«Libertad desde» … y autodominio

La noción de autodominio es indispensable a la libertad, especialmente a la «libertad desde». El autodominio es la capacidad de establecer mecanismos que hagan que  los impulsos afloren a la conciencia, de modo que se introduzca el espacio de la reflexión. Un esfuerzo permanente por conocerse mejor, aceptarse, e integrar todos los niveles de la persona. De tal modo que llegue a ser ese yo integrado el que domina en la conducta. Todos los impulsos, tendencias, condicionamientos, etc., de la interioridad del hombre/mujer existen. La libertad es una luz en la cima de todos ellos. Para que aparezca esa luz el hombre debe hacer esa conquista que se llama autodominio: debe separar impulso y respuesta, debe meter un espacio que le permita elegir.bacchus

La noción de autodominio que se defiende aquí no es la que se basa en el dominio de los impulsos, noción ampliamente difundida en la historia, especialmente desde los ambientes culturales cristianos y que en el fondo piensa que los impulsos son malos, contrarios a la dignidad del hombre. Desde ese punto de vista, la razón, la reflexión es vista como opuesta y contraria a los impulsos. Esta noción establece una encarnizada lucha a muerte entre las diversas instancias del hombre, especialmente las denominadas razón e impulsos.

Caravaggio2La noción de autodominio que se defiende aquí es una noción que busca integrar lo que hemos denominado los tres niveles del hombre: biológico, psicológico y racional. En vez de conflicto, se busca una síntesis, síntesis que se encuentra en los sentimientos, que constituyen la elaboración interna de la vivencia del ser humano. En el lenguaje común se trataría de una síntesis que se realiza en el corazón. Educar los sentimientos se convertiría en su clave.

El rasgo de la plasticidad completa la idea del autodominio, porque la persona debe conformarse según una cierta forma que no está decidida por la biología. El autodominio debe trabajar para definirnos como persona, algo que sería imposible sin la plasticidad. Se trata aquí de los hábitos y costumbres que el ser humano va a adquirir y conformarán su conducta, de los rasgos de carácter que debe educar, etc., hasta por ejemplo al body building, este puede existir y es una señal precisamente de esta plasticidad del hombre: puedo cultivar mi cuerpo en una cierta manera que decido yo. El hombre/mujer, cada persona en particular, no es un ser decidido, sino un ser por decidirse, que necesita la decisión para llegar a ser quien es.

 

 

Subconsciente e instintos: «libertad desde»

Hasta ahora, en las entradas anteriores sobre libertad, tenemos establecidas dos cosas. La Silberbachtal # 16 - Bach, Herbstlaub und bemooste Felsen - Creek, autumn foliage, and mossy rocksprimera el hombre debe elegir su comportamiento entre varias posibilidades y esto sólo lo puede hacer porque entre estímulo y respuesta hay un espacio que permite ponderar, elegir. Si el hombre que caza de nuestro ejemplo no volviese sobre lo sucedido, no crearía nunca ningún nuevo comportamiento. Ese volver sobre lo sucedido, es la pregunta sobre el porqué de la muerte del ternero, a eso le denominamos reflexión, como se puede ver, introduce un espacio en el comportamiento instintivo fijo. Estamos ante la aparición de la conciencia.

Segunda cosa que está establecida. Las diversas posibilidades, aunque con una base en las necesidades del hombre, han sido creadas por el mismo hombre en su contacto con el entorno, es decir son culturales; las aprendo por mí mismo o de lo que me enseñan los anteriores a mí. El aprendizaje es un elemento humano: el hombre puede trasmitir su experiencia, los nuevos comportamientos que ha creado. En el campo sexual esto es increíblemente claro: existen todos los comportamientos posibles, todos los comportamientos que es dado imaginar. Mientras el comportamiento sexual para los animales se atañe a pautas muy fijas, épocas del año, etc., si hacemos un poco de sociología encontramos todas las posibilidades para el hombre, más de lo que a una sola persona es dado imaginar.

Aquí aparece la noción de libertad, que es específicamente humana, ya que solamente el hombre debe elegir su conducta. También constatamos que, para llegar a poder elegir una conducta se precisa antes una ardua labor. La libertad se convierte en una conquista en los dos sentidos que estamos señalando. Primero, el hombre está sometido a todas las leyes de la necesidad, a las leyes físicas y biológicas, en ellas va edificando sus posibilidades de actuación. La libertad es posible en tanto en cuanto el hombre es capaz personalmente de establecer ese espacio entre estímulo y respuesta, si es capaz de hacer aflorar las cosas a su conciencia y así darse la posibilidad de decidir. Si ese espacio desaparece, desaparece la misma posibilidad de la libertad. La libertad así es la capacidad de sacar a la conciencia, de decidir donde cae el foco del interés, de reflexión, de ponderación, de volver sobre lo hecho y rectificar errores. Desde este punto de vista la libertad es el espacio que queda entre el yo y la conducta. El hombre es libre porque puede separarse de su conducta. El animal no se puede separar de su conducta: «el animal es su propia conducta», según una afirmación de Marx.

Silberbachtal # 9 - Wasserfall, Klippen und Farn - Waterfall, cliffs and fernPuesto que en el hombre yo y conducta son separables, la persona no se identifica nunca totalmente con lo que hace, cualquiera es capaz de decir eso no es totalmente yo, lo puedo mejorar. Ahí, en la capacidad de mejorar se inicia la grandeza del hombre y también su miseria, pues puede quedar atrapado en leyes de la necesidad.

Estamos hablando de lo que se llama «libertad desde», que es un primer integrante de la libertad, que da la capacidad de decidir. El hombre no es simplemente una cabecita pensante, un espíritu separado del mundo, que incluso lo pone y que es plenamente objetivo con respecto a ese mundo, como pretenden los racionalismos. El hombre está sometido a todos las fuerzas existentes en el mundo, se encuentra, por así decir, sumergido en el cosmos del que forma parte. La conexión con el cosmos es el propio cuerpo, la propia sensibilidad, el contacto con la tierra. La libertad comienza cuando todo ese contacto, toda esa sensibilidad aflora a la conciencia. El subconsciente no es algo sencillamente negativo, es negativo cuando no lo hacemos consciente, cuando no contamos con él, cuando lo negamos, cuando pensamos que todo su contenido es negativo. Ha sido mérito de Freud precisamente en poner el subconsciente en el punto de atención. Debajo de la conciencia está ese subconsciente que nos trae y nos recuerda nuestras necesidades, nuestra conexión con la tierra, allí siguen estando los impulsos y emociones y sentimientos, aunque no les hayamos hecho caso.

Son obstáculos a esta libertad todos los condicionamientos internos del hombre: lo que hemos recluido al subconsciente, las deficiencias de educación, de control de carácter, las adiciones, etc. Es decir, no cualquier impulso, sino el impulso no aceptado no reconocido y también su estructuración deficiente, deficiente precisamente por negación.

La libertad es una fuerza vital que utiliza de modo positivo la sensibilidad, los impulsos y las emociones y sentimientos, y de ese modo establece la paz sobre todos los condicionamientos, tensiones, pulsiones, solicitaciones… y estas fuerzas son a veces tan fuertes que la libertad del hombre parece una débil nave en medio de la tormenta, siempre a punto de naufragar, pero su fuerza vital, sus deseos de vivir pueden terminar resultando la fuerza más poderosa.

Photo: http://www.martin-liebermann.de

La libertad, la creatividad y la palabra

Sigo sacándole partido al ejemplo de la caza y los perros.12013384_s

Se plantea entonces para el hombre cada vez que sale a cazar el problema de la elección del sistema de caza; sistema que se ha creado culturalmente, porque el hombre es capaz de «crear» instrumentos. Es decir el hombre crea realmente: algo que no estaba en los datos de partida, no previsto, ni en el ambiente, ni en las posibilidades heredadas del hombre. Y crea el comportamiento y los instrumen­tos necesarios, porque los conceptualiza primero, los imagina: rama, trampa, lanza y flecha son en principio lo mismo: «un palo de madera»; es el concepto imaginado por el hombre el que los ha convertido en diferentes ‘cosas’.

Me parece altamente significativa la escena del comienzo de la Biblia donde Adán va poniendo nombre a animales y plantas, según Dios se los va poniendo delante. El texto precisa que los nombres puestos por Adán «son sus nombres propios» (Génesis 2,19). Me resulta espectacular que la función del hombre sea poner nombre a las cosas, no es Dios quien ha puesto nombre, es el hombre quien lo hace. Poner nombre, usar la palabra es el gran instrumento, el que convierte la selva, el lugar donde están animales y plantas, en un lugar civilizado, conocido, manejable. El hombre avanza poniendo nombres, cada ciencia necesita una nomenclatura, unos nombres que delimiten bien, cuanto más conocemos, cuanta más experiencia en un terreno, una ciencia, un arte, usamos nombres más precisos. Como hemos visto ya esto es la conformación del nivel racional: todo un sistema de signos para significar la realidad en la que se vive. Este es el trabajo que lleva al niño humano más tiempo: los estudios en nuestra cultura tan sofisticada llegan más allá de los 20 años, mucho más allá de que se haya alcanzado la madurez desde el punto de vista biológico. El hombre necesita mucho tiempo de aprendizaje, increíblemente más que ningún animal. Esta es una de las diferencias más notables del animal humano.

La creación de comportamientos diversos, que como vemos es el modo en que el hombre actúa en comparación con los perros da lugar a lo que ya hemos llamado plasticidad humana. En su tiempo de aprendizaje asimila, incorpora palabras, conocimiento y hábitos de comportamiento. Es decir el hombre ‘biológicamente’ es humano como hemos visto ya. Su nota distintiva, según todos los estudios actuales es la inespecificidad. «A los animales les bastan pocas horas o pocos días para hacerse con una escala de movimientos que, una vez montado, queda cerrada; al hombre en cambio esa tarea le cuesta años. La razón está en la especialización del aparato motriz animal y en la no especializa­ción del propio hombre. Como contrapartida a esta no especialización, el hombre conseguirá una plasticidad de movimientos incomparablemente mayor que el animal» (A. Domingo Moratalla, El personalismo, p.50). Es sorprendente  constatar este hecho: el andar erguido es propiamente humano y tiene que ser aprendido: sin un entorno humano el hombre andaría a cuatro patas, de un modo animalesco, como ya se ha comprobado con los niños salvajes, educados fuera del ambiente humano. La plasticidad es una característica destacada de lo humano.

Lo especifico del nivel biológico del hombre/mujer

hombre interiorDe los instintos o deseos, del nivel biológico del que estamos hablando desde hace algunas entradas, sacamos dos ideas importantes:

Primera idea. Todo el sistema tendencial instintivo está integrado en el mundo humano, el hombre lo recrea, es decir no comemos solo por hambre, sino por muchos otros motivos: podemos comer sin hambre y beber sin sed, podemos matar a un semejante solo por placer de matar. Los instintos como pauta de comporta­miento fija, automática, inevitable, donde la voluntad no entra, no existen como tal en el hombre han sido modificados por el mundo humano.

Esto significa una integración del nivel biológico en el psíquico y en el racional, de modo que forman una unidad en  la que es difícil distinguirlos. Sin embargo el nivel biológico está siempre presente y su presencia es más fuerte de lo que habitualmente admitimos.

Segunda idea. La inespecificidad (plasticidad), que provoca que nos veamos obligados a definirnos. No salimos tan definidos como las demás especies animales. Un perro es siempre perro, hemos dicho, y una rosa es siempre una rosa. Un hombre cuando nace puede ser muchas cosas, es muy plástico. Tenemos muchas posibilidades de definirnos, muchas las “obliga” el ambiente, físico o social, en que nos encontramos, otras dependen de nosotros. Podemos definir hasta como queremos el cuerpo. Simplemente ver la facilidad de los niños, en comparación con los ancianos, con el ordenador, el ambiente en el que han nacido, explica este punto. Esta característica Savater la llama: «Nootenia, que significa pues “plasticidad o disponibilidad juvenil” (los pedagogos hablan de educabilidad)».

Y puede durar hasta la vejez, de modo que ser humano es ser educable, tener capacidad de aprender. Y evidentemente no se limita a la edad anagráfica, es la edad personal. A nivel emocional lo marca la capacidad de asombro, de sorpresa, de estar abierto a la novedad. Esto implica estar abierto tanto a lo bueno como a lo malo. Esta es la grandeza de mantener viva la capacidad de sorprenderse, de abrirse a lo nuevo.

Pero como vemos ya estamos hablando del nivel psíquico, el nivel biológico se ha integrado en lo psíquico y ambos en lo racional, formando esa unidad que llamamos hombre/mujer, persona.

Ser persona por tanto es integración de los tres niveles, coherencia, y también capacidad de adaptación, plasticidad. Ser persona es necesidad de definirse. El hombre no nace definido y debe hacerlo con su vida.