La confianza en las relaciones

La primera sensación del encuentro es la seguridad. La percepción es la plena aceptación, y de ahí nace la confianza. La confianza se percibe como un nacimiento como algo en lo que no tenemos parte, que nace o no nace. La confianza se percibe como si o no, como si no admitiese grados, o la tienes o no la tienes. Darse cuenta de que la confianza admite grados implica comparar la confianza que otorgamos a diversas personas en diversas situaciones, necesita una revisión de la experiencia de las diversas confianzas vividas. Darse cuenta de que admite grados es una tarea de la razón alejada de la vivencia del encuentro.

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En el encuentro la confianza se percibe como tan original, tan inocente y recién nacida, que nos parece que estaba ahí en relación con esa persona desde siempre. Es un descubrimiento que se nos aparece como muy importante. Este descubrimiento, que emocionalmente nos sitúa en el terreno de la sorpresa, nos abre a la admiración, y como hemos visto en el enamoramiento, sencillamente nos abre a lo que nos pueda venir de esa persona. Por todo esto es por lo que el encuentro introduce por sí mismo en la amistad. Pide ser perpetuado, ya hemos dicho que de forma discontinúa: repetir la experiencia del encuentro, de la apertura, de la confianza.

En realidad esto solo es así cuando se produce el encuentro. Cuando no nos sentimos plenamente aceptados la confianza se convierte en algo costoso, que tenemos que poner en la relación, precisamente porque es un elemento clave, si queremos que funcione: las relaciones no funcionan sin confianza, es decir no funcionan sin aceptación, un mínimo de esta aceptación es necesaria. Si lo “tenemos que poner” esto significa que hemos puesto la razón a trabajar y la razón siempre trabaja como control, como volver a comprobar que ha sucedido. También esta quiebra de la aceptación y detrás de la confianza, pone enseguida un interrogante a la amistad. La amistad se interrumpe en cuanto se empieza a controlar, en cuanto el fluido debe ser medido. La amistad se interrumpe en cuanto se pone en duda.

Toda relación para que funcione tiene que tener elementos del encuentro, básicamente la confianza, si eso no se da es muy difícil que una relación funcione. En algo se tiene confiar de la otra persona para poder establecer una relación con ella. Sin embargo, toda confianza que no procede del encuentro procede de la razón, y se hace costosa, precaria, sometida a examen permanente de si se puede otorgar o no. En estas situaciones la confianza se convierte en algo parcial, otorgado con condiciones, que obliga a mantener la vigilancia, que nos obliga a mantener al menos la armadura puesta y quizá también las armas preparadas.

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