Ferdinand, el amor a toda vida humana, animal o planta

Ferdinand es una película de animación estadounidense producida por Blue Sky Studios y con animación digital realizada por 20th Century Fox Animation. La película está ambientada en España, sobre todo Andalucía, con toros bravos, cortijos, flores, toreros, sevillanas… y termina en Madrid, en la plaza de toros de las ventas.

Su protagonista es Ferdinand, ese toro enamorado de la luna, que abandona por la noche la manada… que se inspira en una canción de Carlos Castellano Gómez, de 1964, que tuvo mucho éxito y que ha dejado este rastro de un toro bravo con alma de poeta. Así es Ferdinand, tan grande, fuerte y bravo como delicado, poeta, amante de las flores y de la vida. Sigue leyendo

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La identidad moral

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En la estructuración de nuestro ser o para ser más preciso de nuestra psique la identidad moral tiene un peso y un peso central. A mí me ha costado mucho aceptar este punto debido al carácter heterónomo de la mayor parte de las morales que conocemos y que parece impregnar a cualquier cosa a la que llamemos moral. Sin embargo me tengo que rendir a la evidencia. La última ha sido la película «Hermanos» de Jim Sheridan, protagonizada por Tobey Maguire, más conocido por su papel en Spiderman. Os invito a verla porque es muy interesante.

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Adorno y cultura

                Precdecoración árabeisamente por ser una manifestación del espíritu, el adorno es también una manifestación del espíritu colectivo. El adorno es un rasgo que sirve para identificar las culturas. Estas suelen tener un estilo, un modo de adornar característico que las identifica rápidamente. Basta pensar en las cerámicas primitivas, que por dibujo, forma, etc., identifican al pueblo que las hacen. Por ello somos capaces de reconocer una cultura: de algún modo captamos ese espíritu que la caracteriza en todas las manifestaciones de esa cultura.

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El papel de la religión en la sociedad

La religión acompaña al hombre desde el alba de los tiempos. Los primeros signos antropológicos, los primeros signos que identifican unos restos paleográficos como humanos son precisamente signos religiosos y en concreto indicaciones de existencia de culto a los muertos. Esta sería precisamente la línea divisoria en los homínidos de la primera aparición de lo que llamamos comunidad humana. De este modo la presencia como fenómeno de la religión en las sociedades humanas es un hecho histórico absolutamente innegable, y sus signos aparecen por todas partes: en la arquitectura, en todas las artes, en los relatos, en resumen, en todas las huellas del paso del hombre sobre la tierra.

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El hombre ser social: trabajo y riqueza, política y religión

El hombre es un ser social y erraríamos si lo considerásemos solo de un modo individual. Fenomenológicamente esto es tan claro como ver de noche desde un avión las luces que indican las poblaciones humanas, el modo en que se agrupa el hombre. Son racimos de luz que se van conectando unos con otros: el hombre se organiza y vive en sociedad. Evidentemente la base de esa sociabilidad se encuentra en el interior del hombre, en su capacidad de enamoramiento y amistad, en su sistema emocional de respuesta. De ahí surge toda una organización social a través de 3 ejes: el trabajo y la organización de la riqueza, la política y la religión.13315716_s

El trabajo ocupa un lugar especial en la antropología, en la concepción de la persona. La cultura es construida sobre el trabajo del hombre y la cultura construye el cambio en el homo sapiens, por encima de la evolución. Por esto el trabajo tanto influye a nivel social, en la estructuración social, como en la configuración personal. No toda la estructuración social depende del trabajo, pero el trabajo y su acumulación en forma de riqueza constituyen la base de la organización social.

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El hombre y la cultura

Una afirmación central de la antropología moderna es que «hace unos 45.000 años la cultura entró en un período de despegue. Con anterioridad a esa época, la evolución biológica y cultural se producían en tasas comparables, y los cambios biológicos y culturales estaban estrechamente interconectados. Tras el despegue, la tasa de evolución cultural se incrementó dramáticamente, sin que se produjera un aumento simultáneo en la tasa de evolución biológica (…) para comprender los últimos 45.000 años de evolución de la cultura, el énfasis principal ha de ponerse en los procesos culturales más que en los procesos biológicos».10692863_s

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