«La tristeza no es útil»

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«La tristeza no es útil» es una frase de una película que acabo de ver y que un adulto le dirigía a un niño. El niño, ante una situación muy complicada y varias pérdidas, había roto a llorar y el adulto le urgía para que se pusiese en movimiento. Yo estoy de acuerdo: la tristeza no es útil en sentido pragmático, no nos proporciona nada tangible, nada que podamos “tener”.

Sin embargo, en la evolución de hombre, y también de los mamíferos superiores, la tristeza aparece como una de las emociones básicas, que entran en la dotación que todo niño lleva al nacer.

La pregunta es: ¿por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna? ¿Qué ventaja sacamos de tener la tristeza en nuestra dotación emocional?


¿Por qué la evolución ha invertido tanto esfuerzo en una emoción que no proporciona utilidad alguna?


Y realmente hay que afirmar que la inversión es muy grande. Las épocas de tristeza pueden ser duraderas, dolorosas, e inciden en el conjunto de la actividad de la persona casi anulándola. La tristeza interrumpe la acción, le quita sentido, nos deja sin objetivos, no nos invita a comunicar con los demás, nos quita las ganas de hacer cosas, de emprender iniciativas, incluso puede llegar a quitar las ganas más fundamentales, las ganas de vivir.

En la época actual en la que solo parecen valorarse las emociones positivas, la tristeza es el enemigo número uno, es la gran emoción negativa, algo que hay que sacudirse rápidamente de encima. Pero, para terminar de complicarlo, la tristeza es lenta de evolución, necesita tiempo, es parsimoniosa. Es difícil superar una tristeza profunda. Prisa y tristeza son palabras antagónicas.

Resumo desventajas: La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


La tristeza es una emoción sumamente desagradable, que además bloquea la energía y el interés en las cosas y detrás de eso, la capacidad de iniciativa. Para terminar de fastidiarlo, tiene un ciclo lento, que no permite prisas.


Entonces la ventaja evolutiva que proporciona la tristeza debe haber sido muy grande para mantenerla en la dotación emocional básica. ¿Cuál es esa ventaja tan fundamental? ¿Por qué la tristeza es importante para el ser humano?

Yo voy a tratar de ensayar mi respuesta, siendo bien consciente de que no digo la última palabra en el tema, solo el punto al que yo he llegado.

La tristeza es una emoción que nos hace humanos. Esa es mi síntesis.

En primer lugar, la tristeza es una elaboración de nuestros vínculos, de lo que nos conecta con las cosas y sobre todo con las personas. Como especie somos una especie social, que ha invertido mucho en los vínculos y la tristeza detecta cuando esos vínculos están afectados o se pierden.

En segundo lugar, literalmente porque se produce temporalmente detrás de la elaboración de una pérdida afectiva, la tristeza está conectada con la creatividad, con la apertura a lo nuevo, con crear mundos nuevos y diferentes, adecuados precisamente a nuestra sensibilidad. Sin tristezas no hay creatividad.

En tercer lugar, la tristeza mantiene nuestra unión con las personas y cosas que hemos vivido, refuerza nuestra memoria y la memoria es el órgano de la identidad humana. No somos quienes somos por nuestra capacidad de razonar, lo somos por nuestros vínculos conservados en nuestra memoria y conservados ahí por la tristeza.


La tristeza tiene que ver con los vínculos con las demás personas y con las cosas. Produce creatividad y permite el cambio profundo. Es nuestra memoria como personas.


Por todo ello la tristeza tiene que ver con el cambio y la renovación, con abrirnos a mundos nuevos. Pero esto no sería posible si hubiésemos pasado por el mundo anterior como el agua sobre las piedras, podemos cambiar con sentido porque las cosas dejan huella en nuestra vida y esa huella está constituida por tristeza, es la tristeza la que la elabora.

Efectivamente llorar no es útil, pero nos hace humanos.

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«A propósito de Henry»: el dilema de cabeza y corazón

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Se trata de una película del Año 1991 dirigida por Mike Nichols, e interpretada por Harrison Ford y Annette Bening, es decir un plantel de primera línea para una película que no fue bien acogida por la crítica, a pesar de la excelente actuación de Harrison Ford en dos papeles contrarios del mismo personaje: Henry.

Sin embargo desde el punto de vista de la Educación Emocional el argumento es estupendo. Harrison Ford es primero un abogado de éxito y después de un balazo en la cabeza, que le provoca una amnesia completa, una persona con corazón, bien conectada con sus sentimientos y por ello también cariñosa y que sabe disfrutar de la vida en sus pequeñas-grandes cosas.

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El personaje que interpreta Harrison Ford es primero la cabeza y luego el corazón

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Podríamos hacer un sencillo análisis diciendo que las dos caras del personaje que interpreta Harrison Ford son, el abogado, la cabeza y luego el corazón.

El abogado de éxito es una persona segura, decidida, que habla bien, que no parece equivocarse nunca, que no necesita el parecer de los demás. Personifica la cabeza y en cuanto tal está enfocado en los medios: ganar cuanto más dinero mejor, una casa que quita el respiro, ganar los juicios, aunque haya que ocultar testigos, no importa cómo ni a quien se haga daño. Tiene una amante, un medio más para la propia satisfacción o sencillamente el propio status social. Cuando se está enfocado en los medios, todo es válido: no hay más moral que el conseguir más.

a proposito di henry1La persona que aparece después del balazo personifica el corazón: tiene dificultades para expresarse, no recuerda bien las cosas, no solo debido a su amnesia; es inseguro cuando toma las decisiones, debido a que cuando considera los medios se da cuenta de que hay posibilidades y también a que quiere consultar a las personas a las que afecta la decisión. Sin embargo tiene claro que es lo que quiere: no quiere perderse más años de la vida de su hija, que tiene ya once, y la saca del internado; sabe que lo importante es su mujer, sabe que la casa, esa casa desmesurada que tiene, no es importante, que lo importante es constituir un hogar donde vivir la felicidad de las pequeñas cosas, sabe que no quiere seguir siendo abogado en los términos en los que trabajaba. Sabe también, que tiene que restablecer la justicia con las personas a las que ha dañado con su manipulación de los juicios. Tiene claridad sobre los fines, no sobre los medios.

Quizá la crítica de cine tiene razón y la película ha llevado los argumentos de cabeza y corazón a dos extremos sin equilibrio entre ellos. Falta de armonía que la crítica recoge. Cabeza y corazón como dos mundos aparte, como dos personajes irreconciliables. Desde la Educación Emocional se echa de menos la armonía entre ellos, ya que la cinta deja claro que posibilidad de armonía es imposible, y eso deja un mal regusto. El abogado es un personaje sin escrúpulos y la persona con corazón es bastante inverosímil. No se puede ser ambos personajes a la vez.

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Ambas caras del personaje reflejan los dos modos de entender la vida con la que se enfrenta la sociedad actual

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Quizá también ambas caras del personaje reflejan los dos modos de entender la vida con la que se enfrenta la sociedad actual: el mundo de la abogacía y las finanzas, con profesionales sin escrúpulos, centrados en ganar dinero; frente a un mundo de personas conectadas con las propios emociones, que viven las pequeña felicidad del ahora, más natural, más respetuoso de las personas y de los animales (lo primero que hace Henry después del balazo, cuando vuelve a poder salir a la calle es comprar un perro). Pero también con un toque ingenuo, ácrata, y del que no se sabe cómo va a salir adelante en la vida.

Tú, ¿qué piensas? ¿Es posible armonizar cabeza y corazón? ¿Estamos ante dos extremos, dos formas opuestas de entender la vida y hay que optar por una o por otra?

Kant y el respeto a la persona y al alumno.

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«Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio» (p.429).

Kant es un autor clave en la aparición de los derechos humanos, seguramente el más influyente, desde luego el origen. Una de las ideas suyas que es como un pilar de esos derechos es la formulación del imperativo categórico de la moral que acabo de citar, que es una de las 4 que aparecen en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres.

En mi opinión es una idea está preñada de consecuencias y tremendamente útil para entender como hay que actuar, cuál es el límite, en cualquier situación o actividad en donde participen personas, y voy a utilizar como ejemplo la educación.

La idea de Kant en la educación en un primer acercamiento implica que el alumno no puede ser tratado solo como un medio, sino que siempre debe poder mantener sus propios fines. Es evidente que subyace la idea de que persona es el ser que se pone sus propios fines y que en la medida que no puede hacerlo, es decir en la medida que no se respeta su liberta de establecer sus fines, no se le está tratando como persona.

A mi entender esto es muy fuerte y la Educación lo respeta solo a medias cuando no deja al alumno decidir sobre su propia educación. Llevado a fondo, la idea de Kant significa que si es el sistema educativo, comenzando por el Estado y su administración y siguiendo por las instituciones educativas, escuelas, institutos, etc., quien decide enteramente la finalidad de la educación, entonces resulta que no está tratando a los alumnos como personas.

Surge enseguida la pregunta: y, si no los trata como personas, ¿cómo los trata? La respuesta es sencilla: los manipula, les hace entrar en un sistema obligatoriamente, los institucionaliza en un sistema, desposeyéndolos de su elemento clave como personas: la libertad. Y esto ocurre a todos los niveles del sistema y en todas las situaciones. Esto dice sencillamente que la persona no es un instrumento, un objeto que se pueda meter en cadena de montaje por un extremo y esperar que salga por el otro “arreglado” o “producido”.

En este momento se nos produce una inquietud fuerte: planteado así, casi cada sistema, por el solo hecho de serlo, es manipulativo. Y la respuesta es no, claramente no. Kant matiza: «nunca simplemente como medio». El “simplemente” permite, es más admite que hay situaciones donde la persona es medio u objeto. Cualquier sistema trata al hombre así: el trabajador de una empresa es un medio para el empresario, el anciano de una residencia es un objeto para la residencia, que obtiene los ingresos y su pervivencia en atenderlo, igualmente para la escuela el alumno es un medio: vive debido a sus alumnos, de tal modo que basa su supervivencia como tal escuela o colegio en tener alumno y para ello los busca, los atrae.

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Immanuel Kant

Digamos que tratar a la persona como un medio es una situación universal. Esta es la situación digamos de partida. Y es en esta situación donde Kant pone el límite claro: permite siempre que la persona pueda ponerse fines, que la persona pueda decidir por sí misma. Este es el límite para cualquier institución y es el límite especialmente claro para la escuela, ya que los “medios”, los “objetos” con los que trabaja son personas.

Por tanto la escuela se juega su ética, su misma razón de ser en el respeto de esta libertad del alumno y debe interrogarse constantemente si está respetando esa libertad, en este caso eso es más importante que cualquier aporte que pueda hacer a sus alumnos, si estos son “obligados”, si no respetan su libertad como persona.

Puedes encontrar las ideas de Kant sobre la moral en la traducción de un amigo: Kant, Immanuel (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducido por José Mardomingo (edición bilingüe). Barcelona: Ariel.

La génesis del deseo: relaciones destructivas.

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Llevo tiempo intentando comprender de un modo más plena la dimensión social del ser humano. Mi observación de la vida y de las personas, mis estudios sobre el concepto de cultura me han llevado a la convicción de que la dimensión social no está suficientemente desarrollada, ni siquiera adecuadamente aceptada, en las actuales ciencias psicológicas y tampoco en el movimiento reivindicativo de las emociones, en el que yo mismo me encuentro. La psicología es comprendida hoy día de un modo individualista: todo depende del yo. Pero el yo no se entiende sin el otro.

He encontrado elementos para integrar la relación social en la psicología, leyendo a Jean Michel Oughourlian, en su libro del mismo título (Genèse du désir (2007), Paris, Carnets Nord). Un psiquiatra que se encuentra con “pacientes que vienen a mi buscando ayuda para una enfermedad que no puede ser claramente clasificada, ni tratada con una técnica terapéutica específica adecuada, junto a un número creciente que viene a resolver un problema que está envenenando sus vida pero que definitivamente no se deriva de una enfermedad mental”. Estas situaciones están siempre relacionadas con “otro: padre, madre, hermano, hermana, pareja, jefe, empleado, socio, y sigue”. Dificultades que por tanto se sitúan en la relación entre el paciente y ese otro. No hay una enfermedad hay una dificultad en la relación. Y Oughourlian afirma que el factor crucial para esa relación es el deseo de cada uno, entendiendo deseo “en el amplio sentido de movimiento psicológico”.

Para Oughourlian “el deseo es esencialmente mimético”. “En realidad es el deseo el que nos humaniza, el que nos empuja a unirnos con otro, a asociarnos con otro, a reunirnos en grupos, y también, a parecernos al otro”. “El deseo nos conforma en la proporción en que nos anima y suscita nuestros pensamientos y sentimientos”. “El deseo nos lleva a buscar la compañía de los otros, su aprobación, su amistad, su apoyo, y su reconocimiento, pero puede también ir acompañado por rivalidad y odio, puede hacer surgir tanto amor como violencia”. “El deseo puede ser nuestro mayor aliado, pero también nuestro peor enemigo, llevándonos a querer lo que nos destruirá, a buscar conseguir lo que nos causará sufrimiento, mientras que somos incapaces de comprender o imaginar qué está sucediendo”.
Esta constatación realizada durante muchos años de ejercicio de la psiquiatría va directamente contra la ilusión individualista de que el deseo es autónomo en cada persona. Por el contrario, el autor junto a René Girard, piensa que “cada deseo lo hemos copiado del de otra persona”, que es producto de una relación interpersonal mimética.

Yo no soy capaz de otorgar un valor tan universal a la mimesis, pero me gusta como corrección del deseo estrictamente individual y autónomo. Estoy muy de acuerdo con la teoría de las necesidades de Abraham Maslow, necesidades que surgen en nosotros por el organismo biológico que somos. Tenemos unas fuertes coincidencias como individuos: nos enamoramos, tenemos hambre, sentimos rabia, miedo, deseo sexual,… evidentemente todo esto a mi entender no es posible considerarlo mimesis.
Pero para mí también es evidente que tenemos una ligazón social muy fuerte. Tan fuerte que constituye una cultura, un nicho o nido en el que nacemos y sin el que no podríamos constituirnos como personas. Baste indicar el hecho de que el idioma que cada uno de nosotros posee se constituye dentro de las relaciones interpersonales, no es creación individual, sino social.

También es una convicción propia que somos antes relación que individuo, en esto sigo a Martin Buber. El bebé humano nace dentro de una relación y hacerse individuo es un proceso. Hay cantidad de cosas de contagio emocional y social, cosas que hacemos que no tienen explicación por el solo deseo individual, sino que necesitan para ser explicados al otro. El fenómeno mismo de la cultura es social intrínsecamente, se genera y existe en la relación.
El hallazgo de las neuronas espejo dota de consistencia científica a todas estas ideas de la importancia de la relación. Las neuronas espejo proporcionan a la empatía, a ese trenzado de relaciones sociales, su base científica y su contenido emocional.

La pregunta es por tanto: ¿qué es social en el ser humano? La teoría de la mimesis de Rene Girard proporciona una base para pensarlo. Su desarrollo lleva a comprender el fenómeno de la rivalidad humana y de lo que popularmente se denominan relaciones tóxicas: esas relaciones que no soltamos y que nos hacen daño. Entramos en relaciones y actuamos de modo proactivo de modo que se torna beneficiosa para ambos. Sin embargo cuando entramos en espirales de acción-reacción, las relaciones se convierten en máquinas destructivas. Repetimos el comportamiento dañino que vemos realizar a esa otra persona, reaccionamos de modos infantiles a provocaciones actuando de modos que son dañinos para nosotros mismos.

Por tanto, con la teoría de la mimesis, podemos tener una herramienta para entender los conflictos, no olvidemos que tenemos la envidia y la culpa dentro de la dotación de sentimientos sociales que traspasan las fronteras de las culturas.
“La rivalidad está siempre conectada con el deseo: porque deseo la misma cosa que el otro y niego su afirmación de ser el origen de ese deseo. Le convierto en mi rival y según esa rivalidad toma forma, soy llevado a desear todo lo demás que él desea y a intentar quitárselo. De este modo deseo y conflicto realizan una escalada”.
“Cuando la rivalidad se incrementa hasta el punto en que el sujeto yo no está interesado en nada más que en la rivalidad misma, hemos entrado en el terreno de la psicopatología”. “Nuestro fracaso en comprender nuestro mimetismo nos condena a permanecer perpetuamente ligados a los mismos modelos destructivos y a llegar a ser extraños a nosotros mismos y para esos a quienes amamos”. “En vez de permitir la subyacente y siempre cambiante otredad que inevitablemente nos permite fluir libremente, permanecemos fijos a los mismos modelos imposibles y no nos permite avanzar más hacia los demás con los que seríamos capaces de modelarnos de un modo benigno”.

Espero que te hay gustado la aportación que desde mi punto de vista todavía debo madurar, y desde luego me gustaría conocer tu opinión y tus comentarios.

Divergente: una metáfora del ser humano

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Divergente (Divergent) es una saga de películas basada en las novelas de Veronica Roth, dirigida por Neil Burger y protagonizada por Shailene Woodley, Theo James y Kate Winslet. Ahora acaba de aparecer en los cines la tercera entrega.

Primero tengo que reconocer que hago esta entrada después de ver las 2 primeras entregas de la serie y mi conclusión es esa: Divergente es una metáfora del ser humano, un dibujo antropológico de lo que es el ser humano. No sé qué te parece pero voy a desarrollar mi idea.

Toda la sociedad encerrada dentro de un muro refleja a un ser humano con sus  diferentes dimensiones y capacidades y cómo se relacionan estas: su capacidad para el encuentro y para el desencuentro, la persona vista como un escenario con diversos actores y sus acuerdos, a la vez que teatro para las ambiciones. Es decir es un ser humano visto desde su interior. Voy a explicarme con más detalle.

Las facciones son diferentes facetas de la persona humana convertidas en personajes. Osadía se sitúa a nivel emocional y se refiere al enfado y a todo lo que tiene que ver con la agresividad. Cordialidad también se sitúa a nivel emocional y también se refiere al sentimiento social del ser humano, cuya pérdida se gestiona con la tristeza. No utilizan el enfado, sino que adoptan en los conflictos, que llevan mal, una actitud sumisa. Abnegación es la actitud de entrega a una causa, de darse personalmente al servicio de un ideal. Erudición tiene que ver con el conocimiento y la racionalidad, escuchar y considerar todos los puntos de vista. Verdad se sitúa al nivel racional y tiene que ver con el conocimiento propio: comienza con la honestidad, que es la capacidad de reconocer lo que sentimos. Hasta aquí supongo que vamos de acuerdo.

Todas estas facciones, igual que en el ser humano común, pugnan para lograr una primacía entre ellas y cada una se considera a sí misma la más importante. Bueno todas menos cordialidad, que posee una visión buenística de ser humano, cree en la armonía y renuncia a cualquier agresividad, por ello vive en el campo en armonía con la naturaleza. Esto casi constata lo que se ve en las películas.

Y como en toda sociedad y en toda persona, hay elementos tapados, ocultos, no reconocidos, relegados a la oscuridad: eso son los abandonados, nuestro subconsciente. Elementos que siempre pugnan por salir a la luz y disputar la primacía a los elementos racionales, a las emociones conocidas y aceptadas. Los abandonados representan la oscuridad del hombre. Para completar bien la metáfora los abandonados deberían representar mejor los instintos, impulsos y deseos no reconocidos, pero el guion ha optado más por la falta de reconocimiento y por personificar el lado oscuro, poniendo el acento en la desigualdad. Este punto de los abandonados es a mi parecer el más flojo de mi tesis, aunque con algo de cariño también entra.

La sociedad, que se considera a sí misma la humanidad, se encuentra encerrada dentro de unos muros y desconoce lo que hay más allá. Esto es también una metáfora del ser humano, la misma que Giacomo Leopardi recoge tan bien en su poema: El infinito: el hombre sentado detrás de la valla de su jardín preguntándose qué hay detrás. Este carecer de un objetivo común enreda al ser humano en luchas intestinas. El ser humano busca siempre un sentido, un más allá, superar los límites, ir a lo desconocido. Y se siente único dentro de sus muros, cuando no está solo en el amplio universo. Esta es una idea del ser humano que a mi parecer está en el trasfondo de la trama y que yo comparto.

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Solo es capaz de superar los límites cuando se pone en paz consigo mismo, cuando pone orden dentro. Eso es lo que hace Tris, la protagonista, y es la esencia del ser un divergente: encajar en todas las facciones, reunirlas a todas en unidad. Eso es el centro de la segunda entrega: una prueba en la que Tris debe encajar con cada una las facciones y al lograrlo, obtiene la llave de la caja que permitirá a la sociedad salir de su encierro. En esa operación participan también los abandonados, como no podía ser menos. Aquí llegamos a conclusiones y, no sé qué te parecerá a ti, pero la armonía de todas las facciones, la armonía interior es uno de los elementos de la trama que hace tan popular a la película, porque consigue que el público se identifique.

La identificación se produce especialmente con la protagonista. Tris, la divergente, es precisamente el símbolo de que todos somos diferentes, de que la riqueza que cada persona humana aporta es precisamente esa diferencia, lo que nos hace diferentes. Sin aceptar la diferencia el ser humano se queda en las luchas intestinas, tanto cada individuo en particular como las sociedades. Aceptando la diferencia como riqueza el ser humano puede superar todos los límites.

Desde luego me gustaría tu opinión y tus comentarios sobre mi tesis, sobre lo que te encaja de ella y lo que te desencaja.

El amor aventura sin designio.

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        Esta es la última entrada de ese grupo que he escrito sobre el enamoramiento. Pienso que hay muchísimas más cosas que leer en el lenguaje del eros, y no es posible agotarlas, ni aquí ni en ningún otro sitio, porque entran en juego las vidas personales, irreductibles a reglas generales. Siempre serán nuevas, siempre será necesario expresarlas de nuevo.

        Con lo que ya ha salido en estas entradas sobre lo erótico y el enamoramiento, pienso que basta para ver que el eros «dice» y «hace», realmente muchas cosas, y no en un modo equívoco, como muchas veces la cultura trata de hacernos ver, quizá para ocultar decepciones personales.

        Lo que si sucede con frecuencia, es que el lenguaje del erotismo y del enamoramiento es tan rico, que se puede confundidirse y enamorarse del eros mismo, del enamoramiento o del placer sexual. Pienso que efectivamente se da el fenómeno de estar enamorados del enamoramiento y también que hay muchos atrapados por el placer sexual, que no son capaces de llegar al eros. Este hecho es precisamente una de las claves para entender el problema de la ambigüedad de lo erótico, que pueda conducir al encuentro real con el otro o al aislamiento narcisista, que se goza simplemente en los propios sentimientos. De cualquier modo, pienso que podemos ahora afirmar que, en el caso de buscar al eros en sí y no al otro, a la otra persona, en el caso de enamorarse del enamoramiento, se pierde justamente el sentido central de lo que el eros «dice» y «hace»: descubrir a una persona en tanto que tal persona y formar una unidad con ella.

        De cualquier modo, si el conjunto de lo que estoy diciendo aquí es cierto y el eros “dice”, o sea, tiene un contenido y, por tanto, una lectura; entonces el problema central alrededor del eros es no mentir, o quizás mejor, no mentirse. Los callejones sin salida se producen porque se han desatendido las indicaciones de calle cortada que estaban a la embocadura. Seguramente esto es difícil y se prefiere rendirse al momento; al calor y al color que el eros proporciona. Como dice la canción de James Taylor de hace muchos años, tell me lies: “miénteme, pero abrázame, no me dejes sólo esta noche”. Se ama más las expectativas cumplidas que la realidad. ¡Qué difícil es el amor a la realidad!!

Sea por la fuerza del placer sexual, sea por decepciones anteriores que se manifiestan como miedo a quedarse solo, sea por la presión del amasijo de ideas contradictorias de la cultura ambiental, que en su conjunto se presenta como seducción (la seducción en su sentido primigenio es el engaño alrededor del eros), el caso es que es difícil encontrar quien afirme con rotundidad que es posible ese amor, que en toda la riqueza y profundidad de su contenido, une en plenitud a dos personas.

        Parece que el amor, entendido como superación real de la soledad, como convocación o revolución real de dos personas, es el primero y más difícil artículo de un credo: el de los ingenuos o de los románticos. Pero estos, a pesar de todas las evidencias, se resisten a darse por convencidos y desaparecer.

        Esta situación de un amor incapaz de superar la soledad de la persona, origina un miedo que induce a resignarse: “mientras dura, dura”. El problema es que con esa perspectiva la persona vive con una frustración permanente, porque sabe que se va a engañar. El eros le pide duración y desconfía, porque piensa que, en cualquier caso, las relaciones están destinadas a no durar. De este modo las experiencias negativas anteriores se trasladan a las siguientes, minando la confianza necesaria para que fructifiquen. Sin confianza el eros no puede ser leído correctamente. Recoged esta palabra confianza, que es confianza en el otro, pero más en el fondo, es confianza en la vida.

        Todavía es peor si de partida la persona ha renunciado a “leer” nada y va a “sacar partido” (a utilizar), en este caso nos introducimos en la patología de la alegría: como no hay razones (no hay confianza en la realidad de la relación) para estar contento, y eso no se puede soportar indefinidamente, se buscan causas que, al menos, den sensaciones: lo erótico, pero que ahora está reducido (y, por tanto, deformado) a lo sexual. Precisamente por esto, el sexo que es solo sexo es un sucedáneo que ya no promete la superación de la soledad.

        Hay una resignación a que el amor es aventura sin designio, pero como eso se lleva fatal, se sustituye por sensaciones que deben ser cada vez más fuertes, y que, al menos por un instante, nos lo hagan olvidar. Ya no se busca otra persona, se busca, por así decir, “estallar” a la vez, o al menos estallar yo, … No hay relación, sino autocomplacencia narcisista. En estos casos ya no hay lecturas, ni enamoramiento … Aquí viene a cuento una frase de Kierkegaard: Engañarse a uno mismo sin amor es la decepción más terrible; constituye una pérdida eterna para la que no existe reparación, ni en el tiempo, ni en la eternidad.

          Hay bastante de decisión en optar por la realidad del amor, de la unión de dos personas. ¡Tu verás!!