La necesidad de placer

12129902_sHasta un pensador tan vetusto y denostado y aparentemente carca y de moral rígida como Tomás de Aquino lo dice: “sin algo de placer es imposible vivir”. Quizá es la enseñanza menos conocida del influyente teólogo, lástima que no haya formado parte de un modo explícito de su enseñanza, hubiera quitado muchos problemas personales e incluso sociales.

Sin embargo, en la Iglesia a nivel práctico es recogida, y desde que yo recuerdo, los curas, que al menos de modo formal tienen prohibidos los placeres de la carne, y en teoría muchos otros, se reúnen para comer, se dan las grandes comilonas. Ya está comprobado que el área cerebral activada por el deseo sexual es impulsada también por el placer de la comida. Algo que se puede a la vista de todos y que llena esa necesidad tan honda en el ser humano: sin algo de placer es imposible vivir, sin activar esa zona del cerebro, toda la actividad de este se resiente, y detrás se resiente nuestra vida. Por ello, la verdad es que cuando no ha sido posible llenar esa necesidad de placer de forma abierta, en sociedades cerradas y controladoras y a veces también en otras más abiertas, pues se ha llenado de modo oculto, a veces con una fuerte hipocresía, pero llenar se ha llenado, no es posible no hacerlo. Responde a un modo cómo funcionamos los seres humanos.

Hay una gran distancia entre el placer disfrutado realmente y el aceptado socialmente en cada época. Hay algo profundo en esto y esa distancia no es fácil de eliminar. La cultura dominante, igual que las organizaciones, abusivas y no, controlan el placer, necesitan controlar el placer como uno de los elementos de más peso en el control social. El placer siempre ha estado históricamente en la oscuridad, en la intimidad personal y no solo porque el acto sexual sea el acto íntimo por excelencia. Por ejemplo no es fácil para las figuras públicas que se les vea disfrutando: se exponen a fuertes pérdidas de popularidad.

Sin embargo, es bueno y es sano que introduzcamos el placer entre nuestras actividades y que nos alejemos de esa demonización tan fuertemente arraigada sobre el placer. Necesitamos dar carta de naturaleza al placer en nuestra vida, saber qué actividades, qué relaciones, qué cosas, qué comidas, qué manera de hacer el sexo, qué actividades físicas, son placenteras para nosotros, nos proporcionan placer. No, no por los demás, sino a nosotros mismos. Y si nunca hemos buscado el placer, o lo hemos hecho solo por caminos aceptados socialmente, es posible que ese territorio a descubrir sea enorme. Todo un entero continente nunca explorado. Teniendo en cuenta además que las posibilidades de placer del ser humano son inmensas.

Por todo esto cuando tengo que hacer una exploración junto a una persona que quiere realizar un proceso de coaching, una entrevista de encuadre se llama en el coaching emocional, reviso su trabajo, su desarrollo personal, sus relaciones, su afectividad, su sentido de la vida, su autoestima y su asertividad, si todo eso, y también su ocio y sus placeres como un territorio más, y uno que especialmente no puede quedar yermo.

Y es curioso porque gracias a la cultura dominante, habitualmente las personas no hablan de lo que les gusta. Hablan de la pareja, pero no comentan si el sexo les gusta. Hablan del trabajo, de las preocupaciones y si no hay una pregunta expresa, no hablan del placer, aunque debería decir: hablamos, porque yo me incluyo.

Sin embargo la formación para el placer debería ser parte de la formación que recibimos. Y me atrevo a decir que sin esta no hay formación para la vida, la vida es luz y sombra y colores, elementos positivos y negativos, emociones agradables y desagradables, y también es placer y disfrute, lo mismo que tiene elementos de dolor y de sufrimiento. Y como lo aprendemos todo, debemos también aprender a elegir lo que nos nutre, lo que nos alimenta, lo que nos hace disfrutar, debemos aprender a incluir nuestra dosis de placeres en la vida. La vida deja muchos agujeros, muchas simas y es muy difícil de soportar si no somos capaces de disfrutar en ella, si nuestro cerebro no recibe su ración de placer.

Así que repito con Tomás de Aquino: sin placer es imposible vivir.

Anuncios

«Condenados a ser libres» (Jean Paul Sartre)

Esta como tantas otras lúcidas frases de Sartre expresa una verdad palmaria: estamos condenados a ser libres, estamos obligados a escoger en la vida y esa elección nuestra marca nuestra vida, en realidad, elige nuestra vida. Nuestra vida se compone de nuestras elecciones y no elegir es ya tomar una opción, un camino, que en este caso está hecho de cerrazón, es como un bloqueo, un bloqueo de nuestra vida, pero quedará. Querámoslo  o no tenemos que hacer elecciones constantemente y eso marca nuestro recorrido existencial, y termina por decidir quiénes somos.

7741933_s

Sigue leyendo

Cerebro, cuerpo y emociones. Las ideas de Antonio Damasio

Antonio Damasio es un conocido autor que ha trabajado sobre la conexiónantonio damasio error descartes entre las emociones y sentimientos y el cerebro. Sus avances confirman muchas ideas de la inteligencia emocional y destruyen otras. Quiero en algunas entradas recoger algunas de las tesis del libro «El error de Descartes» porque son las hipótesis que actualmente trabaja la ciencia en el campo de las emociones y por tanto constituyen una fundamentación necesaria para quien quiera trabajar la inteligencia emocional. Los entrecomillados indican citas literales del libro.

La primera tesis es que «sentir es un componente integral de la maquinaria racional». Es decir sentimientos y emociones forman parte del modo en que los humanos razonamos, sin ellos no hay razonamiento ni toma de decisiones adecuada. Se puede hablar de sentimientos y razón, pero no como elementos autónomos sino como elementos integrantes de un mismo sistema. «El procesamiento de emociones y sentimientos son indispensables para la racionalidad». (a lo largo de la entrada utilizo emociones y sentimientos indistintamente).

Sigue leyendo

El enamoramiento (2): Aproximándonos al fenómeno

Entre las múltiples descripciones del enamoramiento que nos proporciona la literatura, he escogido una de John Steinbeck en su novela «Al este delal este del eden Edén». Quizás, a primera vista,  no parece referirse al enamoramiento y, sin embargo, es una descripción preciosa:

“A veces una especie de gloria ilumina el espíritu del hombre, es algo que le ocurre a casi todo el mundo. Uno siente cómo crece o cómo se prepara, lo mismo que una mecha que arde hacia la dinamita. Es una sensación en el estómago, un deleite de los nervios, de los antebrazos. La piel siente el aire, y cada profunda aspiración tiene un dulce sabor. Su comienzo da el mismo placer que un gran bostezo; brilla con resplandor en el cerebro y todo el mundo aparece rutilante ante los ojos. Se puede haber vivido durante toda la vida de una manera gris, viendo la tierra y los árboles oscuros y sombríos. Los acontecimientos, incluso los más importantes, se han deslizado inexpresivos y pálidos. Y de repente, surge la gloria; y entonces se encuentra dulce el canto de los grillos, y el perfume de la tierra se alza como una canción hasta el olfato, y la luz que forma motas bajo un árbol es una bendición para los ojos. Esto provoca en los hombres una eclosión torrencial, pero no por ello se sienten disminuidos. Y me atrevería a afirmar que la importancia de un hombre en el mundo puede medirse por la calidad y el número de sus momentos de gloria. Es un hecho aislado, pero que nos une al mundo. Es la fuente de toda creación y coloca a cada hombre aparte de los demás”.

Vamos a tratar de sondear en qué consiste el enamoramiento: esos momentos de gloria que proporcionan el color a la vida; su sentido, su significado, su calado. El enamoramiento es algo muy profundo en la vida del hombre, un fenómeno mucho más amplio y más denso de lo que habitualmente pensamos, seguramente este es el motivo por el que puede sorprender el texto que acabamos de utilizar para describirlo.

A la vez, el enamoramiento es absolutamente necesario: sin enamoramiento 22973157_sno podríamos vivir, habríamos perdido la orientación y el color de la existencia, su luz y su sentido.

El enamoramiento se extiende a muchos otros campos distintos de la relación hombre-mujer, aunque es ahí donde tendemos a situarlo, porque este es el enamoramiento por excelencia, ya que esa es también la relación del hombre por excelencia. Todo está en su interior. Como las nueces, que protegen su contenido, el enamoramiento también protege su contenido. Nos atrae, nos ilusiona, tenemos una idea de lo que es, deseamos vivirlo, incluso lo vivimos, pero parece que todo se refiere a su resplandor, a la manera en que se presenta. A pesar de la atención que se le presta, no estamos muy acostumbrados a pensar sobre él. Sin embargo, en su  interior está todo, lo dice todo. Si supiésemos leerlo mejor; si nos diésemos cuenta de que el enamoramiento es sobre todo comunicación, descubriríamos de pronto la vía que nos abre al mundo: el enamoramiento es el único modo de descubrir en sí mismas las cosas y las personas.

El enamoramiento nos muestra las cosas, les da luz y color y por eso podemos verlas, incluso podemos afirmar que solo vemos aquellas cosas que están en la luz y han recibido el color como una gracia. Todo lo demás está en un gris indeterminado, indiferente, no resaltan a nuestra mirada. El enamoramiento pone la luz y el color, y sucede lo mismo que con la luz y el color, que nos subyugan  y nos quedamos mirando la luz y los colores.

Con el enamoramiento sucede también que en ocasiones nos cuesta ver las cosas o las personas que el enamoramiento nos muestra, y nos quedamos subyugados por el propio enamoramiento, nos enamora sentirnos enamorados.

¿Hay relación entre las personas que elegimos y el modo cómo está configurada nuestra intimidad?

Vamos a dar la vuelta a la entrada anterior, donde desde nuestra intimidad y nuestra libertad elegíamos personas para entrar en ella o no. Desde luego debería haber quedado 10058891_sclaro como argumento central, que no hay libertad sin acuerdo con la intimidad. Somos libres cuando elegimos de acuerdo con nuestra intimidad, de acuerdo con lo que somos. La persona es un entramado de elecciones, de trayectoria que enraíza en sus hogares, en su tierra, en su familia, … y que crece sobre todo en los nuevos valores descubiertos desde su particular visión de la belleza. Con todo eso hace un entramado que será más o menos coherente. Cuanto más coherente más feliz la persona, más de acuerdo consigo misma.

El punto para mi ahora es: si estamos de acuerdo con esto, buceando en nuestra intimidad, sobre todo en su nivel instintivo y en su nivel emocional, ¿podemos saber algo de las elecciones que cada persona va a hacer?… ¿podemos saber algo de las personas que va a dejar entrar en su vida?… ¿tienen estas algunas características determinadas?

Dicho de una manera sencilla: los test de compatibilidad, que aparecen tantas veces sobre todo en las webs de búsqueda de pareja, ¿tienen alguna base? Es decir, ¿hay personas más compatibles con nosotros? Sobre esto la respuesta parece obvia: si, es una experiencia generalizada que hay personas que encajan bien con nosotros, personas que nos caen bien enseguida, con las que simpatizamos inmediatamente. La pregunta va un poco más allá, dado cómo es nuestra intimidad, ¿podemos saber a priori alguna característica de la persona que nos va a caer bien? Y la pregunta más atrevida: ¿podemos hacer algo así como un retrato robot de la persona con la que encajaríamos al formar una pareja?

Esto es tanto como decir: ¿podemos traducir en características positivas, diferenciadas, constatables lo que nuestra intuición detecta casi inmediatamente? Dicho en dos palabras: ¿podemos objetivizar nuestra intuición? ¿Podemos objetivizar la elección de personas?

Desde luego pienso que hay una respuesta en principio positiva a esta pregunta. Podemos saber características de las personas que nos caen bien, con un poco de paciencia y observación podemos irlas descubriendo. Sabemos qué nos gusta en las personas que nos gustan. Aquí desde luego el verbo «gustar» indica una referencia preferente al nivel biológico-instintivo. También hace referencia al nivel emocional, como sensibilidad. Desde luego no hace referencia al nivel racional, salvo en la medida en que hagamos consciente eso que nos gusta.

Esta simple anotación indica que en la elección de personas como pareja influyen y mucho los niveles instintivo y psíquico-emocional. Esto indica que sería una tontería elegir a alguien como pareja por razones deducidas racionalmente: sencillamente hay que apelar a ese verbo: «gustar», si nos gusta está bien y si no nos gusta, por mucho que nos empeñemos no va a ser una buena pareja para nosotros.

Todo lo aducido hasta ahora indica que es posible determinar las características de las personas que nos gustan, pero que va a ser muy difícil poderlas determinar todas y la intuición, el gusto personal, los niveles instintivo y emocional van a seguir teniendo un peso determinante en la elección. No resulta posible, hoy por hoy, llegar a esa precisión y la elección va a seguir siendo algo perteneciente a la persona, que debe reunir las informaciones de todos sus sistemas de relación-comunicación: instintivo, emocional y racional, para hacer buenas elecciones. Quizá, por mucho que se avance en el conocimiento de nuestra intimidad y de cómo se elige, no lleguemos nunca, esta es mi opinión, a conseguir eliminar todas esas incertidumbres de la elección, que termina por ser decidida por nuestra intuición, por nuestro sistema instintivo-emocional que se enamora y desde luego sabe que se ha enamorado.

Aquí aparece un último elemento de la elección. Si las cosas son tal como las exponemos, no vamos a conseguir una seguridad, llamémosle objetiva, sobre las elecciones más importantes, las que afectan a las personas que dejamos entrar en nuestra vida. Por tanto, esa seguridad es interna, la proporciona la psique de la persona. No se decide solo por la persona elegida, esta no puede ser transformada en objeto para ser objetivada. Siempre quedan en las elecciones de personas elementos no determinables, entre otras cosas por el hecho de que la persona no está acabada, hasta la muerte, siempre puede cambiar. Luego todas las elecciones implican riesgos que hay que asumir, hay una seguridad en la elección que debe ser proporcionada por la persona, es seguridad personal, que vence las incertidumbres que, como vemos, existen en toda elección de una persona.

Es la libertad personal la que asume ese riesgo y suple la incertidumbre. Si no lo hace la persona estará siempre en la incertidumbre, en la duda, sobre su elección. Y esa misma duda va a afectar a la elección: a la relación que se establece entre las dos personas. La relación necesita seguridad en la que apoyarse y esa seguridad, como hemos visto, solo se la puede la dar la libertad de las personas.

Resumo: toda elección de persona se realiza con participación prioritaria de los sistemas tendencial-instintivo y emocional y no se puede objetivizar de modo pleno. La seguridad necesaria para establecer una relación con otra persona viene proporcionada por la libertad y si la libertad no se implica, no asume el riesgo, la inseguridad personal resultante va a hacer imposible el nacimiento de una relación personal estable.

Resumen practico en dos puntos: (1) el enamoramiento y la libertad van a ser la clave de la elección personal, es decir, la parte más determinante de la elección personal es la subjetiva, es nuestra libertad; somos nosotros mismos como personas, quienes cortamos el nudo gordiano de las elecciones personales y al hacerlo asumimos la incertidumbre que siempre arrastran. (2) A la vez, no quiero quitar importancia a lo que se puede determinar objetivamente. Determinar las características que nos gustan de las personas es un conocimiento de nosotros mismos muy importante y debemos trabajar sobre ello para determinarlas con la mayor precisión que podamos. Dejar de lado la parte objetivable de la elección es en mi opinión un error. Trabajar para saber que nos gusta en las personas un trabajo necesario y algo que puede evitar precisamente muchos errores de elección en nuestra vida.