Las raíces del coaching emocional

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Se define con frecuencia el coaching como trabajo hacia una meta, y es cierto, el coaching es algo muy práctico que nos confronta con la realidad de lo que queremos conseguir. Sin embargo concebirlo así no es correcto, en realidad el coaching emocional es el último eslabón en esa corriente particular de viajes del ser humano: el que se dirige hacia el centro de uno mismo. El objetivo externo sirve para descubrir quiénes somos, para emprender ese viaje hacia dentro. El viaje al interior es mucho más difícil, nos plantea muchos más retos. Y sin el viaje interior no hay aprendizaje. Todos los clásicos del pensamiento han pensado en ese viaje al interior como la solución a todos los problemas del ser humano en particular y de la humanidad en su conjunto.

El centro es el corazón del ser humano, y el viaje hacia el interior es el descubrimiento de ese corazón. Ese es el camino del desarrollo, el camino particular de cada uno de nosotros y el único que puede lograr cambios reales. El corazón ha sido siempre considerado por la literatura humana de todas las culturas,  la sede de las emociones y sentimientos. En nuestro lenguaje esto se expresaría diciendo que es uno de los principales órganos diana de la repercusión somática de las emociones. El corazón «responde» a las emociones con una delicada sensibilidad: acelera el ritmo o prácticamente lo detiene, es una campana de resonancia que nos hace darnos cuenta de como nos está afectando algo. «Se me encoje el corazón» es una expresión que utilizamos para indicar que algo que sucede no tiene cabida en nuestra capacidad de aceptar hechos, quizá ni siquiera en nuestros valores. La expresión contraria también existe: «se me agranda el corazón», lo que ha sucedido me hace recoger ilusión y esperanza, me hace respirar a pleno pulmón, me hace sentirme libre. De este modo lo que nos parece que debe suceder y lo que no, lo referimos al corazón.

Entonces nuestro viaje al interior, al centro, es un viaje a la sede de emociones y sentimientos porque estos constituyen realmente lo mejor y lo peor del hombre y la mujer, lo que es más propio de lo humano, lo que somos, cuál es nuestra sensibilidad y cómo concebimos nuestra vida y la de quienes nos rodean, seres humanos, animales, plantas y minerales. Emociones y sentimientos son nuestro contacto con la vida, con la realidad. En este viaje son nuestro objetivo y nuestra mejor guía para la existencia.

Nos encontramos en un flujo en el que se aúnan oriente y occidente, la tradición que toma su origen en Buda y la necesidad de la purificación personal y la de la filosofía griega clásica, que incluye en el frontispicio de la academia, el lugar de la enseñanza de Platón y Aristóteles, la expresión: «conócete a ti mismo», indicando así el camino del hombre, el camino hacia la felicidad. La tradición de la filosofía, amor a la sabiduría, ha entendido siempre que era necesario conocer el corazón del hombre. Hay múltiples nombres, comenzando desde Sócrates, Platón y Aristóteles. Habría que citar a Boecio y su «Consolación de la filosofía», Avicena, Tomás de Aquino, Descartes, Kant, Hegel, Husserl, por citar solo alguno de los nombres de más peso. Todos contribuyen de modo decisivo al conocimiento del ser humano, que es lo mismo que decir de su interioridad, de su sensibilidad, de sus emociones y sentimientos, de su modo de entender el mundo, de su mapa mental, del mapa que como personas y también como especie nos hemos forjado de la existencia.

Además de esta tradición que podemos llamar de la filosofía y seguramente también de la razón, hay otra más mística, más del corazón. Seguramente en esta tradición podríamos considerar incluida la tradición oriental, que comienza con Buda, y que ha vuelto a influir de modo poderoso en occidente en el siglo XX, influyendo en todas las corrientes filosóficas y psicológicas que se han preocupado de recuperar al hombre. En ese filón oriental podemos considerar incluida la tradición sufí y la mística islámica, cuya influencia sigue perviviendo hasta hoy día, baste pensar en el eneagrama y su completo, sofisticado y matizado mapa de la configuración de las personalidades humanas.

Esta tradición mística podemos considerar que se inicia en occidente con «Las confesiones» de Agustín de Hipona, pasa a través de la Edad media con el impulso del maestro Elkhart, aflora en la mística española de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, retoma impulso en Pascal. Esta corriente recoge el venero de Jesús de Nazaret y su indudable influencia en la historia y en el respeto de cada persona humana y que llega hasta nuestros días, con una influencia a través de la cultura popular, que ha influido la vida de las generaciones.

Todo esto está incluido aquí para entender que el coaching emocional es algo novedoso, con toda la novedad que puede proporcionar la historia en momentos clave, pero también es fruto de una tradición que enraíza en los siglos y en la profundización en la comprensión del alma humana, por utilizar una expresión tradicional, que a mi me gusta más utilizar. Esta es la ciencia de la comprensión de cada mujer y hombre en particular, rechazando cualquier teoría que fuera solo eso teoría y no práctica.

La importancia emocional de que las cosas tengan sentido

Reflexiones leyendo a Jean Grondin.

El conseguir que las cosas tengan sentido es de lo que más nos mueve, es decir pone en marcha nuestro sistema emocional y la activación de este es la fuente de toda motivación. La expectativa de que las cosas tengan sentido es un presupuesto siempre presente en nuestro actuar y en nuestro pensamiento. Nos cuentan algo y tiene que tener sentido para nosotros, si no lo tiene, aparecen las preguntas, los interrogantes, seguramente hasta que el relato, los hechos adquieran sentido. Construir el sentido de un acontecimiento es conseguir una explicación de los hechos acaecidos, es ordenar los datos, entenderlos. Una de las mayores desacreditaciones que podemos expresar a alguien con el que estamos hablando es decirle: «¡Eso no tiene sentido!», la expresión va a hacer o que la persona se detenga y reflexione y cambie o que insista en su explicación que para él sí que tiene sentido.

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La cultura: «libertad para»

En la oposición entre yo y conducta se toma conciencia del yo, de rockwell_mirrorquien soy yo. Así  aparece el yo. Al separarse de la conducta el yo queda, por así decir, libre, y la persona toma conciencia de quién es. Con esta libertad la persona toma conciencia de sí misma como un ser diferente, irrepetible. Frente a la conducta y a través del autodominio se compacta el yo de la persona. Un punto increíble en el hombre es que debe decidir quién es, y que decidiendo su comportamiento, al final termina decidiendo quién es él, qué sentido tiene su vida y qué debe hacer con ella.

Esta dimensión de la libertad que aparece es lo que se llama «libertad para», la libertad de decidir, la libertad que posibilita hacer un proyecto personal de vida. Nos enfrentamos entonces con la libertad en tanto que apertura de posibilidades. Estas posibilidades nacen con la conceptualización y se plasman en la cultura: (la rama, trampa, lanza, flecha, etc., que veíamos en nuestro ejemplo de la caza y los perros). La cultura se convierte así en el campo que abre posibilida­des para la libertad del hombre (individual o socialmente considerado). Es decir, la ampliación de la cultura es ampliación de posibilidades y por ello la adquisición de cultura un desafío para la libertad del hombre. La educación es intrínseca al ser humano.

Seguimos diciendo que se nace siempre en el seno de una cultura: una familia, una ciudad, un pueblo o nación. Ahí es donde se aprenden los conceptos, los comportamientos, las valoraciones. Esa cultura de origen es el punto de comparación básico, original, desde dónde se mide y se compara todo: valores, comportamientos, etc. En ella y desde ella cada persona debe construir una conducta original, propia, construida necesariamente sobre lo recibido, pero también verdaderamente personal y creativa.

Para entender mejor este segundo aspecto de la libertad, la libertad que busca definir la propia vida, hay que darse cuenta de que la vida es un proceso, es tiempo. El tiempo influye en el ser del hombre, tanto que el hombre se realiza con su actividad: no sólo hago algo, sino que la acción hecha repercute en mí. Pongamos un ejemplo sobre la influencia del tiempo. El record de permanencia de un cosmonauta en el espacio, lo tiene actualmente. El cosmonauta soviético, Valeri Polyakov, que batió el record de permanencia en el espacio en el año 1995, cuando volvió a la tierra no podía ni caminar: estaba reducido a los huesos, todo su organismo modificado por la prolongada exposición a una situación de no gravedad. Conclusión: si dejamos de andar por un tiempo, al final ni siquiera andamos. Sacamos la idea de que la definición de la vida de Aristóteles como movimiento es muy precisa y que moverse es una necesidad básica, estamos hechos para movernos y para la acción. Desde este punto de vista también podemos decir y entender mejor que la persona se realiza en la acción, construye su vida con la acción, con su actividad.

Para ver cómo la acción repercute sobre la persona que la realiza, es preciso darse cuenta de que hay decisiones que influyen especialmente en la vida. Por ejemplo, la decisión de escoger una carrera. Puedo escoger, pongamos por caso, ingeniero, médico, abogado, filósofo o simplemente nada (hacer el vago). Cada una de las decisiones, no solamente es una decisión que cierra otras posibilidades (escoger significa siempre optar) sino que tienen efectos diferentes en mí. Es obvio que no es lo mismo ser ingeniero, que médico, etc. En castellano (que distingue ser y estar) decimos además “soy” médico, ingeniero, etc.; con eso se quiere decir que esos estudios son ya algo de algún modo incorporado a la vida; al menos, un modo de enfocarla, un prisma que nos hace descubrir ciertas cosas y pasar por alto otras: no ve igual la vida un filósofo que un técnico. Y el que no hace nada, el que no estudia nada, a su modo hace algo, de hecho ha elegido: ha elegido no hacer nada… y también esta elección se incorpora a su vida: es un vago.

Rockwell 3Llegamos a la conclusión de que en cada momento de su existencia el hombre debe actuar y, para ello, debe escoger, está obligado, y el no escoger, es también una elección. Sartre tenía razón al decir que el hombre está condenado a ser libre. El hombre se encuentra, por tanto, en la necesidad de elegir y esas elecciones constituyen su existencia, por tanto elegir es también elegirse. En la elección el hombre “se la juega”.

La «libertad para» es la que se fija objetivos, la que proyecta el futuro. La libertad es, también desde este segundo punto de vista, una conquista, una conquista que se inicia y se apoya en la propia decisión. Podemos afirmar que la libertad del hombre afecta a su propia vida, es más, decide su propia vida. Tenemos que afirmar, por tanto, que cada persona debe actuar por sí misma, debe tener una actividad que responda a una vida propia, y que construir la propia vida es una tarea que no cesa.

Fijar objetivos es algo esencial al hombre, algo que va a definirlo como la persona que es, que le va a construir. Por esto el coaching es algo que conecta con una esencia del ser humano: ponerse un objetivo y desarrollarse con él. Esto es el objetivo del coaching y eso es en realidad la «libertad para». Esto también dice que la educación, el desarrollo de cualquier persona pasa por que se proponga objetivos y trabaje para lograrlos. Sin este desarrollo personal no hay en realidad educación. Sin objetivos que sean de verdad de la persona, tampoco.

Hemos llegado, desde la diferencia hombre – animal, a la consideración de la libertad y desde ésta a la aparición de la conciencia de un yo. Ese yo es la persona. Ahora añadimos que ese yo debe decidir su vida, que de algún modo «se la juega». Que se la juega significa si logrará tener una vida propia o no.

«Libertad desde» … y autodominio

La noción de autodominio es indispensable a la libertad, especialmente a la «libertad desde». El autodominio es la capacidad de establecer mecanismos que hagan que  los impulsos afloren a la conciencia, de modo que se introduzca el espacio de la reflexión. Un esfuerzo permanente por conocerse mejor, aceptarse, e integrar todos los niveles de la persona. De tal modo que llegue a ser ese yo integrado el que domina en la conducta. Todos los impulsos, tendencias, condicionamientos, etc., de la interioridad del hombre/mujer existen. La libertad es una luz en la cima de todos ellos. Para que aparezca esa luz el hombre debe hacer esa conquista que se llama autodominio: debe separar impulso y respuesta, debe meter un espacio que le permita elegir.bacchus

La noción de autodominio que se defiende aquí no es la que se basa en el dominio de los impulsos, noción ampliamente difundida en la historia, especialmente desde los ambientes culturales cristianos y que en el fondo piensa que los impulsos son malos, contrarios a la dignidad del hombre. Desde ese punto de vista, la razón, la reflexión es vista como opuesta y contraria a los impulsos. Esta noción establece una encarnizada lucha a muerte entre las diversas instancias del hombre, especialmente las denominadas razón e impulsos.

Caravaggio2La noción de autodominio que se defiende aquí es una noción que busca integrar lo que hemos denominado los tres niveles del hombre: biológico, psicológico y racional. En vez de conflicto, se busca una síntesis, síntesis que se encuentra en los sentimientos, que constituyen la elaboración interna de la vivencia del ser humano. En el lenguaje común se trataría de una síntesis que se realiza en el corazón. Educar los sentimientos se convertiría en su clave.

El rasgo de la plasticidad completa la idea del autodominio, porque la persona debe conformarse según una cierta forma que no está decidida por la biología. El autodominio debe trabajar para definirnos como persona, algo que sería imposible sin la plasticidad. Se trata aquí de los hábitos y costumbres que el ser humano va a adquirir y conformarán su conducta, de los rasgos de carácter que debe educar, etc., hasta por ejemplo al body building, este puede existir y es una señal precisamente de esta plasticidad del hombre: puedo cultivar mi cuerpo en una cierta manera que decido yo. El hombre/mujer, cada persona en particular, no es un ser decidido, sino un ser por decidirse, que necesita la decisión para llegar a ser quien es.

 

 

Subconsciente e instintos: «libertad desde»

Hasta ahora, en las entradas anteriores sobre libertad, tenemos establecidas dos cosas. La Silberbachtal # 16 - Bach, Herbstlaub und bemooste Felsen - Creek, autumn foliage, and mossy rocksprimera el hombre debe elegir su comportamiento entre varias posibilidades y esto sólo lo puede hacer porque entre estímulo y respuesta hay un espacio que permite ponderar, elegir. Si el hombre que caza de nuestro ejemplo no volviese sobre lo sucedido, no crearía nunca ningún nuevo comportamiento. Ese volver sobre lo sucedido, es la pregunta sobre el porqué de la muerte del ternero, a eso le denominamos reflexión, como se puede ver, introduce un espacio en el comportamiento instintivo fijo. Estamos ante la aparición de la conciencia.

Segunda cosa que está establecida. Las diversas posibilidades, aunque con una base en las necesidades del hombre, han sido creadas por el mismo hombre en su contacto con el entorno, es decir son culturales; las aprendo por mí mismo o de lo que me enseñan los anteriores a mí. El aprendizaje es un elemento humano: el hombre puede trasmitir su experiencia, los nuevos comportamientos que ha creado. En el campo sexual esto es increíblemente claro: existen todos los comportamientos posibles, todos los comportamientos que es dado imaginar. Mientras el comportamiento sexual para los animales se atañe a pautas muy fijas, épocas del año, etc., si hacemos un poco de sociología encontramos todas las posibilidades para el hombre, más de lo que a una sola persona es dado imaginar.

Aquí aparece la noción de libertad, que es específicamente humana, ya que solamente el hombre debe elegir su conducta. También constatamos que, para llegar a poder elegir una conducta se precisa antes una ardua labor. La libertad se convierte en una conquista en los dos sentidos que estamos señalando. Primero, el hombre está sometido a todas las leyes de la necesidad, a las leyes físicas y biológicas, en ellas va edificando sus posibilidades de actuación. La libertad es posible en tanto en cuanto el hombre es capaz personalmente de establecer ese espacio entre estímulo y respuesta, si es capaz de hacer aflorar las cosas a su conciencia y así darse la posibilidad de decidir. Si ese espacio desaparece, desaparece la misma posibilidad de la libertad. La libertad así es la capacidad de sacar a la conciencia, de decidir donde cae el foco del interés, de reflexión, de ponderación, de volver sobre lo hecho y rectificar errores. Desde este punto de vista la libertad es el espacio que queda entre el yo y la conducta. El hombre es libre porque puede separarse de su conducta. El animal no se puede separar de su conducta: «el animal es su propia conducta», según una afirmación de Marx.

Silberbachtal # 9 - Wasserfall, Klippen und Farn - Waterfall, cliffs and fernPuesto que en el hombre yo y conducta son separables, la persona no se identifica nunca totalmente con lo que hace, cualquiera es capaz de decir eso no es totalmente yo, lo puedo mejorar. Ahí, en la capacidad de mejorar se inicia la grandeza del hombre y también su miseria, pues puede quedar atrapado en leyes de la necesidad.

Estamos hablando de lo que se llama «libertad desde», que es un primer integrante de la libertad, que da la capacidad de decidir. El hombre no es simplemente una cabecita pensante, un espíritu separado del mundo, que incluso lo pone y que es plenamente objetivo con respecto a ese mundo, como pretenden los racionalismos. El hombre está sometido a todos las fuerzas existentes en el mundo, se encuentra, por así decir, sumergido en el cosmos del que forma parte. La conexión con el cosmos es el propio cuerpo, la propia sensibilidad, el contacto con la tierra. La libertad comienza cuando todo ese contacto, toda esa sensibilidad aflora a la conciencia. El subconsciente no es algo sencillamente negativo, es negativo cuando no lo hacemos consciente, cuando no contamos con él, cuando lo negamos, cuando pensamos que todo su contenido es negativo. Ha sido mérito de Freud precisamente en poner el subconsciente en el punto de atención. Debajo de la conciencia está ese subconsciente que nos trae y nos recuerda nuestras necesidades, nuestra conexión con la tierra, allí siguen estando los impulsos y emociones y sentimientos, aunque no les hayamos hecho caso.

Son obstáculos a esta libertad todos los condicionamientos internos del hombre: lo que hemos recluido al subconsciente, las deficiencias de educación, de control de carácter, las adiciones, etc. Es decir, no cualquier impulso, sino el impulso no aceptado no reconocido y también su estructuración deficiente, deficiente precisamente por negación.

La libertad es una fuerza vital que utiliza de modo positivo la sensibilidad, los impulsos y las emociones y sentimientos, y de ese modo establece la paz sobre todos los condicionamientos, tensiones, pulsiones, solicitaciones… y estas fuerzas son a veces tan fuertes que la libertad del hombre parece una débil nave en medio de la tormenta, siempre a punto de naufragar, pero su fuerza vital, sus deseos de vivir pueden terminar resultando la fuerza más poderosa.

Photo: http://www.martin-liebermann.de

La libertad. El hábitat del ser humano

10343571_sUna conclusión importante de nuestro ejemplo de la caza y los perros: el ser humano se interesa por cosas que en principio no le interesan, es decir, que no le interesan desde el punto de vista de las necesidades biológicas más primarias. Por ejemplo, desde ese punto de vista un leño no tiene significado para el hombre/mujer, como tampoco para el perro, quiero decir que un leño no entra dentro de la dieta del perro ni del hombre, por eso al perro sus instintos no se lo señalan y no se interesa por los leños en sí mismos. Sin embargo para el hombre el interés viene añadido del modo que hemos visto: por la experiencia. Iniciando así el proceso, el hombre termina interesándo­se por todas las cosas, su hábitat es el mundo: potencialmente todo. La palabra “termina” es importante, porque de salida no es así y no solemos darnos cuenta: no somos “directamente” objetivos, sino “reflexivamente” objetivos. He puesto muchas veces el ejemplo de que, al subir a un autobús, un chico hetero localiza sin ningún esfuerzo las minifaldas que haya,… para localizar a las viejecitas tiene que hacer positivamente un esfuerzo.

Por el contrario, para el animal su hábitat, la zona geográfica donde vive viene delimitada por sus intereses, que vienen específica­mente delimitados por su dotación instintiva. El hombre es capaz de convertir en hábitat humano, de humanizar cualquier ambiente, aunque inicialmente sea hostil: el hombre vive desde el ecuador a los polos, y ahora ya ha conseguido incluso poner un pie en la luna. Sintéticamente se puede decir que el hombre vive en el mundo, mientras que el animal solamente tiene perimundo. Utilizamos la palabra colonizar, el hombre coloniza, el animal no coloniza, vive donde le es posible, mientras que el hombre busca y termina hallando el modo de vivir, donde antes no le era posible.

Afirmar que el animal tiene perimundo y el hombre tiene mundo, sería un modo de razonar blanco y negro: y debe ser matizado, como todos los razonamientos absolutos. El hombre parte siempre de su perimundo, como cualquier otro animal y podríamos pensar que lo que denominamos mundo, en realidad es otro perimundo, quizá más amplio, pero perimundo al fin y al cabo. No hay que perder de vista las propias limitaciones y alzarse enseguida a visiones objetivas globales que normalmente terminan siendo falsas. Olvidar esta idea nos haría solo antropocéntricos: el hombre coloniza y hace propios los hábitat a los que va llegando pero solo en función de sus propios intereses y necesidades, y de ese modo con una fuerte capacidad destructiva de aquello que le desagrada. Creo que no hace falta demostrar este punto.

También hay que matizar el tema en referencia a los animales porque parece en lo que decimos, que las diferentes especies están estrictamente limitadas en hábitat definidos, y esto no es así. Tenemos cotidianamente ejemplos de especies, tanto animales como vegetales, que colonizan hábitat que nos son el suyo original, presionados por la necesidad de sobrevivir. Tienen capacidad de colonizar, aunque esta capacidad es muy limitada: no coloniza en el sentido de transformar, adecuar, sino en la medida de que es capaz de satisfacer en ese nuevo hábitat sus necesidades, algo que limita mucho esa capacidad en relación con el hombre. Es decir el ser humano adecua el nuevo hábitat a sus necesidades utilizando herramientas, algo que los demás seres vivos no hacen.

Desde aquí podemos hablar de la pretensión de ser objetivo que tiene el hombre. Objetivo significa interesado por la cosa tal como es en sí, no solo en su referencia al sujeto, lo que sería lo mismo que decir a las necesidades del sujeto. El hombre parte de una visión impulsada por sus necesidades, no una visión objetiva en sí. Aunque, como muy bien ha puesto de relieve A. Maslow, también las necesidades del hombre se van complicando y elaborando una pirámide, cuya cúspide tiene la capacidad de alcanzar el mundo entero. Este punto de vista permite incluir elementos muy lejanos de las necesidades biológicas más básicas, por ejemplo, viajar a la antártida, dentro del campo de necesidades del hombre. Este punto de vista matiza la idea de que existe una real visión «objetiva» del hombre, es decir una visión que se interesa solo por el objeto en sí. El hombre se interesaría siempre por las cosas en función de sus necesidades, entendiendo estas en el amplio sentido en que las entiende Maslow y solo con un gran trabajo va generando una visión más amplia. En mi opinión esta es una visión más cercana a la realidad.