Superviviente

Comienzo con una imagen de Robinson Crusoe porque es el paradigma del superviviente que nos aporta la literatura. Su presencia continua desde su aparición en 1719 indica como acierta con el inconsciente colectivo.

Ser superviviente es algo más que haber pasado por un evento traumático o extremadamente complejo. Ser un superviviente puede convertirse en una configuración de la propia personalidad, algo que tiene consecuencias en el comportamiento diario, aún más, en como configuramos nuestra vida en si sabemos disfrutar de ella o no.

Ser superviviente es configurar la vida en actitud de supervivencia. Salir adelante, poder comer, tener un lugar donde vivir, poder atender las necesidades básicas se convierte en el objetivo central de la vida. No se busca la libertad, la espiritualidad de la vida suena a músicas celestiales, a cuentos para simples, buscar crecer y subir en la sociedad suena a algo lejano, algo que ahora no se puede atender. De fondo el interés de la persona va a ser conseguir lo necesario para vivir.

Cuando decimos yo quiero vivir la vida buscamos algo muy diferente a cuando decimos que queremos conseguir lo necesario para vivir. Esto último nos reduce a lo básico, lo primero nos permite darnos placeres, ir a disfrutar, poder disponer de recursos básicos que nos permiten divertirnos. Por así decir, cuando queremos vivir, buscamos elementos accesorios o accidentales que sin embargo son los que nos permiten disfrutar, buscar la felicidad, que decimos está en pequeñas cosas. Quien busca sobrevivir no está en situación de buscar esos pequeños placeres esos momentos de disfrutar en que la persona se permite gozar de la vida. En suma, quien es un superviviente, quien está orientado a conseguir lo necesario para vivir, no disfruta de la vida.

Ser superviviente tiene que ver con los valores, asimilados personalmente o no, de la persona. Los valores son los que marcan las elecciones, la prioridad que damos a nuestras elecciones. El superviviente elige como si siempre estuviese en una situación de carestía. Tiene ese valor incrustado en su sistema emocional.

¿Cómo se llega a ser un superviviente y no solo a pasar una temporada de dificultad? Bueno como casi todo en el ser humano no depende solo de lo que nos sucede sino de cómo vivimos lo que nos sucede. Sin embargo, es necesario haber pasado un tiempo de escasez, de falta grande de recursos, haber vivido marginado, una situación de carestía, mucho más si se pertenece a un país sin desarrollo, sin recursos, sin medios. Puede ser un cambio grande en la vida que nos ha golpeado y dejado en situación de sentir que no tenemos nada, hemos perdido familia, amigos, relaciones, trabajo, medios, recursos. Esa crisis la hemos pasado de un modo agudo y hemos sentido una gran pérdida, hemos llorado fuertemente todo lo que hemos perdido. La famosa frase de Scarlet O´Hara, protagonista de Lo que el viento se llevó (Gone with the wind): “Aunque tenga que matar, engañar o robar, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre” refleja precisamente haber pasado por una o más situaciones de aguda escasez y la determinación del superviviente: “nunca más volveré a pasar hambre”.

La configuración de superviviente se hace especialmente profunda si la situación de carestía se ha pasado en la infancia. Muchas formas de actuar se fijan en la conducta y se mantienen toda la vida: no tirar comida, es más acabársela, no dejar nada en el plato, siguiendo ese popular dicho del pobre: “antes reventar que sobre”. Pero no solo con la comida, con la luz, apagando cualquier luz que quede encendida, acabando hasta la última gota de la pasta de dientes y apretando el tubo ordenadamente para no perder nada, etc. etc. Las personas que han pasado guerras tienen muchos hábitos de este tipo.

Este tipo de configuraciones tiene que ver con los valores y la distinta experiencia vital de cada generación, también de lo que los abuelos transmiten a sus nietos. Si una generación sufre una guerra o una fuerte carestía, transmitirá la configuración a sus descendientes y es posible que llegue también a los nietos que viven una situación vital de medios muy diversa.

Llegados a este punto podemos decir que la configuración de superviviente no es mala en sí misma, muchos de sus hábitos son adecuados en la situación de extremo consumismo que vivimos cuando se confronta con la situación de carestía del planeta en su conjunto. El cambio climático y todos los fenómenos asociados al despilfarro humano de recursos, el planeta en dificultades, los océanos llenos de plástico, nos van a poner a todos en situación de supervivientes, en aprovechar integralmente los recursos, reutilizar y no tirar. Como vemos tiene muchos elementos positivos.

Lo negativo, como en todas las configuraciones personales, como en todos los sistemas emocionales, se produce cuando no se es consciente de que se es un superviviente o que se tienen hábitos de superviviente, cuando se pone en marcha como si fuese el único modo de actuar posible, como si fuese una actitud que nos da autoridad ante los demás. Lo negativo se produce cuando no somos conscientes de actuamos movidos por una configuración de pérdida adquirida en un momento determinado de nuestra vida.

Cuando el superviviente no es consciente de serlo, deja de disfrutar la vida, deja de poder elegir, deja de gozar de los pequeños momentos, de gastar en sí mismo las cosas que hacen bonita la vida. El superviviente que no es consciente hace difícil la vida a aquellos con quienes convive. Se convierte en tacaño, huraño, siempre protestando por los gastos, centrado en los medios y no en las personas y en su desarrollo.

Su problema son los medios y eso es lo que cuida. Esta sería la desviación que no ve. El superviviente está centrado en los medios y puede olvidar o no conseguir llegar a los fines, precisamente porque los medios absorben toda su energía.

Desde el punto de vista emocional se trata de una experiencia de escasez que produjo un miedo, precisamente a no sobrevivir o a lo difícil que es sobrevivir. Como sucede con todos los miedos ese miedo necesita ser afrontado y el superarlo, el éxito en conseguir la supervivencia es una experiencia que queda asentada. Sin embargo, si la experiencia es muy traumática o muy prolongada como son por ejemplo los valores recibidos en la infancia de figuras significativas es posible que queden grabado sin la elaboración necesaria y en tal caso tiene los efectos negativos de los que hablamos. Es necesario hacerlo consciente y trabajarlo para superar positivamente la experiencia.

¿Qué piensas del superviviente? ¿Alguno de los rasgos tiene que ver contigo y con tu forma de enfocar las cosas? ¿Conoces a alguien que piensas actúa como superviviente?

¿Cómo crees que el superviviente debería trabajar su miedo básico?

Anuncios

La emoción es una sensación sentida

El modo en que Aristóteles define la emoción es sensación sentida. Esto significa que entiende que una emoción consiste en un grupo de sensaciones, que el cerebro unifica y evalúa como miedo, por ejemplo, o como enfado o tristeza. Para mi es verdaderamente sorprendente que Aristóteles ha sido capaz de darse cuenta de eso 350 años antes de Cristo.

Para Aristóteles, que tenía una visión jerárquica o en tres niveles o esferas del ser humano, la sensación pertenece al nivel biológico, al cuerpo, mientras que la emoción o sentimiento es el elemento básico del nivel psíquico. El nivel de emociones y sentimientos.

De este modo configura la emoción como una evaluación de sensaciones y de este modo conecta nivel somático y nivel psíquico. Es decir, la emoción es una reflexión sobre el cuerpo y sus sensaciones, del mismo modo que la razón, el tercer nivel o esfera, es una reflexión sobre los contenidos psíquicos, a los que se añaden las sensaciones.

Resumiendo, la emoción evalúa el cuerpo y sus sensaciones y la razón reflexiona o evalúa sobre ambos, tanto sensaciones como emociones, tanto el nivel del cuerpo como el psíquico. La expresión, la emoción es la sensación-sentida, significa que la emoción es una evaluación interna de las sensaciones que percibe el cuerpo, es decir, la emoción es la sensación sentida por dentro.

Algo en lo que lógicamente el cerebro tiene el total protagonismo.

Lo que siempre me ha llamado la atención es que Gendlin, el iniciador del focusing, utiliza exactamente la misma definición de emoción: sensación sentida, y sobre esa definición monta el focusing.

El focusing es una corriente de la psicología centrada en la gestión de la emoción. Su método es localizar la emoción almacenada en el cuerpo y por así decir disolverla. Para localizar y focalizar la emoción en el cuerpo, lo que hace es buscar sensaciones. No puede buscar emociones directamente, ya que estas se componen de un grupo de sensaciones evaluado como emoción. Por ponerlo en un ejemplo, sentimos una serie de sensaciones que nos comprimen el estómago y el intestino. Esas sensaciones el cerebro nos las evalúa como miedo. De este modo el focusing trabaja con la sensación o las sensaciones que se perciben debajo de la emoción, por así decir descompone la emoción en sus integrantes.

También podemos decir que el miedo como tal no existe, existen una serie de sensaciones agrupadas que el cerebro interpreta como miedo. O quizá lo que podemos decir es que el miedo, y las demás emociones, son una creación del cerebro.

Es decir, primera constatación, una corriente psicológica de los años 70 del siglo XX coincide con la observación de un filósofo de hace 2370 años.

Pero para entender el proceso hace falta un paso más. ¿Cómo es posible que el miedo aparezca en las tripas? Sigamos con nuestro ejemplo de un modo sencillo. Aparece un perro peligroso en nuestra habitación y nos entra el miedo, ¡es un buen susto! ¿Cómo ha llegado ese miedo hasta las tripas? ¿Cómo han llegado esas sensaciones desde la sensación visual de un perro y la auditiva de su gruñido hasta el estómago? Aquí la clave está en las investigaciones de Antonio Damásio. De nuevo el cerebro ha recogido esas variaciones sensoriales y, por decir así, las ha proyectado en nuestras tripas. El cuerpo hace como de receptor y ayuda a la interpretación de lo que nos está sucediendo, en este caso, la aparición de un peligro. No detectamos ese peligro sin la participación del cuerpo. Podemos decir que la emoción está en el cuerpo.

La función del cerebro es la siguiente. Primero recoge la sensación visual y la auditiva o cualquier otra sensación que informa de algo nuevo que sucede fuera o dentro de nuestro cuerpo. En nuestro ejemplo, lo que sucede es que aparece un peligro, un perro peligroso. Para interpretar ese peligro el cerebro lo proyecta en algún punto de nuestro cuerpo, en este caso en las tripas. Luego “lee” las sensaciones ahí proyectadas como miedo y en ese mismo momento activa todas las alertas, la vista se concentra en el peligro, hasta en el mínimo movimiento del perro, las hormonas interrumpen todos los procesos y los centran en la defensa o la huida, la adrenalina cae a borbotones en sangre, los músculos se tensan por todo el cuerpo, etc.

Lo curioso es que todo este proceso se hace antes incluso de ser conscientes del peligro. Dada la urgencia, el cerebro mismo ha utilizado un atajo evitando el paso por el cortex. La respuesta al peligro va a ser más rápida que la conciencia del peligro.

Recojo algunas ideas importantes. La emoción está y se almacena en el cuerpo. El cerebro utiliza el cuerpo como un lugar donde proyectar las sensaciones y leerlas como si de una pantalla de cine se tratara. Por tanto, el cuerpo es parte activa de la lectura de lo que nos sucede. Su sensibilidad es vital para nuestra supervivencia, en realidad en toda nuestra vida.

Por último, cada emoción está integrada por diversas sensaciones que se agrupan en algún lugar de nuestro cuerpo. Para poder gestionar la emoción debemos localizar ese grupo de sensaciones que la componen y un paso es localizar el punto u órgano del cuerpo donde se sitúan. Pueden ser las tripas como hemos dicho, el estómago, el corazón, que hay veces que da saltos de la cantidad de sensaciones que le hemos acumulado, los pulmones porque nos hemos quedado sin aliento, la piel, que tiene una fuerte sensibilidad emocional en algunas personas.

Esto me lleva a decir que somos un patrón emocional diverso, no todas las emociones van al mismo sitio en todas las personas, hay mucha variación, tanta como diferencias en emociones y sensibilidad, por la tanto, tanta como personas.

Creo que ahora sí podemos decir que la emoción es la sensación sentida.

Me gustaría tu participación, si te cuadra lo relatado, si lo que hace es hacer surgir dudas, si no estás de acuerdo o si te parece que hay que matizar algo…

Aprendemos más por contagio emocional que por interés intelectual

simone-biles-en-rio

Es un tema de todos sabido que el interés social por un tema depende de que haya acontecimientos notorios relacionados con ese tema. Por ejemplo, los éxitos de la gimnasta Simone Biles en las Olimpiadas de Río ha hecho crecer el interés en la gimnasia artística y montones de niñas a lo largo y ancho del planeta quieren ser gimnastas. Eso ocurre con el futbol todos los días, donde niños de todo el mundo quieren ser como Messi o Cristiano Ronaldo. Hace ya muchos años, en los años sesenta el tenis se popularizó en España debido a los éxitos de Manolo Santana.

Y no solo ocurre en el deporte, ocurre en todos los ámbitos. Hay un interés en la criminología debido al éxito de series como C.S.I. y en política debido a las crisis y las injusticias que han sacudido España. Incluso en lo negativo la influencia del contagio es notoria y basta un asesinato de género y su repercusión en los medios, para que se produzcan otros como en ramillete.

El interés tiene una base emocional y está sometido a un fuerte contagio social. Todos queremos ser como las personas que admiramos. La admiración, buscar modelos, algo necesario para el desarrollo personal, es también la puerta de entrada de los temas que nos van a interesar. No podemos olvidar que la admiración es uno de los sentimientos que integran el enamoramiento y que este es nuestro principal modo de abrir nuestro mundo.


En el interés que despierta e introduce el aprendizaje, hay un componente de emulación, que suscita un interés emocional inicial y que permite entrar a la persona en nuevas zonas, explorar.


En el aprendizaje, en el interés que despierta e introduce el aprendizaje, hay un componente de emulación, que suscita un interés emocional inicial y que permite entrar a la persona en nuevas zonas, explorar e ilusionarse con lo nuevo. Hay que enseñar a reconocer las propias emociones y sentimientos, a identificar los contagios emocionales, hay que enseñar a ser libre.

Sin embargo, este aspecto no lo utiliza la educación a pesar de lo importante que es. La educación se desarrolla con sus programas, sus materias troncales, sus optativas, sus programas… y corre paralelo al desarrollo emocional de las personas, sin tocarlo, como una senda paralela a la vida de las personas, que es siempre emocional. Educación y desarrollo personal e influencias emocionales corren por caminos paralelos que no se tocan, y no sabemos dónde están los puntos de encuentro.

La educación deja el desarrollo emocional, las influencias, los contagios a un lado y sigue impertérrita su camino. Lo más que se plantea es qué hacer para que las emociones empujen el aprendizaje, pero el aprendizaje es el mismo de siempre, tiene los mismos programas y las mismas materias de siempre, los mismos modos de hacer que hace décadas. La escuela no es flexible, enseña cuentas, números y letras, enseña lengua y matemáticas, a lo más le suma geografía y biología, vaya por donde vaya el interés emocional de sus alumnos, no se desvía del camino.  Solo unos pocos docentes innovadores comienzan a buscar la interdisciplinariedad, a ver el modo de acercar a la vida e aprendizaje. Aunque esto mismo ya traiciona la rigidez del sistema: ¿acercar a la vida? Si es a vivir a lo que se debería enseñar, el sistema ya acepta que sus enseñanzas están lejos de la vida.


Acercar a la vida e aprendizaje. Aunque esto mismo traiciona la rigidez del sistema: ¿acercar a la vida? Si es a vivir a lo que se debería enseñar, el sistema ya acepta que sus enseñanzas están lejos de la vida.


Mi pregunta es si esto debe ser así o la escuela debe cambiar. Qué y sobre todo cómo hay que enseñar en la escuela. Atreverse a cambiarlo el gran reto social.

La necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales en la medicina.

20921534 - medical doctor shaking hands to happy senior patient

He encontrado un artículo de Ana Sabela Álvarez (Middlesex University, UK, London) que me ha parecido tan interesante que me parece conveniente hacer una entrada en este blog, ya que hace un profundo estudio sobre en qué medida la antropología emocional, a través de un modelo que la tiene en cuenta, está influyendo en la práctica médica.

El link del artículo que te aconsejo vivamente, del 2008, es la siguiente: La aplicación en medicina del modelo BPS. Su referencia es: Álvarez AS, Pagani M, Meucci P: The clinical application of the biopsychosocial model in mental health: a research critique. Am J Phys Med Rehabil 2012; 91(suppl):S173YS180.

El artículo hace un estudio de lo publicado en medicina sobre la necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales de la práctica médica, centrándose específicamente en la salud mental. Es conocida la dificultad de la medicina para admitir la influencia de emociones y sentimientos en las enfermedades. De hecho, la historia secular de la medicina científica se escribe como una oposición entre los aspectos subjetivos (emociones y sentimientos) y los aspectos objetivos, los únicos que han sido considerados durante mucho tiempo el objeto idóneo para la ciencia.

La historia de la medicina científica es fruto de una ardua pelea con curanderos, creencias, recetas tradicionales no comprobadas, etc. La distancia con los vilipendiados elementos subjetivos, se ha llegado a hacer tan grande que ni siquiera la autoridad de Charles Darwin, que escribió sobre las emociones en los animales, fue capaz de encaminar a la ciencia para que aceptase a las emociones.

Dos hechos han contribuido a la disminución de las distancias entre emociones y ciencia. Primero, la incidencia evidente de emociones y sentimientos en los enfermos y a través de ellos en las enfermedades y su tratamiento, ha ido progresivamente horadando el muro de separación. Segundo, la tomografia axial computarizada, que en los 70, fue capaz de comprobar que las emociones tenían un impacto específico en el cerebro, ha hecho posible que las emociones estén plenamente sometidas a experimentación, es decir, pasen a formar parte de la ciencia experimental. Además, se puede añadir que la cultura de la postmodernidad, tan marcadamente interdisciplinar, se lleva mal con la compartimentación estricta que la ciencia experimental exigía.

Sin embargo, siguen quedando muchos prejuicios como restos de la lucha de siglos. Muchas mentalidades y muchos ambientes resistentes a admitir los elementos psicológicos y sociales en la ciencia.

El artículo hace precisamente una revisión de la actual situación, revisando los modelos médicos vigentes y centrándose en el que acepta los elementos psicológicos y sociales en la práctica médica de la salud mental. También estudia las posibilidades de ese nuevo modelo psico-social y la posibilidad de que la medicina entre en un enfoque interdisciplinar.

El abstract del artículo es el siguiente:

«Engel aplicó el término biopsicosocial a la medicina para enfatizar la necesidad de tener en cuenta los aspectos psicológicos y sociales de la práctica médica. Tras de una revisión de la historia del modelo biopsicosocial (BPS), revisamos las críticas al modelo para reformular sus deficiencias y después analizar su aplicación en la práctica de la salud mental.

Los objetivos de este artículo son 4:

(1) examinar la utilización del modelo BPS desde el artículo de Engel de 1977 hasta la actualidad;

(2) examinar las razones para la popularidad del modelo BPS así como los problemas a los que se enfrenta cuando es aplicado a la práctica de la salud mental;

(3) introducir dos instrumentos que implementan el modelo BPS: la Clasificación International de Funcionamiento, Discapacidad, y Salud (CIF), y el INTERMED;

y (4) mostrar porqué el modelo BPS no es todavía un modelo de práctica clínica.

Un total de 62 publicaciones fueron extraídas y revisadas en las bases de datos ScienceDirect, PubMed, y Scopus, y 32 de ellas fueron finalmente incluidas en este artículo. Esta es la primera revisión sistemática de los estudios publicados que aplicaron el modelo BPS en la práctica de la salud mental en los últimos 33 años. Estas críticas tienen el objetivo de construir una visión más constructiva del modelo BPS como modelo de práctica clínica en salud mental».

¡Tranquilízate!!!

14025591 - unhappy young couple having an argument. isolated on white.

Seguro que muchas veces nos ha sentado mal cuando nos han dicho esa palabra, especialmente si lleva algo de énfasis: ¡Tranquilo!!! Y sin embargo parece una palabra positiva, ¿Por qué sucede esto?

Primero hay que aclarar que la expresión se dirige a una cierta agitación emocional que la otra persona percibe en nosotros (o nosotros en ella cuando la utilizamos). Cuando pedimos a alguien que se tranquilice expresamente no queremos que su activación emocional influya en el momento, sea por el motivo que sea. De tal modo que las expresiones que buscan tranquilizar son como la anestesia emocional. Significa exactamente lo contrario de enfocar la emoción, o de escucharla.

De hecho en medicina un tranquilizante es «un fármaco: De efecto tranquilizador o sedante» (RAE), es decir un fármaco que tiene precisamente el efecto de bajar el grado de activación emocional, es decir, que busca el mismo efecto que la expresión.

Seguro que ya resulta evidente que el efecto anestesia sobre las emociones implica que no hay gestión emocional, se baja la intensidad pero no se gestiona la emoción. Es más se baja la intensidad precisamente para no gestionar la emoción. Ya que la gestión de la emoción necesita precisamente lo contrario: sacar la emoción, enfocarla, no dejarla desvanecerse.


Hay dos modos básicos para tranquilizar: La primera es bajar de importancia lo sucedido: ¡no es importante! ¡No pasa nada! ¡No es para tanto! ¡No exageres!

La segunda es generalizar: ¡es normal! ¡Le pasa a todo el mundo!


Hay dos modos habituales de tranquilizar: La primera es bajar de importancia lo sucedido: ¡no es importante! ¡No pasa nada! ¡No es para tanto! ¡No exageres! Expresiones todas que rebajan la altura de lo sucedido.

La segunda es generalizar: ¡es normal! ¡Le pasa a todo el mundo! ¡Ya te pasará más veces! ¡Esto sucede todos los días! Serían las expresiones que apuntan a este segundo modo de tranquilizar.

¿Hay alguna situación en que sea necesario tranquilizar para gestionar la emoción? Desde luego, precisamente cuando la activación es tan alta que no se puede gestionar la emoción. Esto sucede con frecuencia con el enfado, emoción que produce una gran activación. En este caso es mejor hacer algo, darse una vuelta, contar hasta 10, encontrar un modo de gastar algo de energía, para bajar la intensidad, tranquilizar, y poder gestionar la emoción.


Con frecuencia cuando se dice «¡tranquilizate!», la persona que lo dice no quiere hacerse cargo de la emoción del otro, porque o le da miedo, le molesta, o incluso le enfada.


Pero muchas veces en las situaciones cotidianas, cuando se dice «¡tranquilizate!», lo que pasa es que la persona que lo dice no quiere hacerse cargo de la emoción del otro, o le da miedo, le molesta, incluso le enfada, pero lo claro es eso: no quiere hacerse cargo. Y quien recibe el «¡tranquilo!!!» percibe netamente que no es aceptado con sus sentimientos, porque si no aceptan nuestra emoción no nos aceptan a nosotros. Este es el efecto rechazo que se siente vivamente y al que se reacciona cuando oímos: ¡Tranquilo!!!

Los docentes deberían ser muy conscientes de este efecto de rechazo sobre las relaciones, ya que su primera competencia es la de establecer una relación aceptadora con sus alumnos. Aceptadora es básicamente aceptadora de los sentimientos. Por tanto solo deben utilizar la tranquilización de forma consciente y cuando es necesaria, porque no pueden atender a la emoción en ese momento, no solo porque se quieren quitar al alumno y sus preocupaciones de encima. Entiendo que esto es una habilidad difícil, pero a mi entender totalmente necesaria.

Básicamente es igual en las relaciones padre/madre e hij@ y también en las relaciones de pareja. Si hay mucha necesidad de decir «¡Tranquilo!!!», algo no está funcionando bien.

Espero haber resulto la duda del comienzo.  Y ahora pregunto:

  1. ¿en qué ocasiones utilizas «¡Tranquilo!!!»?
  2. ¿es de una forma aceptadora?
  3. ¿es sencillamente porque te sientes cansado o no te quieres hacer cargo o incluso porque te da miedo ese sentimiento?

Muy importante que nos hagamos esta pregunta cada vez que queramos tranquilizar. Si nos la hacemos y nos respondemos con honestidad, seguro que la calidad de la relación con esa persona sale mejorada.

La familia emocional

family-1244795_1920

¿Qué es lo nuevo en la familia de hoy en día? Hay una gran novedad en la familia, novedad que se detecta por todas partes. El centro de lo nuevo es ser respetuosa de las emociones y sentimientos de todos y cada uno de los miembros de la familia. Lo nuevo es ser una familia emocional.

Para, saber qué es lo nuevo lo primero hay que saber qué es lo viejo, o mejor, de dónde viene la familia, cuáles son las raíces.

Desde hace tiempo se ha repetido un mismo esquema de análisis de la familia. Procedemos de la familia autoritaria y cuando esta desaparece nos encontramos con la familia permisiva. Evidentemente la familia se analiza exclusivamente desde el tipo de autoridad que se da en ella y esa autoridad sólo puede ser la de los padres en conjunto. En la familia autoritaria padre y madre marcan las directrices y también las sendas que deben recorrer los hijos. Esa familia autoritaria, al menos en España, aunque también en otros países, había crecido en un tiempo en la que la presencia de la Iglesia era muy grande a todos los niveles. La autoridad de la familia se concebía como derivada de la autoridad de la Iglesia y también estaba protegida y alimentada por esa autoridad. La legitimidad de la autoridad de los padres se mantenía mientras estos se mantenían dentro de lo que la Iglesia ordena, era un orden religioso y una autoridad moral, que también estaba recogida a nivel legislativo.

Con el desaparecer de la presencia y la influencia de la Iglesia en la sociedad desaparece también esa autoridad y la familia, que no cambia de esquema, pierde la autoridad y se transforma en una familia permisiva: ya no hay justificación para la autoridad y esta desfallece. La crisis de la familia se junta por tanto a la crisis de valores de la que habla la Iglesia y que es la causa de la introducción del divorcio y la rotura de la familia denominada tradicional.

Pues bien, todo este análisis que se sigue repitiendo con diversos matices, no tiene mucho que ver con la nueva familia emocional, tal como la he denominado. Primero, la nueva familia no está apoyada básicamente en una concepción de la autoridad, ni en las relaciones desiguales que toda autoridad implica. La nueva familia está basada en relaciones de igualdad. La nueva familia está basado en el respeto a cada persona en cuanto tal persona y a su libertad y capacidad de decisión. En la nueva familia todos, madre, padre, cada uno de los hijos que haya, tienen la misma dignidad de personas, no hay uno por encima de otro. Este nuevo modo de concebir la relación es respetuosa con la libertad de los hijos y se adapta a ella conforme se van desarrollando, acompañándolos en su desarrollo.

Esta nueva familia emocional tiene su centro en un contenido y no es una estructura de poder. El contenido son las emociones y sentimientos de cada uno de los miembros de la familia.

La herramienta más importante de la nueva familia no son las órdenes que deben ser obedecidas como surgidas de la voluntad del cabeza de familia, así se denominaba al padre (no a la madre, otra de las desigualdades de la familia tradicional). La herramienta central de la nueva familia es la escucha. Padre y madre que quieren fundar una familia emocional deben aprender a escuchar a sus hijos, a cada uno de sus hijos, porque cada persona es diferente. Deben ser sensibles a las emociones y sentimientos de cada hijo y detrás de esas emociones detectar sus necesidades. Esas emociones enraizadas en el ser biológico y personal de los hijos.

La herramienta de los valores, que durante años ha sido, y en algunos ambientes sigue siendo, el remedio que se ofrece para la “crisis” de la familia, no es útil desde el prisma de la familia emocional. No es útil porque los valores no se pueden inculcar artificialmente desde fuera. Los valores son la elección más profunda de nuestro sistema emocional y en cuanto tales solo pueden ser escuchados y descubiertos en cada persona y en cada familia. Es decir, cada familia tiene valores diferentes, valores que son introducidos por la vida, no por elecciones externas, de madre y padre y después de cada uno de los hijos, conforme se va desarrollando como persona. Es decir, no hay una elección dogmática de los valores, sino una elección vital.

family-1016311_1920

Por tanto la nueva familia es natural, es decir, tiene sus raíces bien agarradas en la tierra de los seres biológicos que somos.

La nueva familia no es dogmática, es decir no impone creencias, sino que es respetuosa con las que tienen cada uno de sus miembros. Por ejemplo las creencias religiosas pueden existir, pero no son obligatorias, sino que son adoptadas por cada uno de los miembros en el uso de su libertad. Luego la nueva familia es religiosa al ser respetuosa con la espiritualidad de cada persona, precisamente al ser respetuosa con cada persona, ya que la espiritualidad es una dimensión personal.

Del “cómo” es la nueva familia hablo en mi libro: El diario de las emociones de mi hija Noor, que te invito a leer. Sobre el qué, sobre los contenidos, esos te pertenecen, son tu terreno personal, dicho de un modo que copia la publicidad, son lo que constituye la república independiente de tu casa.