Persona significa máscara

Es sabido que la etimología de la palabra persona proviene del latín per-sonare, hacer
sonar a través y significa máscara, refiriéndose a las antiguas máscaras del teatro
griego y romano, que actuaban como un altavoz para los actores, o si se prefiere como
un megáfono. Esto se evidencia en la grande boca, tipo bocina, que poseen. Cada
máscara definía un personaje. Cambiarse de máscara es cambiar de personaje.
Me resulta curioso porque la idea que tenemos de ser persona es precisamente
contraria: persona es lo permanente en cada uno, lo que permanece, lo que nos define
en lo que somos. Cuando queremos hablar de quien somos, cuando queremos hablar
de dignidad, de esencia preciosa, acudimos al término persona.
Pero no es tan extraño si nos damos cuenta de que nosotros también presentamos
facetas diferentes, diversas configuraciones en cada momento y que vamos cambiando
a lo largo de la vida, de tal modo que se puede decir de algún modo que no somos a
misma persona que hace años, no digamos muchos años. Tenemos diversas máscaras
en la misma persona.
Primero las configuraciones diversas, si tenemos un trabajo, por ejemplo, profesor o
docente, presentamos a nuestros alumnos una “máscara”, un rol, que no nos define
enteramente, tenemos aparte una vida personal. Y si en esa vida personal somos
padre o madre, presentamos también para nuestros hijos una configuración, que no
presentamos a otras personas, desde luego no es la misma que para nuestra pareja.
No solo hay una vida profesional y una máscara profesional y otra personal, sino que
en cada una de ella puede haber varias: no somos la misma persona ante los jefes y
ante los compañeros, y tampoco somos los mismos si tenemos subordinados, cuando
estamos ante ellos.
Y si esto lo hacemos a lo largo del tiempo, los cambios pueden ser enormes, de modo
que nos cueste reconocer la persona que éramos por ejemplo en la universidad, o en
el Instituto o escuela, con la persona que somos diez, quince o treinta años después.
El órgano de identidad personal es la memoria. La memoria es la que nos hace
recordar quiénes somos a través de recordar quién hemos sido, los pasos que hemos
dado y porqué los hemos dado. Sin la memoria no podríamos unificarnos y a veces esa
unificación es compleja debido a la profundidad de los cambios dados, de modo que
quizá no somos la misma persona porque hemos roto la continuidad que constituye a
persona. Se han roto los propios valores, este sería el punto más claro, teniendo en
cuenta que los valores son las elecciones prioritarias que marca nuestro sistema
emocional, o también se ha quebrado nuestra identidad, como se hace por ejemplo en
un caso de torturas, que buscan precisamente eso quebrar a la persona, romper su
identidad, su continuidad.
Hay una dinámica que utilizo desde hace tiempo para trabajar la autenticidad y que
consiste en formar parejas con los asistentes y uno contesta, mientras que el otro
sencillamente pregunta siempre lo mismo: ¿tú quién eres? Lo pregunta y espera que el
otro responda, y cada vez va respondiendo temas diversos: soy ingeniero… luego, soy
padre y… luego soy deportista… Normalmente se va bajando como atravesando
diversas capas de una cebolla para ir hacia el centro, hacia elementos más esenciales
precisamente conectados con los propios valores. Pero el centro no se termina de
alcanzar nunca, siempre hay una capa más y además, como en las cebollas, las capas
constituyen la persona, ninguna respuesta es eliminable.

Quizá solo he contribuido a tu desconcierto ante lo que significa ser persona, pero
serlo es algo siempre inacabado y una unificación de los cambios, que necesariamente
se dan, porque estar vivo es cambiar adaptándose. Luego nuestro equilibrio es siempre
ese, ser alguien que pasa por los cambios, manteniendo lo que somos, manteniendo
los propios valores con máscaras diferentes.
Espero tus comentarios y si estás de acuerdo con las diversas máscaras de la vida, una
persona con diversos personajes o te parece que siempre tenemos la misma, una única
persona que se mantiene.

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«La tristeza no es útil»

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«La tristeza no es útil» es una frase de una película que acabo de ver y que un adulto le dirigía a un niño. El niño, ante una situación muy complicada y varias pérdidas, había roto a llorar y el adulto le urgía para que se pusiese en movimiento. Yo estoy de acuerdo: la tristeza no es útil en sentido pragmático, no nos proporciona nada tangible, nada que podamos “tener”.

Sin embargo, en la evolución de hombre, y también de los mamíferos superiores, la tristeza aparece como una de las emociones básicas, que entran en la dotación que todo niño lleva al nacer.

La pregunta es: ¿por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna? ¿Qué ventaja sacamos de tener la tristeza en nuestra dotación emocional?


¿Por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna?


Y realmente hay que afirmar que la inversión es muy grande. Las épocas de tristeza pueden ser duraderas, dolorosas, e inciden en el conjunto de la actividad de la persona casi anulándola. La tristeza interrumpe la acción, le quita sentido, nos deja sin objetivos, no nos invita a comunicar con los demás, nos quita las ganas de hacer cosas, de emprender iniciativas, incluso puede llegar a quitar las ganas más fundamentales, las ganas de vivir.

En la época actual en la que solo parecen valorarse las emociones positivas, la tristeza es el enemigo número uno, es la gran emoción negativa, algo que hay que sacudirse rápidamente de encima. Pero, para terminar de complicarlo, la tristeza es lenta de evolución, necesita tiempo, es parsimoniosa. Es difícil superar una tristeza profunda. Prisa y tristeza son palabras antagónicas.

Resumo desventajas: La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


Entonces la ventaja evolutiva que proporciona la tristeza debe haber sido muy grande para mantenerla en la dotación emocional básica. ¿Cuál es esa ventaja tan fundamental? ¿Por qué la tristeza es importante para el ser humano?

Yo voy a tratar de ensayar mi respuesta, siendo bien consciente de que no digo la última palabra en el tema, solo el punto al que yo he llegado.

La tristeza es una emoción que nos hace humanos. Esa es mi síntesis.

En primer lugar, la tristeza es una elaboración de nuestros vínculos, de lo que nos conecta con las cosas y sobre todo con las personas. Como especie somos una especie social, que ha invertido mucho en los vínculos y la tristeza detecta cuando esos vínculos están afectados o se pierden.

En segundo lugar, literalmente porque se produce temporalmente detrás de la elaboración de una pérdida afectiva, la tristeza está conectada con la creatividad, con la apertura a lo nuevo, con crear mundos nuevos y diferentes, adecuados precisamente a nuestra sensibilidad. Sin tristezas no hay creatividad.

En tercer lugar, la tristeza mantiene nuestra unión con las personas y cosas que hemos vivido, refuerza nuestra memoria y la memoria es el órgano de la identidad humana. No somos quienes somos por nuestra capacidad de razonar, lo somos por nuestros vínculos conservados en nuestra memoria y conservados ahí por la tristeza.


La tristeza tiene que ver con los vínculos con las demás personas y con las cosas. Produce creatividad y permite el cambio profundo. Es nuestra memoria como personas.


Por todo ello la tristeza tiene que ver con el cambio y la renovación, con abrirnos a mundos nuevos. Pero esto no sería posible si hubiésemos pasado por el mundo anterior como el agua sobre las piedras, podemos cambiar con sentido porque las cosas dejan huella en nuestra vida y esa huella está constituida por tristeza, es la tristeza la que la elabora.

Efectivamente llorar no es útil, pero nos hace humanos.

«A propósito de Henry»: el dilema de cabeza y corazón

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Se trata de una película del Año 1991 dirigida por Mike Nichols, e interpretada por Harrison Ford y Annette Bening, es decir un plantel de primera línea para una película que no fue bien acogida por la crítica, a pesar de la excelente actuación de Harrison Ford en dos papeles contrarios del mismo personaje: Henry.

Sin embargo desde el punto de vista de la Educación Emocional el argumento es estupendo. Harrison Ford es primero un abogado de éxito y después de un balazo en la cabeza, que le provoca una amnesia completa, una persona con corazón, bien conectada con sus sentimientos y por ello también cariñosa y que sabe disfrutar de la vida en sus pequeñas-grandes cosas.

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El personaje que interpreta Harrison Ford es primero la cabeza y luego el corazón

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Podríamos hacer un sencillo análisis diciendo que las dos caras del personaje que interpreta Harrison Ford son, el abogado, la cabeza y luego el corazón.

El abogado de éxito es una persona segura, decidida, que habla bien, que no parece equivocarse nunca, que no necesita el parecer de los demás. Personifica la cabeza y en cuanto tal está enfocado en los medios: ganar cuanto más dinero mejor, una casa que quita el respiro, ganar los juicios, aunque haya que ocultar testigos, no importa cómo ni a quien se haga daño. Tiene una amante, un medio más para la propia satisfacción o sencillamente el propio status social. Cuando se está enfocado en los medios, todo es válido: no hay más moral que el conseguir más.

a proposito di henry1La persona que aparece después del balazo personifica el corazón: tiene dificultades para expresarse, no recuerda bien las cosas, no solo debido a su amnesia; es inseguro cuando toma las decisiones, debido a que cuando considera los medios se da cuenta de que hay posibilidades y también a que quiere consultar a las personas a las que afecta la decisión. Sin embargo tiene claro que es lo que quiere: no quiere perderse más años de la vida de su hija, que tiene ya once, y la saca del internado; sabe que lo importante es su mujer, sabe que la casa, esa casa desmesurada que tiene, no es importante, que lo importante es constituir un hogar donde vivir la felicidad de las pequeñas cosas, sabe que no quiere seguir siendo abogado en los términos en los que trabajaba. Sabe también, que tiene que restablecer la justicia con las personas a las que ha dañado con su manipulación de los juicios. Tiene claridad sobre los fines, no sobre los medios.

Quizá la crítica de cine tiene razón y la película ha llevado los argumentos de cabeza y corazón a dos extremos sin equilibrio entre ellos. Falta de armonía que la crítica recoge. Cabeza y corazón como dos mundos aparte, como dos personajes irreconciliables. Desde la Educación Emocional se echa de menos la armonía entre ellos, ya que la cinta deja claro que posibilidad de armonía es imposible, y eso deja un mal regusto. El abogado es un personaje sin escrúpulos y la persona con corazón es bastante inverosímil. No se puede ser ambos personajes a la vez.

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Ambas caras del personaje reflejan los dos modos de entender la vida con la que se enfrenta la sociedad actual

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Quizá también ambas caras del personaje reflejan los dos modos de entender la vida con la que se enfrenta la sociedad actual: el mundo de la abogacía y las finanzas, con profesionales sin escrúpulos, centrados en ganar dinero; frente a un mundo de personas conectadas con las propios emociones, que viven las pequeña felicidad del ahora, más natural, más respetuoso de las personas y de los animales (lo primero que hace Henry después del balazo, cuando vuelve a poder salir a la calle es comprar un perro). Pero también con un toque ingenuo, ácrata, y del que no se sabe cómo va a salir adelante en la vida.

Tú, ¿qué piensas? ¿Es posible armonizar cabeza y corazón? ¿Estamos ante dos extremos, dos formas opuestas de entender la vida y hay que optar por una o por otra?

Kant y el respeto a la persona y al alumno.

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«Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio» (p.429).

Kant es un autor clave en la aparición de los derechos humanos, seguramente el más influyente, desde luego el origen. Una de las ideas suyas que es como un pilar de esos derechos es la formulación del imperativo categórico de la moral que acabo de citar, que es una de las 4 que aparecen en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres.

En mi opinión es una idea está preñada de consecuencias y tremendamente útil para entender como hay que actuar, cuál es el límite, en cualquier situación o actividad en donde participen personas, y voy a utilizar como ejemplo la educación.

La idea de Kant en la educación en un primer acercamiento implica que el alumno no puede ser tratado solo como un medio, sino que siempre debe poder mantener sus propios fines. Es evidente que subyace la idea de que persona es el ser que se pone sus propios fines y que en la medida que no puede hacerlo, es decir en la medida que no se respeta su liberta de establecer sus fines, no se le está tratando como persona.

A mi entender esto es muy fuerte y la Educación lo respeta solo a medias cuando no deja al alumno decidir sobre su propia educación. Llevado a fondo, la idea de Kant significa que si es el sistema educativo, comenzando por el Estado y su administración y siguiendo por las instituciones educativas, escuelas, institutos, etc., quien decide enteramente la finalidad de la educación, entonces resulta que no está tratando a los alumnos como personas.

Surge enseguida la pregunta: y, si no los trata como personas, ¿cómo los trata? La respuesta es sencilla: los manipula, les hace entrar en un sistema obligatoriamente, los institucionaliza en un sistema, desposeyéndolos de su elemento clave como personas: la libertad. Y esto ocurre a todos los niveles del sistema y en todas las situaciones. Esto dice sencillamente que la persona no es un instrumento, un objeto que se pueda meter en cadena de montaje por un extremo y esperar que salga por el otro “arreglado” o “producido”.

En este momento se nos produce una inquietud fuerte: planteado así, casi cada sistema, por el solo hecho de serlo, es manipulativo. Y la respuesta es no, claramente no. Kant matiza: «nunca simplemente como medio». El “simplemente” permite, es más admite que hay situaciones donde la persona es medio u objeto. Cualquier sistema trata al hombre así: el trabajador de una empresa es un medio para el empresario, el anciano de una residencia es un objeto para la residencia, que obtiene los ingresos y su pervivencia en atenderlo, igualmente para la escuela el alumno es un medio: vive debido a sus alumnos, de tal modo que basa su supervivencia como tal escuela o colegio en tener alumno y para ello los busca, los atrae.

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Immanuel Kant

Digamos que tratar a la persona como un medio es una situación universal. Esta es la situación digamos de partida. Y es en esta situación donde Kant pone el límite claro: permite siempre que la persona pueda ponerse fines, que la persona pueda decidir por sí misma. Este es el límite para cualquier institución y es el límite especialmente claro para la escuela, ya que los “medios”, los “objetos” con los que trabaja son personas.

Por tanto la escuela se juega su ética, su misma razón de ser en el respeto de esta libertad del alumno y debe interrogarse constantemente si está respetando esa libertad, en este caso eso es más importante que cualquier aporte que pueda hacer a sus alumnos, si estos son “obligados”, si no respetan su libertad como persona.

Puedes encontrar las ideas de Kant sobre la moral en la traducción de un amigo: Kant, Immanuel (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducido por José Mardomingo (edición bilingüe). Barcelona: Ariel.

La génesis del deseo: relaciones destructivas.

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Llevo tiempo intentando comprender de un modo más plena la dimensión social del ser humano. Mi observación de la vida y de las personas, mis estudios sobre el concepto de cultura me han llevado a la convicción de que la dimensión social no está suficientemente desarrollada, ni siquiera adecuadamente aceptada, en las actuales ciencias psicológicas y tampoco en el movimiento reivindicativo de las emociones, en el que yo mismo me encuentro. La psicología es comprendida hoy día de un modo individualista: todo depende del yo. Pero el yo no se entiende sin el otro.

He encontrado elementos para integrar la relación social en la psicología, leyendo a Jean Michel Oughourlian, en su libro del mismo título (Genèse du désir (2007), Paris, Carnets Nord). Un psiquiatra que se encuentra con “pacientes que vienen a mi buscando ayuda para una enfermedad que no puede ser claramente clasificada, ni tratada con una técnica terapéutica específica adecuada, junto a un número creciente que viene a resolver un problema que está envenenando sus vida pero que definitivamente no se deriva de una enfermedad mental”. Estas situaciones están siempre relacionadas con “otro: padre, madre, hermano, hermana, pareja, jefe, empleado, socio, y sigue”. Dificultades que por tanto se sitúan en la relación entre el paciente y ese otro. No hay una enfermedad hay una dificultad en la relación. Y Oughourlian afirma que el factor crucial para esa relación es el deseo de cada uno, entendiendo deseo “en el amplio sentido de movimiento psicológico”.

Para Oughourlian “el deseo es esencialmente mimético”. “En realidad es el deseo el que nos humaniza, el que nos empuja a unirnos con otro, a asociarnos con otro, a reunirnos en grupos, y también, a parecernos al otro”. “El deseo nos conforma en la proporción en que nos anima y suscita nuestros pensamientos y sentimientos”. “El deseo nos lleva a buscar la compañía de los otros, su aprobación, su amistad, su apoyo, y su reconocimiento, pero puede también ir acompañado por rivalidad y odio, puede hacer surgir tanto amor como violencia”. “El deseo puede ser nuestro mayor aliado, pero también nuestro peor enemigo, llevándonos a querer lo que nos destruirá, a buscar conseguir lo que nos causará sufrimiento, mientras que somos incapaces de comprender o imaginar qué está sucediendo”.
Esta constatación realizada durante muchos años de ejercicio de la psiquiatría va directamente contra la ilusión individualista de que el deseo es autónomo en cada persona. Por el contrario, el autor junto a René Girard, piensa que “cada deseo lo hemos copiado del de otra persona”, que es producto de una relación interpersonal mimética.

Yo no soy capaz de otorgar un valor tan universal a la mimesis, pero me gusta como corrección del deseo estrictamente individual y autónomo. Estoy muy de acuerdo con la teoría de las necesidades de Abraham Maslow, necesidades que surgen en nosotros por el organismo biológico que somos. Tenemos unas fuertes coincidencias como individuos: nos enamoramos, tenemos hambre, sentimos rabia, miedo, deseo sexual,… evidentemente todo esto a mi entender no es posible considerarlo mimesis.
Pero para mí también es evidente que tenemos una ligazón social muy fuerte. Tan fuerte que constituye una cultura, un nicho o nido en el que nacemos y sin el que no podríamos constituirnos como personas. Baste indicar el hecho de que el idioma que cada uno de nosotros posee se constituye dentro de las relaciones interpersonales, no es creación individual, sino social.

También es una convicción propia que somos antes relación que individuo, en esto sigo a Martin Buber. El bebé humano nace dentro de una relación y hacerse individuo es un proceso. Hay cantidad de cosas de contagio emocional y social, cosas que hacemos que no tienen explicación por el solo deseo individual, sino que necesitan para ser explicados al otro. El fenómeno mismo de la cultura es social intrínsecamente, se genera y existe en la relación.
El hallazgo de las neuronas espejo dota de consistencia científica a todas estas ideas de la importancia de la relación. Las neuronas espejo proporcionan a la empatía, a ese trenzado de relaciones sociales, su base científica y su contenido emocional.

La pregunta es por tanto: ¿qué es social en el ser humano? La teoría de la mimesis de Rene Girard proporciona una base para pensarlo. Su desarrollo lleva a comprender el fenómeno de la rivalidad humana y de lo que popularmente se denominan relaciones tóxicas: esas relaciones que no soltamos y que nos hacen daño. Entramos en relaciones y actuamos de modo proactivo de modo que se torna beneficiosa para ambos. Sin embargo cuando entramos en espirales de acción-reacción, las relaciones se convierten en máquinas destructivas. Repetimos el comportamiento dañino que vemos realizar a esa otra persona, reaccionamos de modos infantiles a provocaciones actuando de modos que son dañinos para nosotros mismos.

Por tanto, con la teoría de la mimesis, podemos tener una herramienta para entender los conflictos, no olvidemos que tenemos la envidia y la culpa dentro de la dotación de sentimientos sociales que traspasan las fronteras de las culturas.
“La rivalidad está siempre conectada con el deseo: porque deseo la misma cosa que el otro y niego su afirmación de ser el origen de ese deseo. Le convierto en mi rival y según esa rivalidad toma forma, soy llevado a desear todo lo demás que él desea y a intentar quitárselo. De este modo deseo y conflicto realizan una escalada”.
“Cuando la rivalidad se incrementa hasta el punto en que el sujeto yo no está interesado en nada más que en la rivalidad misma, hemos entrado en el terreno de la psicopatología”. “Nuestro fracaso en comprender nuestro mimetismo nos condena a permanecer perpetuamente ligados a los mismos modelos destructivos y a llegar a ser extraños a nosotros mismos y para esos a quienes amamos”. “En vez de permitir la subyacente y siempre cambiante otredad que inevitablemente nos permite fluir libremente, permanecemos fijos a los mismos modelos imposibles y no nos permite avanzar más hacia los demás con los que seríamos capaces de modelarnos de un modo benigno”.

Espero que te hay gustado la aportación que desde mi punto de vista todavía debo madurar, y desde luego me gustaría conocer tu opinión y tus comentarios.

Divergente: una metáfora del ser humano

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Divergente (Divergent) es una saga de películas basada en las novelas de Veronica Roth, dirigida por Neil Burger y protagonizada por Shailene Woodley, Theo James y Kate Winslet. Ahora acaba de aparecer en los cines la tercera entrega.

Primero tengo que reconocer que hago esta entrada después de ver las 2 primeras entregas de la serie y mi conclusión es esa: Divergente es una metáfora del ser humano, un dibujo antropológico de lo que es el ser humano. No sé qué te parece pero voy a desarrollar mi idea.

Toda la sociedad encerrada dentro de un muro refleja a un ser humano con sus  diferentes dimensiones y capacidades y cómo se relacionan estas: su capacidad para el encuentro y para el desencuentro, la persona vista como un escenario con diversos actores y sus acuerdos, a la vez que teatro para las ambiciones. Es decir es un ser humano visto desde su interior. Voy a explicarme con más detalle.

Las facciones son diferentes facetas de la persona humana convertidas en personajes. Osadía se sitúa a nivel emocional y se refiere al enfado y a todo lo que tiene que ver con la agresividad. Cordialidad también se sitúa a nivel emocional y también se refiere al sentimiento social del ser humano, cuya pérdida se gestiona con la tristeza. No utilizan el enfado, sino que adoptan en los conflictos, que llevan mal, una actitud sumisa. Abnegación es la actitud de entrega a una causa, de darse personalmente al servicio de un ideal. Erudición tiene que ver con el conocimiento y la racionalidad, escuchar y considerar todos los puntos de vista. Verdad se sitúa al nivel racional y tiene que ver con el conocimiento propio: comienza con la honestidad, que es la capacidad de reconocer lo que sentimos. Hasta aquí supongo que vamos de acuerdo.

Todas estas facciones, igual que en el ser humano común, pugnan para lograr una primacía entre ellas y cada una se considera a sí misma la más importante. Bueno todas menos cordialidad, que posee una visión buenística de ser humano, cree en la armonía y renuncia a cualquier agresividad, por ello vive en el campo en armonía con la naturaleza. Esto casi constata lo que se ve en las películas.

Y como en toda sociedad y en toda persona, hay elementos tapados, ocultos, no reconocidos, relegados a la oscuridad: eso son los abandonados, nuestro subconsciente. Elementos que siempre pugnan por salir a la luz y disputar la primacía a los elementos racionales, a las emociones conocidas y aceptadas. Los abandonados representan la oscuridad del hombre. Para completar bien la metáfora los abandonados deberían representar mejor los instintos, impulsos y deseos no reconocidos, pero el guion ha optado más por la falta de reconocimiento y por personificar el lado oscuro, poniendo el acento en la desigualdad. Este punto de los abandonados es a mi parecer el más flojo de mi tesis, aunque con algo de cariño también entra.

La sociedad, que se considera a sí misma la humanidad, se encuentra encerrada dentro de unos muros y desconoce lo que hay más allá. Esto es también una metáfora del ser humano, la misma que Giacomo Leopardi recoge tan bien en su poema: El infinito: el hombre sentado detrás de la valla de su jardín preguntándose qué hay detrás. Este carecer de un objetivo común enreda al ser humano en luchas intestinas. El ser humano busca siempre un sentido, un más allá, superar los límites, ir a lo desconocido. Y se siente único dentro de sus muros, cuando no está solo en el amplio universo. Esta es una idea del ser humano que a mi parecer está en el trasfondo de la trama y que yo comparto.

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Solo es capaz de superar los límites cuando se pone en paz consigo mismo, cuando pone orden dentro. Eso es lo que hace Tris, la protagonista, y es la esencia del ser un divergente: encajar en todas las facciones, reunirlas a todas en unidad. Eso es el centro de la segunda entrega: una prueba en la que Tris debe encajar con cada una las facciones y al lograrlo, obtiene la llave de la caja que permitirá a la sociedad salir de su encierro. En esa operación participan también los abandonados, como no podía ser menos. Aquí llegamos a conclusiones y, no sé qué te parecerá a ti, pero la armonía de todas las facciones, la armonía interior es uno de los elementos de la trama que hace tan popular a la película, porque consigue que el público se identifique.

La identificación se produce especialmente con la protagonista. Tris, la divergente, es precisamente el símbolo de que todos somos diferentes, de que la riqueza que cada persona humana aporta es precisamente esa diferencia, lo que nos hace diferentes. Sin aceptar la diferencia el ser humano se queda en las luchas intestinas, tanto cada individuo en particular como las sociedades. Aceptando la diferencia como riqueza el ser humano puede superar todos los límites.

Desde luego me gustaría tu opinión y tus comentarios sobre mi tesis, sobre lo que te encaja de ella y lo que te desencaja.