen espíritu la persona como los pueblos: la cultura.

Su exageración: la utopía, un mundo mental que se intenta realizar, aún a costa de la realidad misma, que ha resultado terca y se ha resistido a la manipulación, tanto la realidad política (democracia frente a totalitarismos, lo local frente a lo global), como la naturaleza (ecología). Al final también hay que incluir el propio cuerpo. Este es el resumen de la historia de los últimos dos siglos, desde Kant y Hegel hasta quizá la caída del muro de Berlín: la época de las utopías, baste pensar en el nazismo y el comunismo bolchevique.

¿Qué sacamos para nuestro tema?

Un fuerte racionalismo: todo es pensable, ordenable por la razón, hasta la exageración: solo lo racional es real: este va a ser el punto de quiebra de este mundo tan lógico y racional y ordenado. Se ha llevado hasta sus últimas consecuencias la idea del realismo del alma: entendimiento y voluntad, todo lo que no encaja en la razón es declarado inexistente. La definición de verdad de Aristóteles y medieval, adecuación entre la cosa y el intelecto, ha sido girada: primero es el intelecto, que se convierte en el criterio de realidad, lo que no encaja en el intelecto no es real.

Se sigue pensando desde lo global, desde lo general. La razón alcanza lo universal. Por ello, la utopía se impone. El subjetivismo racional no respeta las otras visiones. Un ejemplo de esto es la noción de progreso, que ha tenido una amplia vigencia: es una primacía de la razón, lo que va con la ciencia y la razón es progreso, es avance y por ello debe ser para todos, lo quieran o no. Aquí están muchas de las razones del «colonialismo cultural occidental».

hegelNos objetivizamos en todo lo que hacemos. Esta idea de Hegel es una clave de nuestro modo de pensar actual y de las corrientes que forman en la inteligencia emocional. Dejamos nuestra huella en todo: viendo nuestra habitación se ve cómo somos.

No quiero terminar sin señalar que Kant es muy importante para la noción de persona y para su desarrollo en los derechos humanos al señalar que en el centro de la moral esta la idea de que persona es aquel ser que no se presta a la utilización: trata a cada persona siempre como un fin y nunca como un medio. Este es el resumen de su enseñanza, que perdura en los derechos humanos concebidos como radicalmente pertenecientes a cada persona: nadie nos concede los derechos humanos que poseemos, son nuestro solamente por existir.